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“Es tan simple como
reunir personas que
comparten una obsesión
creativa”, define a Tubo
de
ensayo, William Ruiz
[1],
en las palabras de
bienvenida del Primer
Taller generado por este
colectivo (Manzanillo,
17 - 24 de mayo, 2009),
texto
que puede
recuperarse en segundos
gracias a las bondades
de la
Web. Sin embargo,
los agrupados bajo esta
denominación que sugiere
a la vez experimento y
fragilidad, pueden
emplear varias horas
para describirse. El
“fenómeno” ―coinciden en
llamarlo así sin
grandilocuencias ni
despectivos― agrupa a
creadores jóvenes y
cubanos vinculados al
teatro que han impulsado
con criterio propio un
interés por el
desarrollo de las artes
escénicas en el país y
la reflexión sobre
estas. De nuevo parece
sencillo hablar del
proyecto; pero el afán
de estos muchachos por
desprenderse de las
maquinarias
tradicionales con que se
mueve el teatro en la
Isla, los lleva a una
búsqueda compleja que, a
pesar de haberse
emprendido hace
aproximadamente un
lustro, se encuentra en
un momento de
redefinición.
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El “no está pasando
nada” que pone en boca
del colectivo el verbo
“repensar”, coincide con
el
décimo aniversario de
la Casa Editorial
Tablas-Alarcos, madrina
espiritual de Tubo de
ensayo. Como los
cumpleaños “cerrados”
convocan a la
retrospectiva y el
proyecto germinado en el
Instituto Superior de
Arte (ISA), viene
creciendo también bajo
la tutela de la
editorial para
satisfacción de esta, se
hace oportuna la
visitación a la
“plataforma creativa” en
la que habitan y
dialogan las ideas de
estos jóvenes. Tales
ideas, explica Dianelis
Diéguez, “han
hecho que de alguna
manera se agiten otras
zonas de publicación de
la casa editorial, con
el pensamiento de mirar
hacia los teóricos más
jóvenes y a los que
están fuera de Cuba”.
Si bien tiene un
antecedente en los
festivales Elsinor de la
Facultad de Artes
Escénicas del ISA, lo
que ellos mismos
denominan “la lanzada”
tuvo mucho que ver con
la comprensión y
sensibilidad de Tablas-
Alarcos. Le deben a la
editorial la multimedia
que agrupó las memorias
del I Taller Tubo de
ensayo, la publicación
de la Antología de
los novísimos
dramaturgos cubanos,
las jornadas de
dramaturgia, los
café-teatros y la
apertura de los canales
por los que se entiende
que en el arte, la
producción teórica no
puede desvincularse
nunca de la propia
creación.
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“La relación con
Tablas ha partido de
la (dis)posición de Omar
Valiño, como director de
la Casa Editorial y
profesor nuestro en el
ISA; como alguien
flexible ante lo que los
jóvenes están haciendo y
a quien le gusta mover
las ideas y establecer
conexiones para
ayudarnos en nuestro
vínculo con lo
institucional”, apunta
Dianelis, quien
actualmente forma parte
del colectivo de la
Casa. Asimismo, señala
que la editorial “ha
sido un espacio de
pensamiento al
concentrar el material y
las conexiones con
teóricos. Tubo de ensayo
se inclina hacia ese
ámbito, lo cual hace que
lo publicado por la
editorial, y sus amigos,
vayan de la mano con
nuestros propósitos”.
De entrada, la
publicación de un libro
dejó claro que Tablas
creyó en el proyecto,
con solo “tomar ese
riesgo, favorecerlo y
propiciar el espacio
para el debate sobre el
mismo”, como apunta
William, coordinador
general de esta
“empresa” sobre la cual
se han generado ya
varias discusiones y
cuya “transcripción” en
el mundo editorial avivó
una polémica que tuvo
también su cauce en las
páginas de la revista
Tablas.
Expectativas y escozores
De estos opuestos habla
el autor y crítico Norge
Espinosa cuando se
refiere a lo que ha
despertado la aparición
de Tubo de ensayo. La
máscara ríe en el
momento en que ponemos
sobre el tapete el
despertar de una
Facultad cuyo trabajo
alcanzó exiguas
resonancias por más de
una década; cuando
observamos la
proliferación de
talleres, publicaciones,
lecturas y otros
encuentros favorecedores
del diálogo dentro de la
nueva generación de teatristas; cuando
notamos la existencia de
un trabajo de promoción
y la voluntad de
construir una
experiencia colectiva.
La máscara adopta su
mueca triste si se
escucha a quienes
consideran la ascensión
de estos “novísimos”
como un salto
precipitado y brusco,
falto aún de madurez; o
si se piensa en las
trampas que a menudo
tienden la seductora
ruptura de los esquemas
o la separación de todos
los antecedentes
posibles.
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William responde al tema
refiriéndose a las zonas
incómodas: “Ahora mismo,
en las distintas formas
del arte son muy
diferentes las
dinámicas. La aparición
de un fenómeno
cualquiera siempre está
condicionada por una
serie de circunstancias.
Más allá de valorar el
hecho, el escozor se
levanta por condiciones
que ya están definidas
antes que el fenómeno
comience. Tubo de
ensayo, sin adscribirse
a una línea estética ni
conceptual, de pronto
recibió reacciones en
ese sentido, cuando de
lo único que se trataba
era de ayudar a la
promoción y establecer
las bases mínimas
materiales para validar
a jóvenes creadores. Lo
curioso es que a partir
de ese intercambio de
reacciones y respuestas
―como
no tenemos manifiesto ni
programa―,
cada cual ha podido
responder de la manera
que quiera, pero lo más
importante ha sido
tratar de llevar el
debate a lo que
realmente está pasando.
No empezar a desvirtuar
conceptos, no entender
Tubo de ensayo en contra
de la tradición del
teatro en Cuba. Nunca
expresamos ser un
espacio que negaba la
tradición; simplemente
no lo dijimos, como no
confesamos estar
retomándola para crear
un nuevo fenómeno”.
En un juego
centro-margen que a
veces puede parecer
paradójico
―pero
que, sin duda, ha sido
en parte efectivo―,
se producen la
comunicación y el
vínculo de Tubo de
ensayo con los grupos y
las instituciones
teatrales del patio. No
obstante, en el concepto
de “autenticidad” se
justifica la ruptura:
“para que haya una
auténtico fenómeno
―bueno
o malo―, tienen que cambiar las
bases del funcionamiento
de los proyectos ya
existentes vinculados
con el teatro”, dice
William. Él mismo
inventarea las
diferencias entre las
dos maneras de hacer:
“los grupos, con rutinas
determinadas por las
formas convencionales
con las que se produce
el teatro en Cuba
(actores fijos,
director, programación,
salario); y la manera en
que funciona Tubo de
ensayo, al que le
interesa la promoción de
diversos creadores. En
nuestro caso existe un
núcleo, pero que no
pertenece a nada, no
tenemos una dinámica
institucional o
empresarial, sino que
nos asociamos
libremente; organizamos
eventos de conjunto,
aunque cada cual trabaja
en espacios diferentes”.
“La relación más fuerte
y además totalmente
necesaria con las
instituciones
―continúa
William―,
es el apoyo del Consejo
Nacional de las Artes
Escénicas (CNAE) y la
Asociación Hermanos Saíz
(AHS) a este espacio
―entendido
como hábitat para los
proyectos― que se complementa con
nuestro trabajo continuo
en otras instituciones
de la cultura.”
Aunque confiesa que una
de las motivaciones para
accionar dentro de Tubo
de ensayo es el conocer
que el proyecto
despierta al mismo
tiempo simpatías y
rechazos, Dianelis
afirma que no le
interesan los citados
“escozores”, “porque
nuestra dinámica no es
hacer teatro
constantemente, ni que
la gente haga una obra
detrás de la otra, sino
entender el medio con
sus disímiles formas de
expresión”.
La mecánica
Tubo de ensayo fue
inicialmente “un grupo
de personas con ideas
relativamente similares,
que podían comunicarse”,
explica Dianelis. “Esto
se daba en el ISA, donde
tuvimos la iniciativa de
hacer lecturas
dramatizadas que nos
hicieron pensar que lo
que ocurría merecía
salir de las puertas del
Instituto, necesitaba un
sistema de promoción y
producción. La antología
dejó ver más claramente
que lo que nos interesa
es la promoción de la
dramaturgia, ni siquiera
de la nueva escena
cubana. A partir de ese
momento se sucedieron
una serie de eventos que
nos pusieron a pensar en
el terreno de la
creación, en la
producción y los
mecanismos ya existentes
a los cuales no
pretendíamos sumarnos.
No nos interesaba, ni
nos interesa, montar una
obra en seis meses y que
el público nos aplauda,
sino enfocarnos en otro
tipo de mecanismos y de
pensamiento teatral.
“Y el I Taller Tubo de
ensayo hizo que
confluyeran directores,
dramaturgos y teatrólogos para mover
entre todos ideas que
era necesario echar a
andar. En suma, lo más
interesante es cómo eso
se ha desenvuelto: nada
es rígido, no somos un
grupo, una institución o
una generación teatral;
somos gente que quiere
promover el teatro y
usamos las vías que
existen para eso, pero
siempre con nuestros
criterios. Incluso, en
las puestas que han
salido de procesos
llevados a cabo por Tubo
de ensayo, se puede
sentir esa dinámica.”
En las formas de poner
en movimiento los
engranajes de la
creación, los Tubo de
ensayo se consideran
diferentes al resto de
los colectivos teatrales
del país. Pero advierte
también Dianelis que “ni
siquiera somos distintos
del todo por ideas. A lo
mejor nosotros
promovemos algunas
iniciativas que no
habían emprendido camino
nunca antes, pero
sabemos que quizá otros
creadores han tenido
contacto con ellas sin
que les interese
desarrollarlas”.
Como otro rasgo del
proyecto está la
vinculación de sus
miembros con la escena
desde el punto de vista
laboral. Por ejemplo,
haber participado
―algunos―
en la selección del
Festival de Teatro de
Camagüey, les permitió
ponerse al corriente con
lo que se hace para las
tablas de una punta a
otra del país. Dianelis
comenta que resulta
“decisivo estar en el
tejido de las
instituciones teatrales
cubanas y lo que a nivel
de producción teatral se
mueve, en los circuitos
de orientación y
dirección de los
mismos”.
También caracteriza a
Tubo de ensayo que
quienes se nuclean a su
alrededor han estudiado
carreras relacionadas
con el teatro y
pretenden actuar en
función de la cultura
teatral sin demasiada
premeditación, porque
sus acciones “surgen en
conversaciones
informales, practicando
la ‘esquinología’”, para
luego convertir lo
ideado en acciones
concretas.
“Porque
―aclara
Alejandro Arango―
no se trata de personas
que, sentadas en sus
casas, logran
promocionarse a través
de un evento, sino de un
espacio que funciona a
partir de actividades
que tienen momentos de
promoción propia.”
Recalca William que “es
una línea que va en
saltos, un evento
provoca otro. Hay un
movimiento coherente y
ascendente. Siempre
tuvimos claro que Tubo
de ensayo no sería un
espacio de validación
porque no tiene una
estructura fija. Si deja
de funcionar no
significa que
desaparezca, porque las
asociaciones personales
y la voluntad de
trabajar en un proyecto
es lo que hace que
funcione”.
Las inquietudes y el presente
Lo que llamaríamos en
otro registro el “banco
de problemas”, los
sitios de donde salen
las ideas, el lugar
donde se encuentran las
necesidades que pautan
las dinámicas de Tubo de
ensayo, ¿cómo se
definen?, ¿de dónde
surgen los temas que
tributan a la diversidad
del fenómeno uno de sus
rasgos más
sobresalientes?
William responde que se
empieza por el sentido,
por preguntarse ¿por qué
hacer teatro en Cuba en
la actualidad? “Hay una
necesidad de hacer y una
necesidad de comunicar.
Debíamos crear el
espacio para que se
estableciera esa
comunicación, otorgarles
sentido a las obras que
escribían cada semestre
los estudiantes de
dramaturgia del ISA. En
el Taller, un montón de
coetáneos que estaban
haciendo teatro en Cuba
y de pronto sintieron
que alguien se había
fijado en ellos por la
calidad de su trabajo.
No se trata de dinero ni
de promoción, porque
nadie se hace famoso por
este Taller, pero uno le
encuentra sentido a lo
que está haciendo, puede
compartirlo con otra
persona”.
Ahora los miembros del
grupo sienten que hay un
impasse en el
trabajo porque no se
produce ninguna acción
en específico, pero en
proyecto está el II
Taller Tubo de ensayo
que pretenden enfocar
desde una perspectiva
más pedagógica para que
los que asistieron al
primer encuentro tengan
un intercambio con
personas de más
experiencia en la
creación teatral. En
colaboración con el CNAE
y la AHS de Matanzas, se
planea una semana Tubo
de ensayo que
comprenderá lecturas,
encuentros,
presentaciones de
trabajos en proceso y
puestas en escena en la
provincia.
Los nuevos proyectos,
prefiguran sus
impulsores, definirán
una manera distinta de
pensar Tubo de ensayo,
pues los mismos actores
se moverán de un evento
a otro, en comunicación
real con todo el país.
¿Es Tubo de ensayo un
colectivo que produce
eventos teatrales? ¿Cómo
asumir que los
implicados en la
iniciativa han comenzado
a ganar reconocimiento y
se han vuelto más
visibles en el plano
profesional? Estas son
algunas de las
cuestiones a aclarar por
quienes se han propuesto
resignificar el trabajo
de los jóvenes
interesados por el
teatro, que se analiza
también en sus defectos:
“el posible error en el
que podría caer esta
plataforma
―alerta
Alejandro― es precisamente lo que
espantó a la gente en un
inicio: pensar que
funciona como grupo
cerrado”. No obstante,
la apertura del diálogo
en la que siempre vale
mencionar el papel de
Tablas-Alarcos, seguirá
siendo una fortaleza
mientras los Tubo de
ensayo impulsen acciones
que provoquen a la
teoría cubana del teatro
a trabajar por objetivos
comunes.
Nota:
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