Año IX
La Habana
2010

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 
Eusebio Delfín
Josefina Ortega • La Habana

Resulta difícil encontrar a un cubano que no conozca el más famoso bolero de nuestro compatriota Eusebio Delfín. Y, sin embargo, son pocos quienes distinguen esa pieza con su verdadero nombre “¿Y tú, qué has hecho?”, pues se popularizó con las palabras que le dan inicio: “En el tronco de un árbol”.  

Pero lo curioso del asunto es que la letra de tan aplaudida obra, según dicen algunos estudiosos, la encontró por casualidad este prestigioso músico en un almanaque y jamás pudo recordar a su autor. Sin embargo, hay quienes atribuyen, por el contrario, el texto al propio artista. En definitiva, lo trascendente es que este hermoso tema compuesto en la década de los años 20 de la centuria anterior todavía se escucha en nuestros días con renovado gusto.              

                                Y tú, ¿qué has hecho? 

En el tronco de un árbol una niña

Grabó su nombre henchida de placer

Y el árbol conmovido allá en su seno

A la niña una flor dejó caer.  

Yo soy el árbol conmovido y triste,

Tú eres la niña que mi tronco hirió,

Yo guardo siempre tu querido nombre

Y tú, ¿qué has hecho de mi pobre flor? 

Nacido el primero de abril de 1893 en el poblado de Palmira, Eusebio Delfín fue educado en Cienfuegos, en el entorno de una familia de posición acomodada, lo que le permitió hacer estudios en colegios exclusivos hasta alcanzar la profesión de Contador. También aprendió música: la guitarra, con Fernando Barrios y el canto, con Vicente Sánchez Torralba.  

Su primera presentación en público tuvo lugar en 1916 en el teatro Terry, de Cienfuegos. En fecha tan temprana como 1921, grabó con la Víctor algunas canciones cubanas, como solista o en dúos con Rita Montaner y otros intérpretes. Varias de estas piezas son de su autoría. 

En 1922 participó en conciertos de música popular cubana junto con Eduardo Sánchez de Fuentes. En 1925 se trasladó definitivamente para la capital, en la que ya era muy conocido por su talento artístico.

A este importante creador se le atribuye en mucho el haber logrado introducir la música trovadoresca en las altas esferas sociales.

Como es sabido, en La Habana de los años 20 del pasado siglo, la guitarra era utilizada, en su mayoría, por trovadores y bohemios, por lo que las minorías aristocratizantes la desdeñaban sin más ni más.  

Pero el criollísimo instrumento tendría un aliado de altísimos quilates: el director nada menos del Banco Comercial de Cuba quien, por si fuera poco, estaba casado con una de las muy poderosas Bacardí. Tal personaje era el compositor y guitarrista Eusebio Delfín quien, como era habitual, asistía a los salones más exclusivos de la alta sociedad habanera, donde cantaba sus boleros, acompañándose de su guitarra.

No es de extrañar que por ese contacto en vivo y en directo muchos de los jóvenes más “distinguidos” de la época se apasionaran con “la hasta entonces modesta y, para ellos, relegada e innoble guitarra”.  

Delfín no fue un destacado guitarrista, pero tuvo la oportuna iniciativa de cambiar el estilo para acompañar los boleros, que se hacía utilizando el rasgueado o rayado típico, que él transformó en un esquema semiarpegiado, lo “que —como dice la musicóloga Dulzila Cañizares— quebrantó los modelos establecidos desde el siglo XIX. Lógicamente, los trovadores empezaron a imitarlo, y el público se cautivó con este novedoso procedimiento”. 

Otra de sus contribuciones al acompañamiento con la guitarra, fue distribuir el ritmo en compás y medio, dejando la parte débil del segundo compás en silencio, al hacer los cambios armónicos.  

Musicalizó textos de muchos poetas pues consideraba que en ellos debía recaer esta importante labor, ya que como músico, él debía dedicarse solo a la música. Así musicalizó, entre muchas otras, “La guinda”, con versos de Pedro Mata; “Amar, eso es todo”, letra de Amado Nervo; y “Migajas de amor”, de Gustavo Sánchez Galarraga.

Dicen que en 1936 compuso la canción “Nunca más” y nunca más volvió a componer.  

En la noche del 29 de enero de 1956 cantó por última vez en público, junto a las Hermanas Martí, y para admiración de todos su voz mantenía aún su bello timbre de barítono.  

El último homenaje que se le ofreció en vida fue el 18 de septiembre de 1964. 

Falleció en La Habana el 28 de abril de 1965. 

A Eusebio Delfín no solo se le reconoce por sus innovaciones en el rasgueado, sino también por el auge y la fama que alcanzó en sus días la guitarra, su fiel compañera.

Por cierto, en 1924 durante su visita a Cuba, acompañó con la guitarra, en la Sociedad Pro-Arte Musical, al célebre tenor italiano Tito Schipa, quien interpretó “Cabecita Rubia” y “La guinda”, canciones del propio Delfín.

 
 
 

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La Habana, Cuba. 2010.
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