Año IX
La Habana
2010

Regresar a la Página principal

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Maylén Domínguez Mondeja

 Cruces, Cienfuegos, 1973

 

Quisiera estar en un sitio hecho de cosas que no recuerden nada,

inaugurarte

sin este ruido en el pecho

ni los rencores que ahuyentan al amor.

Ingenuo diste

la coordenada que pretendí ignorar,

mi horror a ver los motivos milenarios;

tu estela pasada y recurrente,

la consecuencia de tu debilidad

siempre abocándose.

Quisiera estar donde nada me ensombrezca.

Pero tendría que hablarte,

de cualquier modo

para que asistas a ver lo que en mí crece

cuando soy cálida al fin.

Si fuera dulce y tenaz mi idolatría,

si fueran justos mi voz,

mi ardor,  mi acento,

y no un embozo de la desesperanza,   

un canto fatuo

que lanzo porque vengas a creer en mí

como que soy la razón,

yo, y no las otras:

sagradas, milenarias,

que te conducen al sueño elemental,

la vida elemental.

Qué sería de mí

torpe y silente,

cómo se harían mis noches insulares

sin este canto que abriga a algún dolor

aunque no salva,

sin este grito,

que puede adoctrinarte

desde su fondo rabioso y aterido.


Se necesita la pretensión de un día,

un anticipo a la fe.

Qué puede el cuerpo fugaz

sin ese brinco de la premonición.

Qué puedo yo contra el tiempo, que enajena

las ansias firmes;

me hace más transitoria cada vez.

De pronto no soy la misma que cantaba,

y dejo frases violentas.

Cómo procuro acondicionar mi gesto,

cómo he empeñado mi vida cada instante

para esos años dichosos,

y en mí el instinto fatal siempre retorna,

las horas muertas,

la dejadez

que no vas a remediar.


Oculto el lastre

con que solía buscar tras cada puerta un equilibrio;

dulcifico mis mundanas asperezas

en el minuto de darnos la oración.

Pero es inútil pactar

con estos sueños roídos por la espera,

palabras que no salvarán de ser lo triste, lo fiero, agotable,  

cuerpos ya hastiados de caer.

Son días duros,

endeble toda esperanza,

de mí a tu gesto cansino,

de ti a mi modo circunstancial de dar.

Cuándo abrirán las profundas alamedas,

los días resueltos,

nuestra alma presta a vivir la plenitud.

Cuándo tu puerto caminaré sin prisa

siendo la especie que puede amar con fe.


La tarde simple

                                                                       Para O.

Mientras contemplas el mar con inocencia,

la tarde simple…

me entretengo en hallar un silogismo.

Ya he visto mucho esas aguas

—te digo.

Hace diez años

amaba esta ciudad que ahora me aturde.

Mucho he mirado ese mar irrepetible, 

cuánta esperanza dejé sobre los muros,

para después añorar,

país adentro,

pues la ciudad era intensa,

deseable.

¿Comprendes la incertidumbre que doy?

Mi ambigüedad

hoy nada tiene que ver con lo perdido.

De haber buscado verdades más sencillas

entendería,

agradeciendo esta hora humanamente,

que una ternura

puede alegrarlo todo.

Así de simple. 


Hay una sombra distante

Hay una sombra distante en que me veo

con la inocencia

y los fervores que tienden a escasear.

Tiempo apurado, con la lectura acorde

mas un ardor cercenándome en el pecho.

Nunca fui fácil

a pesar del destino elemental

y los sagrados rituales ofrecidos.

Nunca

a pesar de la brecha limitada

y la canción —siempre igual— para dormir.

 

Más de una culpa ha quedado.

 

Hay una parte lejana que me sigue,

sombra volátil, con la esperanza torpe

de quien habita lo estrecho y sueña mal. 


Mi esencia justa

No haber tenido que sopesar tus causas

y arrinconarte en tu espacio de costumbres

habría evitado estos modos;

siempre a la espera del resquemor que puede

sombrear la dicha.

 

No era buena —dirás cuando me aleje.

Demasiado es pedir que sea  lógica,

con la cercana opresión matando siempre

mi esencia justa.

 

Pero ya es tarde también para esa lumbre

que humildemente has dispuesto sobre el tedio.

Por tantas cosas. 


Frente a la noche anodina

Qué decir de mi sombra más recóndita,

obsesión, por callarlo de algún modo,

manía de hurgar siempre en lo triste.

Obstinada en el trecho más insulso,

qué he podido salvar

tras la ilusión de una vida memorable.

Habré agotado los gestos más sencillos,

tu confesión impensada, para hallarme

frente a la noche anodina que me agota.

Y no me deja sentir.
 


Las horas álgidas 

Pudiera ser un ardid de este minuto

mientras me ocultan de ti las horas álgidas.

En algún tiempo fui noble y más piadosa,

al menos esa ilusión me provocaban  las melodías.

 

¿Estuvieron los ritos, las canciones…?

Una pasión innombrable me tentaba

por regiones que ya no reconozco.

 

Nada has tenido que ver.

Simple es tu concepción de la dicha,

tu afinidad con los pactos perdurables.

 

Solo acostumbro a cantar lo que me falta

cuando escapada de mí,

busco en un sueño

la puerta ignota.

Mi desazón

puede ser solo un ardid de este minuto

para asustarte con fugas que no entiendes. 


No hacía falta

Un viento inútil mueve las hojas podridas en el patio,

tu animal cruje, mientras la voz insistente te convoca.

 

No hacía falta

después de haber constatado la llaneza

que hay en el gesto precario de habitar

todos los días

un mismo rumbo de escuálidos rituales.

 

No era preciso encajar de esta manera,

apostar todo.

No hacía falta esta noche. 


Siempre al final de los años

Siempre al final de los años soy más triste.

Algo perturba en las horas sigilosas,

cierta resaca, por el aturdimiento

de subsistir y no ser ya más colmada,

no más provista para el ceremonial.

Aún me resisto

aunque de un modo más débil, perezoso,

sigo negándome a vivir sin esplendor. 

Algo perturba en los días

que hacen de un ciclo (otra vez) lo insuficiente.

Cómo erosiona el perdón y la quimera,

cómo pone a morir.  


De lo profundo

Abocada hacia un mundo impenetrable

logro decirte unos versos casi humanos

que te sorprenden,

acortar la sinuosa lejanía

en que contemplo

como si fuera posible el claro instante

y yo una parte de ti.

 

Lo Irrepetible.

La Inmenso.

La Innombrable.

Lo que no pueden quitar.  Lo más recóndito.

Juro acechante en un mundo acariciado

que se me rompe.   

Maylén Domínguez Mondeja (Cruces, Cienfuegos, 1973). Poeta, narradora y editora. Licenciada en Información Científico-Técnica y Bibliotecología. Máster en Estudios Lingüístico-Editoriales Hispánicos. Miembro de la UNEAC. Obra literaria publicada: Historias contra el polvo (1998, poesía), Evangelista y los recuerdos (2001, narrativa para niños), Estancias en lo efímero (2001, poesía), De lo que fue dictando el fuego (2004, poesía), Bajo la noche inmóvil (2004, poesía), A San Francisco no llegan los aviones (2006, narrativa para jóvenes), Pero fue culpa del cuento (2007, poesía para niños), Noche Magna (2007, poesía), Los poderes de Antonina (2008, narrativa para jóvenes), Los días sobre el polvo (2008, poesía), y Último circo (2009, poesía para niños). Es coautora de la antología Queredlas cual las hacéis: 21 jóvenes poetisas cubanas del siglo XXI (2007). Ha obtenido los premios Calendario (1999, 2006), La Rosa Blanca (2002), Pinos Nuevos (2003), Eliseo Diego (2007), entre otros. Aparece en diversas antologías poéticas y de literatura infantil cubanas, así como en publicaciones periódicas editadas en Cuba, España, El Salvador, Guatemala, Puerto Rico, Argentina, Honduras, y otros países.      

 
 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
IE-Firefox, 800x600