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2010

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Esculturas funcionales: unir lo bello y lo útil

Estrella Díaz • La Habana

Fotos: Alexis Rodríguez

 

Pedro Pulido es pintor, grabador, dibujante, ceramista y escultor; también Jefe de la Cátedra de Dibujo de la Academia de Artes San Alejandro y responsable de un Taller Opcional de Escultura en el propio centro de altos estudios al que está vinculado desde el año 1958.

Por estos días y hasta finales de septiembre en el Palacio del Conde Lombillo, en La Habana Vieja, el profesor Pulido muestra su más reciente quehacer a partir de una exposición que incluye 12 piezas —mármol y otros materiales ensamblados— y ocho dibujos —cartulina y grafito— que ha titulado Erotic organic.

Según comentó en entrevista exclusiva para La Jiribilla, Erotic organic tiene sus antecedentes en años anteriores cuando talló la puerta principal de su casa —de madera— con bajos relieves.

“El tema —dice— alude a la puerta del infierno de la conocida obra de Dante Alighieri. Es una escultura un tanto paradójica porque tiene en su cara anterior una imagen opuesta a cuando accedes a ella: una es la entrada al Infierno y la otra al Paraíso. El tratamiento formal de la cara Infierno es más bien figurativo y recuerda los bajo relieves de la xilografía, pero realmente es una escultura. Trata casi todos los temas —muy fusionados— de los círculos del infierno en que el Dante dividió los pecados del hombre. En el dintel de la puerta —en los laterales— hay un texto de la misma obra que dice: “Por mí se va al eterno tormento; dejad toda esperanza, pagad la deuda, pagad”.

¿Esa es la génesis de las esculturas funcionales?

Efectivamente, porque la puerta es un objeto funcional que por lo general es artesanal y tiene una determinada estética, pero no es una escultura en el sentido más académico de la definición.

¿Cuáles fueron los pasos que le llevaron hacia lo que llama escultura funcional?

Después hice la Puerta de la Amistad, realizada a finales de los 90 y actualmente emplazada en el patio central de San Alejandro; al hacerla participamos un grupo de escultores cubanos y extranjeros.

¿También en madera?

No, tallada en mármol con esculturas exentas; es decir, hay un salto cualitativo por cuanto —siendo puerta— las esculturas están flotando en el aire en forma del signo de Omega. Hay alrededor de 13 esculturas que nacieron de un simposio que convocamos en medio del llamado período especial, y en ese momento existía el peligro real de que la escuela colapsara producto de la propia situación económica y las carencias que enfrentaba el país. Se me ocurrió hacer un encuentro entre estudiantes de arte de varias partes del mundo y contactamos con norteamericanos, canadienses, españoles y belgas. Reunimos a varios estudiantes cubanos y —juntos con los de los países mencionados y tres profesores de la Academia— concretamos el proyecto.

¿Cuál es la magia o el sentido que tiene la escultura funcional?, ¿cuál es su valor intrínseco?

Históricamente la escultura no solamente tenía del propósito de hacer gozar a partir de la apreciación visual —que va desde la escultura que hacían los esquimales hasta las concebidas en el Paleolítico—, pero el concepto de funcional se fue desdiciendo. Es decir, se quedaba solamente en el aspecto perceptivo y no iba a otras esencias que tienen que ver con los sentidos. Abarcar estas posibilidades siempre estuvo dentro de mis intereses, de ahí que he investigado mucho sobre el tema.

¿La relación entre la escultura y el hombre es algo que caracteriza a la llamada escultura funcional?

Caracteriza a la que yo hago y la que espero seguir haciendo. Aspiro a que la práctica me lleve a continuar tocando determinados resortes que hagan más evidente esta intención.

Por el estrecho y largo vínculo que tiene con la docencia ¿cómo ve hoy la enseñanza de la escultura en Cuba?

La enseñanza de la escultura en Cuba pasa por lo mismo que en cualquier parte del mundo porque los aciertos y dificultades que tiene la escultura son intrínsecos de su propia ejecución. En cualquier contexto —por las características de la escultura— está en desventaja en relación con otras manifestaciones.

¿Esas desventajas  son, por ejemplo, el tamaño?

Las esculturas que hago son de mediano y gran formato y el peso es una gran dificultad, también la resistencia del material, el lugar de trabajo —que muchas veces es agresivo para la gente que vive alrededor, sea por exceso de ruido o de polvo…— moverlas mientras las estás haciendo y luego trasladarlas hacia el lugar en que definitivamente se emplazarán. Todo ello hace difícil su ejecución.

Creo que hay que amar mucho la escultura para dedicarse a ella…

Una vez que a un artista plástico lo atrapa la escultura —a pesar de estas dificultades a las que se le suman las económicas porque precisamente por esa razón se vende poco— es difícil que la abandone. En lo personal, después de hacer grandes esfuerzos para realizar una exposición, me juro, por lo más sagrado, que no voy a hacer esculturas de gran formato porque quedo muy dañado; pero cuando pasa algún tiempito me asisten nuevamente la pasión y la necesidad de hacerla. Vuelvo a caer en su trampa.

Además de ese amor, ¿de qué condiciones tiene que estar dotado un artista que apueste por la escultura?

No creo que haya que tener otra condición que sentirse artista de la plástica y estar atrapado por la escultura. No se trata de hacer una estructura sumamente grande o que sea formalmente realista —porque puede convertirse en un muñeco— y en esencia no es una escultura. Lo esencial es el concepto de escultura; el creador puede ser de gran estatura o pequeño o tener una complexión corpulenta o no o puede ser mujer u hombre, pero lo que tiene que estar es dotado de esa sensibilidad, de ese toque mágico. 

La escultura es una manifestación que tiene, también, algo de tecnología ¿cuáles son las sorpresas que puede dar la escultura?

En todas las manifestaciones de las artes plásticas hay sorpresas. En la cerámica sí sucede que el horno tiene la última palabra, pero en el caso de la escultura una fisura en la piedra que le llamamos liso puede que nos sorprenda y obligue a variar las coordenadas iniciales.

¿Eso suele suceder?   

Suele suceder porque en el caso de las artes plásticas cualquier accidente no es casual. Es un poco la relación entre causa y efecto. Cito al gran Miguel Ángel que decía —más o menos— que “la buena escultura cuando se despeña por una pendiente y pierde una cantidad de elementos, esa es la escultura, lo que quedó”. Por lo tanto, un accidente en cerámica, un accidente de un pomo de pintura que se vierte sobre una cartulina, la fisura en el mármol o la falta de algún material, es la obra final y lo que no puedes es desdeñarla ni deshacerte de ella. Simplemente tienes que preguntarte la causa y el efecto y ahí está la obra.

¿Muchos jóvenes estudiantes se inclinan por la escultura?

Esto que voy a afirmar, quizá, no le guste mucho a mis compañeros de trabajo o a otros artistas que no se dediquen a la escultura: a pesar de todas las dificultades que tiene la escultura, hoy por hoy es la líder dentro de todas las expresiones del mundo de la plástica. Conceptualmente y formalmente es la más completa.

Antiguamente en San Alejandro se graduaban dos o tres alumnos y en los últimos diez años a la hora de elegir en qué se van a especializar, por lo general, la matrícula de escultores es buena. Una captación que roza sobre los 30 alumnos, nunca han faltado diez, 12 ó 13 que acceden a la especialidad, es decir, un tercio del total.

¿Por qué ha optado por el mármol?

Por su condición imperecedera, la escultura que me gusta es la de espacios abiertos —cuando el artista la concluye se desprende de él— y discursa en su condición de polisemia de una generación a otra. Es decir, hoy dice una cosa y mañana otra y otra, y eso es precioso. No es lo mismo que un lienzo en una pared o un grabado en un formato convencionalmente pequeño, que es donde más vive: la escultura tiene otras condiciones que son tremendas.

En el actual contexto habanero, ¿cómo aprecia la relación entre escultura-hombre-ciudad?

En La Habana —al igual que en otras muchas ciudades del país— la escultura se está haciendo fuerte y en los últimos 15 años la ciudad se ve invadida por toda suerte de formas escultóricas. Ahí están los artistas que engalanan y que identifican a la ciudad. Te puedo hablar de un proyecto —en estos momentos algo detenido— que contempla un grupo de esculturas que van a poblar la entrada de la ciudad y que van desde la salida del Túnel de la Bahía de La Habana hasta la Villa Panamericana.

El proyecto existe y estamos involucrados, entre otros, José Villa Soberón, René Negrín, Consuegra, Kcho, Ramón Casas, Eliseo Valdés; son artistas reconocidos que tienen su obra dentro y fuera de Cuba. Según nos informaron, diariamente salen y entran de la ciudad casi un millón de personas ¡te imaginas cuántas gentes pueden disfrutar de eso!

De todas maneras siento que La Habana pude admitir muchas más esculturas funcionales…

Así es.

Sé que encabeza un proyecto que lleva el nombre de ese gran martiano que fue y es Cintio Vitier, y que lo promueven la UNEAC, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y el Consejo Popular Colón-Vedado, ¿cómo nace y con qué objetivo?

Hace unos ocho años aproximadamente comencé en el lugar donde resido —Calle 25, entre 22 y 24, en el Vedado—  a impartir clases a niños de la comunidad y —luego de saltar de una sede a otra— decidí  hacer ese Taller en la terraza de mi casa, que es donde mayor cantidad de tiempo hemos estado.

Pasado los años, uno ve que esos muchachos —además de permanecer— crecen y luego aspiran a entrar en San Alejandro y muchos lo logran gracias a sus cualidades y también a las enseñanzas que le hemos transmitido. Uno siente orgullo. Como  proyecto, hemos participado en muchas exposiciones y concursos y hubo un año en que mereció ¡23 premios! En el seno de su familia el niño incide y cambia la mecánica de ese núcleo y sentimos la necesidad de involucrar más a la familia y al barrio.

Todo este trabajo previo nos llevó —en agosto del pasado año— a hacer estas esculturas funcionales en el barrio, pero sin pretensión de hacer un proyecto sistemático. Cuando había un cúmulo de esculturas realizadas —alrededor de las cuales sucedían acontecimientos culturales muy interesantes como jugar ajedrez o damas (porque hicimos hermosísimos tableros que están emplazados en la calle y que forman parte de las esculturas funcionales), de manera natural nace el proyecto. Por aquellos días había fallecido nuestro querido Cintio y optamos por rendirle tributo desde el arte.

A partir del mes de agosto trabajamos muy duro y el 20 de octubre, Día de la Cultura cubana, inauguramos oficialmente el proyecto que incluye una biblioteca barriotera que se llama Walterio Carbonell —que fue un escritor, periodista y diplomático, ya fallecido—. Es, además, autor de un libro que aborda la génesis de la cultura cubana y constituye un texto inquietante que dinamita —de algún modo— la percepción de la historia que nos enseñaron en la escuela. Los fondos de esa biblioteca fueron donados por los propios vecinos y funciona en una casa de familia.

¿Y “La paloma” que está emplazada en la Calle 23 también surge como resultado de este proyecto o es anterior?

Surge de este proyecto y fue emplazada el pasado 26 de Julio. Tiene tres metros y es una columna de mármol. En su cúspide aparece una paloma —un tanto abstracta— y de ella pende un huevo de acero incrustado dentro de la piedra con un texto que dice: “La paz no es blanca ni negra, es azul”. Intentamos hacer un llamado para que —hoy más que nunca— cuidemos el planeta. La obra alude, igualmente, a lo peligroso que sería otra guerra, lo cual es una amenaza real en estos tiempos.

Ahí, también, hay emplazada una escultura de Martí que tiene varios conos de visión y era muy difícil colocar un busto del Apóstol que mirara para un solo lado; asumimos algunos códigos de la tendencia cubista de manera que cuando accedes al espacio el busto se enfrenta a ti y viceversa; es decir, tiene tres imágenes frontales y otras secciones de la misma estructura orgánica de la cabeza.

¿Planes?  

En la zona de La Habana donde resido, existen muchos espacios que requieren del arte como “El Fanguito” o “La Dionisia”, que están considerados barrios insalubres necesitados del crecimiento espiritual de las personas.

Concretamente son dos proyectos: en la Calle 27, entre 26 y 24, hay dos edificios que fueron construidos en un espacio donde debían de haber existido tres —parece que no fueron muy bien diseñados— y se accede a través de una explanada (como de 45 metros) en la que el terreno es abrupto. Ahí, justamente, está el consultorio del médico de la familia y no existe acceso expedito ni para autos ni para coches de niños y, mucho menos, para ancianos que tienen más limitaciones a la hora de trasladarse. Hemos realizado un proyecto que está en fase de aprobación en el que están incluidas ocho esculturas funcionales y un área de estar.

El otro proyecto se ha dado en llamar “Las casitas de Kohly”  —que también están en un área un tanto desprotegida—; son viviendas de madera con tejas y hemos concebido una ambientación preciosa para que luzcan como de muñecas. Todo esto formará un singular conjunto arquitectónico que, seguramente, embellecerá aún más nuestra ciudad. Ese es el objetivo de todo: unir lo bello y lo útil.  

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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