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Una a
una se van juntando las
palabras. Una voz y otra
y otra más hasta que el
reclamo se torna coral.
No hay otro modo de
hacerlo en un mundo
donde los muros no solo
están en las fronteras,
sino que se levantan
desde los poderosos
medios de comunicación
para que nadie escuche.
Poco a poco se tiene la
certeza de que no somos
pocos los que creemos y
luchamos por la
sobrevivencia de la
especie, en esta hora
crucial.
Cynthia Rogers, una
muchacha de Minessota,
que ha leído en la
edición digital de
Granma en inglés, la
apelación de Fidel
Castro a los
parlamentarios cubanos,
escribió el siguiente
comentario: “Es muy
loable que alguien con
tantos años de
experiencia en la
política dirija un
mensaje a los políticos
de mi país para que no
toquen los tambores de
la guerra. Si en el
Despacho Oval escucharan
a Castro, observarían
que tiene toda la razón.
Pero usted sabe que los
políticos de mi país
solo se oyen a sí
mismos. (…) En el
círculo de mis amistades
estamos pensando en
enviar a los
congresistas que nos
representan una síntesis
del mensaje del líder
cubano”.
Desde
el otro extremo del
hemisferio, en la
Patagonia argentina,
llegó una comunicación
muy singular de un
profesor de Matemáticas
de nivel secundario. Se
llama Salomón Jablonski.
Su abuelo, nos cuenta,
se asentó en Argentina
en 1947, luego de haber
sobrevivido al campo de
concentración de
Treblinka.
“Yo
quise mucho al abuelo, a
pesar de que pensábamos
distinto sobre varias
cosas, entre ellas Cuba.
Mi abuelo tenía una
especie de alergia por
el comunismo y le
parecía que en una isla
del caribe no podían
implantarse las ideas
comunistas. Leyendo a
Fidel en estos días, me
acordé del abuelo, que
era un hombre pacifista
por principio. Cuánto le
hubiera gustado saber
que un comunista del
Caribe iba a ser
abanderado de la paz”.
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Hace
apenas unas horas, antes
de encontrar en mi buzón
electrónico esas y otras
comunicaciones, tuve la
oportunidad de compartir
un ensayo de Alicia
Alonso, en medio del
proceso de montaje de
las coreografías que
estrenará en el Festival
Internacional de Ballet
de La Habana 2010. En
un aparte, le pregunté
por la significación que
para ella tenía la fecha
del 13 de agosto —“Qué
Fidel cumpla muchos años
más, con la energía con
que lo estoy sintiendo”,
acotó la gran artista— y
la percepción que ella
poseía acerca de cómo la
opinión pública
norteamericana podría
asimilar el reclamo a
detener el estallido de
un conflicto nuclear.
Alicia respondió:
“Conozco a muchos
norteamericanos
sensibles y receptivos.
Hace apenas unas semanas
celebré con ellos el
aniversario del American
Ballet Theater y el
homenaje que me
tributaron por mi
próximo cumpleaños 90.
Les hablé de cómo la
cultura podía salvarnos,
y de cómo debíamos
cultivar un espacio en
que las mejores
expresiones del espíritu
ayudaran a encontrar la
paz y la armonía entre
los seres humanos. Sentí
que mis ideas eran las
suyas. Hoy más que nunca
debemos defender esas
ideas”. |