Año IX
La Habana
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 de AGOSTO
de 2010

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Una vida para el teatro

Adela Escartín, mi Maestra

Anne Serrano • La Habana

 Foto: Archivo

 

Adela Escartín, actriz española que durante muchos años residió en Cuba, a la cual llegó a considerar su patria artística, falleció en Madrid el pasado 8 de agosto. Adela dejó en la Isla una importante huella en el ámbito de la interpretación, la dirección teatral y la formación de actores. En abril de este año, el Taller Rine Leal estuvo dedicado a su figura. Sirva entonces como póstumo homenaje la ponencia presentada entonces por su discípula, la actriz española residente en Italia Anne Serrano.

 

Aviso 

Dada la cantidad de títulos que aparecen en el currículum vitae de Adela Escartín, me he visto obligada a realizar una selección atendiendo al conocimiento que tengo de su persona y trayectoria y a los esclarecedores comentarios de Roberto Gació, que tuvo a bien repasar conmigo el recorrido profesional de mi Maestra. Por lo tanto, me encomiendo a su paciencia y buena voluntad si he omitido algún dato relevante. 

Antes de nada, su beso 

Antes de comenzar deseo transmitirles simbólicamente el gran beso que Adela me mandó darles a todos ustedes cuando la llamé pocas horas antes de que yo cogiera el avión en Italia para venir hacia aquí.

 

Trayectoria profesional de Adela Escartín con algunas notas personales 


España 

Nació en Canarias en 1913. El trabajo de su padre, militar y después comerciante, hizo que la familia se trasladara de Canarias a la península y después a Francia. Adela Escartín estudió el bachillerato en Madrid y París, en un internado para señoritas que había creado la que fuera la última mujer de Luis XIV. 

De 1943 a 1947 estudió Interpretación en el Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid. Ya en esta época trabajaba como actriz profesional. En esta misma institución nos conocimos en 1983 cuando yo empecé mis estudios de teatro, la actual Real Escuela Superior de Arte Dramático, de Madrid.  

En España realizó recitales de poesía y música, acompañada por un violinista y una pianista. Empezó a trabajar en el Teatro Lara de Madrid con importantes compañías a nivel nacional. Trabajó en la categoría de Damita Joven, después pasó a ser Dama Joven y posteriormente Primera Actriz Joven. Realizó giras por España con estas compañías.

En este mismo período, participó en las películas Aventura, de Antonio Marqueríe, dirigida por J. Mihura y en Altar Mayor, de Concha Espina, dirigida por F. Delgrás. 

Aunque no figura en su currículo, también trabajó en Barcelona con Miguel Prieto en un espectáculo de títeres, como manipuladora y bailarina. Debió ser aproximadamente en 1939 porque ya estaba terminando la Guerra civil y Adela recuerda la entrada de las tropas nacionales en la ciudad condal. Adela recuerda que estas breves obras de títeres se representaban en las escenografías del teatro La Barraca, de García Lorca. Recuerda unos preciosos decorados con un corsé a modo de guirnalda, “muy de Lorca”, como ella misma señala.

Prieto colaboró con Lorca en “La Barraca”. Fue uno de los grandes escenográfos españoles e importante ilustrador, entre otros de los libros de Lorca. Se exilió a México donde realizó relevantes trabajos como pintor y diseñador. Allí falleció.  

Nueva York 

En la decimonónica España de 1947 Adela Escartín cogió un barco y se fue a Nueva York porque no le gustaba el teatro que se hacía en su país e intuía que “tenía que haber algo distinto en otros lugares del mundo”.

Entre 1947 y 1950 estudió en el Dramatic Workshop que dirigía Erwin Piscator. También con Piscator realizó un seminario de dramaturgia (March of drama). Piscator no tardó en darse cuenta del gran talento de Adela y ella recuerda con orgullo que la comparaba (creo que) con Hanna Rovina, mítica actriz del Hábima de Tel Aviv.

Estudió dirección teatral con Lee Strasberg y actuación con los profesores Kurt Cerf y Ben-Ari (ex miembro del Teatro de Arte de Moscú).

Estudió también con Stella Adler en el Stella Adler’s Theatrer Studio, así como Movimiento para actores con Gertrud Shurr y diseño de vestuario para teatro en Hunter College.

En su estancia en Nueva York participó en diversas obras teatrales, entre ellas El proceso, de Kafka, dirigida por Piscator en el President Theatre. 

De Nueva York, Adela recuerda, entre otras muchas cosas, los conciertos de música Gospel a los que acudía y en los que el público entraba en trance y había personal médico en los estadios para acudir a la gente. Seguramente de aquí tomaría inspiración para sus clases de Mito y Ritual que luego llevó a cabo en la Escuela de Arte Dramático de Madrid como una disciplina de su método de formación de actores. También me ha contado en innumerables ocasiones la actuación de Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo, de T. Williams, que vio varias veces. Recuerdo que me decía que aunque en la escena había otros actores que estaban actuando, todas las miradas iban para Brando que abría una botella de cerveza en un lado de la escena. Tal era la intensidad del actor incluso en sus más mínimos movimientos. 

Entre 1951-1952 estudió Técnicas cinematográficas (guión, dirección y producción) y cámara y montaje cinematográfico en la Universidad de California. 

Cuba. La Habana 

En algún momento de este período que he descrito, conoció al director cubano Andrés Castro que le propuso ir a trabajar como actriz a Cuba. Adela era consciente que con su acento español en Nueva York no hubiera podido hacer una gran carrera como actriz. Ella siempre me ha señalado que no habría pasado de hacer personajes menores, como chicas sudamericas de vida alegre, “criaditas”, etcétera. 

En 1949 llega a La Habana. Trabajó como Primera Actriz en los siguientes espectáculos, destaco los más importantes: La Gioconda, de D’Annunzio (que no se llegó a estrenar); Yerma, de Lorca; La dama de las Camelias, de Dumas. Estos tres montajes fueron dirigidos por Andrés Castro.

Protagonizó Juana en la hoguera, de P. Claudel y Honnegger, dirigido por Thomas Mayer. Fue representado en la Plaza de la Catedral. En estas representaciones del Oratorio intervinieron la Orquesta Sinfónica Nacional, los Coros de la Ópera, dirigidos por el Maestro Cshonka, el Ballet de Alicia Alonso, primeras figuras de la ópera, primeras figuras del teatro, Teatro Universitario, coros infantiles de las Escuelas Públicas.

Creo no equivocarme si afirmo que es el trabajo del que Adela Ercartín se siente más orgullosa. Me lo ha descrito tantas veces y con tanto lujo de detalle, que me parece haberlo visto. Destacaba de él que nunca pudieron ensayar todos juntos y que ella ensayaba por separado con los distintos grupos que tomaban parte en el espectáculo. De aquellas noches guarda el recuerdo feliz de su cuerpo atado a un palo durante toda la representación. Toda la fuerza interpretativa estaba, por lo tanto, en la modulación de su voz. Recuerda Adela las puertas abiertas de la catedral, el público en la plaza, las voces de los coros infantiles, de los cantantes de ópera y la suya propia por encima de las demás. Dice que cuando salía a saludar, la tenían que llevar prácticamente en volandas porque no se tenía en pie del agotamiento. 

Otros espectáculos de la misma época, y no menos importantes, son:

El tiempo y los Conway, de Priesley, dirigido por Mario Parajón. Calígula, de Camus, dirigido por Francisco Morín. Los endemoniados (El luto le sienta bien a Electra), de O’Neill, dirigido también por Francisco Morín. El caso de la mujer asesinadita, de Mihura; La iglesia, codirigido por Adela Escartín y Carlos Piñeiro; La voz humana”, de Cocteau, dirigido por Vicente Revuelta. 

Destaca Adela en su currículum que promocionó el teatro cubano en su sala Prado 260, cosa no usual en la época porque no se consideraba comercial. El Instituto Nacional de Cultura pide con frecuencia los montajes que ella encabeza para presentarlos en el Teatro del Museo de Bellas Artes. Los títulos más importantes son:

Donde está la luz, de Ramón Ferreira, codirigido por Adela Escartín y Carlos Piñeiro; Desviadero 23, de J. E. Montoro Agüero, dirigido por Ramón Antonio Crusellas; Un color para este miedo, de Ramón Ferreira, codirigido por Carlos Piñeiro y Adela Escartín; La rebelión de las canas, de Rafael Suárez Solís, codirección Adela Escartín y Carlos Piñeiro; Tembladera, de José Antonio Ramos, dirigido por Adela Escartín. 

En agosto de 1958 fue invitada por la Dirección de Bellas Artes de México para participar con su compañía en el Primer Festival Panamericano de Teatro, con la obra Un color para este miedo, de Ramón Ferreira. 

Cuando desaparecieron las iniciativas privadas en Cuba, fue contratada como primera figura para el Teatro Nacional de nueva creación. Reestrenó Yerma, dirigido por ella misma. También se puso en escena, entre otras obras, La casa de Bernarda Alba, dirigida por Ugo Ulive y Electra Garrigó, de Virgilio Piñeira, dirigida por Francisco Morín. 

Al pasar el Teatro Nacional a convertirse en el Conjunto Dramático Nacional (CDN), Adela permaneció con categoría de directora y primera actriz. De este período son los espectáculos La Madre, de Gorki, dirigido por Néstor Raimondi; Luciana y el carnicero, de Aymé, adaptado por Nicolás Dorr y dirigido por su hermano Nelson Dorr. Vassa Yelieznova, de Gorki, dirigido por Néstor Raimondi, director que había colaborado con el Berliner Ensamble; Un tranvía llamado deseo, de T. Williams, dirigida por Modesto Centeno. 

Cuando se disuelve el CDN, es nombrada miembro del consejo de dirección del conjunto Rita Montaner, en calidad de directora y primera actriz. De esta época es Orfeo desciende, de T. Willians, dirigido por M. Montesco.

Entre 1952 y 1969 fue contratada como primera figura en exclusiva por CMQTV. Protagoniza la primera novela en televisión durante un año. Participó en diversos espacios de esta cadena de televisión, como Gran Hotel, Estudio 15, El humo del recuerdo y otros muchos. En seriales como Testigo de misterio. Participó en Tele-teatro y Teatro de los lunes, con diversas obras. También dirigió con cierta frecuencia estos espacios cuando no participaba como actriz. Realizó algunas adaptaciones para televisión en los seriales Cuento universal y Testigo de misterio.

Protagoniza o toma parte en novelas de radio como actriz, aunque no con la frecuencia de su trabajo en televisión. 

Dirigió y codirigió numerosas obras, algunas ya nombradas tanto en la sala Prado 260, como en el teatro del Museo de Bellas Artes, Anfiteatro de Marianao, teatro El Sótano, teatro Hubert de Blanck, teatro Mella, teatro Miramar, etc. Entre estas, La gallina de Guinea, espectáculo creado sobre leyendas afrocubanas, con música y danza del mismo origen; Casa de muñecas, de Ibsen; Raíces y La cocina, de Wesker, esta última codigida con Wesker. Trabajó como ayudante de dirección en Romeo y Julieta, dirigido por Otomar Krejca. 

Participó como actriz en las películas Crónicas cubanas, realizada por Ugo Ulive y en La decisión, de José Massip. 

También en Cuba continuó su formación participando seminario impartidos en el Conjunto Dramático Nacional por prestigiosos profesores de pantomima, expresión corporal, máscaras, danza, sonido como elemento expresivo, diseño escenográfico.  

Como docente inauguró la Escuela de Arte Dramático, anexo a la Escuela de Danza del Ballet Nacional, dirigido por Alberto Alonso. Desde el año 1952 se dedicó a formar actores en su propia escuela, Sala Teatro Prado 260. Tomó parte en la labor desarrollada por el Consejo Nacional de Cultura, enseñando en las Escuelas de Instructores de Teatro. Llevó a cabo seminarios para actores profesionales y colaboró en el Departamento de Teatro de la Escuela Nacional de Arte. 

Regreso a España 

Regresó a Madrid en 1970 para atender a su madre que había caído gravemente enferma.  

Trabajó en numerosos novelas de televisión con renombrados realizadores como Miguel Picazo, Josefina Molina, Luis Enciso, Pilar Miró y Adolfo Marsillach. Participó en espacios que han marcado un hito en la televisión española como Estudio 1. Algunos de los otros espacios en los que también participó fueron: Meridiano 71, Teatro de siempre, Hora 11. 

Participó en las películas Flor de santidad, de Valle Inclán, dirigida por Marsillach; El libro del buen amor, del Arcipreste de Hita, dirigida por T. Aznar; El hombre que supo amar, de Miguel Picazo. 

Dirigió y protagonizó Te juro Juana que tengo ganas, de Emilio Carballido. Participó en Las arrecogías del Beaterio de Santa María Egipciaca, de Marsillach y en Bodas que fueron famosas del Pingajo y la Fandanga

De 1978 a 1983, se convierte en profesora de Interpretación en la Real Escuela Superior de Arte Dramático. En 1982 ganó las oposiciones a Cátedra en dicha Escuela. En el año académico 1983-84, se vio forzada a jubilarse porque ya había alcanzado los 70 años de edad. Fue este un duro golpe para ella que, sin embargo, no le impidió seguir formando actores en otras escuelas privadas, como por ejemplo la sala El Mirador. 

Dirige varios montajes en la Real Escuela Superior de Arte Dramático con sus propios alumnos como Una corista, de A. Chejov; Antes del desayuno, de E.  O’Neill; Viento en las ramas del sasafrás, de René de Obaldía; Esquina peligrosa, de J. B. Priestley. 

Es miembro de la Asociación de Directores de Escena de España. 

También en España siguió formándose participando en diversos cursillos de interpretación (con Roy Hart), gimnasia consciente para actores, teatro kathakali, tai chi chuan y voz.  

En 2003 recibió  la Medalla de la Asociación de Directores de Escena de España (ADE) “por su dilatada dedicación al teatro, como actriz, directora de escena y pedagoga”.  

Creo que cabe destacar del historial profesional de Adela Escartín, además de su versatilidad, de su indudable talento para la interpretación, la dirección y la formación de actores, un hecho insólito en una primera figura de las tablas como fue ella. Solo un personaje verdaderamente excepcional habría tenido la suficiente capacidad de adaptación y la humildad necesaria para empezar de nuevo su carrera profesional cuando regresó a España. Contaba entonces con 56 años y no tuvo inconveniente alguno, ni el orgullo o la soberbia le impidieron volver a empezar otra vez como actriz, directora y pedagoga en la España franquista donde, sin lugar a duda, no era recibido con los brazos abiertos alguien que llegaba de un régimen como el de Cuba.

El teatro español tiene una deuda con Adela Escartín. Espero que sus ex alumnos y amigos podamos contribuir de alguna manera a paliar esta falta. Suele decir Adela que el del teatro es un mundo de recelos y envidias. El terreno del arte es difícil, lo sabemos todos, porque el material del que parte el trabajo del creador es su más íntima esencia. Esto le obliga a escavar en las propias profundidas, dejando que aflore los mejor de sí, pero también los aspectos más complejos y contradictorios de su ser. A pesar de esto, quiero pensar que pueda haber justicia en el teatro español para Adela. Algo que vaya más allá de dedicarle un aula en la Escuela de Arte Dramático, como sucedió hace algunos años. No me cabe duda de que Adela Escartín ha hecho todo lo posible por hacer más hermoso este mundo utilizando el instrumento que mejor conoce y al que ha entregado toda su vida, el teatro. 

Génova, 21 de abril de 2010.

 

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