Año IX
La Habana
7 al 13
de AGOSTO
de 2010

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Raúl Martínez de regreso a la meca del Pop

Mabel Machado • La Habana

Fotos: Cortesía del entrevistado

 

Raúl Martínez (1927-1995), infaltable pintor, diseñador y fotógrafo de la cultura cubana, volvió a New York el 22 de julio, en las piezas que conforman la exposición Hambriento espero. En el famoso barrio artístico de Chelsea, la que fuera cuidad inspiradora para el artista en su juventud, acogerá hasta el 13 de agosto la muestra, cuyo título fue tomado de un cuadro inacabado. La preparación del proyecto para la galería Magnan Metz en la que se incluye esta pieza que formó parte de la primera exhibición personal del maestro cubano en los EE.UU., estuvo a cargo de la curadora cubana Corina Matamoros. La especialista comentó para La Jiribilla algunos detalles de la presencia en New York de la obra del Premio Nacional de Artes Plásticas de 1994:  

“En el curso de un trabajo intenso de investigación sobre la obra de Martínez, previo a la preparación de un libro sobre el autor, justo cuando me encontraba desanimada por la falta de apoyo para las labores de escritura y estudio, le propuse a un amante del arte cubano, Alberto Magnan, la posibilidad de hacer una muestra del pintor  en su galería neoyorquina. Él, quien había estado al frente del proyecto Chelsea visita La Habana, expuesto en el Museo Nacional durante la pasada X Bienal de La Habana, enseguida aceptó entusiasmado la idea, y así comenzamos el trabajo que se muestra ahora en EE.UU. 

“Como una exposición es también un trabajo de equipo, en este empeño estuve acompañada, en primer lugar, por Abelardo Estorino, quien me ha confiado generosamente el estudio de la colección de Martínez. Además, trabajé muy unida a la joven diseñadora Roxana González, quien hizo un magnífico trabajo en el catálogo, y al dúo de fotógrafos formado por la propia Roxana y Fernando Fors, jóvenes que se inician con mucha calidad en el difícil mundo de la fotografía de obras de arte. Además, todo el equipo de la Galería Magnan Metz se mostró apasionado y colaborador. El catálogo fue financiado por la Fundación Rubin de New York, y es necesario agradecerle en particular a la Sra. Rachel Weingeist por su interés y participación en el proyecto. La infraestructura del Museo Nacional de Bellas Artes aportó toda la logística del embalaje de las obras y los muy engorrosos trámites para hacer llegar las piezas a su destino.”  
 

Las más de 40 obras que conforman la muestra, provienen de lo que Matamoros califica como un “tesauro muy particular”: la colección del propio autor, que ha estado en manos de Estorino desde la muerte de Martínez en 1995. “Al principio del trabajo ―explica la curadora― me fue difícil dejar de tener como referente las fabulosas pinturas de Raúl que atesoramos en el Museo Nacional, a las que he estado fuertemente vinculada por haber realizado tres muestras personales del artista, incluyendo la mayor retrospectiva de su obra en 1988. Pero al ir adentrándome en la colección de Estorino fui percibiendo otras zonas creativas que me han servido, en lo adelante, para agregar matices, sutilezas e interpretaciones sugerentes a las ya adicionales que se han hecho sobre este renovador maestro.  

“Traté de reunir piezas de casi todos los períodos y técnicas: desde la abstracción de los años 60, pasando por el período del combine; las maravillosas cartulinas del período más acentuadamente Pop; el fotorrealismo que tanto lo ocupara; la fotografía innovadora; sus asombrosas series de collages; su retorno a la abstracción en los primeros años de la década de los 90; hasta llegar a obras inconclusas realizadas poco antes de fallecer. Es, por tanto, un conjunto muy variado que caracteriza la movilidad creativa de Martínez.” 

¿Cuál es el criterio curatorial de la exposición?  

Mi intención ha sido muy sencilla: abrir las puertas de  una jaula. Me entusiasma pensar que, a pesar del manto de olvido geopolítico que se ha cernido históricamente sobre gran parte del arte y la cultura cubanos de los años 60 y 70 ―en virtud del aislamiento político a que fuera sometida la Isla luego de su Revolución en 1959― comenzará en algún momento el reconocimiento hemisférico e internacional que merecen creadores como Raúl Martínez, Ángel Acosta León, Umberto Peña, Chago Armada o Antonia Eiriz. Piénsese que estos grandes pintores han estado prácticamente ausentes de colecciones y exposiciones museales fuera de Cuba, y casi también omitidos de las interpretaciones integradoras que se han realizado sobre arte latinoamericano. Es como si no hubiesen existido. Mi interés es hacer que existan para reubicarlos en el contexto de significación cultural y visual donde siempre debieron estar. Es una especie de restitución histórico-museológica que siento como un deber cultural. 

¿Cómo fue acogida, en la capital mundial del Pop, la obra del artista más sobresaliente del arte Pop en Cuba?  

Cuando uno busca una cartelera cultural de New York, puede prepararse para sentir el asombro ante tantas exposiciones para disfrutar. Solo en el barrio de Chelsea las listas de galerías se dan calle a calle y, en cada una, la enumeración pasa de cinco o seis. Algunas tienen diez… No todas son de excelencia, pero indudablemente lo cuantitativo sustenta una probabilidad cualitativa apreciable. Todo esto sin mencionar las exposiciones de los respetadísimos museos y centros culturales de esa gran urbe. Lo que sí puedo contarte es que la muestra Hambriento espero ―traducida como Eagerly Awaiting― pudo verse citada en muchísimas carteleras de New York con una nota de prensa bastante extensa en la mayoría de ellas, y con una foto importante de una obra de Raúl donde aparece un retrato doble de José Martí. Muchos amigos de Cuba que han pasado por la galería me han dicho que la inauguración fue súper concurrida, alegre y vivaz como las piezas mismas. Y, aunque estoy muy contenta, no dejo de comprender que se trata de una exposición modesta, con recursos mínimos, sin notables estrategias publicitarias, y con piezas que no explican todo el potencial innovador del artista. Lo he tomado sencillamente como un comienzo. 

Por otro lado, ¿qué comentarios ha suscitado la muestra en ese país, teniendo en cuenta que Martínez fue uno de los creadores más presentes en los momentos fundacionales y claves de la Revolución Cubana y su proyecto cultural?  

Es difícil saberlo desde acá y aún cuando no concluye la exposición; pero hemos conocido que las piezas que representan héroes cubanos, han despertado mucho interés. 

¿Qué significado reviste el hecho de que las obras de Raúl Martínez se encuentren con el país en que recibiera la influencia de Warhol y Pollock, que fue para él como un shock, y del cual regresó con el deseo de “volverse hacia afuera”? 

Como curador es un experimento y ojalá pueda nutrirme en algún momento futuro con los resultados. Intento iniciar un conocimiento acerca de su obra en un escenario donde su creación halló recursos artísticos que le fueron muy afines. Un escenario que él admiró y visitó en varias ocasiones y donde estudiara brevemente. También ha sido un escenario en cierta medida opuesto al espacio social donde él desplegó lo más renovador de su arte, y al cual intento que vuelva de ahora en adelante para mostrar ese interesante contrapunto creador que es, en definitiva, su producción pictórica, en relación con las tendencias dominantes de la época en que vivió. 

Como persona que lo conoció y entabló con él esa pequeña amistad llena de asombro, temor y admiración que sentimos ante un gran artista, me complace pensar que estoy haciendo, con esta primera exposición personal en New York, algo que el propio Raúl hubiera hecho apasionadamente.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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