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Raúl Martínez
(1927-1995), infaltable
pintor, diseñador y
fotógrafo de la cultura
cubana, volvió a New
York el 22 de julio, en
las piezas que conforman
la exposición
Hambriento espero.
En el famoso barrio
artístico de Chelsea, la
que fuera cuidad
inspiradora para el
artista en su juventud,
acogerá hasta el 13 de
agosto la muestra, cuyo
título fue tomado de un
cuadro inacabado. La
preparación del proyecto
para la galería Magnan
Metz en la que se
incluye esta pieza que
formó parte de la
primera exhibición
personal del maestro
cubano en los EE.UU.,
estuvo a cargo de la
curadora cubana Corina
Matamoros. La
especialista comentó
para La Jiribilla
algunos detalles de la
presencia en New York de
la obra del Premio
Nacional de Artes
Plásticas de 1994:
“En el curso de un
trabajo intenso de
investigación sobre la
obra de Martínez, previo
a la preparación de un
libro sobre el autor,
justo cuando me
encontraba desanimada
por la falta de apoyo
para las labores de
escritura y estudio, le
propuse a un amante del
arte cubano, Alberto
Magnan, la posibilidad
de hacer una muestra del
pintor en su galería
neoyorquina. Él, quien
había estado al frente
del proyecto Chelsea
visita La Habana,
expuesto en el Museo
Nacional durante la
pasada X Bienal de La
Habana, enseguida aceptó
entusiasmado la idea, y
así comenzamos el
trabajo que se muestra
ahora en EE.UU.
“Como una exposición es
también un trabajo de
equipo, en este empeño
estuve acompañada, en
primer lugar, por
Abelardo Estorino, quien
me ha confiado
generosamente el estudio
de la colección de
Martínez. Además,
trabajé muy unida a la
joven diseñadora Roxana
González, quien hizo un
magnífico trabajo en el
catálogo, y al dúo de
fotógrafos formado por
la propia Roxana y
Fernando Fors, jóvenes
que se inician con mucha
calidad en el difícil
mundo de la fotografía
de obras de arte.
Además, todo el equipo
de la Galería Magnan
Metz se mostró
apasionado y
colaborador. El catálogo
fue financiado por la
Fundación Rubin de New
York, y es necesario
agradecerle en
particular a la Sra.
Rachel Weingeist por su
interés y participación
en el proyecto. La
infraestructura del
Museo Nacional de Bellas
Artes aportó toda la
logística del embalaje
de las obras y los muy
engorrosos trámites para
hacer llegar las piezas
a su destino.”
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Las más de 40 obras que
conforman la muestra,
provienen de lo que
Matamoros califica como
un “tesauro muy
particular”: la
colección del propio
autor, que ha estado en
manos de Estorino desde
la muerte de Martínez en
1995. “Al principio del
trabajo ―explica la
curadora― me fue difícil
dejar de tener como
referente las fabulosas
pinturas de Raúl que
atesoramos en el Museo
Nacional, a las que he
estado fuertemente
vinculada por haber
realizado tres muestras
personales del artista,
incluyendo la mayor
retrospectiva de su obra
en 1988. Pero al ir
adentrándome en la
colección de Estorino
fui percibiendo otras
zonas creativas que me
han servido, en lo
adelante, para agregar
matices, sutilezas e
interpretaciones
sugerentes a las ya
adicionales que se han
hecho sobre este
renovador maestro.
“Traté de reunir piezas
de casi todos los
períodos y técnicas:
desde la abstracción de
los años 60, pasando por
el período del
combine; las
maravillosas cartulinas
del período más
acentuadamente Pop; el
fotorrealismo que tanto
lo ocupara; la
fotografía innovadora;
sus asombrosas series de
collages; su
retorno a la abstracción
en los primeros años de
la década de los 90;
hasta llegar a obras
inconclusas realizadas
poco antes de fallecer.
Es, por tanto, un
conjunto muy variado que
caracteriza la movilidad
creativa de Martínez.”
¿Cuál es el criterio
curatorial de la
exposición?
Mi intención ha sido muy
sencilla: abrir las
puertas de una jaula.
Me entusiasma pensar
que, a pesar del manto
de olvido geopolítico
que se ha cernido
históricamente sobre
gran parte del arte y la
cultura cubanos de los
años 60 y 70 ―en virtud
del aislamiento político
a que fuera sometida la
Isla luego de su
Revolución en 1959―
comenzará en algún
momento el
reconocimiento
hemisférico e
internacional que
merecen creadores como
Raúl Martínez, Ángel
Acosta León, Umberto
Peña, Chago Armada o
Antonia Eiriz. Piénsese
que estos grandes
pintores han estado
prácticamente ausentes
de colecciones y
exposiciones museales
fuera de Cuba, y casi
también omitidos de las
interpretaciones
integradoras que se han
realizado sobre arte
latinoamericano. Es como
si no hubiesen existido.
Mi interés es hacer que
existan para reubicarlos
en el contexto de
significación cultural y
visual donde siempre
debieron estar. Es una
especie de restitución
histórico-museológica
que siento como un deber
cultural.
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¿Cómo fue acogida, en la
capital mundial del Pop,
la obra del artista más
sobresaliente del arte
Pop en Cuba?
Cuando uno busca una
cartelera cultural de
New York, puede
prepararse para sentir
el asombro ante tantas
exposiciones para
disfrutar. Solo en el
barrio de Chelsea las
listas de galerías se
dan calle a calle y, en
cada una, la enumeración
pasa de cinco o seis.
Algunas tienen diez… No
todas son de excelencia,
pero indudablemente lo
cuantitativo sustenta
una probabilidad
cualitativa apreciable.
Todo esto sin mencionar
las exposiciones de los
respetadísimos museos y
centros culturales de
esa gran urbe. Lo que sí
puedo contarte es que la
muestra Hambriento
espero ―traducida
como Eagerly Awaiting―
pudo verse citada en
muchísimas carteleras de
New York con una nota de
prensa bastante extensa
en la mayoría de ellas,
y con una foto
importante de una obra
de Raúl donde aparece un
retrato doble de José
Martí. Muchos amigos de
Cuba que han pasado por
la galería me han dicho
que la inauguración fue
súper concurrida, alegre
y vivaz como las piezas
mismas. Y, aunque estoy
muy contenta, no dejo de
comprender que se trata
de una exposición
modesta, con recursos
mínimos, sin notables
estrategias
publicitarias, y con
piezas que no explican
todo el potencial
innovador del artista.
Lo he tomado
sencillamente como un
comienzo.
Por otro lado, ¿qué
comentarios ha suscitado
la muestra en ese país,
teniendo en cuenta que
Martínez fue uno de los
creadores más presentes
en los momentos
fundacionales y claves
de la Revolución Cubana
y su proyecto cultural?
Es difícil saberlo desde
acá y aún cuando no
concluye la exposición;
pero hemos conocido que
las piezas que
representan héroes
cubanos, han despertado
mucho interés.
¿Qué significado reviste
el hecho de que las
obras de Raúl Martínez
se encuentren con el
país en que recibiera la
influencia de Warhol y
Pollock, que fue para él
como un shock, y
del cual regresó con
el deseo de “volverse
hacia afuera”?
Como curador es un
experimento y ojalá
pueda nutrirme en algún
momento futuro con los
resultados. Intento
iniciar un conocimiento
acerca de su obra en un
escenario donde su
creación halló recursos
artísticos que le fueron
muy afines. Un escenario
que él admiró y visitó
en varias ocasiones y
donde estudiara
brevemente. También ha
sido un escenario en
cierta medida opuesto al
espacio social donde él
desplegó lo más
renovador de su arte, y
al cual intento que
vuelva de ahora en
adelante para mostrar
ese interesante
contrapunto creador que
es, en definitiva, su
producción pictórica, en
relación con las
tendencias dominantes de
la época en que vivió.
Como persona que lo
conoció y entabló con él
esa pequeña amistad
llena de asombro, temor
y admiración que
sentimos ante un gran
artista, me complace
pensar que estoy
haciendo, con esta
primera exposición
personal en New York,
algo que el propio Raúl
hubiera hecho
apasionadamente. |