Año IX
La Habana
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Violeta Casal en la memoria

Juan Fidel Rodríguez Reyes • La Habana

Fotos: Archivo

 

Violeta Casal, nacida en Matanzas en los años veinte, constituyó el símbolo de la mujer locutora cubana. Se graduó de Doctora en Filosofía y Letras, y en  Pedagogía en la Universidad de La Habana, además de culminar estudios en la Academia de Arte Dramático (ADAD).

Sus inicios fueron en el teatro universitario y marcaron el carácter trágico de esta actriz que con obras como Medea, fue adquiriendo la fuerza y el ímpetu dramático que la caracterizarían, haciéndola representante del modelo trágico de la época, sin perder la versatilidad que la capacitara para interpretar alta comedia.

El grupo de teatro universitario al que pertenecía, representaba sus obras en la Plaza Agramontes, que ambientada con cadenas y columnas históricas, se mostraba como el espacio propicio y solemne para la puesta de estas tragedias.

En la década del 40 su desarrollo como actriz comienza y participa en obras como: Arsénico para los viejos (1942) y El deseo bajo los olmos (1943) ambas dirigidas por Lorna de Sosa; Un tranvía llamado deseo (1948); Nosotros los muertos (con Rosa Felipe en 1948); Nocturno (en el personaje de Silvia, 1949), todas dirigidas por Modesto Centeno con Teatro ADAD; La vida que te di (obra de Pirandello en el personaje de Ana Luna, 1949), dirigida por Andrés Castro; Camorra (1948), obra en la que trabajó junto con Julio de Carlo, Héctor Tejera, Pedro Pablo Astorga, Gina Cabrera, Ernesto de Galli de Antonio Vázquez Gallo que presentó el Patronato del teatro bajo la dirección de su autor. Theresa (1949), obra con la que obtuvo el codiciado premio Thalía; La hora radiante, de K. Winter (1951), dirigida por Reynaldo de Zúñiga.

Para el Teatro Universitario: Medea, de Eurípides (1948), dirigida por Antonio Vázquez Gallo; Mariana Pineda, de Lorca (1950), dirigida por Ramón Valenzuela; Juana de Castilla, de H. Rothe dirigida por Luis A. Baralt, (1951); Una choza para tres, de Roussin (1956), dirigida por Rubén Vigón. Con el grupo Las Máscaras protagonizó de Federico García Lorca y dirigidas por Andrés Castro: Yerma (1950) y Bodas de sangre (1951).

Para la sala Prometeo y dirigida por Francisco Morín: La voz humana, de Cocteau (1949) y La dama del trébol, de Arout (1955).

Inauguró la sala Arlequín con la obra Veinticuatro rosas rojas, de Mario Benedetti, en 1957; y Espíritu burlón, de N. Coward, (1958), ambas dirigidas por Rubén Vigón.

Actuó en México y Guatemala, con el Teatro Universitario y en España, con la compañía de Martínez Trives. Ya en la década del 50 y gracias a su indetenible trabajo Violeta Casal se consideraba junto a Marisabel Sáenz y Rosa Felipe, una de las tres mejores artistas del Teatro Cubano.

En agosto de 1958, las cosas cambiarían para Violeta Casal definitivamente. Perseguida por sus actividades revolucionarias, abandonó la escena y subió a la Sierra Maestra, después de participar en la Huelga del 9 de abril y sufrir detención y persecución en La Habana. Al principio ella pensó trabajar de maestra en la Sierra, pero el Comandante en Jefe Fidel Castro le indicó que su misión era hacer locución en Radio Rebelde. Fue así como junto con Ricardo Martínez, Orestes Valera, Guillermo Pérez y Jorge Enrique Mendoza, se convirtió en la voz de la Revolución con la frase que la identificaría para todos los cubanos a partir de ese momento: “¡Aquí Radio Rebelde, desde el territorio libre de Cuba!”.

Después del triunfo de la Revolución, en 1961, junto con Asenén Rodríguez, Carlos Ruiz de la Tejera, José A. Rodríguez, Vicente Revuelta y otros actores de formación empírica, fundó el Conjunto Dramático Nacional (CND) y con este empezaron talleres de danza, expresión corporal y música, para cubrir las necesidades de los actores en formación.

Néstor Raimondi, actor y director argentino que estudio en el Berliner Ensemble, se hizo cargo de la dirección del CDN y montó el espectáculo que marcó un hito en la historia teatral cubana luego del triunfo de la Revolución: La Madre, de Gorki en la adaptación de Bertolt Brecht.
 


La Madre de Gorki con Violeta Casals, Carlos Ruiz de la Tejera,
José Antonio Rodríguez y Alejandro Lugo, 1962

Esta puesta en escena estaba dedicada a la clase obrera cubana y era poseedora de un hondo contenido social y una moderna visión revolucionaria de la escena que exigía el uso de todos los recursos escénicos y de la participación del elenco en su totalidad.

La música fue compuesta por Leo Brower y los coros fueron montados Yolia Guerra. Las puestas en escena empezaron en el teatro Mella, con Violeta Casal y Miriam Acevedo en el rol de Pelagea Wlasova y el de una pequeño burguesa, que doblaban las actrices.

Luego del gran éxito de público y de prensa que la obra alcanzó, realizaron una gira de 34 funciones por todo el país, con dos escenarios en los que se representaba: uno en la sala y otro al aire libre, que permitían poner escenas de la obra en centros de trabajo, en fábricas tabacaleras, en espacios abiertos en los que los actores se relacionaban directamente con los obreros, con el pueblo, alentándolos a vincularse más al mundo cultural y el teatro, y a participar en los talleres que impartían.

Todo causó gran conmoción en los obreros. Era la primera vez que los artistas se preocupaban por establecer esta especie de vínculo con el pueblo. El contenido político unificaba fuerzas en el momento en el que se estrenó. Tenía escenas de una campaña de alfabetización como la que se llevaba a cabo en el año 1961. 

Violeta, con arraigadas convicciones revolucionarias, defendía el derecho de la mujer a tomar parte en la lucha por mantener las conquistas logradas y su personaje poseía una fuerza dramática imponente. Lejos de la representación acostumbrada de la anciana cansada y débil de carácter, Violeta impregnaba ese halo patriótico y sacrificado de la mujer revolucionaria en la que se había convertido.

Lamentablemente, esta fue la última obra en la que trabajó. Luego pasó a ser la directora de Radio Rebelde durante los años de la década del 60, y se retira del teatro por problemas de índole personal.

Violeta Casal, la actriz consagrada, revolucionaria, versátil, cuya carrera inmortalizaron Radio Rebelde y el personaje de La Madre, de Gorki–Brecht, murió el 28 de octubre de 1992 en la Ciudad de La Habana, y sus restos yacen en el Panteón de las Fuerzas Revolucionarias en el Cementerio de Colón.

Recordarla es rendir tributo a la obra de toda una vida, a la profesionalidad  teatral que la caracterizaba y la hizo merecedora del cariño y la admiración de un pueblo que agradece todavía su voz y su presencia.

Fragmento de una ponencia realizada para el Taller de investigación Rine Leal.
 

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La Habana, Cuba. 2010.
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