Año IX
La Habana
7 al 13
de AGOSTO
de 2010

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Rolando Vergara en su Habana

Pedro de la Hoz • La Habana

 

“Yo no sé si me van a recordar, pero sí estoy seguro de que otros, de aquí a un tiempo, cuando miren la ciudad, podrán sentir la sinceridad de lo que escribí al cantar a su hermosura”.

Tenía razón Rolando Vergara. Ahora que ya no está, que a los 84 años se despidió el martes 3 de agosto, habrá quien desde un balcón, en una calle o acodado en el muro del Malecón, le entren deseos de cantar “Hermosa Habana”, entre el amor y la melancolía.

Este tema fue, sin lugar a duda, una de las cartas de identidad de un habanero que por largos años, como no era músico de profesión, aprendió a trabajar la cristalería y se convirtió en un maestro de ese oficio.

“Nunca tuve una gran voz. Me gustaba cantar, no me perdía los programas populares de la radio. Me encantaban las controversias de los poetas, sobre todo las de Angelito Valiente y el Indio Naborí, así que alguna vez los amigos me embullaron para que me presentara en un espacio de música campesina. Pero las cosas del amor hicieron que me inclinara por la canción romántica. Se me ocurrían melodías a las que ponía letras y letras a las que después les ponía melodías. Pero cuando me dicen que soy un compositor de la calle, respondo: soy un compositor cubano y tuve muchos maestros, Roig y Arsenio, Delfín y Romeu, Sindo y Rapindey, Matamoros y Grenet. ¿Qué le parece?”

Todo esto me dijo una noche de rápidas confesiones y mucho más. Como lo que le dijo el Beny al incorporar a su repertorio “No lo dejes para luego”: “Me habló de que le venía como anillo al dedo, porque hacía rato que quería cantar algo que se le pareciera”. O lo que le ocurrió con Los Zafiros: “Les llevaba una obrita y me decían: ¿y no tienes más? Y así fui entregándoles una a una. Llegué a sentirlos como parte de mi familia”. O lo que sintió el día que escuchó por la radio “A cualquiera se le olvida un amor”, por Papo Luca y la Sonora Ponceña: “No había puesto atención a lo que transmitía un programa. Hasta que mi barbero me tocó por el hombro: ¿Oye, Rolando, ese número no es tuyo?”.

Loa Zafiros montaron y le grabaron “Hermosa Habana”, “He venido”, “Rumba como quiera”, “Ven dame tu querer”, “La nada, nada inspira”, y “Se acabaron las penas”. Boleros y rumbas. Todo tiene su explicación.

“Cuando compongo, lo hago de acuerdo al estado de ánimo. Hay días en que uno se inclina hacia la onda romántica, y hay otros en los que te motiva el movimiento. El son y la rumba son también cantos de amor, ¿no crees?”

La relación de Rolando con Los Zafiros fructificó también en otro aspecto que no todos conocen. Fue él quien contactó con Manuel Galván —sí, el hoy célebre miembro de la tropa del Buena Vista Social Club— para que se uniera al cuarteto como guitarrista.

Volviendo a “Hermosa Habana”, solía evocar cómo una tarde no muy calurosa de 1963, al ver a la altura del Paseo del Prado el mar calmo y el vuelo lento de unas gaviotas, se dijo: “De verdad que está linda mi Habana”. Pensó mentalmente los primeros versos y luego en la casa le dio taller al asunto.

“La gente piensa que es un tema para la noche habanera. Pero no es así. Lo que pasa es que las noches están hechas para esa canción”.
 

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La Habana, Cuba. 2010.
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