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En estos tiempos de
Internet, DVD,
televisión las 24 horas,
es muy gratificante
encontrarse un libro que
te haga olvidar hasta el
horario de comida. Tal
hecho me sucedió con
El corazón de Voltaire,
del puertoriqueño Luis
López Nieves, el cual me
atrapó como hace años no
me sucedía con ninguna
novela.
No he sido la única.
Numerosos críticos
literarios consideran a
esta obra como la más
original del siglo XXI,
y no solo porque está
escrita mediante
intercambio de correos
electrónicos. Ya López
Nieves tuvo un
grandísimo éxito con
Seva: Historia de la
primera invasión
norteamericana de la
Isla de Puerto Rico
ocurrida en mayo de 1898,
que ocasionó “gran
revuelo cuando se
publicó por vez primera
en 1984 al punto que el
entonces gobernador
Carlos Romero Barceló se
propuso comisionar una
investigación sobre los
ficticios hechos
narrados”.
Merecedor en dos
ocasiones del Premio
Nacional de Literatura
de Puerto Rico, el
escritor acumula también
una amplia labor como
docente en centros
universitarios y es
dueño de una ciudad, de
Seva, un utilísimo
portal en Internet.
Amigo de Cuba, y de
todas las causas justas,
anhela la independencia
de su país. En una
entrevista reciente
declaró sobre sus
paisanos: “Sabemos que
hay mucha gente que se
siente más
norteamericana que
puertorriqueña y basta
conversar con ellas
cinco minutos y ellas
mismas no se dan cuentan
de lo puertorriqueñas
que son. Tiene que ser
algo genético, como pasa
con la cultura hebrea,
con los judíos, hay algo
en la cultura hispana
que a pesar de las
presiones externas
seguimos hablando
español”.
Sus buenos
—y
lúcidos—
amigos hablan de la
tergiversación de la
historia que usted hace
como la historia que se
quisieran contar los
pueblos. Seva…,
en ese sentido, provocó
un revuelo. ¿Pensó en
que se llegaría incluso
a investigar los datos
por usted aportados como
parte de una realidad
otra puertorriqueña?
No, jamás lo pensé. No
estaba escribiendo un
libro de historia, sino
un cuento. Y como quería
que fuera un buen
cuento, pues le puse
mucho énfasis a la
verosimilitud. Debido al
tema, pensaba que nadie
podría creerlo. Por eso
insistí tanto en hacerlo
creíble. Tal parece que
se me pasó la mano. Han
pasado 26 años y se ha
dicho millones de veces
que es un cuento, pero
todavía hay muchas
personas que quieren
creer que lo dicho en
Seva… es historia
verídica. Yo, por
ejemplo, soy uno de
estos lectores: sigo
creyendo que lo contado
en Seva… es
cierto.
¿Qué recuerda de la
reacción de los
historiadores ortodoxos?
Hubo todo tipo de
reacción. La mayoría de
los historiadores, como
son inteligentes,
comprendieron mi juego
literario y lo
disfrutaron. Pero
durante los primeros
meses también hubo
algunos que se
indignaron. Dos de ellos
me invitaron a pelear a
los puños, como si
fuéramos delincuentes
comunes o muchachos de
colegio. Decían que yo
había jugado con el
sentimiento patriótico
de Puerto Rico, lo cual
evidentemente es falso
porque Seva… es
un canto a la
resistencia
puertorriqueña. El
cuento despertó el
sentimiento patriótico
de muchos boricuas,
ellos mismos me lo
decían cuando se publicó
inicialmente, y 26 años
después me lo siguen
diciendo.
Usted ha dicho: “He
llegado a la conclusión
de que la ‘verdad’
simplemente no existe.
Mientras más se aprende,
más se duda. Solo los
imbéciles y los
fanáticos afirman
categóricamente; la
persona inteligente
siempre reconoce la
posibilidad de que pueda
estar equivocada”.
¿Acaso no es absoluto
usted también en esta
afirmación?, ¿no hay
sencillas verdades como
la clorofila en las
plantas?
Esas son las terribles
contradicciones de la
vida. Por ejemplo, para
darse cuenta de que se
es imbécil, hay que ser
inteligente. Un imbécil
nunca reconoce su
imbecilidad,
precisamente porque es
imbécil. Asimismo, pues,
suena categórica mi
aseveración de que la
verdad no existe, puede
sonar a una imbecilidad,
pero creo que lleva
implícita la posibilidad
de que puedo estar
equivocado. Quizá existe
una “verdad”. De hecho,
estoy seguro de que para
cada cual existe “su
verdad”. Ese es el
problema: si hay tantas
verdades, entonces
ninguna de ellas es “la
verdad”. Entonces, ya no
se trata de definir cuál
es “la verdad”, sino de
examinarlas todas y
conscientemente y optar
por una de ellas.
En cuanto a la
clorofila, yo nunca
entendía lo que decían
mis profesores en las
clases de ciencias,
mucho menos en las de
biología, pero algunas
verdades sencillas, para
mí, son el hecho de que
Miguel de Cervantes fue
un genio o de que
América Latina ha
padecido cinco siglos de
intervención extranjera.
Pero quizá me equivoco
en cuanto al segundo
punto. Millones de
personas en todo el
mundo piensan que EE.UU.
tiene 700 bases
militares en 130 países
con el objetivo de
llevarle al planeta la
paz y la democracia.
Quizá ellos estén en lo
correcto y yo me
equivoco.
¿Por qué le sedujo
Voltaire?
Demasiadas cosas de
Voltaire me atraen,
muchísimas. Fue un gran
revolucionario, nada
menos que el padre de la
Revolución Francesa, la
cual cambió el mundo,
exterminó el Antiguo
Régimen de raíces
medievales. Como si
fuera poco, fue un gran
escritor, autor de un
cuento genial como
Cándido o el optimismo.
Además, vivía como
pensaba. No decía unas
cosas para luego hacer
otras. También me atraen
mucho su sentido del
humor, su dominio de la
sátira, su ingenio. Al
leer a Voltaire uno
comprende que debió
poseer una inteligencia
de grandísima ferocidad.
¿Cómo han reaccionado
los franceses acerca de
esa singular
interpretación de un
hecho en la vida del
ilustre ilustrado?
Pues la novela todavía
no se ha traducido al
francés, pero varios
críticos franceses la
han leído en español y
la han comentado muy
favorablemente. El
primero fue el
prestigioso periodista
Jean François Fogel,
quien la comentó en
El Boomeran(g). Sus
elogiosas palabras me
conmovieron porque fue
la primera reacción
francesa a la novela.
El corazón de Voltaire
se ha traducido al
islandés, polaco e
italiano. Espero que
pronto pueda traducirse
al francés porque
Voltaire se lo merece.
Desde las novedosas
autopistas del
ciberespacio realiza un
viaje en el tiempo y en
el espacio, ubicando su
historia en varios
puntos y distintos
momentos, ¿ese juego
tempo espacial fue
consciente o la manera
de escribir una historia
que lo poseyó?
Es lo que me pedía la
obra; cada obra impone
su estructura. Para
contar la novela había
que buscar a los
descendientes de
Voltaire, los cuales
podían estar en
cualquier parte del
mundo porque los
franceses llevan siglos
generosamente
repartiendo sus genes a
través del planeta. El
conflicto inicial de la
novela ocurre en la
época actual, pero para
resolverlo había que ir
al pasado. Por tanto, la
novela misma pedía que
eliminara toda
restricción de tiempo y
lugar, lo cual hice. La
estructura, pues, no fue
un diseño frívolo creado
simplemente para lograr
“X” efecto. El formato
es el producto de una
historia que había que
contar con naturalidad,
y por eso la conté de la
manera más natural que
me venía a la mente.
Luego me enteré de que
era la primera novela
escrita enteramente por
medio de correos
electrónicos. Fue un
accidente feliz. De
hecho, par de personas
me han dicho que la
novela realmente no
existe. Nadie recopila
los correos, nadie se
los envía a nadie, no se
sabe dónde están los
correos. Es decir, la
novela es una obra
virtual en todo el
sentido de la palabra.
El corazón de Voltaire
es solo la punta del
iceberg. ¿Cuánto tuvo
que investigar para
ofrecer esta historia
que tiene como una de
sus virtudes su
verosimilitud?
Realmente poco. Toda la
vida he sido un furioso
lector de historia. He
leído cantidades
monstruosas de libros de
historia. A veces pienso
que algunos de estos
libros ni los mismos
autores los leyeron,
solamente yo, porque no
conozco a otras personas
que los hayan leído. Me
leí, por ejemplo, una
historia de los papas de
tres volúmenes de mil
páginas cada uno, las
páginas en formato
grande. Empecé por el
primero, san Pedro, y
llegué hasta el papa
Paulo VI. He leído
historias de los chinos,
fenicios, hititas,
sumerios y de muchos
otros. Por tanto, es
tanta la historia que he
leído, que realmente yo
conocía bastante sobre
Voltaire, su época, etc.
Lo que hice fue
refrescar o precisar
algunas fechas o datos,
pero para ambientar, me
bastaron las lecturas
que ya conocía. Porque
no se trata de convertir
la novela en una densa y
aburrida monografía
histórica, hay que saber
mucho sobre la época
para no cometer errores,
para evitar los
anacronismos; pero
realmente el autor de
una novela histórica no
debe utilizar más del
diez por ciento de lo
que sabe sobre el
período.
Vuelvo a otro por qué, y
esta vez sobre Galileo,
novela que aún no
conozco pero que seguro
devoraré como la del
retratista de Cándido…
Había terminado la
novela sobre Voltaire,
quien fue el primer
intelectual moderno.
Cuando empecé a
reflexionar sobre mi
próximo libro, pensé que
sería interesante
escribir sobre el primer
científico moderno, que
fue Galileo. Con Galileo
empieza la ciencia
moderna, el método
experimental, gracias al
cual hay varias personas
en el planeta que pueden
contestar tu pregunta
sobre la clorofila.
¿Qué otra figura
revolotea en sus
fantasías de escritor?
Estoy trabajando una
novela nueva, pero no
gira en torno a una
figura histórica. Decidí
hacer algo diferente,
sobre la cual no he
dicho nada públicamente
ni en privado. Es un
gran secreto. Nadie
tiene idea de lo que
estoy haciendo; la única
que sabe “algo” es Mara,
mi esposa, pero ni
siquiera ella conoce los
detalles. Pero,
mientras trabajo esta
nueva novela, en el
fondo de mi mente tengo
pendiente a Napoleón.
Leí una noticia
asombrosa que me tardó
mucho tiempo creer y
asimilar. Resulta que un
urólogo norteamericano
compró, y tiene en su
casa, nada menos que el
pene de Napoleón. Nunca
me escandalizo, ya casi
nada me sorprende en la
vida, pero esta noticia
me escandalizó y todavía
me impresiona cada vez
que la recuerdo. El
corazón de Voltaire está
en una urna en París. He
leído que el cerebro de
Einstein está guardado
en algún lugar del
mundo. Y creo recordar
que las manos del Che
Guevara también estaban
guardadas, no recuerdo
dónde. Pero ¿un pene?
¿Para qué un hombre
quiere guardar el pene
de otro hombre? Además,
¿significa que el
Napoleón que está
enterrado en París con
tanta magnificencia
realmente es un pobre
cadáver castrado? Este
asunto pide una novela a
gritos. |