Año IX
La Habana
2010

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Adolfo Guzmán
Josefina Ortega • La Habana

Muy pocos conocen que los comienzos de su vida artística estuvieron estrechamente ligados al tango. Antes de cumplir los 20 fue pianista del conjunto Los románticos gauchos. Después, en 1941, pasó a la RHC Cadena Azul, en la que acompañó al cantante argentino Alberto Gómez, con quien viajó incluso a Santo Domingo. Y en 1944 acompañó también a relevantes intérpretes de esta tan gustada expresión de la música latinoamericana, como Libertad Lamarque, Amanda Ledesma y Hugo del Carril.

Ya para entonces Adolfo Guzmán (La Habana, 1920-1976) se había graduado de piano, con Alberto Falcón, y de armonía, instrumentación y composición, con Bernardo Moncada, gracias a su tía Lucía González quien ante el talento del muchacho —noveno hijo de una familia humilde— decidió costearle los estudios. Circunstancia que él sabría aprovechar, pese a que desde muy temprano tuvo que contribuir al sustento de los suyos en labores ajenas a su vocación.

Con apenas 14 años creó su primera composición, el vals “Marina”, y a los 18, “Recuerdo del ayer”, una obra más trabajada, que le abrió las puertas al mundo profesional de la música.

Su debut como pianista acompañante del cantante Floro Acosta, con quien formó el dúo Ideal, fue seguido por una intensa y brillante carrera artística que con el paso del tiempo revelaría su genialidad como compositor, pianista y director de orquesta.

Ingresó como director musical de la radioemisora Mil Diez y dirigió importantes agrupaciones, como la del cabaret Montmartre; la de los teatros América, Nacional, —hoy Gran Teatro de La Habana— y Campoamor. También estuvo al frente de la Riverside. En la década de los 50, desarrolló su quehacer musical en la Televisión Cubana. En 1960 al crearse el Instituto Cubano de Derechos Musicales, fue nombrado su presidente. Organizó, junto con Isolina Carrillo, el Coro Gigante de la Central de Trabajadores de Cuba.

Cultivó un estilo de música de profundo y fino lirismo. Muchas de sus canciones le han dado la vuelta al mundo en las voces de reconocidos intérpretes: “No puedo ser feliz”, “Te espero en la eternidad”, “Libre de pecado”, “Es tan fácil mentir”, “Al fin amor”, y “Profecía”, entre otras, que hoy forman parte de nuestro patrimonio musical.

Como compositor, “la música de Guzmán, al decir de Juan Blanco, es auténticamente cubana. La identidad nacional, en su forma más depurada, está presente en toda su obra.”

Entre las numerosas distinciones recibidas sobresale la de Héroe Nacional del Trabajo, en reconocimiento a su labor artística.

Sobre su oído musical privilegiado, el también maestro Félix Guerrero contó esta anécdota: "Un día en el Teatro Amadeo Roldán, antiguo Auditórium, un pianista francés tocaba una obra muy difícil. Estábamos cuatro o cinco músicos y de pronto Adolfo Guzmán, que tenía un oído absoluto, perfecto, nos dice: —Ese piano está desafinado. Ni Mántici ni los demás nos habíamos percatado. Terminó el concierto, fuimos al piano y, efectivamente, Guzmán nos probó que tenía dos o tres notas desafinadas. Esa condición no la recuerdo en ningún otro director".

Adolfo Guzmán fue uno de los músicos más completos que ha dado nuestro país.

 
 
 

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La Habana, Cuba. 2010.
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