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La conocí en 1972 ó 1973
gracias a una compañera
de aula en el
preuniversitario. No
recuerdo si era una
actividad de la Unión de
Jóvenes Comunistas,
íbamos un grupo poco
numeroso. Mi
condiscípula me invitó a
sabiendas de mi interés
por la historia. "Es un
encuentro con Haydée
Santamaría", solo me
dijo.
Fue en la Casa de las
Américas, institución
entonces dirigida por
Haydée. En un salón
despoblado. Había unas
sillas e hicimos una
especie de semicírculo
alrededor de la Heroína.
Ella vestía una saya y
blusa sencillas, estaba
sin maquillar.
Cuando comenzó a
hablarnos del asalto al
Moncada, de la
clandestinidad y de la
Sierra, los héroes y
mártires de la
Revolución dejaron de
ser gigantescas estatuas
de mármol, semidioses
tan alejados de los
mortales que resultan
imposibles de imitar y
se transformaron en
seres de carne y hueso
como nosotros.
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Ella los describía como
personas normales que
únicamente supieron
vivir con decoro en una
época extraordinaria,
que podían tener, como
nos decía, el color de
los ojos del
condiscípulo sentado
delante o recogerse el
pelo como la muchacha
que está en la silla de
al lado.
Fue aquella una
magnífica y hermosa
lección de cómo
comunicarse con una
audiencia, no importa la
edad promedio de ella,
ni sus referencias
culturales ni su
erudición histórica.
Incluso aquellos de mis
condiscípulos que fueron
conminados a asistir a
aquel encuentro y lo
hicieron por disciplina,
terminaron por
entusiasmarse con el
verbo de la Heroína,
especie de máquina del
tiempo que nos trasladó
a un reciente pasado
heroico.
La heroína
Según el testimonio de
su hija Celia María,
ofrecido al autor de
este trabajo, Haydée
Santamaría Cuadrado
nació el 31 de diciembre
de 1922. Sin embargo,
Armando Hart, en su
libro Aldabonazo,
señala a 1923 como año
de su nacimiento.
Haydée y su hermano Abel
se opusieron a la
tiranía batistiana desde
el mismo 10 de marzo de
1952, madrugada en que
el sátrapa usurpó el
poder. Su apartamento de
25 y O le sirvió a Fidel
Castro de centro de
reunión en los meses que
preceden a las acciones
del 26 de julio de 1953.
Yeyé, como familiarmente
le llamaban a Haydée
familiares y amigos,
participó activamente en
la impresión y
distribución de Son
los mismos y El
acusador, la primera
prensa clandestina del
Movimiento liderado por
Fidel.
Fue junto con Melba
Hernández las únicas
mujeres autorizadas por
la dirección del
Movimiento para
participar en el asalto
al cuartel Moncada, en
Santiago de Cuba.
La misión asignada a
ambas féminas fue ocupar
junto con el grupo de
Abel Santamaría el
hospital civil y ayudar
al doctor Mario Muñoz en
la asistencia médica a
los heridos.
Contaba la propia Haydée
que en los momentos más
intensos del combate, le
impresionó ver la ayuda
que les prestaron las
enfermeras del hospital,
a quienes nunca había
visto, pero que
colaboraban tanto con
Melba como con ella en
todo lo que les
solicitaban.
Haydée le preguntó a una
de las enfermeras: "¿Por
qué nos ayudan?". Esta
le respondió: "Porque
son buenos". Yeyé se
sonrió: "¿Y por qué tú
sabes que somos
buenos?". La enfermera,
sin dejar de ayudar al
herido, dijo
simplemente: "Porque no
son (del gobierno) de
Batista".
Presidio
Haydée vivió, después de
fracasado el asalto,
momentos terribles en
las mazmorras del
cuartel Moncada,
mientras desconocía si
Fidel aún estaba vivo.
Allí oyó los gritos de
dolor de sus compañeros,
aprehendidos junto con
ella y torturados casi
ante sus ojos. Al médico
Mario Muñoz lo
asesinaron en su
presencia.
Junto con Melba, tras
las horas horribles, es
trasladada a la prisión
de Boniato. Allí,
recordaría más tarde:
"sí había una
combatividad, porque
había un objetivo,
estaba el juicio, la
preparación del juicio,
la Marcha del 26 de
Julio, que se sacó allí
mismo".
"Esos dos meses en
Boniato fueron
magníficos,
maravillosos, tremendos,
de combate contra la
tiranía", aseguró en más
de una ocasión.
Condenada a siete meses
de presidio, la cárcel
no le resultó dolorosa,
según propia confesión.
La internaron junto con
Melba en la
penitenciaría de
mujeres, en Guanajay.
Años después
rememoraría: "Estar
tirada en una cama,
leyendo. No podíamos
hacer nada más.
Estábamos solas, no
había más presas
políticas... Guanajay
fue terrible por la
quietud, por el no hacer
nada, por el no poder
hacer nada".
Liberada el 20 de
febrero de 1954, al
cumplir la sanción
judicial, familiares y
compañeros de lucha se
reúnen ante la puerta de
la prisión. "¿Y ahora,
qué?", le pregunta una
reportera de Bohemia.
"Empezar de nuevo,
tenemos una deuda con
nuestros hermanos
muertos", responde.
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Familiares y
compañeros
acuden al
reclusorio para
brindarles el
primer saludo. |
Centavo a centavo, peso
a peso, junto con un
valiosísimo grupo de
compañeros, logra
imprimir más de diez mil
ejemplares de La
historia me absolverá,
los cuales son
repartidos por toda Cuba
en un auto alquilado.
"Y seguimos luchando
—relataría Haydée años
después—, hasta que
salieron nuestros
compañeros de Isla de
Pinos y salió Fidel... Y
fue vivir otra vez, fue
luchar otra vez, fue la
acción otra vez, fue
otra vez la vida".
Fundadora del Movimiento
26 de Julio, formó parte
de su Dirección
Nacional. Colaboró con
Frank País en el
alzamiento del 30 de
noviembre. Se incorporó
a la Sierra, y Fidel la
envía de misión al
exterior, la cual
cumplió cabalmente.
Después del triunfo,
asumió la presidencia de
la Casa de las Américas.
Hizo de esa institución
un santuario de la
Literatura
latinoamericana, de la
trova y la canción
política de nuestro
continente. Electa
miembro del Comité
Central del Partido
desde su constitución en
1965, fue ratificada en
el Congreso de 1975.
Falleció en La Habana el
28 de julio de 1980. |