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Yeyé, la heroína

Pedro Antonio García CubAhora

Fotos: Archivo Casa de las Américas

 

La conocí en 1972 ó 1973 gracias a una compañera de aula en el preuniversitario. No recuerdo si era una actividad de la Unión de Jóvenes Comunistas, íbamos un grupo poco numeroso. Mi condiscípula me invitó a sabiendas de mi interés por la historia. "Es un encuentro con Haydée Santamaría", solo me dijo.

Fue en la Casa de las Américas, institución entonces dirigida por Haydée. En un salón despoblado. Había unas sillas e hicimos una especie de semicírculo alrededor de la Heroína. Ella vestía una saya y blusa sencillas, estaba sin maquillar.

Cuando comenzó a hablarnos del asalto al Moncada, de la clandestinidad y de la Sierra, los héroes y mártires de la Revolución dejaron de ser gigantescas estatuas de mármol, semidioses tan alejados de los mortales que resultan imposibles de imitar y se transformaron en seres de carne y hueso como nosotros.
 

Ella los describía como personas normales que únicamente supieron vivir con decoro en una época extraordinaria, que podían tener, como nos decía, el color de los ojos del condiscípulo sentado delante o recogerse el pelo como la muchacha que está en la silla de al lado.

Fue aquella una magnífica y hermosa lección de cómo comunicarse con una audiencia, no importa la edad promedio de ella, ni sus referencias culturales ni su erudición histórica.

Incluso aquellos de mis condiscípulos que fueron conminados a asistir a aquel encuentro y lo hicieron por disciplina, terminaron por entusiasmarse con el verbo de la Heroína, especie de máquina del tiempo que nos trasladó a un reciente pasado heroico.

La heroína

Según el testimonio de su hija Celia María, ofrecido al autor de este trabajo, Haydée Santamaría Cuadrado nació el 31 de diciembre de 1922. Sin embargo, Armando Hart, en su libro Aldabonazo, señala a 1923 como año de su nacimiento.

Haydée y su hermano Abel se opusieron a la tiranía batistiana desde el mismo 10 de marzo de 1952, madrugada en que el sátrapa usurpó el poder. Su apartamento de 25 y O le sirvió a Fidel Castro de centro de reunión en los meses que preceden a las acciones del 26 de julio de 1953.

Yeyé, como familiarmente le llamaban a Haydée familiares y amigos, participó activamente en la impresión y distribución de Son los mismos y El acusador, la primera prensa clandestina del Movimiento liderado por Fidel.

Fue junto con Melba Hernández las únicas mujeres autorizadas por la dirección del Movimiento para participar en el asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba.

La misión asignada a ambas féminas fue ocupar junto con el grupo de Abel Santamaría el hospital civil y ayudar al doctor Mario Muñoz en la asistencia médica a los heridos.

Contaba la propia Haydée que en los momentos más intensos del combate, le impresionó ver la ayuda que les prestaron las enfermeras del hospital, a quienes nunca había visto, pero que colaboraban tanto con Melba como con ella en todo lo que les solicitaban.

Haydée le preguntó a una de las enfermeras: "¿Por qué nos ayudan?". Esta le respondió: "Porque son buenos". Yeyé se sonrió: "¿Y por qué tú sabes que somos buenos?". La enfermera, sin dejar de ayudar al herido, dijo simplemente: "Porque no son (del gobierno) de Batista".

Presidio

Haydée vivió, después de fracasado el asalto, momentos terribles en las mazmorras del cuartel Moncada, mientras desconocía si Fidel aún estaba vivo. Allí oyó los gritos de dolor de sus compañeros, aprehendidos junto con ella y torturados casi ante sus ojos. Al médico Mario Muñoz lo asesinaron en su presencia.

Junto con Melba, tras las horas horribles, es trasladada a la prisión de Boniato. Allí, recordaría más tarde: "sí había una combatividad, porque había un objetivo, estaba el juicio, la preparación del juicio, la Marcha del 26 de Julio, que se sacó allí mismo".

"Esos dos meses en Boniato fueron magníficos, maravillosos, tremendos, de combate contra la tiranía", aseguró en más de una ocasión. Condenada a siete meses de presidio, la cárcel no le resultó dolorosa, según propia confesión. La internaron junto con Melba en la penitenciaría de mujeres, en Guanajay.

Años después rememoraría: "Estar tirada en una cama, leyendo. No podíamos hacer nada más. Estábamos solas, no había más presas políticas... Guanajay fue terrible por la quietud, por el no hacer nada, por el no poder hacer nada".

Liberada el 20 de febrero de 1954, al cumplir la sanción judicial, familiares y compañeros de lucha se reúnen ante la puerta de la prisión. "¿Y ahora, qué?", le pregunta una reportera de Bohemia. "Empezar de nuevo, tenemos una deuda con nuestros hermanos muertos", responde.
 


Familiares y compañeros acuden al reclusorio para brindarles el primer saludo.

Centavo a centavo, peso a peso, junto con un valiosísimo grupo de compañeros, logra imprimir más de diez mil ejemplares de La historia me absolverá, los cuales son repartidos por toda Cuba en un auto alquilado.

"Y seguimos luchando —relataría Haydée años después—, hasta que salieron nuestros compañeros de Isla de Pinos y salió Fidel... Y fue vivir otra vez, fue luchar otra vez, fue la acción otra vez, fue otra vez la vida".

Fundadora del Movimiento 26 de Julio, formó parte de su Dirección Nacional. Colaboró con Frank País en el alzamiento del 30 de noviembre. Se incorporó a la Sierra, y Fidel la envía de misión al exterior, la cual cumplió cabalmente.

Después del triunfo, asumió la presidencia de la Casa de las Américas. Hizo de esa institución un santuario de la Literatura latinoamericana, de la trova y la canción política de nuestro continente. Electa miembro del Comité Central del Partido desde su constitución en 1965, fue ratificada en el Congreso de 1975.

Falleció en La Habana el 28 de julio de 1980.

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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