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Había atendido a
Melba y
Haydée cuando estuvieron
en el Vivac, llevándoles
ropas, medicinas,
alimentos, visitando
incluso a sus
familiares, pero nunca
las había visto
personalmente. Tenía
noticias de cómo era
Haydée físicamente y en
el cementerio, me le
acerqué a una persona
que se le parecía para
preguntarle: “¿Usted es
Haydée Santamaría?”. Me
puse a decirle que
siempre iba a la tumba
de Chibás y ella me
advirtió: “Aquí van a
haber tiros y grandes
problemas, posiblemente
hasta nosotras caigamos
presas. Cada uno sabe lo
que tiene que hacer hoy,
esto está planificado, y
como usted es nueva,
corre gran peligro”. Le
contesté que siempre
había sido opositora y
revolucionaria, que no
importaba que todo
estuviera planificado, y
que el riesgo que
corrieran ellas lo
correría yo”. Ese día
hubo tiros, ella hasta
le quitó la metralleta a
un policía para que no
tirara. Así fue como
tuve contacto directo
con Haydée Santamaría.
Me parecía una persona
enérgica, valiente,
decidida y muy humana.
Me demostró enseguida su
preocupación porque como
yo era ajena al grupo,
temía que pudiera
pasarme algo.
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Melba y Haydée
después del
asalto al
cuartel Moncada,
en el Vivac de
Santiago de
Cuba. |
Luego en la casa de
Melba Hernández volví a
ver a Yeyé. Ella vivía
entonces allá, y
conversamos mucho. Dice
Melba que fue esa la
primera vez que la vio
llorar tanto. Lloró
mientras me contaba
sobre los sucesos del
Moncada, la muerte de su
hermano, el crimen
cometido con el que
había sido su novio. En
esa entrevista me
acompañó Nilda Ferrer,
quien estaba también en
La Habana y había sido
mi compañera en los
sucesos del Moncada, en
el salvamento de
compañeros, en el juicio
a Fidel.
En otra entrevista en la
casa de Melba, me
encontré a Haydée. Allí
estaban Armando Hart,
Héctor Ravelo, Pedro
Miret, Montané, Faustino
Pérez. Más tarde, cerca
de los meses de
septiembre u octubre,
cuando empezamos a
organizar la llegada de
Fidel con los
expedicionarios en 1956,
Haydée y Armando
llegaron a Santiago.
Fueron directamente para
mi casa. Vivían y morían
en casa de mi hermano y
almorzábamos en mi casa,
trabajaban todos los
días. Ella no había
regresado más a
Santiago. Después del
Moncada era su primer
viaje, y se quedaron
para organizar el
levantamiento y el
arribo de Fidel y los
expedicionarios.
Trabajábamos todo el
tiempo en mi casa,
siempre juntos. A las
reuniones venían
compañeros de La Habana
que les ocupaban casi
las 24 horas del día. De
aquellos momentos
recuerdo a una Haydée
que estaba siempre
cuidando a los
compañeros, eso la
distinguía, la
caracterizaba, era muy
preocupada por todos.
*María
Antonia Figueroa fue
combatiente de la lucha
revolucionaria en la
clandestinidad.
Participó junto a Haydée
en la organización del
levantamiento de
Santiago de Cuba y la
llegada de los
expedicionarios del yate
Granma. Este testimonio
forma parte de la
investigación para un
libro inédito sobre la
vida y obra de la
heroína del Moncada
Haydée Santamaría. |