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Comenzó sus primeros
estudios de actuación en
la Academia de Teatro
Estudio de La Habana;
sin embargo, el
histrionismo, asegura,
lo tiene desde muy
pequeña en su natal
Santa Clara. Esta mujer,
una de las tres Lucía de
Humberto Solás, enamoró
al público cubano con
sus interpretaciones en
algunas de las cintas
más importantes de la
filmografía cubana como
Memorias del
subdesarrollo, La
primera carga al machete
y Cecilia.
Eslinda Núñez es hoy una
actriz de renombre en la
escena cubana y sus
dotes artísticas
provienen de esa familia
donde el arte le daba
sabor a la vida.
Recordando esos
comienzos conversa con
La Jiribilla
sobre su ciudad y cuánto
ha significado esta para
su vida y su carrera.
“Dicen que lo primero
que uno encuentra cuando
abre los ojos al mundo
es lo que se fija en
nuestro inconsciente y
nos guía. Tal vez por
eso es que Santa Clara
me marca a pesar de
haber salido de ella muy
joven. Cuentan en mi
familia que ya desde el
primer grito fui
bastante histriónica,
pero para ser honesta
debo reconocer que
siempre me interesó el
arte en general:
pintaba, bailaba,
escribía, recitaba,
coreografiaba, etcétera.
Como casi todos los
niños también me
gustaban los juegos,
subirme a los árboles,
correr —en el
preuniversitario
competía en atletismo.
“Viví en Santa Clara,
Banao, Caracusey, Sagua
la Grande y de nuevo
Santa Clara. Algo de
todos esos sitios queda
en mí. La familia era
muy amplia, visitábamos
a tíos abuelos de
Cifuentes, Cabaiguán,
Sitiecito, Matas,
Camajuaní y Remedios. En
las noches, y alrededor
de chismosas y faroles,
los comedores se
transformaban en
escenarios, allí
cantaban punto guajiro,
trovaban, improvisaban y
yo, por supuesto,
bailaba, cantaba y
recitaba. Me divertía,
pero también me sentía
responsable de la
diversión de los demás.
Pienso que estas
experiencias en la
provincia me ayudaron al
aprendizaje, al disfrute
y a tener en todo
momento responsabilidad
en lo que hago.”
Al preguntarle si
todavía visita Santa
Clara responde al
unísono: “¡Claro!
Siempre regreso. En
realidad nunca me he
ido. La extraño, la
recuerdo, la quiero.
Vuelvo siempre a ella y
quizá un día me quede
allí. El público
villaclareño es bien
especial, guarda con
celo sus tradiciones, el
arte, la cultura. Para
mí ha sido emocionante
trabajar en sus
escenarios y debo decir
que siempre he recibido
cariño y admiración. He
hecho teatro en el
Cubanacán, en La
Caridad, en el de la
Universidad, donde
también he tenido
conversatorios con
algunos alumnos ―y estos
han sido sumamente
interesantes―; allí me
han homenajeado. He
estado invitada a
algunos aniversarios de
la ciudad y ostento algo
que aprecio
especialmente por lo que
representa: El Zarapico,
distinción cultural que
otorga el gobierno en el
territorio.
“En todas estas
ocasiones me he sentido
muy motivada por mi
sentido de pertenencia,
soy una santaclareña más
y me llena de
satisfacción dar algo,
reciprocarles un tantito
lo mucho que me han
dado. Se siente una gran
emoción al encontrarse
con una antigua
compañera de escuela y
conversar como si el
tiempo no hubiera
transcurrido.
“Mi vida está muy
vinculada a Santa Clara,
en primer lugar por la
formación que me dio mi
familia: una familia
humilde, inteligente,
honesta, responsable.
Tuve también la suerte
de tener magníficos
maestros: recuerdo a mi
profesora de Dibujo, a
quien fascinaban mis
mariposas; a mi profesor
de Historia Luis García,
con el que siempre
hablaba de cine; a
Manolo, mi maestro de
Música, que me enseñó a
escuchar la música
clásica. Mis maestros
estimulaban mi gusto por
el arte. Tuve y tengo
buenos amigos que me han
apoyado siempre y muchos
recuerdos, lugares muy
queridos por mí, nunca
olvidados. Todo esto
incide en mi vida, en mi
trabajo, me llena de
alegría y también de
orgullo.”
Para Eslinda Núñez es
imposible saber
plenamente cuánto ha
aportado Santa Clara, su
gente, sus costumbres y
su arte a la historia
cultural de nuestro
país, pero asegura que,
sin lugar a duda, ha
sido mucho. “Esta es una
ciudad con personas muy
trabajadoras,
luchadoras, con muchas
inquietudes artísticas e
intelectuales y hemos
podido ver el gran
desarrollo cultural en
todos los campos. Valoro
mucho el trabajo que
realizan El Mejunje y El
Festival de Invierno del
Cineclub Cubanacán.
“Pienso que hay un
movimiento muy
interesante en la
plástica, en el teatro y
en otras de las
manifestaciones
artísticas. En Santa
Clara siempre se ha
valorado mucho la vida
cultural. No todas las
ciudades pueden exhibir
una escuela donde
algunas de las grandes
figuras de las artes
plásticas cubanas como
Amelia Peláez y René
Portocarrero, regresaron
allí para hacer de sus
paredes inmensos
murales. Es admirable la
historia cultural de la
ciudad, desde la época
de la Colonia en que
florecieron figuras
literarias y artísticas
que no tenían nada de
provincianas; el teatro
La Caridad, una
verdadera joya de la que
vivimos orgullosos y que
fue construido, no por
ostentación, sino
respondiendo a una
necesidad. ¿Y las
retretas en el Parque
Vidal? Pasearnos al
ritmo de esa música
tocada por una banda
cuyo repertorio era
reflejo de esa cultura.
Esto solo ocurre cuando
una ciudad es amante de
la cultura y lucha por
hacer florecer su vida
artística, no solo
practicarla, sino
consumirla, gustarla.”
Cuando escucha Santa
Clara esta Lucía piensa
en su familia, en su
gente, en el parque del
Carmen, en sus aceras
estrechas y sus calles
adoquinadas, “en mi
juventud, en el amor, en
los tamarindos”.
¿Qué proyectos la ocupan
en el futuro?
Tengo muchas ilusiones y
proyectos para el
futuro; pero el futuro
es veleidoso, prefiero
no hablar de él, no me
gusta. Entre mis
ilusiones siempre está
filmar en Santa Clara.
Una historia que tal vez
ocurra en un escenario
hermoso y extraño como
la Estación de Trenes
donde muchas veces me
asomaba a mirar cómo las
vías férreas iban a
perderse en la distancia
donde parecían unirse,
alejándonos y también
acercándonos. |