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de JULIO
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Entrevista con Eslinda Núñez

“Mi vida está muy vinculada a Santa Clara”

Liliana Rodríguez • La Habana

Foto: La Jiribilla

 

Comenzó sus primeros estudios de actuación en la Academia de Teatro Estudio de La Habana; sin embargo, el histrionismo, asegura, lo tiene desde muy pequeña en su natal Santa Clara. Esta mujer, una de las tres Lucía de Humberto Solás, enamoró al público cubano con sus interpretaciones en algunas de las cintas más importantes de la filmografía cubana como Memorias del subdesarrollo, La primera carga al machete y Cecilia. Eslinda Núñez es hoy una actriz de renombre en la escena cubana y sus dotes artísticas provienen de esa familia donde el arte le daba sabor a la vida. Recordando esos comienzos conversa con La Jiribilla sobre su ciudad y cuánto ha significado esta para su vida y su carrera.  

“Dicen que lo primero que uno encuentra cuando abre los ojos al mundo es lo que se fija en nuestro inconsciente y nos guía. Tal vez por eso es que Santa Clara me marca a pesar de haber salido de ella muy joven. Cuentan en mi familia que ya desde el primer grito fui bastante histriónica, pero para ser honesta debo reconocer que siempre me interesó el arte en general: pintaba, bailaba, escribía, recitaba, coreografiaba, etcétera. Como casi todos los niños también me gustaban los juegos, subirme a los árboles, correr —en el preuniversitario competía en atletismo.  

“Viví en Santa Clara, Banao, Caracusey, Sagua la Grande y de nuevo Santa Clara. Algo de todos esos sitios queda en mí. La familia era muy amplia, visitábamos a tíos abuelos de Cifuentes, Cabaiguán, Sitiecito, Matas, Camajuaní y Remedios. En las noches, y alrededor de chismosas y faroles, los comedores se transformaban en escenarios, allí cantaban punto guajiro, trovaban, improvisaban y yo, por supuesto, bailaba, cantaba y recitaba. Me divertía, pero también me sentía responsable de la diversión de los demás. Pienso que estas experiencias en la provincia me ayudaron al aprendizaje, al disfrute y a tener en todo momento responsabilidad en lo que hago.” 

Al preguntarle si todavía visita Santa Clara responde al unísono: “¡Claro! Siempre regreso. En realidad nunca me he ido. La extraño, la recuerdo, la quiero. Vuelvo siempre a ella y quizá un día me quede allí. El público villaclareño es bien especial, guarda con celo sus tradiciones, el arte, la cultura. Para mí ha sido emocionante trabajar en sus escenarios y debo decir que siempre he recibido cariño y admiración. He hecho teatro en el Cubanacán, en La Caridad, en el de la Universidad, donde también he tenido conversatorios con algunos alumnos ―y estos han sido sumamente interesantes―; allí me han homenajeado. He estado invitada a algunos aniversarios de la ciudad y ostento algo que aprecio especialmente por lo que representa: El  Zarapico, distinción cultural que otorga el gobierno en el territorio.  

“En todas estas ocasiones me he sentido muy motivada por mi sentido de pertenencia, soy una santaclareña más y me llena de satisfacción dar algo, reciprocarles un tantito lo mucho que me han dado. Se siente una gran emoción al encontrarse con una antigua compañera de escuela y conversar como si el tiempo no hubiera transcurrido.  

“Mi vida está muy vinculada a Santa Clara, en primer lugar por la formación que me dio mi familia: una familia humilde, inteligente, honesta, responsable. Tuve también la suerte de tener magníficos maestros: recuerdo a mi profesora de Dibujo, a quien fascinaban mis mariposas; a mi profesor de Historia Luis García, con el que siempre hablaba de cine; a Manolo, mi maestro de Música, que me enseñó a escuchar la música clásica. Mis maestros estimulaban mi gusto por el arte. Tuve y tengo buenos amigos que me han apoyado siempre y muchos recuerdos, lugares muy queridos por mí, nunca olvidados. Todo esto incide en mi vida, en mi trabajo, me llena de alegría y también de orgullo.”  

Para Eslinda Núñez es imposible saber plenamente cuánto ha aportado Santa Clara, su gente, sus costumbres y su arte a la historia cultural de nuestro país, pero asegura que, sin lugar a duda, ha sido mucho. “Esta es una ciudad con personas muy trabajadoras, luchadoras, con muchas inquietudes artísticas e intelectuales y hemos podido ver el gran desarrollo cultural en todos los campos. Valoro mucho el trabajo que realizan El Mejunje y El Festival de Invierno del Cineclub Cubanacán.  

“Pienso que hay un movimiento muy interesante en la plástica, en el teatro y en otras de las manifestaciones artísticas. En Santa Clara siempre se ha valorado mucho la vida cultural. No todas las ciudades pueden exhibir una escuela donde algunas de las grandes figuras de las artes plásticas cubanas como Amelia Peláez y René Portocarrero, regresaron allí para hacer de sus paredes inmensos murales. Es admirable la historia cultural de la ciudad, desde la época de la Colonia en que florecieron figuras literarias y artísticas que no tenían nada de provincianas; el teatro La Caridad, una verdadera joya de la que vivimos orgullosos y que fue construido, no por ostentación, sino respondiendo a una necesidad. ¿Y las retretas en el Parque Vidal? Pasearnos al ritmo de esa música tocada por una banda cuyo repertorio era reflejo de esa cultura. Esto solo ocurre cuando una ciudad es amante de la cultura y lucha por hacer florecer su vida artística, no solo practicarla, sino consumirla, gustarla.”  

Cuando escucha Santa Clara esta Lucía piensa en su familia, en su gente, en el parque del Carmen, en sus aceras estrechas y sus calles adoquinadas, “en mi juventud, en el amor, en los tamarindos”.  

¿Qué proyectos la ocupan en el futuro? 

Tengo muchas ilusiones y proyectos para el futuro; pero el futuro es veleidoso, prefiero no hablar de él, no me gusta. Entre mis ilusiones siempre está filmar en Santa Clara. Una historia que tal vez ocurra en un escenario hermoso y extraño como la Estación de Trenes donde muchas veces me asomaba a mirar cómo las vías férreas iban a perderse en la distancia donde parecían unirse, alejándonos y también acercándonos.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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