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En Santa Clara llueve a
cántaros, incluso en
tiempos de sequía
nacional llueve algo.
Quizá por los numerosos
árboles que crecen en
los parques diseminados
por cualquiera de sus
puntos cardinales.
En un tiempo siempre que
una edificación
amenazaba con
derrumbarse el lugar era
convertido en un
apacible parquecito del
que muy pronto se
apropiaban los vecinos
más próximos. También
por las arboledas de las
muchas casas con patios
traseros e interiores
que existen en la ciudad
y las escasas, pero
existentes, pequeñas
avenidas a las que por
tradición, también se
les sembró frondosos
árboles a ambos lados de
la vía y que solo son
podados si se anuncia un
ciclón.
Rodeada por un lomerío
de exuberante vegetación
que se hace visible
desde casi todos sus
barrios, es una ciudad
de pobre arquitectura,
de desvencijadas casas
en su mayoría levantadas
a principios del siglo
pasado, enfrentadas a la
lluvia y el sol que se
apropian de la pintura
de sus fachadas, pudre
su carpintería, descorcha los
antiquísimos repellos,
ablanda los techos, en
su mayoría de tejas
criollas.
Muchas otras ciudades
del interior de la
provincia muestran aún
hoy los visos de un
desarrollo más próspero en siglos pasados que
la propia capital de la
provincia: Caibarién,
Sagua la Grande, la
colonial Remedios.
Santa Clara fue fundada
el 15 de julio de 1689,
pero no fue hasta el
tardío 1867 que se le
otorgó, después de
varios intentos
denegados, el estatus de
ciudad. Un monumento
levantado en el parque
del Carmen recuerda el
suceso, justo donde la
historia asegura que se
ofreció la misa
fundacional.
Poco podría mostrársele
al visitante de ese
patrimonio que por los
años y conservación
adquiere relevante
valor. Salvo de los
edificios que se asoman
alrededor del
republicano parque que
lleva el nombre de
Leoncio Vidal, en honor
al coronel inmolado en
sus predios el 23 de
marzo de 1899, y algún
que otro edificio
alejado de este centro
como el edificio de La
Audiencia, sede actual
del Tribunal Municipal
y Provincial, frente al
que se levanta un parque
con una monumental
escultura dedicada a
José Miguel Gómez.
El parque Leoncio Vidal
conserva en lo
fundamental su aspecto
actual desde el 15 de
julio de 1925, después
de un complejo replanteo que llevó a la polémica
demolición de la Iglesia
Mayor (1725-1923), fue
reinaugurado, luciendo
como nueva la ya
existente glorieta, en
la que aún hoy se
presenta la Banda
Municipal en retretas a
las que no falta un
público entusiasta y
conocedor del amplio
repertorio de esta
institución musical. En
los últimos años asisten
parejas de bailadores
para quienes,
especialmente, la Banda
ha sumado piezas a su
repertorio.
Aún hoy sigue siendo
este parque el centro
cultural y social de la
ciudad que se resiste a
perder esa médula que
marca su centro más
intenso, poblado y
visitado. Muchos
intentos, a lo largo de
todos estos años, de no
reconocer ese rol al
bello parque han
fracasado. Los
santaclareños lo nombran
tan solo como el
“parque” y el “subir y
bajar” depende del lugar
en que vivan respecto a
esta plaza, reconocida
como Monumento Nacional.
En una de sus esquinas,
justo frente a la fuente
con la escultura
conocida como el Niño de
la Bota, que se ha
convertido en el símbolo
de la ciudad, se levanta
el recién restaurado
Teatro La Caridad,
inaugurado el ocho de
septiembre de 1885, por
la más generosa y
caritativa de sus
habitantes, la
benefactora Marta Abreu
de Estévez. Muy cerca
del teatro, en uno de
los privilegiados sitios
del parque se le levantó
una estatua en 1926,
desde la que ella vigila
la ciudad en un cómodo
trono, orgullosa de
cuánto aportó y cuán
agradecido han sido los santaclareños con no
olvidarla.
Los más jóvenes se
reúnen en uno de los
laterales del teatro, el
que han llamado “el
Malecón”, resistiéndose
a vivir en una ciudad
alejada del mar. Ha
sido espontánea la
elección de esa zona, en
la que se les puede ver
compartiendo, sobre todo
en las tardes y noches,
en pareja o grupos, a
la que no faltan
trovadores que comparten
sus piezas preferidas o
la última composición.
Justo hacia esa
dirección, en la otra
esquina que colinda con
la calle Luis Estévez,
está la espaciosa casa
colonial con patio
interior y pozo,
construida por encargo
de la acaudalada Clara
Carta Pons, en 1810 y
que en los finales de
los años 80 se
convirtiera en el Museo
de Artes Decorativas, en
cuyo patio y una sala
multiuso se desarrolla
una variada programación
cultural.
Institución que atesora
una importante colección
de objetos decorativos,
pinturas y muebles,
muchos de ellos
pertenecientes a
familias acaudaladas de
la ciudad y la
provincia, junto a
44 piezas
donadas por el Premio
Nacional de Literatura y
Premio Cervantes Dulce
María Loynaz, entre las
que se encuentran las
dos ánforas de
porcelana de Sévres, de
mayor tamaño existentes
en Cuba.
Siguiendo el recorrido
alrededor del parque
Leoncio Vidal y
respetando el sentido de
las manecillas del
reloj, puede encontrarse
el majestuoso Palacio de
de Gobierno Provincial,
construido entre 1904 y
1912 y convertida
después del triunfo de
la Revolución en la
Biblioteca Martí.
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A los valores
arquitectónicos del
edificio se le suman
importantes sucesos
históricos. Desde allí
habló al pueblo
santaclareño el Mayor
General Máximo Gómez el
13 de febrero de 1899.
Al igual que Fidel
Castro en su primer
discurso al pueblo de
esta ciudad, el 6 de
enero del mismo año del
triunfo revolucionario.
Muchos años después se
velaron los restos del
Che y parte de sus
compañeros de guerrilla
boliviana, antes de ser
depositados
definitivamente en el
Memorial que en su honor
fue construido en la
parte posterior de la
Plaza que preside una
escultura del
Guerrillero Heroico
realizada por el
escultor José Delarra
dentro de un conjunto en
que se le rinde culto
guevarista, con la
tribuna, un pequeño
museo que expone algunas
de sus pertenencias e
información sobre el
guerrillero y el
memorial en que se
custodian sus restos.
Al doblar una de las
esquinas del parque
puede contemplarse el
edificio neoclásico del
Instituto de Segunda
Enseñanza, seguido de
otro, de varias plantas,
que se convirtió,
después de haber sido
concebido como hotel El
Florida, en una
ciudadela, cuyo
deterioro determinó a
las autoridades del
Gobierno el pasado año,
evacuar a las numerosas
familias que habían
convertido los cuartos
en viviendas, con todas
las mutilaciones y
remodelaciones que esto
conlleva.
Atravesando la calle
Cuba se alza el hotel El Cloris, rebautizado
como el Santa Clara
Libre, después de 1959,
al protagonizarse allí
uno de los episodios más
contados de la Batalla
de Santa Clara, pues en
el sólido edificio, aún
el más alto de la
ciudad, se refugiaron
esbirros batistianos
conscientes de haber
sido derrotados. Los
impactos de las balas en
el enfrentamiento entre
estos y el Ejército
Rebelde están aún en
las paredes del edificio
de 11 pisos, como
recuerdo de aquella
definitiva batalla que
asoció para siempre la
figura del Che Guevara a
esta ciudad.
El hotel Santa Clara
Libre, junto a otras
edificaciones que se
hicieron sobre antiguas,
valiosas y deterioradas construcciones del
siglo XVIII y principios
del XIX, rompieron con su
estilo racionalista, el
eclecticismo que define
la mayoría de las
construcciones que hoy
pueden admirarse
alrededor del parque
Leoncio Vidal.
La actual Casa de
Cultura, a la que se le
realizó una remodelación
capital hace solo unos
meses, ocupa un bello
edificio construido como
el Casino Español, al
lado del edificio que
ocupa actualmente la
Emisora Provincial CMHW,
cuya terminación culminó
en 1922 como Palacio
Municipal, seguido del
hotel Central, levantado
en la lejana fecha de
1929, pendiente de una
reparación capital,
colindando con lo que
fuera la Cámara de
Comercio, una
edificación de dos
plantas, que actualmente
es intervenida después
de años de creciente
deterioro y de la que se
ha podido recuperar su
fachada y un valioso
arco polivolulado del
siglo XVIII.
Tal y como se logró
rescatar,
recientemente, a
escasos metros de allí,
por la calle que lleva
el nombre de Marta Abreu
Estévez, uno de los
edificios más antiguos
del interior del país
que por muchos años
estuvo en ruinas y que
se le conoce como el
Billarista, pues además
de casa de viviendas, en
las plantas altas; en
los bajos existían
almacenes, negocios,
parqueo de coches y una
sala de billar. Aunque
existen criterios de que
el edificio,
rehabilitado como
comercio no permite
disfrutar de todos sus
espacios interiores, no
hay santaclareño que no
se alegre de su
definitiva
rehabilitación, pues no
ha sido esta la suerte
de todo el escaso
patrimonio de esta
ciudad.
No creo sean los valores
arquitectónicos lo más
atrayente de Santa
Clara. Mucho más allá de
su fortaleza económica,
de su interés turístico,
lo más apreciable de
esta ciudad son sus
habitantes. Quizá
porque posee una
prestigiosa Universidad
desde tiempos en que
solo La Habana y Oriente
la poseían; la
Universidad Central de
Las Villas, el nivel
cultural de sus
habitantes y la
necesidad de poseer una
activa vida cultural
destacan y caracterizan
la vida de esta ciudad
que tiene por costumbre
una vida nocturna que
escasea en otras del
interior del país.
No por gusto un proyecto
tan delirante como El
Mejunje le fue posible
al actor y promotor
cultural Ramón
Silverio, establecerlo
en la ciudad con
proposiciones muy nuevas
y desconocidas hasta ese
entonces, convirtiéndose
desde el propio 9 de
junio de 1984, en que
comenzó desde el lobby
del Teatro Guiñol en un
sitio cultural en que
todos teníamos cabida y
se jerarquizaban todos
los públicos y
manifestaciones
artísticas.
Silverio y sus
seguidores convirtieron
su trabajo y propuestas
de cada sábado en un
suceso al que no estuvo
ajeno nadie logrando
que siete años más
tarde a ese comienzo, un
26 de enero, se abrieran
las puertas de su
definitiva sede: las
ruinas del hotel
Oriente.
El Mejunje es ya sitio
obligado para todo el
que llega a Santa Clara.
Artistas nacionales y
extranjeros, figuras
deportivas, políticas,
científicas, de todos
los sitios, comparten al
menos una noche en este
sitio que cambió
definitivamente la
modorra provinciana para
asegurar una
programación variada y
atractiva que es diaria
a partir de esta nueva
sede. Actualmente El
Mejunje se remodela y
amplía con la entrega de
un edificio contiguo que
ya el esfuerzo de
constructores y mejunjeros rehabilitan
con rapidez y
eficiencia.
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La revista Signos,
creada en 1969, en la
Universidad Central de
Las Villas, por Samuel Feijóo, junto a una
editorial académica que
publicó en su edición
príncipe, entre otros
importantes títulos,
Lo cubano en la poesía,
de Cintio Vitier, es el
antecedente que motivó a
un grupo de escritores
capitaneados por Ricardo
Riverón a fundar uno de
los proyectos culturales
más trascendentales de
la región central, la
Editorial Capiro, hace
20 años atrás, en
pleno período especial,
cuando este proyecto
parecía una quimera
irrealizable.
La Escuela Vocacional de
Arte y la Escuela
Profesional, en los
niveles elemental y
medio, han aportado
varias generaciones de
músicos que se presentan
en variados espacios en
que demuestran el
sorprendente virtuosismo
alcanzado, a pesar de
que en su mayoría son
muy jóvenes. Estos
músicos no solo han
portado nuevas
propuestas a la vida
cultural de la ciudad,
como solistas e
integrantes de
agrupaciones de pequeño
formato, sino que han
renovado y fortalecido
la Orquesta Sinfónica de
la provincia.
La sala Caturla, de la
Biblioteca Martí, ha
sido el espacio
jerarquizado para los
conciertos de estos
jóvenes músicos que ya
atesoran saber y un
amplio y bien
seleccionado repertorio,
ganando un público culto
y atento, aunque estos
ya ocupan los más
variados espacios
culturales existentes,
como el Café Literario,
creado hace dos años en
un privilegiado y
condicionado café,
frente a una de las
esquinas del parque
Vidal, en el que a
partir de los miércoles
se realizan tertulias
con escritores y la
participación de alguno
de estos músicos
graduados en su inmensa
mayoría en nuestras
propias escuelas.
Muy cerca de esta
reciente opción se
encuentra la librería
Pepe Medina, en la que
radica el Proyecto
Ateneo, con sistemáticas
actividades que
sostiene un activo
movimiento de escritores
que han aportado nombres
imprescindibles al
panorama literario
nacional.
Existen varios proyectos
escénicos y dos salas
que sostienen una
programación habitual;
la sede del Guiñol de
Santa Clara, uno de los
primeros grupos en el
país, en este género,
fundados después del
triunfo de la Revolución
y el prestigioso grupo
Estudio Teatral de Santa
Clara, dirigido por
Fernando Sáez y que ha
logrado, con su
reconocido trabajo,
traer hasta su sede a
prestigiosos grupos y
actores reconocidos
internacionalmente.
El valioso y numeroso
movimiento de
trovadores, cuya sede
principal es el espacio
nombrado La Trovuntivitis, en
El
Mejunje, en el que se
presentan cada jueves en
la noche respaldado por
un entusiasta público,
sobre todo de jóvenes,
es ya conocido en todo
el país.
El trovadoresco evento Longina, Ciudad
Metal” y A tempo
con Caturla, de música
de rock y de concierto
respectivamente,
auspiciados por la
Asociación Hermanos Saíz, la Feria del Libro
y el Premio Fundación de
la Ciudad, por el Centro
del Libro, Bailar en
casa del trompo, del
Consejo de las Artes
Escénicas, y muchos
otros eventos anuales
demuestran el poder de
convocatoria de nuestra
ciudad para atraer a
visitantes y habitantes
de Santa Clara a
disfrutar de sus
propuestas culturales.
Un fuerte movimiento de
artistas plásticos,
reconocidos y premiados
en concursos nacionales
e internacionales
exponen eventualmente
sus obras en una
galería creada en la
Biblioteca Martí y una
espaciosa y condicionada
galería con varios
salones concebida a
partir de la
restauración de lo que
fuera Casino…, a un
costado del Teatro La
Caridad, por la calle
Máximo Gómez, por la que
se puede encontrar la
sede la de Filial
Provincial de la UNEAC,
una colonial casa
restaurada en cuyo
amplísimo patio, sala
interactiva y galería
existe una programación
cultural de probado
nivel y sistematicidad.
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Santa Clara se sabe
centro de la Isla, cruce
de caminos desde el
Oriente hasta Occidente,
es sobre todo una ciudad
cuyo patrimonio mayor
está en la alegría,
generosidad y sapiencia
de sus habitantes que
constantemente
demuestran su
conocimiento y orgullo,
su respeto por su
cultura y sus artistas. Por eso puede que pocos
lleguen atraídos por
esos sitios exóticos y
turísticos que pueden
otras ciudades ofrecer,
pero no por gusto aquel
tema del emblemático
grupo Irakere repite:
Santa Clara, Santa
Clara….
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La Jiribilla: Rucu Rucu Santa Clara
- Irakere |
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