Año IX
La Habana
24 al 30
de JULIO
de 2010

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Arístides Vega Chapú • Santa Clara

Fotos: Kike (La Jiribilla)

 

En Santa Clara llueve a cántaros, incluso en tiempos de sequía nacional llueve algo. Quizá por los numerosos árboles que crecen en los parques diseminados por cualquiera de sus puntos cardinales.

En un tiempo siempre que  una edificación amenazaba con derrumbarse el lugar era convertido en un apacible parquecito del que muy pronto se apropiaban los vecinos más próximos. También por las arboledas de las muchas casas con patios traseros e interiores que existen en la ciudad y las escasas, pero existentes, pequeñas avenidas a las que por tradición, también se les sembró frondosos árboles a ambos lados de la vía y que solo son podados si se anuncia un ciclón.

Rodeada por un lomerío de exuberante vegetación que se hace visible desde casi todos sus barrios, es una ciudad de pobre arquitectura, de desvencijadas casas en su mayoría levantadas a principios  del siglo pasado, enfrentadas a la lluvia y el sol que se apropian de la pintura de sus fachadas, pudre su carpintería, descorcha los antiquísimos repellos, ablanda los techos, en su mayoría de tejas criollas.

Muchas otras ciudades del interior de la provincia muestran aún hoy los visos de un desarrollo más próspero en siglos pasados que la propia capital de la provincia: Caibarién, Sagua la Grande, la colonial Remedios.

Santa Clara fue fundada el 15 de julio de 1689, pero no fue hasta el tardío 1867 que se le otorgó, después de varios intentos denegados, el estatus de ciudad. Un monumento levantado en el parque del Carmen recuerda el suceso, justo donde la historia asegura que se ofreció la misa fundacional.

Poco podría mostrársele al visitante de ese patrimonio que por los años y conservación adquiere relevante valor. Salvo de los edificios que se asoman alrededor del republicano parque que lleva el nombre de Leoncio Vidal, en honor al coronel inmolado en sus predios el 23 de marzo de 1899, y  algún que otro edificio alejado de este centro como el edificio de La Audiencia, sede actual del Tribunal  Municipal y Provincial, frente al que se levanta un parque con una monumental escultura dedicada a José Miguel Gómez.

El parque Leoncio Vidal conserva en lo fundamental su aspecto actual desde el 15 de julio de 1925, después de un complejo replanteo que llevó a la polémica demolición de la Iglesia Mayor (1725-1923), fue reinaugurado, luciendo como nueva la ya existente glorieta, en la que aún hoy se presenta la Banda Municipal en retretas a las que no falta un público entusiasta y conocedor del amplio repertorio de esta institución musical. En los últimos años asisten parejas de bailadores para quienes, especialmente, la Banda ha sumado piezas a su repertorio.

Aún hoy sigue siendo este parque el centro cultural y social de la ciudad que se resiste a perder esa médula que marca  su centro más intenso, poblado y visitado. Muchos intentos, a lo largo de todos estos años,  de no reconocer ese rol al bello parque han fracasado. Los santaclareños lo nombran tan solo como el “parque” y el “subir y bajar” depende del lugar en que vivan respecto a esta plaza, reconocida como Monumento Nacional.

En una de sus esquinas, justo frente a la fuente con la escultura conocida como el Niño de la Bota, que se ha convertido en el símbolo de la ciudad, se levanta el recién restaurado Teatro La Caridad, inaugurado el ocho de septiembre de 1885,  por la más generosa y caritativa de sus habitantes,  la benefactora Marta Abreu de Estévez. Muy cerca del teatro, en uno de los privilegiados sitios del parque se le levantó una estatua en 1926, desde la que ella vigila la ciudad en un cómodo trono, orgullosa de cuánto aportó y cuán agradecido han sido los santaclareños con no olvidarla.

Los más jóvenes se reúnen en uno de los laterales del teatro, el que han llamado “el Malecón”, resistiéndose a vivir en una ciudad alejada del mar. Ha sido  espontánea la elección de esa zona, en la que se les puede ver compartiendo, sobre todo en las tardes y noches, en pareja o grupos,  a la que no faltan trovadores que comparten sus piezas preferidas o la última composición.

Justo hacia esa dirección, en la otra esquina que colinda con la calle Luis Estévez, está la espaciosa casa colonial con patio interior y pozo, construida por encargo de la acaudalada Clara Carta Pons, en 1810 y que en los finales de los años 80 se convirtiera en el Museo de Artes Decorativas, en cuyo patio y una sala multiuso se desarrolla una variada programación cultural.

Institución que atesora una importante colección de objetos decorativos, pinturas  y muebles,  muchos de ellos pertenecientes a familias acaudaladas de la ciudad y la provincia, junto a 44 piezas donadas por el Premio Nacional de Literatura y Premio Cervantes Dulce María Loynaz, entre las que se encuentran las dos ánforas de porcelana de Sévres, de mayor tamaño existentes en Cuba.

Siguiendo el recorrido alrededor del parque Leoncio Vidal y respetando el sentido de las manecillas del reloj, puede encontrarse el majestuoso Palacio de de Gobierno Provincial, construido entre 1904 y 1912 y convertida después del triunfo de la Revolución  en la Biblioteca Martí. 

A los valores arquitectónicos del edificio se le suman importantes sucesos históricos. Desde allí habló al pueblo santaclareño el Mayor General Máximo Gómez el 13 de febrero de 1899. Al igual que Fidel Castro en su primer discurso al pueblo de esta ciudad, el 6 de enero del mismo año del triunfo revolucionario. Muchos años después se velaron los restos del Che y parte de sus compañeros de guerrilla boliviana, antes de ser depositados definitivamente en el Memorial que en su honor fue construido en la parte posterior de la Plaza que preside una escultura del Guerrillero Heroico realizada por el escultor José Delarra dentro de un conjunto en que se le rinde culto guevarista, con la tribuna, un pequeño museo que expone algunas de sus pertenencias e información sobre el guerrillero y el memorial en que se custodian sus restos.

Al doblar una de las esquinas del parque puede contemplarse el edificio neoclásico del Instituto de Segunda Enseñanza, seguido de otro, de varias plantas,  que se convirtió, después de haber sido concebido como hotel  El Florida,  en una ciudadela, cuyo deterioro determinó a las autoridades del Gobierno el pasado año, evacuar a las numerosas familias que habían convertido los cuartos en viviendas, con todas las mutilaciones y remodelaciones que esto conlleva.

Atravesando la calle Cuba se alza el hotel El Cloris,  rebautizado como el Santa Clara Libre, después de 1959,  al protagonizarse allí uno de los episodios más contados de la Batalla de Santa Clara, pues en el sólido edificio, aún el más alto de la ciudad, se refugiaron esbirros batistianos conscientes de haber sido derrotados. Los impactos de las balas en el enfrentamiento entre estos y el Ejército Rebelde están aún en las paredes del edificio de 11 pisos, como recuerdo de aquella definitiva batalla que asoció para siempre la figura del Che Guevara a esta ciudad.

El hotel Santa Clara Libre, junto a otras edificaciones que se hicieron sobre antiguas, valiosas y deterioradas construcciones del siglo XVIII y principios del XIX, rompieron con su estilo racionalista, el eclecticismo que define  la mayoría de las construcciones que hoy pueden admirarse alrededor del parque Leoncio Vidal.

La actual Casa de Cultura, a la que se le realizó una remodelación capital hace solo unos meses, ocupa un bello edificio construido como el Casino Español,  al lado del edificio que ocupa actualmente la Emisora Provincial CMHW, cuya terminación culminó en 1922 como Palacio Municipal, seguido del hotel Central, levantado en la lejana fecha de 1929, pendiente de una reparación capital, colindando con lo que fuera la Cámara de Comercio, una edificación de dos plantas, que actualmente es intervenida después de años de creciente deterioro y de la que se ha podido recuperar su fachada y un valioso arco polivolulado del siglo XVIII.

Tal y como se logró rescatar, recientemente,  a escasos metros de allí, por la calle que lleva el nombre de Marta Abreu Estévez, uno de los edificios más antiguos del interior del país que por muchos años estuvo en ruinas y que se le conoce como el Billarista, pues además de casa de viviendas, en las plantas altas; en los bajos existían almacenes, negocios, parqueo de coches y una sala de billar. Aunque existen criterios de que el edificio, rehabilitado como comercio  no permite disfrutar de todos sus espacios interiores, no hay santaclareño que no se alegre de su definitiva rehabilitación, pues no ha sido esta la suerte de todo el escaso patrimonio de esta ciudad.

No creo sean los valores arquitectónicos lo más atrayente de Santa Clara. Mucho más allá de su fortaleza económica, de su interés turístico, lo más apreciable de esta ciudad son sus habitantes. Quizá porque posee una prestigiosa Universidad desde tiempos en que solo La Habana y Oriente la poseían; la  Universidad Central de Las Villas, el nivel cultural de sus habitantes y la necesidad de poseer una activa vida cultural destacan y caracterizan la vida de esta ciudad que tiene por costumbre una vida nocturna que escasea en otras del interior del país.

No por gusto un proyecto tan delirante como El Mejunje le fue posible al actor y promotor cultural Ramón Silverio, establecerlo en la ciudad con proposiciones muy nuevas y desconocidas hasta ese entonces, convirtiéndose desde el propio 9 de junio de 1984, en que comenzó desde el lobby del Teatro Guiñol en un sitio cultural en que todos teníamos cabida y se jerarquizaban todos los públicos y manifestaciones artísticas.

Silverio y sus seguidores convirtieron su trabajo y propuestas de cada sábado en un suceso al que no estuvo ajeno nadie logrando que siete años más tarde a ese comienzo, un 26 de enero, se abrieran las puertas de su definitiva sede: las ruinas del hotel Oriente.

El Mejunje es ya sitio obligado para todo el que llega a Santa Clara. Artistas nacionales y extranjeros, figuras deportivas, políticas, científicas, de todos los sitios, comparten al menos una noche en este sitio que cambió  definitivamente la modorra provinciana para asegurar una programación variada y atractiva que es diaria a partir de esta nueva sede. Actualmente El Mejunje se remodela y amplía con la entrega de un edificio contiguo que ya el esfuerzo de constructores y mejunjeros  rehabilitan con rapidez y eficiencia.

La revista Signos, creada en 1969, en la Universidad Central de Las Villas, por Samuel Feijóo, junto a una editorial académica que publicó en su edición príncipe, entre otros importantes títulos,  Lo cubano en la poesía, de Cintio Vitier, es el antecedente que motivó a un grupo de escritores capitaneados por Ricardo Riverón a fundar uno de los proyectos culturales más trascendentales de la región central, la Editorial Capiro, hace 20 años atrás, en pleno período especial, cuando este proyecto parecía una quimera irrealizable.

La Escuela Vocacional de Arte y la Escuela Profesional, en los niveles elemental y medio, han aportado varias generaciones de músicos que se presentan en  variados espacios en que demuestran el sorprendente virtuosismo alcanzado,  a pesar de que en su mayoría son muy jóvenes.  Estos músicos no solo han portado nuevas propuestas a  la vida cultural de la ciudad, como  solistas  e integrantes de agrupaciones de pequeño formato, sino que han renovado y fortalecido la Orquesta Sinfónica de la provincia.

La sala Caturla, de la Biblioteca Martí, ha sido el espacio jerarquizado para los conciertos de estos jóvenes músicos que ya atesoran saber y un amplio y bien seleccionado repertorio, ganando un público culto y atento, aunque  estos  ya ocupan los más variados espacios culturales existentes, como el Café Literario, creado hace dos años en un privilegiado y condicionado café, frente a una de las esquinas del parque Vidal, en el que a partir de los miércoles se realizan tertulias con escritores y la participación de alguno de estos músicos graduados en su inmensa mayoría en nuestras propias escuelas.

Muy cerca de esta reciente opción se encuentra la librería Pepe Medina, en la que radica el Proyecto Ateneo, con sistemáticas actividades  que sostiene un activo movimiento de escritores que han aportado nombres imprescindibles al panorama literario nacional.

Existen varios proyectos escénicos y dos salas que sostienen una programación habitual; la sede  del Guiñol de Santa Clara, uno de los primeros grupos en el país, en este género, fundados después del triunfo de la Revolución y el prestigioso grupo Estudio Teatral de Santa Clara, dirigido por Fernando Sáez y que ha logrado, con su reconocido trabajo,  traer hasta su sede a prestigiosos grupos y actores reconocidos internacionalmente.

El valioso y numeroso movimiento de trovadores, cuya sede principal es el espacio nombrado La Trovuntivitis, en El Mejunje, en el que se presentan cada jueves en la noche respaldado por un entusiasta público, sobre todo de jóvenes, es ya conocido en todo el país.

El trovadoresco evento Longina, Ciudad Metal” y A tempo con Caturla, de música de rock y de concierto respectivamente, auspiciados por la Asociación Hermanos Saíz, la Feria del Libro y el Premio Fundación de la Ciudad, por el Centro del Libro, Bailar en casa del trompo, del Consejo de las Artes Escénicas, y muchos otros eventos anuales demuestran el poder de convocatoria de nuestra ciudad para atraer a visitantes y habitantes de Santa Clara  a disfrutar de  sus propuestas culturales.

Un fuerte movimiento de artistas plásticos, reconocidos y premiados en concursos nacionales e internacionales exponen eventualmente sus obras en una  galería creada en la Biblioteca Martí y una espaciosa y condicionada galería con varios salones  concebida  a partir de la restauración de lo que fuera Casino…, a un costado del Teatro La Caridad, por la calle Máximo Gómez, por la que se puede encontrar la sede la de Filial Provincial de la UNEAC, una colonial casa restaurada en cuyo amplísimo patio, sala interactiva y galería existe una programación cultural de probado nivel y sistematicidad.        

Santa Clara se sabe centro de la Isla, cruce de caminos desde el Oriente hasta Occidente, es sobre todo una ciudad cuyo patrimonio mayor está en la alegría, generosidad y sapiencia de sus habitantes que constantemente demuestran su conocimiento y orgullo, su respeto por su cultura y sus artistas. Por eso puede que pocos lleguen atraídos por esos sitios exóticos y turísticos que pueden otras ciudades ofrecer, pero no por gusto aquel tema del emblemático grupo Irakere repite: Santa Clara, Santa Clara….
 

Escuche en La Jiribilla: Rucu Rucu Santa Clara - Irakere

 

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