Año IX
La Habana
17 al 23
de JULIO
de 2010

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Los caribeños en vías de concebir el cine que se merecen

Pedro de la Hoz • La Habana

 

Cuando tres años atrás el realizador cubano Rigoberto López planteó la idea de organizar una Muestra Itinerante de Cine del Caribe, secundada por unos cuantos realizadores y productores del área, hubo quienes dudaron que ello fuera a ser posible.

Estaba el tema de la producción, que parecía insuficiente; el de los circuitos de distribución, dominados por las translaciones; el de las barreras idiomáticas, por la parcelación de la región en tres grandes vertientes desconectadas (español, inglés y francés, con las especificidades del criollo en estas dos últimas lenguas); y el público, acostumbrado a no verse a sí mismo en la pantalla.

Nadie pudo imaginar que todo echaría a andar. Se conjugaron voluntades políticas de varios estados insulares y ribereños, se logró el apopo de organizaciones internacionales como la UNESCO y la UNICEF; se coordinaron espacios alternativos de exhibición: y se montó una operación coordinada en la que productores, distribuidores y promotores hallaron más puntos de coincidencia que de disenso.

Este verano la presentación de la III Muestra en La Habana, punto de partida para el, periplo que sucederá en meses posteriores a lo largo del caribe y mucho más allá, confirma la visibilidad de una iniciativa en pleno crecimiento.

La concurrencia de más de 200 filmes de diversos metrajes ante el comité de selección internacional testimonio un apreciable nivel de cuantitativo de realizaciones. Mucho más importante, la selección de 54 materiales de 31 países para integrar la Muestra, habla de niveles de dignidad artística que avalan el compromiso de los cineastas por comunicar sus esencias y validar sus identidades culturales.

Ejemplos de esa dialéctica entre intereses comunes y pluralidad discusiva se tienen en las proyecciones de las películas escogidas en esta oportunidad.

Mientras un director martiniqueño, Guy Deslauners, en Pasaje au milieu se decanta por el pasado de la esclavitud —cuenta las vicisitudes del cargamento de un barco negrero que parte de Senegal rumbo a las Américas—, la surinamesa Sharda Ganga narra una historia de nuestros días en Lesly y Anne: un relato de amor, exploración de sentimientos con el VIH como telón de fondo.

Si para el beliceño Steve Berry denuncia con un lenguaje realista la violencia doméstica a que es sometida una mujer en Tomasa in time, la colombiana Tatiana Jacob se sumerge en los vericuetos del realismo mágico para plantear en Dolores el dilema de una rezadora que acompaña con oraciones el tránsito hacia la gloria de los difuntos.

No faltaron comedias, como Libertador Morales, el justiciero, del venezolano Efterpi Charalambidis, que tiene por protagonista a un mototaxista que se venga de una banda de delincuentes, y Ladrones a domicilio, del dominicano Ángel Muñiz, sátira sobre el ascenso social de la clase media en su país.

Llamó la atención en esta oportunidad la concurrencia de filmes dedicados a Simón Bolívar, tanto en formato documental como en dibujos animados, en el año en que se conmemora el Bicentenario de la Primera Independencia de los pueblos de Nuestra América.

No podían faltar por supuesto, documentales donde se exaltaran los valores musicales de la región. En opinión de este cronista, dos de ellos resultan altamente recomendables: Los reyes criollos de la champeta, de los colombianos Lucas Silva y Sergio Arria, fundamental para conocer uno de los tantos aspectos ignorados de las músicas de origen africano en la costa atlántica, y Panman: rhytm of the palms, de Sander Burger, primer largometraje de un realizador de St. Marteen, que aborda la vida de un legendario miembro de una steel band.

Son todavía evidentes los desbalances entre géneros y temáticas, las asimetrías entre los desarrollos de las filmografías nacionales. Quizá sea el momento, como abogó el distribuidor jamaicano Douglas Gram , de explorar la posibilidad de coproducciones. Pero lo cierto es que comienza a verse una luz en el camino para que los caribeños tengamos en la pantalla el cine que nos merecemos.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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