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Difícilmente exista
poza, charca o río en
Cuba que no cuente la
leyenda de su güije, ese
niño que luce “pellejo
de barro, melena de
limo, ojos de madrugada
sin color”. El poeta
Silvio Rodríguez lo
describió en versos,
como lo hiciera también
Antonio Vidaurreta
inspirado en un pasaje
santaclareño; pero
muchos otros lo pintan
porque lo han visto en
sus sueños nocturnos o
confundido entre la
espesura del monte. Y
con la imagen
inquietante que a veces
tiene escamas, pelos o
la textura del
chocolate, se tejen las
historias que siempre
van acompañadas de la
descripción inevitable
de la flora y la fauna
de nuestros campos.
Uno de los cautivados
por la “sombra total”
del güije es el
diseñador, ilustrador,
historietista, escritor
y director artístico
Ángel Velazco, quien
trabaja en la Editora
Abril desde 2005. Su
deseo de hacer cómics,
desde su etapa de
estudiante en el
Instituto Superior de
Diseño, se encontró con
las lecturas de la obra
de Samuel Feijóo y con
sus recuerdos de la
infancia: “mi abuelo
hablaba de que cuando él
era niño, en el charco
azul del río
Saramaguacán en
Camagüey, muy cerca de
la finca donde vivía,
había un güije”. Para
Velazco, estos
personajillos, al igual
que los gnomos europeos,
merecían perpetuarse en
el imaginario colectivo
como algo más que un
rezago de la oralidad:
“creía que no se había
hecho nada al respecto,
pero después encontré
que algunos dibujantes
habían realizado
intentos por llevar
güijes al mundo de las
historietas”.
En los 90, como parte de
un taller para crear
historietas, Velazco dio
vida
a Kukuy, dibujó tanto
que llenó algunas
páginas de un tabloide
de muñes. Hoy, junto al
negrito bailador del
programa televisivo El
camino de los juglares,
su personaje se ha
convertido, para los
niños, en uno de los
güijes más populares de
Cuba: “ya saltó a la
cinematografía, con un
corto realizado por el
ICAIC; su imagen se ha
visto en afiches y otros
soportes, y trabajamos
en un proyecto de
muñecos inflables”.
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Pero este güije, que no
es negrito carbón, sino
amulatado; que no tiene
el pelo largo, sino que
porta pañuelo a la
usanza de los piratas;
que no hace maldades,
sino que da lecciones,
pertenece, por
antigüedad y por cariño,
a las páginas de la
revista Zunzún y
a los libros y los
cuadernos de dibujar que
ha editado Abril. El
trabajo en la casa
editora, con su vorágine
creativa constante, retó
a Velazco a convertirse
en un autor versátil y a
mantener a Kukuy activo
en sus aventuras por el
cuidado de la
naturaleza: “crecimos
con Zunzún, y a
lo largo de todos estos
años se mantuvo una
fidelidad a la revista.
En este momento tenemos
la responsabilidad de
seguirla cuando ya no
están los fundadores,
los creadores de esta
gran casa editorial, los
que nos hicieron soñar,
los grandes ilustradores
e historietistas como
Orestes Suárez, Roberto
Alfonso Cruz y los
autores de Matojo o
Matías Pérez. Es una
responsabilidad
continuar lo que ellos
hicieron, tratar de ser
como ellos, o al menos
fieles a la esencia que
ellos defendieron para
las generaciones
actuales y futuras”.
La misión de Kukuy se va
cumpliendo por ese rumbo
educativo que ha guiado
por 30 años la labor de
la Editora Abril. El
universo que llenan
Ufilla, la madre de
agua; Piropo, la
ciguapa; Olegari y
Pancho, los guajiros; el
cagüeiro, personaje
negativo que se
transforma en seres
foráneos; sus secuaces
Soco y Troco; y el hada
Vainilla, busca
despertar en los niños
el interés por la
mitología de su país y,
a través de ello, el
sentido de pertenencia a
un mundo natural que ha
de preservarse ante
cualquier peligro.
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El esfuerzo de esta
serie por contribuir a
la educación de nuestros
infantes ha sido
reconocido, entre otros,
con el premio Cubanita,
en su segunda edición,
al corto animado que
llevó a Kukuy a la
pantalla. Pero este
güije “tan ágil y tan
fugaz” —como diría
Silvio— luego de los
lauros, no se detiene en
sus hazañas. Su creador
cuenta que un ser que
vio la luz hace 300
años, y que solo lleva
20 acompañándonos en
revistas, tiene aún en
su catauro muchas
historias por compartir:
“es un niño eterno y le
seguirán ocurriendo
cosas siempre
relacionadas con la
defensa de la naturaleza
cubana y de las
tradiciones culturales”,
dice Velazco. Entonces,
Abril seguirá siendo la
puerta por la que
saldrán los cuentos de
Kukuy que como semillas
mágicas de ceiba irán a
acompañar a los niños.
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