Año IX
La Habana
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de JULIO
de 2010

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Ricardo García Pampín:

Pionero es la etapa más linda de mi vida

Maite López Pino • La Habana

Fotos: Archivo de la Editora Abril y La Jiribilla

 

El placer de releer un tabloide del semanario Pionero de la década de los 70 solo es comparable con las palabras de Ricardo García Pampín, director de la publicación por esas fechas y por más de una década. Sé que es un niño aunque su pelo cano y su poblado bigote se empeñen en demostrar lo contrario, sus ojos lo delatan: claros, vivaces, transparentes... mirada de ángel, es definitivamente un niño apasionado por las historietas, cuentos y barajas. Enamorado de Pionero.

La revista se fundó en noviembre de 1961, “el primer número lo recuerdo muy bien, contenía un pollito con una boina, desde que surgió traté de buscar gente de talento y de vocación para este tipo de trabajo”. Varias irregularidades condujeron el destino del semanario hacia el periódico Hoy, para convertirse allí en un suplemento. Pampín define esta etapa como un proceso embrionario. Posteriormente, cuando se crea el periódico Juventud Rebelde, producto de la fusión de La Tarde y  Mella, Pionero pasa a ser un suplemento de este nuevo diario.  

En esa nueva etapa uno de los primeros directores fue Frank Pérez, después Yurina Cávalo y un poco más tarde entró Pampín, “me plantearon hacerme cargo del semanario, anteriormente había sido jefe de redacción de Mella, y en Juventud Rebelde, jefe de redacción e información. Al principio Pionero  fue como una tarea más que me daba la Unión de Jóvenes Comunistas”, el proyecto lo hechizó, y lo que comenzó como un compromiso se convirtió en un gran sueño.  

El semanario demandaba cambios orientados hacia la fuerza que ganó la Organización de Pioneros José Martí. La nueva estructura y personalidad del tabloide lo trasformaron de un semanario para niños en el órgano oficial de los pioneros, espejo fiel de la vida de los más pequeños y con claras metas en la formación de sus valores. “Entró en contacto con el equipo creativo gente joven, talentosa y con capacidad como Anisia Miranda, Dora Alonso y David Chericián, entre otros. Siempre es difícil trabajar para un universo de lectores específico, el punto de partida es el conocimiento, pues la especialización se hace imprescindible. Una publicación para niños y niñas deviene escuela de periodistas y escritores. Su público demanda talento y saberes, para los niños hay que escribir igual que para los adultos, pero mejor.”  

Pampín, desde el comienzo de la conversación, sostiene en sus manos una pequeña cuerda que se me antoja hilo conductor de la historia de Pionero, a ratos la tuerce como caracol, después la tensa, y la pequeña cinta danza en sus manos al compás de los años, portadas, dibujos y periodistas que nutrieron el semanario.  

“Cuando entré, descubrí que no sabía nada sobre la publicación, su perfil no estaba definido correctamente, la camisa de Pionero me quedaba grande, entonces me propuse aprender sobre las rutinas productivas del tabloide, me sumergí en el semanario, viví experiencias bellas. Poco a poco se introdujeron definiciones e intereses de la Organización de Pioneros, esta época se caracterizó por el sello de excelentes dibujantes e historietistas como Roberto Alfonso, Luis Lorenzo, después llegó Cecilio Avilés que ocupó incluso la dirección artística de la publicación.”  

Esta etapa de prueba, iniciación y fortalecimiento dotó a Pionero de gran fuerza y singularidad. El talento de Pedro González (Péglez) entra en el equipo creativo, “se trabajaba en siete números a la vez, un mes y medio de margen de publicación y una tirada enorme de mas de 300 mil ejemplares”. Entrega, diseño, emplanes, colores en la historieta... paso a paso la nueva maquinaria humana de Pionero tomó forma y ajustó cada pieza indispensable en su largo recorrido que suma ya 49 años.  

Sobre la representación social de Pionero, Pampín atesora varias historias. “Por ahí tengo una carta de Raúl Castro la cual nos enorgullecía mucho, con motivo del aniversario 25 de Pionero, nos felicitó formalmente a la Organización y al semanario y firmó con su puño y letra: ‘De todas las publicaciones de este país la única que me leo de punta a cabo es Pionero y no porque tenga mentalidad de niño sino porque en mi opinión es la mejor. Vale, publíquenlo’, precisamente eso era lo que nosotros intentábamos, pues una publicación que sea buena para niños es buena para todo el mundo.  

“Raúl Ferrer me nombró alguna vez el director de la mejor publicación de adultos del país, pues decía que el nuestro, en ese tiempo, era un país donde la mayoría no tenían ni el sexto grado, Pionero era el incentivo perfecto para niños y adultos que descubrían las letras por vez primera”. La representación de la cubanía en el semanario nunca fue casual, desde siempre sirvió de apoyo y canal para los mensajes de patriotismo, honradez, respeto a los héroes, necesidad del trabajo, amistad y los valores éticos de la Organización de Pioneros, en consonancia con los de la nación.  

Elpidio Valdés nació en Pionero  

La historieta siempre ha sido como la sal de esta revista, al hojearla se evidencia cierto protagonismo. “Mucha gente buscaba la publicación por la historieta, para nosotros no tenía un lugar cimero. Su importancia descansaba en la calidad del guión, la realización tenía sus páginas fijas. A veces la historieta ocupaba la página central, por ser de excelente factura, lo importante siempre fue la continuidad y con ella los lectores cautivos. El perfil de estas variaba pero coincidieron muchas de contenidos patrióticos como los relatos de Enmanuel de la Cruz, ‘Los conquistadores del fuegoy ‘Las tierras vírgenes’, entre otras”.  

Elpidio Valdés, uno de los iconos más fuertes de cubanía, amigo común de todos los niños y niñas, nació casi por azar en Pionero. “Padrón siempre fue un amigo de los artistas y de la revista en general, se cuela por el hueco de una aguja, con ‘don de gente’ un día se apareció con su proyecto. No tenía espacio previsto, pero era una historieta muy ingeniosa, pues el protagonista era un mambí, símbolo de Cuba, libertad y patriotismo. La primera historieta fue una aventura en la que Elpidio se vinculaba con los ninjas, los buenos contra los malos y el héroe era Elpidio, no era necesario dar explicaciones, él se explicaba por sí mismo. Después, el propio Padrón fue queriendo a su personaje y comenzó a darle cuerpo a la narración a través de la historia del país”.  

Pionero entretiene, informa y educa desde hace varias décadas a todas las jóvenes generaciones de cubanos. Un equipo talentoso, conformado por Ivet Vian y otros que se mantienen allí después de mucho tiempo, como Carlos Castro y Lucía Sanz, actual directora de la revista, sigue allí porque forma parte de sus vidas. Todo no fue color de rosa, lo dicen la mirada de niño-ángel y las palabras profundas de Pampín, “nuestro principal objetivo era el reconocimiento por los pioneros, guías y maestros, a partir de ahí fue reconocido también profesionalmente dentro del sector de la prensa pero no fue una tarea fácil.  

Pionero jamás fue ni será un producto de segunda categoría, aunque muchos lo vieron  como una publicación menor, por ello siempre guardé encima de mi escritorio la dedicatoria de El Principito:  

’Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor (...) quiero entonces dedicar este libro al niño que fue hace tiempo esta persona mayor. Todas las personas mayores antes han sido niños. (Pero pocas de ellas lo recuerdan). Corrijo, por consiguiente, mi dedicatoria: A León Werth, cuando era niño.’  

“No siempre existió la total comprensión para ello, el período especial les hizo mucho daño a las publicaciones cubanas, hubiese defendido a toda costa un tabloide de Pionero con menos páginas cuando se redujo todo.”  

La Casa Abril  

Al crearse la Editora Abril, Pionero ya contaba con 19 años de experiencia, de estrechas relaciones con el público infantil y todo ello lo volcó en el nuevo hogar. La casa editorial se crea en un momento en que la Unión de Jóvenes Comunistas tiene un conjunto de publicaciones, y realmente se disgrega la atención de las publicaciones por no tener un aparato especializado que estructure la comunicación entre la organización y el público.  

“La Editora Abril le brinda esa unidad, mientras Pionero se mantuvo en contacto directamente con los pioneros a través de la organización, fuimos a cientos de escuelas urbanas y rurales, visitamos incluso centros escolares en las montañas donde los niños debían cruzar un mismo río tres veces, quitarse los zapatos y volver a cruzarlo, hasta allí llegaba semanalmente la publicación.”  

En este punto de la conversación, se impone el presente de la publicación, de la revista Pionero: evolución, involución, puntos de contacto. “La revista se hace actualmente con un alto nivel profesional, es una publicación que cumple los objetivos esenciales de la educación de los niños y de la transmisión de valores éticos y creación de gustos literarios por la ciencia, las artes y el patriotismo. En el momento en que estuvo el equipo nuestro se hizo el Pionero que necesitaba la Organización, de acuerdo con su nivel de desarrollo. Cada momento precisa su propia publicación, hoy existe un equipo capaz, inteligente y conocedor que realiza un Pionero diferente, pues no es lo mismo hacer una revista en lugar de un tabloide. Ellos hoy realizan el Pionero que se necesita y se puede. Este tiene que ser necesariamente  diferente al que hacíamos nosotros, aunque su esencia debe responder a los intereses de los pioneros y la Organización de los tiempos que corren”.  

Pampín entre sonrisas rememora su llegada a Pionero, “cogido por el narigón para cumplir una tarea”, también recuerda su despedida necesaria, “me fui porque ya debía irme, cuadro de la Unión de Jóvenes Comunistas con 40 años ya era suficiente”. El semanario fue la fuente de su libro Los hermanos a, e, i, o, u  que comenzó con un cuento y terminó convertida en una noveleta referenciada en los libros de lecturas de la enseñanza primaria.  

El niño grande de pelo cano y mirada alegre, suelta la cuerda y finalmente me confiesa: “no sé explicarte qué significó Pionero pero si no sacas la conclusión de que fue la etapa más linda de mi vida, entonces no sabría cómo decírtelo”.

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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