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El placer de releer un
tabloide del semanario
Pionero de la
década de los 70 solo es
comparable con las
palabras de Ricardo
García Pampín, director
de la publicación por
esas fechas y por más de
una década. Sé que es un
niño aunque su pelo cano
y su poblado bigote se
empeñen en demostrar lo
contrario, sus ojos lo
delatan: claros,
vivaces,
transparentes... mirada
de ángel, es
definitivamente un niño
apasionado por las
historietas, cuentos y
barajas. Enamorado de
Pionero.
La revista se fundó en
noviembre de 1961, “el
primer número lo
recuerdo muy bien,
contenía un pollito con
una boina, desde que
surgió traté de buscar
gente de talento y de
vocación para este tipo
de trabajo”. Varias
irregularidades
condujeron el destino
del semanario hacia el
periódico Hoy,
para convertirse allí en
un suplemento. Pampín
define esta etapa como
un proceso embrionario.
Posteriormente, cuando
se crea el periódico
Juventud Rebelde,
producto de la fusión de
La Tarde y
Mella, Pionero pasa
a ser un suplemento de
este nuevo diario.
En esa nueva etapa uno
de los primeros
directores fue Frank
Pérez, después Yurina
Cávalo y un poco más
tarde entró Pampín, “me
plantearon hacerme cargo
del semanario,
anteriormente había sido
jefe de redacción de
Mella, y en
Juventud Rebelde,
jefe de redacción e
información. Al
principio Pionero
fue como una tarea más
que me daba la Unión de
Jóvenes Comunistas”, el
proyecto lo hechizó, y
lo que comenzó como un
compromiso se convirtió
en un gran sueño.
El semanario demandaba
cambios orientados hacia
la fuerza que ganó la
Organización de Pioneros
José Martí. La nueva
estructura y
personalidad del
tabloide lo trasformaron
de un semanario para
niños en el órgano
oficial de los pioneros,
espejo fiel de la vida
de los más pequeños y
con claras metas en la
formación de sus
valores. “Entró en
contacto con el equipo
creativo gente joven,
talentosa y con
capacidad como Anisia
Miranda, Dora Alonso y
David Chericián, entre
otros. Siempre es
difícil trabajar para un
universo de lectores
específico, el punto de
partida es el
conocimiento, pues la
especialización se hace
imprescindible. Una
publicación para niños y
niñas deviene escuela de
periodistas y
escritores. Su público
demanda talento y
saberes, para los niños
hay que escribir igual
que para los adultos,
pero mejor.”
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Pampín, desde el
comienzo de la
conversación, sostiene
en sus manos una pequeña
cuerda que se me antoja
hilo conductor de la
historia de Pionero,
a ratos la
tuerce como caracol,
después la tensa, y la
pequeña cinta danza en
sus manos al compás de
los años, portadas,
dibujos y periodistas
que nutrieron el
semanario.
“Cuando entré, descubrí
que no sabía nada sobre
la publicación, su
perfil no estaba
definido correctamente,
la camisa de Pionero
me quedaba grande,
entonces me propuse
aprender sobre las
rutinas productivas del
tabloide, me sumergí en
el semanario, viví
experiencias bellas.
Poco a poco se
introdujeron
definiciones e intereses
de la Organización de
Pioneros, esta época se
caracterizó por el sello
de excelentes dibujantes
e historietistas como
Roberto Alfonso, Luis
Lorenzo, después llegó
Cecilio Avilés que ocupó
incluso la dirección
artística de la
publicación.”
Esta etapa de prueba,
iniciación y
fortalecimiento dotó a
Pionero de gran
fuerza y singularidad.
El talento de Pedro
González (Péglez)
entra en el equipo
creativo, “se trabajaba
en siete números a la
vez, un mes y medio de
margen de publicación y
una tirada enorme de mas
de 300 mil ejemplares”.
Entrega, diseño,
emplanes, colores en la
historieta... paso a
paso la nueva maquinaria
humana de Pionero
tomó forma y ajustó cada
pieza indispensable en
su largo recorrido que
suma ya 49 años.
Sobre la representación
social de Pionero,
Pampín atesora varias
historias. “Por ahí
tengo una carta de Raúl
Castro la cual nos
enorgullecía mucho, con
motivo del aniversario
25 de Pionero,
nos felicitó formalmente
a la Organización y al
semanario y firmó con su
puño y letra: ‘De todas
las publicaciones de
este país la única que
me leo de punta a cabo
es Pionero y no
porque tenga mentalidad
de niño sino porque en
mi opinión es la mejor.
Vale, publíquenlo’,
precisamente eso era lo
que nosotros
intentábamos, pues una
publicación que sea
buena para niños es
buena para todo el
mundo.
“Raúl Ferrer me nombró
alguna vez el director
de la mejor publicación
de adultos del país,
pues decía que el
nuestro, en ese tiempo,
era un país donde la
mayoría no tenían ni el
sexto grado, Pionero
era el incentivo
perfecto para niños y
adultos que descubrían
las letras por vez
primera”. La
representación de la
cubanía en el semanario
nunca fue casual, desde
siempre sirvió de apoyo
y canal para los
mensajes de patriotismo,
honradez, respeto a los
héroes, necesidad del
trabajo, amistad y los
valores éticos de la
Organización de
Pioneros, en consonancia
con los de la nación.
Elpidio Valdés nació en
Pionero
La historieta siempre ha
sido como la sal de esta
revista, al
hojearla se evidencia
cierto protagonismo.
“Mucha gente buscaba la
publicación por la
historieta, para
nosotros no tenía un
lugar cimero. Su
importancia descansaba
en la calidad del guión,
la realización tenía sus
páginas fijas. A veces
la historieta ocupaba la
página central, por ser
de excelente factura, lo
importante siempre fue
la continuidad y con
ella los lectores
cautivos. El perfil de
estas variaba pero
coincidieron muchas de
contenidos patrióticos
como los relatos de
Enmanuel de la Cruz,
‘Los conquistadores del
fuego’ y ‘Las
tierras vírgenes’, entre
otras”.
Elpidio Valdés, uno de
los iconos más fuertes
de cubanía, amigo común
de todos los niños y
niñas, nació casi por
azar en Pionero.
“Padrón siempre fue un
amigo de los artistas y
de la revista en
general, se cuela por el
hueco de una aguja, con
‘don de gente’ un día se
apareció con su
proyecto. No tenía
espacio previsto, pero
era una historieta muy
ingeniosa, pues el
protagonista era un
mambí, símbolo de Cuba,
libertad y patriotismo.
La primera historieta
fue una aventura en la
que Elpidio se vinculaba
con los ninjas, los
buenos contra los malos
y el héroe era Elpidio,
no era necesario dar
explicaciones, él se
explicaba por sí mismo.
Después, el propio
Padrón fue queriendo a
su personaje y comenzó a
darle cuerpo a la
narración a través de la
historia del país”.
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Pionero
entretiene, informa y
educa desde hace varias
décadas a todas las
jóvenes generaciones de
cubanos. Un equipo
talentoso, conformado
por Ivet Vian y otros
que se mantienen allí
después de mucho tiempo,
como Carlos Castro y
Lucía Sanz, actual
directora de la revista,
sigue allí porque forma
parte de sus vidas. Todo
no fue color de rosa, lo
dicen la mirada de
niño-ángel y las
palabras profundas de
Pampín, “nuestro
principal objetivo era
el reconocimiento por
los pioneros, guías y
maestros, a partir de
ahí fue reconocido
también profesionalmente
dentro del sector de la
prensa pero no fue una
tarea fácil.
“Pionero jamás
fue ni será un producto
de segunda categoría,
aunque muchos lo vieron
como una publicación
menor, por ello siempre
guardé encima de mi
escritorio la
dedicatoria de El
Principito:
’Pido perdón a los niños
por haber dedicado este
libro a una persona
mayor (...) quiero
entonces dedicar este
libro al niño que fue
hace tiempo esta persona
mayor. Todas las
personas mayores antes
han sido niños. (Pero
pocas de ellas lo
recuerdan). Corrijo, por
consiguiente, mi
dedicatoria: A León
Werth, cuando era niño.’
“No siempre existió la
total comprensión para
ello, el período
especial les hizo mucho
daño a las publicaciones
cubanas, hubiese
defendido a toda costa
un tabloide de
Pionero con menos
páginas cuando se redujo
todo.”
La Casa Abril
Al crearse la Editora
Abril, Pionero ya
contaba con 19 años de
experiencia, de
estrechas relaciones con
el público infantil y
todo ello lo volcó en el
nuevo hogar. La casa
editorial se crea en un
momento en que la Unión
de Jóvenes Comunistas
tiene un conjunto de
publicaciones, y
realmente se disgrega la
atención de las
publicaciones por no
tener un aparato
especializado que
estructure la
comunicación entre la
organización y el
público.
“La Editora Abril le
brinda esa unidad,
mientras Pionero
se mantuvo en contacto
directamente con los
pioneros a través de la
organización, fuimos a
cientos de escuelas
urbanas y rurales,
visitamos incluso
centros escolares en las
montañas donde los niños
debían cruzar un mismo
río tres veces, quitarse
los zapatos y volver a
cruzarlo, hasta allí
llegaba semanalmente la
publicación.”
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En este punto de la
conversación, se impone
el presente de la
publicación, de la
revista Pionero:
evolución, involución,
puntos de contacto. “La
revista se hace
actualmente con un alto
nivel profesional, es
una publicación que
cumple los objetivos
esenciales de la
educación de los niños y
de la transmisión de
valores éticos y
creación de gustos
literarios por la
ciencia, las artes y el
patriotismo. En el
momento en que estuvo el
equipo nuestro se hizo
el Pionero que
necesitaba la
Organización, de acuerdo
con su nivel de
desarrollo. Cada momento
precisa su propia
publicación, hoy existe
un equipo capaz,
inteligente y conocedor
que realiza un
Pionero diferente,
pues no es lo mismo
hacer una revista en
lugar de un tabloide.
Ellos hoy realizan el
Pionero que se
necesita y se puede.
Este tiene que ser
necesariamente
diferente al que
hacíamos nosotros,
aunque su esencia debe
responder a los
intereses de los
pioneros y la
Organización de los
tiempos que corren”.
Pampín entre sonrisas
rememora su llegada a
Pionero, “cogido por
el narigón para cumplir
una tarea”, también
recuerda su despedida
necesaria, “me fui
porque ya debía irme,
cuadro de la Unión de
Jóvenes Comunistas con
40 años ya era
suficiente”. El
semanario fue la fuente
de su libro Los
hermanos a, e, i, o, u
que comenzó con un
cuento y terminó
convertida en una
noveleta referenciada en
los libros de lecturas
de la enseñanza
primaria.
El niño grande de pelo
cano y mirada alegre,
suelta la cuerda y
finalmente me confiesa:
“no sé explicarte qué
significó Pionero
pero si no sacas la
conclusión de que fue la
etapa más linda de mi
vida, entonces no sabría
cómo decírtelo”. |