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Su desempeño al frente
del que quizá sea uno de
los departamentos más
complejos del Comité
Central del Partido,
Atención a Asuntos
Religiosos, podría
asociar al nombre de
Caridad Diego una imagen
de rectitud física y
gravedad en el trato.
Pero Cary —así la
conocen todos— parece
aún la misma muchacha
que la prensa describía
en los ´80, cuando la
Unión de Jóvenes
Comunistas garantizaba
con su frescura y
sensatez el buen
funcionamiento de
sectores sensibles:
Educación, Salud y
Deportes.
Convocada esta vez por
La Jiribilla a
dialogar sobre la
Editora que la vio
crecer como profesional,
cuando de 1989 a 1991
tuvo el privilegio de
dirigirla, Cary no
oculta su entusiasmo:
“cuando supe que Abril
celebraría el 30
aniversario, me dije:
‘¡ojalá que me inviten!’
—confiesa—. Y lo digo
con toda humildad. A la
Editora debo, en gran
parte, el ser humano que
soy ahora”.
¿Cómo recuerda la
Editora a su llegada,
justo cuando el país
iniciaba la mayor crisis
económica de su
historia?
Para mí fue una gran
sorpresa el hecho de que
me ubicaran en la
Editora, teniendo en
cuenta que hasta
entonces yo trabajaba en
la esfera de Deportes,
Educación y Salud en el
Buró Nacional de la UJC.
Pero allí me encontré un
gran colectivo, cerca de
unos 200 trabajadores
entre periodistas,
fotorreporteros,
diseñadores que
trabajaban en las
entonces 12 revistas
para niños y jóvenes que
allí se editaban. Y
estaban también quienes
se desempeñaban en el
área de la publicación
de libros. Recuerdo a un
colectivo muy
entusiasta, trabajador.
Entre ellos había
fundadores que habían
dedicado muchos años al
trabajo para niños y
jóvenes. Trabajé allí
cerca de tres años, pero
recuerdo que logré tener
una relación muy
estrecha no solo con los
directivos, sino con
todos los trabajadores.
En momentos tan
difíciles como los años
´90, la Editora se
insertó también en el
apoyo social al proyecto
revolucionario y a la
población en general. En
1990 conmemoramos el
décimo aniversario e
incluso en esa etapa
logramos el sello de
Abril, a partir de lo
cual se empezó a
reconocer como Casa
Editora. La Editora
hizo, por aquellos años,
presentaciones en las
calles, trajo artistas a
sus predios, rescató
esquinas de la ciudad y
se hizo más pública,
salió del edificio para
acompañar a los niños y
jóvenes con sus
familiares. Fue una
experiencia preciosa,
nunca había tenido la
posibilidad de hacer
algo como eso.
En su opinión, ¿qué
distingue a la labor de
llevar literatura y
hacer periodismo para
los niños y jóvenes
cubanos?
Es una responsabilidad
enorme. A veces, en la
familia, se tiende a
desconocer el valor de
estas edades. Por eso,
una de las cosas que
engrandece estas
publicaciones es que
hablan en su lenguaje,
sin tapujos, con
objetividad pero sin
perder la fantasía. Todo
ello de una manera muy
profesional, bien
presentado, recuerda que
muchos de los mejores
historietistas de Cuba
estuvieron en algún
momento en Abril, e
incluso algunos siguen
aún allí. Desde todos
esos lenguajes y
formatos, las
publicaciones de Abril
reflejan preocupaciones
propias de su sector
etáreo y los ayudan a
entender fenómenos que
lo trascienden. Es una
forma de hacer que los
niños y los jóvenes se
sientan partícipes de la
sociedad en conjunto. Y
eso es una
responsabilidad enorme.
¿Cómo ve el trabajo de
la Editora, esta vez
desde “fuera”?
Quiero recordar algo,
antes de contestar: por
aquellos años ´90 tan
difíciles en todos los
sentidos, la Editora, de
12 publicaciones, se
quedó en cuatro. Por
eso, hubo que reubicar a
un gran número de
trabajadores que ya se
sentían identificados
con el trabajo que
hacían. A esas personas,
quienes en su mayoría
pasaron a integrar
colectivos de medios de
prensa cubanos en
diferentes perfiles, las
he seguido siempre de
alguna manera: cuando
escucho sus noticias,
cuando leo sus
artículos.
La otra gran
satisfacción que he
sentido estando fuera,
fue cuando se debatió
con mucha fuerza en el
Congreso de la UJC el
papel de la Editora y
Fidel abrió
posibilidades de sumar
más recursos a su
trabajo. Eso fue un aire
muy valioso. Entre otras
cosas, posibilitó que
crecieran nuevamente las
publicaciones y la
edición de libros. Todo
ese desarrollo lo he
seguido muy de cerca,
especialmente en las
Ferias del Libro. Creo
que hoy están en un
momento especial de
crecimiento.
¿Extraña el trabajo
cerca de los libros,
ahora que su desempeño
es distinto?
No soy periodista de
profesión, soy graduada
en Filosofía. Por eso te
decía que me sorprendió
mucho cuando me dieron
la tarea. Tenía que ver
con mi experiencia en la
dirección de la UJC,
pero no exactamente con
mi profesión. No
obstante, te digo
honestamente que sí lo
extraño, extraño mucho
el ritmo y la dinámica
de la imprenta.
Pero salvando las
distancias, creo que
este trabajo que realizo
ahora le debe mucho a
ese aprendizaje y además
se relaciona bastante:
ambos tienen mucho que
ver con el ser humano.
Aquel tenía relación con
los anhelos de quienes
trabajaban en las
publicaciones, sus
dinámicas, las
inquietudes de los
lectores. Y la atención
a los líderes de las
instituciones
religiosas, pasa primero
por la relación personal
y humana. El sector
periodístico es muy
sensible, por la
cantidad de retos que
tiene que enfrentar y su
responsabilidad con la
opinión pública; eso
también es muy cercano a
la labor de
investigación y de
atención a la opinión
pública que hay que
potenciar en este
trabajo. Son sentidos
distintos, pero con
puntos en común. La
Editora me preparó para
esto.
Quisiera que habláramos,
finalmente, de dos
publicaciones que
considero especiales dentro
de la red de la
Editora: Alma Mater
y El Caimán
Barbudo…
Hacen pensar…
…son para jóvenes, pero
sus contenidos son tan
complejos como pueden
serlo aquellos
privilegiados por
Granma o Juventud
Rebelde. Y son
revistas que los jóvenes
persiguen: ¿cree válido
que ambas publicaciones
aprovechen ese margen,
en el sentido de llevar
a este público
contenidos que quizá,
desde otros medios, no
les resulten tan
cercanos o tan
creíbles?
Absolutamente. Siempre
han sido publicaciones
muy seguidas,
especialmente en el
sector universitario.
Sobre todo, por la forma
de presentar los temas y
por la altura con que lo
hacen, altura que no
pierde el contacto ni
convierte la publicación
en inalcanzable, de
élite. Son publicaciones
que hoy, más que nunca,
tienen la oportunidad de
sacar a la luz temáticas
que interesen a los
jóvenes y sobre todo que
los hagan verse a sí
mismos como gestores de
su sociedad. El joven
quiere ver su sociedad
reflejada y eso puede
hacerse desde el
periodismo y desde la
literatura, algo que
caracteriza al
Caimán... Siempre
han sido publicaciones
muy exitosas, pues en
ellas ven los jóvenes
sus expectativas. El
joven apunta siempre al
futuro: creo que Alma
Mater y El
Caimán… tienen ahí,
precisamente, la
oportunidad de labrar un
futuro junto a los
jóvenes, sus lectores.
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