Año IX
La Habana
17 al 23
de JULIO
de 2010

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CARIDAD DIEGO:

“Debo a la Editora gran parte del ser humano que soy”

Marianela González • La Habana

Fotos: Archivo de la Editora Abril y La Jiribilla

 

Su desempeño al frente del que quizá sea uno de los departamentos más complejos del Comité Central del Partido, Atención a Asuntos Religiosos, podría asociar al nombre de Caridad Diego una imagen de rectitud física y gravedad en el trato. Pero Cary —así la conocen todos— parece aún la misma muchacha que la prensa describía en los ´80, cuando la Unión de Jóvenes Comunistas garantizaba con su frescura y sensatez el buen funcionamiento de sectores sensibles: Educación, Salud y Deportes.  

Convocada esta vez por La Jiribilla a dialogar sobre la Editora que la vio crecer como profesional, cuando de 1989 a 1991 tuvo el privilegio de dirigirla, Cary no oculta su entusiasmo: “cuando supe que Abril celebraría el 30 aniversario, me dije: ‘¡ojalá que me inviten!’ —confiesa—. Y lo digo con toda humildad. A la Editora debo, en gran parte, el ser humano que soy ahora”.  

¿Cómo recuerda la Editora a su llegada, justo cuando el país iniciaba la mayor crisis económica de su historia?  

Para mí fue una gran sorpresa el hecho de que me ubicaran en la Editora, teniendo en cuenta que hasta entonces yo trabajaba en la esfera de Deportes, Educación y Salud en el Buró Nacional de la UJC. Pero allí me encontré un gran colectivo, cerca de unos 200 trabajadores entre periodistas, fotorreporteros, diseñadores que trabajaban en las entonces 12 revistas para niños y jóvenes que allí se editaban. Y estaban también quienes se desempeñaban en el área de la publicación de libros. Recuerdo a un colectivo muy entusiasta, trabajador. Entre ellos había fundadores que habían dedicado muchos años al trabajo para niños y jóvenes. Trabajé allí cerca de tres años, pero recuerdo que logré tener una relación muy estrecha no solo con los directivos, sino con todos los trabajadores.  

En momentos tan difíciles como los años ´90, la Editora se insertó también en el apoyo social al proyecto revolucionario y a la población en general. En 1990 conmemoramos el décimo aniversario e incluso en esa etapa logramos el sello de Abril, a partir de lo cual se empezó a reconocer como Casa Editora. La Editora hizo, por aquellos años, presentaciones en las calles, trajo artistas a sus predios, rescató esquinas de la ciudad y se hizo más pública, salió del edificio para acompañar a los niños y jóvenes con sus familiares. Fue una experiencia preciosa, nunca había tenido la posibilidad de hacer algo como eso.  

En su opinión, ¿qué distingue a la labor de llevar literatura y hacer periodismo para los niños y jóvenes cubanos? 

Es una responsabilidad enorme. A veces, en la familia, se tiende a desconocer el valor de estas edades. Por eso, una de las cosas que engrandece estas publicaciones es que hablan en su lenguaje, sin tapujos, con objetividad pero sin perder la fantasía. Todo ello de una manera muy profesional, bien presentado, recuerda que muchos de los mejores historietistas de Cuba estuvieron en algún momento en Abril, e incluso algunos siguen aún allí. Desde todos esos lenguajes y formatos, las publicaciones de Abril reflejan preocupaciones propias de su sector etáreo y los ayudan a entender fenómenos que lo trascienden. Es una forma de hacer que los niños y los jóvenes se sientan partícipes de la sociedad en conjunto. Y eso es una responsabilidad enorme.  

¿Cómo ve el trabajo de la Editora, esta vez desde “fuera”? 

Quiero recordar algo, antes de contestar: por aquellos años ´90 tan difíciles en todos los sentidos, la Editora, de 12 publicaciones, se quedó en cuatro. Por eso, hubo que reubicar a un gran número de trabajadores que ya se sentían identificados con el trabajo que hacían. A esas personas, quienes en su mayoría pasaron a integrar colectivos de medios de prensa cubanos en diferentes perfiles, las he seguido siempre de alguna manera: cuando escucho sus noticias, cuando leo sus artículos.  

La otra gran satisfacción que he sentido estando fuera, fue cuando se debatió con mucha fuerza en el Congreso de la UJC el papel de la Editora y Fidel abrió posibilidades de sumar más recursos a su trabajo. Eso fue un aire muy valioso. Entre otras cosas, posibilitó que crecieran nuevamente las publicaciones y la edición de libros. Todo ese desarrollo lo he seguido muy de cerca, especialmente en las Ferias del Libro. Creo que hoy están en un momento especial de crecimiento.  

¿Extraña el trabajo cerca de los libros, ahora que su desempeño es distinto?  

No soy periodista de profesión, soy graduada en Filosofía. Por eso te decía que me sorprendió mucho cuando me dieron la tarea. Tenía que ver con mi experiencia en la dirección de la UJC, pero no exactamente con mi profesión. No obstante, te digo honestamente que sí lo extraño, extraño mucho el ritmo y la dinámica de la imprenta.  

Pero salvando las distancias, creo que este trabajo que realizo ahora le debe mucho a ese aprendizaje y además se relaciona bastante: ambos tienen mucho que ver con el ser humano. Aquel tenía relación con los anhelos de quienes trabajaban en las publicaciones, sus dinámicas, las inquietudes de los lectores. Y la atención a los líderes de las instituciones religiosas, pasa primero por la relación personal y humana. El sector periodístico es muy sensible, por la cantidad de retos que tiene que enfrentar y su responsabilidad con la opinión pública; eso también es muy cercano a la labor de investigación y de atención a la opinión pública que hay que potenciar en este trabajo. Son sentidos distintos, pero con puntos en común. La Editora me preparó para esto.  

Quisiera que habláramos, finalmente, de dos publicaciones que considero especiales  dentro  de  la  red de  la Editora:  Alma Mater  y  El Caimán Barbudo 

Hacen pensar…  

…son para jóvenes, pero sus contenidos son tan complejos como pueden serlo aquellos privilegiados por Granma o Juventud Rebelde. Y son revistas que los jóvenes persiguen: ¿cree válido que ambas publicaciones aprovechen ese margen, en el sentido de llevar a este público contenidos que quizá, desde otros medios, no les resulten tan cercanos o tan creíbles? 

Absolutamente. Siempre han sido publicaciones muy seguidas, especialmente en el sector universitario. Sobre todo, por la forma de presentar los temas y por la altura con que lo hacen, altura que no pierde el contacto ni convierte la publicación en inalcanzable, de élite. Son publicaciones que hoy, más que nunca, tienen la oportunidad de sacar a la luz temáticas que interesen a los jóvenes y sobre todo que los hagan verse a sí mismos como gestores de su sociedad. El joven quiere ver su sociedad reflejada y eso puede hacerse desde el periodismo y desde la literatura, algo que caracteriza al Caimán... Siempre han sido publicaciones muy exitosas, pues en ellas ven los jóvenes sus expectativas. El joven apunta siempre al futuro: creo que Alma Mater y El Caimán… tienen ahí, precisamente, la oportunidad de labrar un futuro junto a los jóvenes, sus lectores.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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