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Con 22 años recuerda
Bárbara Dorta que
comenzó a trabajar en
la Casa Editora
Abril. Corría julio de
1980 y entró a la
Editorial como
secretaria. “Mucho ha
llovido desde entonces”,
asegura esta mujer que
no parece temerle a
nada, o por lo menos eso
es lo que muestra su
rostro. Hoy es una de
las realizadoras de
prensa de más
experiencia en el
Departamento del libro.
“Por la velocidad que
tenía en la máquina me
solicitaron del
departamento, en aquel
entonces, de
computación, era allí
donde se hacían todas
las revistas y la esfera
del libro que es donde
ahora trabajo. Después
se dividió en lo que es
hoy, cada uno con sus
propios realizadores y
diseñadores.”
Un curso de Ventura en
inglés fue lo primero
que la introdujo en el
mundo de la realización.
Pasó un poco de trabajo
al principio; pero su
tenacidad la ayudó a
superar los obstáculos,
y así se hizo
realizadora. ¿Su primer
libro? El diario del
Che, lo manejó todo
a la perfección y desde
entonces no ha querido
alejarse. De esto hace
poco más de 18 años.
“No fue muy difícil, el
trabajo de realización
es mucho cacharreo, en
buen cubano, mucho
tiempo estudiando
delante de la
computadora, aprendiendo
de cada programa. Cuando
lo sabes manejar, puedes
pasar cualquier curso y
hacer todo lo que te
propongas. El día a día
me ha ayudado mucho,
también la dedicación y
las ganas de aprender.
Les preguntaba mucho a
las personas de
experiencia que estaban
junto a mí. Con Chenique
aprendí mucho, ya no
está con nosotros, pero
era talentosísimo, le
decíamos el mago de la
computación, me enseñó
mañas que todavía hoy
utilizo en lo que hago,
aunque aprendo de todo
lo que me rodea, de esos
textos que
constantemente pasan por
mis manos.”
Para Bárbara, cada libro
es una enseñanza, “las
revistas son una
plantilla, más allá o
más acá siempre siguen
un mismo patrón. Con los
libros no sucede igual,
cada uno es un mundo
diferente, ninguno es
igual a otro”. Ahora
termina de gramar uno y
ya piensa en todo lo que
tiene que revisar: las
particiones de palabras,
las viudas, el copy
rigth, el ISBN, los
elementos necesarios
para lograr una buena
unificación. “Todos
hablan de la calidad que
tienen las ediciones de
Abril y es muy cierto
porque trabajamos mucho
y muy unidos.”
A esta mujer le encanta
su trabajo, “es fácil,
ameno, interesante,
creativo, es un esfuerzo
diario, de mucho
detalle; pero ves el
resultado”, me asegura.
De aquellos años 80
cuando todo comenzó,
solo quedan los buenos
recuerdos y
materialmente lo que se
logró en cada libro o
publicación seriada, las
cosas han cambiado en
muchos aspectos, o
mejor, en todos. “En
aquel tiempo teníamos
que trabajar con papel
de pegar, te equivocabas
y en las galeras tenías
que recortar papelitos y
volverlos a pegar, ahora
todo es computarizado,
muy sofisticado por
decirlo de alguna
manera, todo sale bien
porque te ayuda a
hacerlo la computadora.
Hoy hay mucho más
desarrollo, la calidad
del trabajo es otra, el
contenido es otro, los
profesionales también.
Los libros de entonces
eran muy buenos,
interesantes; pero la
dinámica nos ha enseñado
que la juventud impera,
y tenemos entonces que
movernos con ella,
aplicar esas nuevas
ideas, diseño y
preparación
renovadoras”.
Fue en Abril donde
Bárbara experimentó el
amor del matrimonio, la
maternidad, la comunión
de un colectivo
solidario y compañero
que hasta hoy le pide
que no se vaya cuando le
llegue el retiro. Es en
Abril donde ha vivido la
mayor parte de su vida,
y se alegra de ello
porque “la siento como
mi casa, es parte de mí,
30 años puede que se
diga fácil pero son toda
una vida. Significa
mucho para mí como
mujer, como profesional,
como madre, en todos
los sentidos. Entré
cuando tenía 22 años y
ahora tengo 52. Me ha
permitido superarme,
vivir experiencias
nuevas, y en lo
personal, es un espacio
libre que me hace
revivir, saber que hago
falta en algún lugar”. |