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El humor es intrínsecamente subversivo

Libertad González • La Habana

Fotos: Melaíto, Palante y La Jiribilla

 

Vea en La Jiribilla: CARICATURA CUBANA

 

Para no pocos estudiosos Sigmund Freud tuvo razón, cuando en El chiste y su relación con el inconsciente aseguró que el humor es intrínsecamente subversivo. Una afirmación polémica —como toda la obra del psiquiatra austriaco— pero que abre una gama de interpretaciones, desde las más sencillas que hablan de lo saludable que es reírse de uno mismo, hasta las dobles o triples lecturas de dibujos gráficos que han pasado a ser clásicos en su género.

Lo cierto es que con una caricatura editorial se puede decir tanto como con un comentario de varias cuartillas, y con el ingrediente añadido de despertar la risa o la sonrisa.

En el territorio cubano se están haciendo caricaturas desde 1833, cuando Luis Merlín o Marsillón firmó la que se considera primigenia en la Isla, y no por un isleño. Hasta ese dato llegó Arístides Hernández, Ares, cuando “investigaba para el Diccionario de la caricatura cubana Orlando García, el historiador de Cienfuegos, me aportó información sobre ese asunto, y luego conocí que el estudioso español Manuel Barrero ha tenido la posibilidad de examinar esa caricatura en los Archivos de Indias y la describe en un artículo suyo. Por ahora me queda pendiente conseguir una reproducción de esta imagen”.

Antes de este hallazgo, se consideraba que la primera caricatura en la historia humorística cubana fue de carácter político y la recogió en el Teatro Tacón en 1848, en una hoja volante, el escritor Cirilo Villaverde. En el dibujo, Cuba está representada como una vaca ordeñada por O’Donnell, el gobernante saliente y con Roncaly, el sucesor, sin perder tiempo para extraerle la leche.

En su mayoría, los dibujos publicados a mediados del siglo XIX fueron costumbristas, y entre esos autores pioneros se encuentran Francisco Cisneros, Augusto Ferrán, Víctor Patricio Landaluze, Hipólito Garneray, Federico Miahle y el criollo Juan Jorge Peoli.

Ya entrada la segunda mitad de ese siglo, hubo semanarios humorísticos como El Moro Muza, que intentaban ridiculizar a los cubanos en la manigua. Y así la historia del humorismo gráfico se nutre de múltiples episodios relacionados con contiendas bélicas y situaciones sociales críticas. El Liborio, de Ricardo de la Torriente; y El Bobo, de Eduardo Abela, ambos a principios del siglo XX,  son ejemplos de personajes que, amén de populares, signaron épocas. En ese contexto de crítica social se inscribe otro cartón, El Loquito, que nacido en 1957, cumplió su media centuria con su padre, René de la Nuez, totalmente activo y produciendo.
 

Luego vendría una historia llena de explosión: la década de los 60 con El pitirre y un humor vanguardista por bandera, un Chago Armada haciendo con su Salomón más reflexiones que algunos comentarios filosóficos, y otros tantos artistas consagrados o por consagrarse en el difícil género.

Como sucesor de Zig zag, que se quedó sin dibujantes por la estampida hacia el Norte, nació por esa época el semanario Palante, desde entonces hasta hoy marcado por el costumbrismo. Más tarde aparecería el DDT, con una línea en su diseño y manera de plasmar el humor que conformó una escuela. Basta decir que se reunieron Manuel, Cartucho, Ajubel, Tomy, Ardión, Torres y un grupo de colaboradores, todos con deseos y posibilidades de revolucionar el género. Y realmente lograron una revista paradigmática que, vista hoy a la distancia, sigue siendo un punto de referencia.

En el centro de la Isla, en 1970, apareció Melaíto, que contra todos los vientos sigue publicándose, si bien no en las grandes tiradas que alcanzó a finales de los 80 cuando tenía circulación nacional. Pedro Méndez, Martirena, Panchito, Roland y otros creadores conforman aquel grupo de humoristas que han conseguido crear y mantener el Salón de Humor Erótico, en opinión de algunos entendidos el mejor que se realiza hoy en Cuba.

Desde 1990 el panorama del humorismo gráfico cambió. De los 300 mil ejemplares quincenales que circulaban del DDT en 1989, solo queda una página en el periódico Juventud Rebelde. Mientras Palante no llega nunca a los 250 mil ejemplares semanales que hacía circular. Tampoco revistas como Pionero, que influían en el desarrollo del dibujo gráfico, ha vuelto a ofrecer a los creadores la cantidad de páginas, ni a los lectores ejemplares en estanquillos, como cuando colocaba 250 mil todas las semanas.

Este fue un primer golpe del período especial: la reducción drástica de dónde poder publicar, con el agravante, en los últimos tiempos, de que con el aumento de algunas posibilidades de publicación —por ejemplo, con Palante—, en el caso del DDT nunca ha vuelto a ser en estos últimos  años una revista, a no ser en dos o tres oportunidades muy específicas que se han sacado algunos números. Este fue un medio impreso con una concepción estética de vanguardia, que posibilitaba situar la diversidad y hasta la experimentación en el humor gráfico cubano. Su contracción hoy a una mera página de un periódico, no basta para que retome los aires que un día vistió.

 

Así, los humoristas vieron reducidas sus oportunidades de publicación en los medios habituales de comunicación y, por supuesto, en los libros, que en general sufrieron una seria depresión. El resurgir de estos últimos no vino aparejado con la inclusión del humor gráfico. Solo en años más inmediatos, y gracias a los afanes de la Editorial Pablo de la Torriente, es que se han visto una nueva cantidad de volúmenes de caricaturas. Tal vez, incluso, no son los mejores que pudieron hacerse pero ahí están, demostrando que  el humor gráfico es un importante género en Cuba.

Hace un tiempo le pregunté a un grupo de creadores las tres cualidades más ostensibles del humor gráfico cubano y estas fueron sus respuestas:

a) Heterogeneidad en las soluciones gráficas desde el empleo de recursos tradicionalmente socorridos hasta el uso (muy buen uso) de ardides experimentales; b) un decoroso rigor conceptual tanto de los textos que acompañan los dibujos, como de las ingeniosas maneras para asumir el fenómeno desde la visualidad; y c) su apego a una tradición intelectiva, de vanguardia, que posee prestigiosas y saludables raíces en el humor gráfico cubano de los primeros años de la Revolución. (Amílkar Feria, pintor, dibujante, narrador y humorista gráfico) 

a) Existe; b) están surgiendo algunos nuevos valores; y c) se están recuperando paso a paso los libros de humor gráfico. (Ares, Arístides Hernández, psiquiatra y caricaturista, uno de los autores más reconocidos en Cuba por su obra como dibujante y también investigador) 

Las virtudes son relativas a causa de las insuficiencias editoriales de Palante y Dedeté como publicaciones guía del humorismo actual; a lo poco seductoras que muchas veces resultan ser las muestras personales y colectivas de nuestros caricaturistas; a la confusión y despiste informativo existente con todo lo relativo al humorismo gráfico de hoy que se da a diario de una punta a la otra del país, etcétera. Pero aún así, en tales circunstancias, puedo realizar una enumeración ternaria de las virtudes de nuestra caricatura contemporánea: a) cuenta con un talentoso caricaturista, quien siempre sorprende con soluciones precisas, las cuales aparecen rubricadas por solo cuatro letras, Ares; b) tenemos una pluralidad visual que se incrementa sistemáticamente por parte de los caricaturistas cubanos, tanto por los de la Isla como por aquellos que residen allende los mares; y c) en más de un punto de la geografía nacional aún dormitan nuevos talentos, que esperan por el golpe de suerte —personal y/o colectivo— para llegar a ser como sus predecesores. (Axel Li,  joven periodista, estudioso del humor gráfico y de las artes plásticas, en general) 

a) El interés que, pese a todo, sigue despertando en la gente; b) la acción constante y enriquecedora de un artista del calibre de Ares; y c) la promesa de nuevos humoristas que no dejen caer finalmente en desgracia tan rica tradición como la que tenemos. (Caridad Blanco, crítica e investigadora, curadora de notables exposiciones de humoristas gráficos) 

a) Continúa siendo, como lo fuera desde sus inicios, una poderosa arma de crítica social y de lucha contra el enemigo; b) retoma espacios perdidos durante la crisis de los pasados años; y aunque aún no tiene la fuerza de otras épocas, se siente su resurgir, incluso en nuevos soportes digitales, particularmente en Internet; y c) los estilos y líneas siguen siendo muy diversos, y algunos han logrado un buen empaste con el discurso de los medios audiovisuales y de la plástica que, sin duda, se han convertido en un importante promotor de este arte en todos los géneros y, en particular, la historieta (referente al audiovisual). (Jorge Alberto Piñero, Jape, periodista, narrador, investigador, integrante del DDT, director de televisión) 

a) La constancia de los caricaturistas ante los problemas que persisten, como la falta de espacio, criterios acerca del quehacer humorístico, etcétera; b) participación en concursos internacionales, donde los caricaturistas cubanos continúan ganando premios; y c) la búsqueda de espacios en publicaciones foráneas donde se publican con bastante asiduidad los trabajos nuestros. Hay colegas que debido a problemas surgidos en el período especial, y que todos sabemos cuáles son, están tratando, y lo han logrado, proyectar su obra en otros géneros, como la ilustración, la pintura, el grabado o el diseño sin dejar de hacer caricatura. (Lázaro Miranda (Laz), caricaturista, historietista, integrante del DDT)

a) Calidad en sus dibujantes profesionales; b) en el caso de Melaíto, una mayor apertura hacia la crítica en asuntos domésticos; y c) más participación internacional de los dibujantes con la llegada de Internet, sitios Web, concursos internacionales y diarios en otras latitudes. (
Alfredo Martirena, caricaturista, historietista, integrante del Melaíto)

El humor gráfico cubano actual creo que tiene más de tres virtudes. Sin embargo, si lo llevamos a tres, te diría: a) es existir como un arte vital y en desarrollo constante desde hace mucho tiempo, convirtiéndose ya en una tradición gráfica de nuestro pensamiento nacional. El humor gráfico cubano ha llegado, por la superación constante de sus creadores, a convertirse en uno de los movimientos más interesantes de nuestra América. En un continente que goza de una gráfica genuina y representativa, que Cuba se inserte entre los países con un movimiento de dibujo humorístico, ha requerido de un desarrollo intelectual y político y de una eficacia basada en convertir en arte toda la filosofía y el pensamiento que emana de una Revolución triunfante.

b) La calidad de nuestros humoristas y nuestro humorismo. Cuba es mundialmente conocida por la frescura de la línea de sus artistas gráficos, siendo sus caricaturistas dibujantes, indudablemente, de vanguardia en todo el mundo de la caricatura hispanoamericana. No pienso solo en la cantidad de premios internacionales recibidos por nuestros artistas, sino en lo que ya se puede considerar la “Escuela Cubana” de Humor Gráfico. Esto, como se comprende, es producto de un esfuerzo extraordinario, pues en un país pequeño con tantas dificultades impuestas por nuestros enemigos, es aún más difícil lograr que la línea de nuestro trabajo —y cuando digo línea me refiero al aspecto gráfico y al aspecto ideológico— nos lleve a una concepción del trabajo que exige más agudeza para poder llegar a todo el mundo y vencer los obstáculos que se nos imponen. Con las carencias de papel y materiales para trabajar, hemos tenido que imponer la publicación de nuestra gráfica a base de calidad; superando los tabúes y prejuicios a golpe de romper no solo el bloqueo que todos conocemos y nos hace mucho daño, sino también algunos bloqueos mentales que superamos con inteligencia, razón y perseverancia. Cada vez que un dibujo nuestro se publica en el exterior, hace pedazos todas las manifestaciones de bloqueo y de aislamiento contra Cuba.

c) Sería la eficacia de nuestra comunicación, sin hacer concesiones de ningún tipo desde el punto de vista estético. Nuestros mejores humoristas han logrado, con una línea moderna a la altura de los países más desarrollados en este género, transmitir las ideas de avanzada y toda la esencia de la ideología de nuestra Revolución en todas partes del mundo. Sentimientos como la solidaridad han sido y serán temática central en los dibujos de nuestros compañeros. No por un camino fácil, sino por el camino del arte, la cultura y la razón.

 

Y digo más de tres virtudes porque no solo es en cantidad, sino en su calidad. Por ejemplo, las nuevas generaciones que se han sucedido a través de nuestra historia revolucionaria, como son los jóvenes surgidos en las promociones de los diferentes centros culturales del país, así como la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) con sus clases, seminarios, cursos y la Cátedra de Humor de la Escuela Internacional de Periodismo José Martí. En los periódicos provinciales y nacionales de nuestra prensa, los nuevos caricaturistas han alcanzado logros tanto dentro de nuestro país, como internacionalmente. Una temática novedosa surgida con los nuevos conceptos revolucionarios ha sido la creación de un movimiento espontáneo del caricaturista que ha utilizado su arte para colaborar en la Educación Formal, de forma amena e instructiva, y así las instituciones y organizaciones han tenido un aliado en el humorismo gráfico para la educación y orientación en muchos aspectos importantes para niños y jóvenes. (René de la Nuez, caricaturista creador de El Loquito, un personaje emblemático en Cuba) 

a) Creo que la virtud más importante es que, a pesar de que el humorismo como disciplina ha sufrido graves afectaciones, entre otras causas por las precariedades económicas impuestas por el período especial, gracias a su rica y extensa tradición se ha continuado desarrollando y se garantiza, aunque muy incipientemente, el relevo. Y la otra virtud, y que no está necesariamente ligada a los humoristas, es que tras la ausencia o escasez de espacios para este tipo de arte visual, está la idiosincrasia del cubano que mantiene despierta la avidez, la demanda del chiste impreso... aunque sea para, quizá, construir una nueva burla sobre él mismo. (Ramiro Zardoyas, representante de una joven generación de humoristas gráficos)

De los defectos estos creadores también hablaron: les preocupa el relevo,  que no existe suficiente espacio para publicar, algunos creadores siguen usando formas anquilosadas, no se utiliza suficientemente Internet, la prensa no le ha dado aún el valor que merece el humorismo gráfico y se sigue pensando en esta disciplina como un arte menor.

Más allá de estos justos reclamos, lo cierto es que el humorismo gráfico en Cuba, especialmente en el cartón, ha sido y es bueno; pero pudiera ser mejor. Para lograr tan importante fin se necesitaría no solo de mayores y mejores espacios, sino del uso de todos los talentos y la jerarquización de la calidad. Autores hay suficientes en la Isla, solo necesitan unirse y retomar una marcha acorde con los nuevos tiempos.

 

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