¡Que la vida amanezca!
I
Solo el cielo en suspenso.
Callada su vasta extensión.
Solo el agua en reposo.
El mar solo y tranquilo.
Ni pájaros ni peces,
ni árboles ni piedras.
Solo el corazón del cielo,
rodeado de noche.
¡Que amanezca el día!
¡Que la vida amanezca!
II
—Se
desparramó el maíz.
—Creció
del agua y de la tierra.
—De
mis manos, de mis brazos,
de mi sudor creció.
—Su
cabeza alcé para mirar
al corazón del cielo.
—¡Se envanece con el sol
como metal precioso!
—
Si de maíz amarillo y de maíz
blanco se hizo mi carne
De masa de maíz hicieron
mis brazos y mis piernas.
Únicamente masa de maíz entró
en la carne de nuestros padres.
—Le
abro surcos. Cuido su planta.
Le llamó sol y le llamó luna.
—Es
mi boca su portal.
Edmundo Aray. Venezuela, 1936.
Cuentista, poeta, investigador, director, editor,
cineasta y ensayista. Ha publicado, entre otros, los
libros de poesía: La hija de Raghú (1957),
Nadie quiere descansar (1961), Tierra Roja,
Tierra Negra (1968), Cambio de soles
(1969), Libro de héroes (1971), Cantata
del Monte Sagrado (1983).
Cementerio con palabras
(poema a mi padre)
Quedarme adentro de los ojos de mi padre,
leerlo con la memoria,
leerle la cabeza y quedarme allí.
Me he quedado ciega sin el lago
de sus ojos.
Quevedo dice que se pueden leer los ojos
de los muertos.
Toco el azul que cruza la palabra meridional
y entonces abro la intuición que me lleve al
infinito.
La muerte se lee con el cuerpo
es una lectura física la muerte.
En aquellos trenes que llevaban
pájaros
y en esa interminable siesta
bajo el durazno, está mi padre.
recuerdo que mis ojos cruzaban
desde el río al cielo
la inocencia
de nuestros teros.
Cuando murió mi padre
las palabras crecieron bajo su tumba.
Pudo leer mi libro Diabla antes de morir.
Cuando Paulo murió Diabla nacía
y el cementerio se hizo palabra.
Fue la palabra más potente que pronuncié en mi vida
de lectora,
fue del grito al silencio y luego el abismo.
Mi padre está muerto y yo leo su palabra
en mi palabra,
miro mis ojos delgados y veo los ojos de mi padre.
Padre estás muerto sin tus zorzales
y tus zorzales me cantan y me silban
canciones de amor y de alegría.
Padre te leo.
Padre te escucho.
Graciela Nidia Aráoz. Argentina.
Poetisa e investigadora argentina. Reside en la
ciudad de Buenos Aires. Obtuvo el Primer Premio
Tiflos de Poesía 1986, España; el Primer Premio de
Poesía Vicente Aleixandre, España, 1988 y el Segundo
Premio Carmen Conde, por su libro Itinerario del
fuego, Madrid, España, 1989. Actualmente es
Presidenta de la Sociedad de Escritoras y Escritores
de la Argentina.
Poema número mil para una mujer que jamás leyó
ninguno
Después de mil noches anclado en la bahía del
correo,
después de 999 poemas devueltos
en sobres sin abrir,
te fuiste diluyendo
como el agua o el viento.
Es que no quisiste perderte en mi bosque
y rodeaste todos los caminos
Después de traerte la flamígera espada
del ángel que custodia el paraíso,
desenterrar un meteorito
para compararlo con tus ojos.
Después de la tierra, el sueño
la caída de tres dinastías y un imperio,
te escribo este último poema
con método de hormiga laboriosa
cuyo único salario
—no
pequeño—
será
el sosiego de terminar este desvarío
con un número redondo como el sol.
Benjamín Chávez. Bolivia, 1971.
Reside en La Paz. Ha publicado los poemarios:
Prehistorias del androide, 1994; Con la misma
tijera, 1999; Santo sin devoción, 2000;
Y allá en lo alto un pedazo de cielo, 2003;
Extramuros, 2004; Pequeña librería de
viejo, 2007, Premio Nacional de Poesía. Es
editor de la revista de literatura La Mariposa
Mundial y del suplemento literario El Duende.
El tigre mental
En el vacío, solo el tigre permanece.
En oídos finos, no existe el
bullicio.
Escuchar a la fiera carnicera
que camina ensimismada en su vaivén,
descendiendo invisible y perfecta
por las hojas de los lotos que cubren la laguna,
es una utopía comparable a la sombra
que ejercemos con fervor de novatos
en el arte de hablar desde la jaula.
En el vacío, solo el tigre se desplaza..
En oídos finos, no existe el bullicio del follaje.
El felino no es doméstico, es un gato mayúsculo;
como ha vagado demasiado
por la inmensidad de la mente
creemos escuchar rugidos en las noches.
Son temores, lector. Solo zarpazos.
Para crear mitos, el miedo es necesario;
crear uno,
se vuelve imprescindible.
La misión de un hombre
Un hombre es un hombre
en cualquier parte del universo
si todavía respira.
No importa que le hayan
quitado las piernas
para que no camine.
No importa que le hayan
quitado los brazos
para que no trabaje.
No importa que le hayan
quitado el corazón
para que no cante.
Nada de eso importa,
por cuanto,
un hombre es un hombre
en cualquier parte del universo
si todavía respira
y si todavía respira
debe inventar unas piernas,
unos brazos, un corazón,
para luchar por el mundo.
José María Memet. Nació en Neuquén
(República Argentina) en 1957. Se nacionalizó
chileno en 1970. Ha publicado los libros: Poemas
crucificados, 1977; Bajo amenaza, 1979;
Cualquiera de nosotros, 1980; Los gestos
de otra vida, 1985; Canto de gallos al
amanecer, 1986; La casa de la ficción y otros
poemas, 1988; El duelo, 1994; Un
animal noble y hermoso cercado entre ballestas,
1995.
Oda al pasto
Esta es
la zaga
del pasto.
Aire verde de horizontes internos. Claro de luz en
oscuros troncos. Hongo de esporas que caducan
erguidas entre la espesa cabellera de una indómita
tierra. Cubre este cráneo nutriente. Esponja que
absorbe la savia y se peina.
Al viento
cierne. Al
agua invade.
Hojas de pasto que plantadas crecen velocidad de
campos. Extensiones que te acercan a las raíces. Que
te ancestran. Los dedos te rozan, oh pasto, alimento
de sí mismo.
Lecho de
un Orfeo
sonámbulo.
Antonieta Villamil. Colombia, 1962.
Ha publicado los libros de poemas: Traigo como
arena en los ojos un poema inmenso; Suave y
lento y Razones de la señora bien y veinte
poemas bastardos. Actualmente reside en la
ciudad de Los Ángeles. Dirige la Editorial The
Golden Frog Press, la Revista de Poesía Morada al
Sur y coordina proyectos y publicaciones para la
Poetry Society of America en Los Ángeles.
A mí me dicen ilusa
A mí me dicen ilusa
y es cierto...
y lo cierto es mejor no negarlo.
A mí me dicen poeta,
caminante entre los sueños.
Me dicen tantas cosas,
que a veces creo que es verdad.
Pero en el fondo me aman...
soy como ese mar que regresa,
que nunca huye.
Soy una princesa,
un alma fugitiva de las almas clandestinas.
A mí me dicen que soy como mi padre,
que guardo su fachada en cada esfera,|
que soy la espuma de sus ojos
esos ojos que son sabios,
retumbantes compañeros
A mí me dicen muchas cosas
a veces las creo...
Fueron otros los de fango
He tenido tantos niños,
tantas casas.
Fueron
y se fueron los de Paja
los de Alfalfa.
¿Y tú,
qué haces despierto a esta hora?
Escapo al temporal.
El Niño de Barro
tiene la piel de barro
hace aviones de papel
los lanza desde su casita del árbol.
Se acerca.
—Quiero
que viajes en mi avión—
Le explico que no hace falta
tengo alas.
Pero insiste.
Los Niños de Barro siempre insisten.
Paola Valverde Alier. Costa Rica,
1984.
Tres libros inéditos:
Princesa,
fabricada por abejas y La quinta esquina
del cuadrilátero.
Creadora del sueño “Rayuela Bar y
Restaurante” en conjunto con Dennis Ávila. Gestora
cultural, dictó cuatro años un taller de poesía en
la cárcel La Reforma. Actualmente coordina junto con
Norberto Salinas el Festival Internacional de Poesía
de Costa Rica.
Memorial
uno
vuelve al lugar donde dejó su vida
cuando todo tenía la misma edad del alba
deja caer sus pasos
sobre pasos que ya no nos resisten
mira el reloj del pueblo
y están las mismas horas que urgieron nuestra
infancia
alguien nos besa dulce una mejilla
y en la otra sentimos los golpes del olvido
y no hay madre que diga te esperábamos siempre
ni padre que nos cobre a regaños la ausencia
en manso oleaje el tiempo nos devuelve al origen
está aquella la casa
la criatura llorando por bocado
y el patio con abuelos esperando la muerte a todas
horas
uno vuelve y no hay perro que alegre su cola por
nosotros
no hay quien diga siquiera es duro este lugar por
qué
volviste
solo antiguas preguntas y lo mismo terrible
la iglesia y sus mendigos
el espanto y sus jueces
el silencio y su estirpe faltándoles el respeto a
las estatuas
(el mundo apenas nuestro qué jodida)
la rabia no es igual crece sin tregua
está fiera
—en
acecho
y por dentro nos dice
no es posible el perdón a estas alturas
Rigoberto Paredes. Honduras, 1948.
Tiene publicados los libros de poesía: En lugar
de los hechos, 1974; Las cosas por su nombre;
Materia prima, 1985; Fuego lento,
antología personal, 1989; La estación perdida,
2001. Coautor del volumen antológico Poesía
contemporánea de Centro América.
Amanecí
Amanecí
con la sensación de tus manos en mi cintura
me estremeciste el alma,
se izaron veredas sobre mis colinas
en mis llanos saturados de guerras continuas
sin artimañas.
Me levanto
con el sigilo de tus dedos enredados en mi cuerpo
y el sorbo del café sobre mi boca
evocando en cada trago
la pureza de tu beso en mis labios.
Una brisa rumorea a mi espalda
nada es cierto
pero me ha dejado un río sonoro de aves
en mis pechos.
Vilma Reyes Díaz. Puerto Rico, 1958.
Poetisa. Hizo su maestría en Educación en la
Universidad Interamericana de Puerto Rico. Cursa el
Doctorado en Literatura Hispanoamericana en la
Universidad de Puerto Rico. Fundadora y Directora
del foro de Poesía Canto Poético.
Homo sentiens
I
Y te arrancas de la infancia cuando piensas por
primera vez en el destino:
Del amor al todavía te encaminas al amor por los
demás,
De la piel adormecida te levantas para raza de la
noche
Y en la lengua distribuyes los arpegios de la
muerte,
Porque ya no crece el cuerpo en donde el fin se
extiende,
Ya no crece el cuerpo,
Crece el fin.
II
Y es entonces cuando naces del anhelo como antaño de
la víscera,
Y te nutres, criatura intrascendente, con la nata de
los hechos:
Frágil párvulo en la idea,
Núbil te acostumbras a una convicción.
Y de pronto, adolescente,
Sientes la atracción de los patíbulos sobre el tibio
palomar de una mirada.
Y de pronto: hombre,
Hombre al asolar las suavidades:
Un paréntesis de escarnios en la férula del mundo,
Una hueste de epitelios acercándose al hollín.
III
Y consigues de repente una presencia:
Ya no crece el cuerpo,
Crece el fin…
Cristian Avecillas. Ecuador, 1977.
Poeta, actor y dramaturgo. Miembro fundador del
Grupo Teatromiento. Premio Nacional de Poesía 2008,
con el libro Ecce Homo II. Mención de Honor,
Casa de las Américas, Cuba, 2008, con el libro
Todos los cadáveres soy yo.
23
Cuando todos los dioses se han muerto
y ya se escriben con minúsculas,
cuando no queda ya lugar para el cansancio
y el amor se abarata
deshojando su espera que es inútil costumbre;
cuando hasta el verso languidece
porque la tarde tiene el color de la nada
y hay una pena niña que ya nadie recuerda;
cuando la noche otra vez sobreviene
como un inmenso pozo negro;
cuando todas las voces callaron
y la tuya no llama,
solo puedo arañar el silencio
y quererte.
Susy Delgado. Paraguay, 1949.
Periodista y escritora bilingüe. Dirige el área
cultural del diario La Nación y tiene en su
haber seis libros: Algún extraviado temblor;
Tesarái mboyve (Antes del olvido);
El patio de los duendes; Tataypype
(Junto al fuego); Sobre el beso del viento;
y La rebelión del papel. Fue primera
finalista en el Concurso de Literaturas Indígenas de
Casa de las Américas, Cuba, en 1991.
Muerte en la arena
Con banderas y estandartes,
empieza la fiesta brava.
Son espuelas los jinetes
para una tarde nublada.
De luces llega el torero
al redondel de la plaza,
sedienta de sangre y muerte,
la muchedumbre lo aclama.
El torero brinda el toro,
saca la filosa espada;
las piedades de la muerte
dolientes mugidos claman.
De hilo rojo las madejas
desde su lomo colgaban;
chorros eran de borgoña
para el torero en la capa.
La plaza se puso lánguida
como una tarde nublada,
redonda como la luna
la noche se hizo pesada.
Margarita García Zenteno. México. Ha
publicado dos poemarios y dos plaquettes de cuento
infantil. Ganadora de Mención Honorífica en el
Concurso de Haikú, convocado por Japan Airlines
(1993). Mención Honorífica en el Concurso de Poesía
Breve de la Revista La pluma del ganso", en
1998. Premio Jalisco El charro de oro que otorga la
revista Jalisco.
Selección de poetas latinoamericanos participantes en el
15 Festival Internacional de Poesía de La Habana 2010