Año IX
La Habana
2010

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As de espada
Josefina Ortega • La Habana
Foto: Cortesía de la autora


Le llamaban el Caballero de la espada. Dicen que podía competir sin necesidad de jueces. Así lo reconocieron hasta sus propios rivales, pues en ocasiones, al sentirse tocado y no ser apreciado por los jueces, Ramón Fonst levantaba el brazo y señalaba el golpe.

Su vida fue tan fascinante como las de los más célebres personajes de las novelas de capa y espada. Asombró a las multitudes. Fue nuestro primer campeón olímpico.

Tal suceso tuvo lugar el jueves 14 de junio de 1900, cuando Cuba presentó las primeras credenciales olímpicas en los Juegos de París. Los majestuosos jardines de Las Tullerías serían el escenario de la gran final de espada.

Al antillano ya lo precedía una aureola de triunfos. Y deslumbraba también como el de más prestancia entre los contendientes. Pelo negro, alto, de agilidad prodigiosa, recia musculatura y largas extremidades.

La sala se encontraba abarrotada, y cuando los dos esgrimistas, adoptaron la posición de “en garde”, luego del saludo, se hizo un descomunal silencio. Lo que sigue es harto conocido: el criollo, en un derroche de técnica y coraje, “lanza un enérgico ‘battement’ en cuarta, seguido de un veloz golpe recto que alcanza en pleno pecho a su rival y… ¡clava la punta limpiamente!”.

Los jueces no tienen otra disyuntiva que dar su voto al cubano.

Tres veces el representante de Nuestra América ha tocado al francés Louis Perré para alcanzar la victoria. Sus admiradores lo llevan en andas. Todos lo agasajan. Es el triunfador del momento.

Y cosas de la vida, como dice su biógrafa y destacada esgrimista Irene Forbes en su hermoso libro As de espada, “casi nadie sabe con certeza dónde queda Cuba, la pequeña isla, patria amada del flamante titular olímpico”.

Victorias y más victorias

Nacido en La Habana, en cuna opulenta, el 31 de agosto de 1883, desde niño mostró cualidades fuera de lo común para el deporte. Bajo la guía de su padre Filiberto Fonst, a la sazón destacado esgrimista, dio los primeros pasos en el arte de las estocadas en el Club Gimnástico, situado en la calle de Prado número 86.

En 1890 la familia se trasladó a París, y don Filiberto aprovechó la ocasión para poner al vástago en manos de dos excelentes profesores de esgrima: el francés Albert Ayat y el italiano Antonio Conte.

Los resultados no se harían aguardar.

Recién cumplidos los diez, el jovencito en cuestión, zurdo por más señas, gana el primer premio en la competición de florete organizada por el Liceo de Janson de Sailly, en París. Victoria tras victoria obtendrá el novel espadachín, quien aventajado además en ciclismo, pistola y boxeo francés, gana medallas de oro en estas especialidades. Pero, sin duda alguna, sus momentos más estelares los vivirá en la esgrima donde impone su clase.

Entre las citas olímpicas de París, 1900, la II, y San Luis, 1904, la III, Ramón Fonst realiza la gran proeza de conquistar cinco medallas de oro, individual y colectivo, cifra que ningún otro deportista cubano ha igualado.

En el 1er. Juego Centroamericano (México-1926) alcanza el oro en florete, sable y espada. En la segunda edición de este clásico regional (La Habana-1930), próximo a los 48 años de edad, casi repite la hazaña, pero falla en sable por una lesión en el tobillo. Aquí, mejora su propio récord mundial implantado en Ostende, Bélgica, en 1904, al realizar 25 asaltos consecutivos sin ser tocado. En los IV Juegos (Panamá-1938) logra oro por equipo en espada y plata en florete. Es el más veterano. Tiene 55 años.

Hombre de honor intachable

Al retirarse como deportista en activo, el prodigioso campeón se consagró al impulso de la esgrima en la patria que lo vio nacer.

Su trayectoria ejemplar lo hizo acreedor de importantes condecoraciones como Caballero de la Legión de Honor de Francia, la Gran Cruz de la Orden Carlos Manuel de Céspedes y la Orden de Mérito Esgrimístico Ramón Fonst, entregada por la Federación Amateurs de Esgrima de Cuba al propio deportista en cuyo honor se instauró .

Ramón Fonst falleció en su ciudad natal el 10 de septiembre de 1959.

Sobre la vida de este legendario deportista los Estudios Mundo Latino filmaron no hace mucho un documental asesorado por su biógrafa Irene Forbes, quien calificó de muy valioso este trabajo, pues Fonst, como reconoció ella además de ser un magnífico atleta, fue un hombre de honor intachable, sobre quien se debe dar a conocer su profunda cubanía.

Ejemplos sobran, como cuando después del paso del ciclón de 1926, a su regreso de los Juegos Centroamericanos de México, al encontrar todo desolado realizó una exhibición para recaudar fondos con vistas a ayudar a los damnificados, mientras su propia casa estaba dañada. Además, a pesar de su posición adinerada, fue amigo de Kid Chocolate y nunca mantuvo actitudes racistas.

No por gusto le llamaban el Caballero de la espada.

 
 
 

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La Habana, Cuba. 2010.
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