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Atravesar puertas implica una multitud
de interrogantes, muchas de ellas sin
respuestas previas. Pero en esta
ocasión, conocemos de antemano, que
vamos al encuentro de un hecho cultural
emblemático.
Se trata de la cantautora Liuba María
Hevia quien con la presentación del CD
Puertas (Bis Music 2009), invita
a compartir un universo cargado de
sentido artístico como este recreado
desde una identidad tan propia. En tal
sentido, hacer un disco para
personalidades de la talla de Liuba es
lo mismo que sufrir un estado de
desangramiento espiritual inevitable,
por la acción de vibrantes sensaciones
que solo se detienen con el último
acorde de la última canción grabada.
Pero para nuestra sorpresa, al valorar
esta última entrega discográfica de
Liuba, descubrimos que no solo estamos
ante un nuevo disco, sino además
concebido desde perspectivas creativas
más audaces; pero con la posibilidad de
correr el riesgo de la incomprensión,
aventura que no cualquier artista está
preparado para afrontar.
Como en ninguno de sus anteriores
trabajos, para este, Liuba ha vaciado el
arca con la reserva de su lírica, al
abrir las compuertas a una pasión
contenida en los genes de nuestra
especie. Desde que se comienza a
escuchar el disco Puertas, hemos
entrado a un templo que reclama
respetuosa atención por la devoción
practicada.
En ocasiones, pudiéramos creer que se
trata de la música cantada por monjes en
elevadas montañas para pedir por el
predominio del bien; pero a la vez se
identifica como aquellas canciones que
se dejaron grabadas para perpetuar el
testimonio de que no todos los seres
humanos estuvimos de acuerdo con
destruir el planeta o simplemente es el
disco que se escucharía una y otra vez
al lado de la persona amada.
El brillante colorido y las graciosas
formas de semejantes sentimientos
navegan hacia nosotros, guiados por la
dulzura de un cálido cantar que añoramos
aprehender entre las profundas
aspiraciones del alma. Es tal la
hermosura desbordada en estas canciones
de Liuba, que hacen las veces de
serpentinas y confetis de animado
jolgorio al celebrar satisfechos el buen
gusto, el mesurado equilibrio y la
excelencia del terminado que las
distingue.
Todas estas alabanzas conducirían al
cuestionamiento de una media establecida
en la cual se reconoce como hits solo
aquellas exitosas canciones propias de
la música comercial, por la
inconfundible ligereza de su elaboración
e inmediata y fácil asimilación por
parte de un público que las asume para
condenarlas al olvido tan pronto
aparezcan otras.
En realidad, el término de hit no debe
de ser privativo de ningún tipo de
música porque con las canciones del
disco Puertas estamos ante un
suceso comercial; pero a cargo de hits
caracterizados por el rigor, la
creatividad y la autenticidad de una
obra dirigida a mercados otros, donde
la popularidad derivada del éxito
permanece lo suficientemente anclada
como para no andar extraviada por los
aires.
El encantamiento de títulos como “Lo
invisible”, “Se fueron”, “Con los hilos
de la luna”, “Tristeza” y “Se busca,
es provocado por estos sendos
manifiestos de infinito cariño que
garantizan la necesaria permanencia de
sonoridades particularmente amables en
los convulsos tiempos que vivimos.
Para nada resultaría un lugar común
reiterar que en el caso del CD
Puertas, como en cada disco de Liuba
María Hevia, se participa de un acto de
fe al recibir lo mejor que ella entrega.
Por tanto, no nos pidas, como haces en
la canción “Se busca”, que se descubra
con urgencia lo bueno que hay en ti
porque siempre nos lo has mostrado en
tus canciones.
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