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Con la proyección de la exitosa
Celda 211 (2009) de Daniel Monzón,
dio inicio el viernes en la noche en la
sala “Chaplin” de la Cinemateca de Cuba
la segunda edición del ciclo Cine
español del nuevo milenio, que se
extenderá hasta el último día de mayo.
A su vez, en el lobby del cine puede
apreciarse la bien curada exposición
“Juan de Orduña: locura de amor por
el cine”, a cargo del cineasta
Antonio Jiménez-Rico y Lourdes de
Orduña que dio paso el sábado a la
proyección del filme Alba de
América, de ese prestigioso
director.
En realidad, ninguna opción mejor
para dejar inaugurada esta muestra
de cortos y largos recientes que
llegan de la Madre Patria como
Celda 211, adaptación de la
novela de Francisco Pérez Gandul que
obtuviera 8 premios Goya y varios
galardones significativos allá.
Drama carcelario que hereda lo mejor
del canon, Celda 211 es sin
embargo, mucho más que las
peripecias habituales de reclusos
rebeldes, policías corruptos y
conflictos entre sumisión y poder;
la cinta discursa sobre todo, acerca
de la solidaridad humana en
condiciones límite, a partir de un
cambio de identidad: el
joven funcionario Juan llega un día
antes de lo asignado a la prisión y
se ve enrolado en un motín donde la
única solución que se le ocurre es
hacerse pasar por preso; entre él y
el líder de la prisión (Malamadre)
surgirá a partir de entonces una
relación de complicidad, admiración
y creciente simpatía que trasciende
incluso el descubrimiento final de
la verdad.
Aunque la cinta es impecable en su
morfología y funciona como una
admirable muestra del género (ritmo
sostenido, fluidez diegética, inteligente
tratamiento de cámara…) lo mejor a
mi juicio radica en esa conformación
de personajes y relaciones entre los
mismos, pues más allá de los
protagonistas están los otros
reclusos con sus intrigas y luchas
internas de poderes, los guardianes
y funcionarios y hasta el conflicto
con varios terroristas vascos
también prisioneros que coloca muy
sutilmente, pero de modo nada
forzado, el tema político en medio
del relato.
Como si fuera poco, están las
actuaciones, y claro que el jefazo
de los presos, el impecable
Malamadre sube a la piel de un
insuperable Luis Tosar, a quien
secundan notablemente el debutante
Alberto Ammann (Juan) y otros ya
conocidos y de probada valía
histriónica (Antonio Resines, Marta
Etura…).
A propósito, la Etura (galardonada
también en los Goya como actriz de
reparto) es en el filme la esposa
embarazada del joven funcionario, y
bien visto, prácticamente todo el
panorama fílmico que se incluye en
esta muestra está relacionado, de un
modo u otro, con el tema: No-do
(2009, Elio Quiroga) sigue la vida
de una pediatra que tras el
nacimiento de su nuevo hijo comienza
a sufrir una depresión posparto; en
Hierro (2009, Gabe Ibáñez)
María pierde a su hijo sin que nadie
puede explicarle qué ha ocurrido;
La vergüenza (2009, David
Planell) toca el ítem desde el
complejo lado de la adopción, cuando
un matrimonio decide devolver el
niño que recibieron un año atrás,
mientras en Fuera de carta
(2008, Nacho G. Velilla) Maxi es un
chef gay que hace tiempo salió del
armario y que desde la muerte de su
esposa se ocupa de los dos hijos con
los cuales (sobre todo con el varón
adolescente) lleva una relación
conflictiva.
Claro que otros interesantes rubros
conforman el resto de las
propuestas: el terror clásico en
Rec (2007, Jaume Balagueró y
Paco Plaza), “horror minimalista” en
El rey de la montaña (2007,
Gonzalo López-Gallego) o un thriller
relacionado con tasación de muebles
antiguos (La herencia Valdemar,
2010, José Luis Alemán) están
también presentes, junto con un
documental (To shoot an elephant)
y varios cortos, de los cuales
hablaremos en próximos comentarios.
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