Año IX
La Habana
2010

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Buenas nuevas sobre el órgano oriental
Josefina Ortega • La Habana
Foto: Cortesía de la autora


Lo dije en esta sección hace unos años: “Es raro el cubano que no haya bailado alguna vez con el órgano oriental, ni haya disfrutado de eso que un gracioso, siempre los hay, llamó ‘música molida’ — también ‘notas batidas’—, por el parecido que tiene su accionar con el de un molino.

“El apellido oriental le fue puesto en el occidente de la Isla por su florecimiento en la antigua provincia de Oriente, aunque fuera invariable la tradición de hacerle un bautizo y ponerle un nombre propio —por ejemplo, ‘El jorocón’— y que llevaría en su frontal hasta las ‘últimas notas de su vida’.

“Hoy es célebre en toda Cuba; sigue siendo el celebérrimo, prodigioso y cubano órgano oriental, a pesar de que muchos lo ven solo como un divertido artefacto folclórico cuando en realidad —parafraseando a Ignacio Piñeiro—, bien pudiera decirse que es otro de los modos más sublimes para el alma divertir.”

Grande fue mi regocijo, pues al conocer que para mantener la tradición melódica de este popularísimo instrumento musical, se inauguró recientemente en la ciudad de Manzanillo, en la provincia de Granma, una fábrica destinada a la construcción y reparación del llamado, con toda razón, el Señor de la música molida.

Mejor lugar no pudo ser escogido para asentar la referida entidad que, según referencias, en 2010 laborará en la recuperación de unos diez instrumentos inutilizados por roturas, y en el venidero 2011 comenzará su producción. ¡Enhorabuena! Ya lo dice el pegajoso estribillo saboreado por nuestros mayores: “En Manzanillo se baila el son, en calzoncillos y en camisón”.

Nacido para el culto y la veneración religiosos, el órgano “se nacionalizó ciudadano manzanillero”, como bien dicen los estudiosos Icel Falagán y Delio Orozco, en un prodigioso proceso de criollización en esa musicalísima región del oriente cubano al acompañarle con el bongó, el güiro y las tumbadoras. Ya lo dice el estribillo: “En Manzanillo se baila el son, desde el bautizo a la extremaunción”.

De esta forma el órgano se transformó con sus piezas musicales de cartón al programar nuestros ritmos, en especial el son, en el rey y señor de los de los bailes y jolgorios de la región manzanillera desde donde por ventura se esparció su simiente inicial.

Ya lo dije en esta sección: “Durante muchos años creí que la pieza por excelencia para estos órganos  era ‘El golpe de Bibijagua’, pero su autor, el legendario trompetista cubano Julio Cueva, la compuso para orquesta típica  ―Rita Montaner haría una sabrosa versión―,  y alguien consideró después que llevarla al pentagrama  ―o mejor, al ‘cartongrama’ ― sería una buena idea.

“Desde entonces todo órgano de manija que se respete debe haber tenido en su repertorio ‘El golpe de Bibijagua’, aunque esto, claro, puede ser solo una trampa de la nostalgia.

“El invento ha resultado fenomenal y nadie imaginó que el pequeño organillo parisién sería la base de tal creación.”

Por cierto, la fecha más antigua de la que se tiene noticia, sobre la presencia del órgano en la región del Guacanayabo, data de 1876, cuando un Jefe Inspector de Policía llamado Juan Caldas confeccionó una relación de los bailes en la ciudad del referido instrumento en noviembre de ese año.

Y todo parece indicar, según Icel Falagán y Delio Orozco, en su volumen El órgano oriental: señor de la música molida, editado por Orto en 2009, que fue don Santiago Fornaris (1840-1955) el primero en traer un órgano a Manzanillo —luego que conoció de su presencia en Cienfuegos, al sur de la región central de la Isla—, y no Francisco Borbolla ni los hermanos Ajo como se ha afirmado en diferentes ocasiones. “Aunque, —como especifican los autores— preciso es reconocer a los otros también, especialmente a Pancho Borbolla y sus hijos, a quienes les corresponden méritos incuestionables como el haber contribuido decididamente a su criollización o tropicalización; por cuanto, son ellos los primeros que componen música para órgano”.

Justo es agradecer también a los hermanos Ajo, de Holguín, los que realizaron valiosas innovaciones en este instrumento de tan fuerte arraigo popular.

Los descendientes de unos y otros han mantenido en el transcurso del tiempo esta tradición cultural tan gustada en la Isla.

 
 
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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