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Lo dije en esta sección hace
unos años: “Es raro el cubano
que no haya bailado alguna vez
con el órgano oriental, ni haya
disfrutado de eso que un
gracioso, siempre los hay, llamó
‘música molida’ — también ‘notas
batidas’—, por el parecido que
tiene su accionar con el de un
molino.
“El apellido oriental le fue
puesto en el occidente de la
Isla por su florecimiento en la
antigua provincia de Oriente,
aunque fuera invariable la
tradición de hacerle un bautizo
y ponerle un nombre propio —por
ejemplo, ‘El jorocón’— y que
llevaría en su frontal hasta las
‘últimas notas de su vida’.
“Hoy es célebre en toda Cuba;
sigue siendo el celebérrimo,
prodigioso y cubano órgano
oriental, a pesar de que muchos
lo ven solo como un divertido
artefacto folclórico cuando en
realidad —parafraseando a
Ignacio Piñeiro—, bien pudiera
decirse que es otro de los modos
más sublimes para el alma
divertir.”
Grande fue mi regocijo, pues al
conocer que para mantener la
tradición melódica de este
popularísimo instrumento
musical, se inauguró
recientemente en la ciudad de
Manzanillo, en la provincia de
Granma, una fábrica destinada a
la construcción y reparación del
llamado, con toda razón, el
Señor de la música molida.
Mejor lugar no pudo ser escogido
para asentar la referida entidad
que, según referencias, en 2010
laborará en la recuperación de
unos diez instrumentos
inutilizados por roturas, y en
el venidero 2011 comenzará su
producción. ¡Enhorabuena! Ya lo
dice el pegajoso estribillo
saboreado por nuestros mayores:
“En Manzanillo se baila el son,
en calzoncillos y en camisón”.
Nacido para el culto y la
veneración religiosos, el órgano
“se nacionalizó ciudadano
manzanillero”, como bien dicen
los estudiosos Icel Falagán y
Delio Orozco, en un prodigioso
proceso de criollización en esa
musicalísima región del oriente
cubano al acompañarle con el
bongó, el güiro y las
tumbadoras. Ya lo dice el
estribillo: “En Manzanillo se
baila el son, desde el bautizo a
la extremaunción”.
De esta forma el órgano se
transformó con sus piezas
musicales de cartón al programar
nuestros ritmos, en especial el
son, en el rey y señor de los de
los bailes y jolgorios de la
región manzanillera desde donde
por ventura se esparció su
simiente inicial.
Ya lo dije en esta sección:
“Durante muchos años creí que la
pieza por excelencia para estos
órganos era ‘El golpe de
Bibijagua’, pero su autor, el
legendario trompetista cubano
Julio Cueva, la compuso para
orquesta típica ―Rita Montaner
haría una sabrosa versión―, y
alguien consideró después que
llevarla al pentagrama ―o
mejor, al ‘cartongrama’ ― sería
una buena idea.
“Desde entonces todo órgano de
manija que se respete debe haber
tenido en su repertorio ‘El
golpe de Bibijagua’, aunque
esto, claro, puede ser solo una
trampa de la nostalgia.
“El invento ha resultado
fenomenal y nadie imaginó que el
pequeño organillo parisién sería
la base de tal creación.”
Por cierto, la fecha más antigua
de la que se tiene noticia,
sobre la presencia del órgano en
la región del Guacanayabo, data
de 1876, cuando un Jefe
Inspector de Policía llamado
Juan Caldas confeccionó una
relación de los bailes en la
ciudad del referido instrumento
en noviembre de ese año.
Y todo parece indicar, según
Icel Falagán y Delio Orozco, en
su volumen El órgano
oriental: señor de la música molida,
editado por Orto en 2009, que
fue don Santiago Fornaris
(1840-1955) el primero en traer
un órgano a Manzanillo —luego
que conoció de su presencia en
Cienfuegos, al sur de la región
central de la Isla—, y no
Francisco Borbolla ni los
hermanos Ajo como se ha afirmado
en diferentes ocasiones.
“Aunque, —como especifican los
autores— preciso es reconocer a
los otros también, especialmente
a Pancho Borbolla y sus hijos, a
quienes les corresponden méritos
incuestionables como el haber
contribuido decididamente a su
criollización o tropicalización;
por cuanto, son ellos los
primeros que componen música
para órgano”.
Justo es agradecer también a los
hermanos Ajo, de Holguín, los
que realizaron valiosas
innovaciones en este instrumento
de tan fuerte arraigo popular.
Los descendientes de unos y
otros han mantenido en el
transcurso del tiempo esta
tradición cultural tan gustada
en la Isla. |