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Hay artistas que como cometas, uno sabe
de ellos, pero no ha sentido la dicha de
tenerlos cerca. En tal sentido, ¿desde
cuándo he oído hablar de Bobby Carcassés?
Pudiera decir que desde siempre; pero es
ahora, gracias a este magnífico evento
que es las Romerías de Mayo, en Holguín,
puedo tener a mi lado a este maravilloso
cometa de Bobby, y decirle todos los
elogios que se merece.
En primer lugar, valdría la pena
preguntarse qué poderoso antivirus tiene
su sensibilidad artística que le ha
permitido mantener su línea de trabajo
con una sinceridad impresionante desde
que comenzara en estos asuntos de la
música. Quizás la respuesta podemos
encontrarla en su fe por una propuesta
estética a la que jamás ha renunciado.
Bobby representa a una pléyade de
músicos cubanos de aquí y de allá que
por encima del conflicto bilateral han
enlazado, y enlazan aún hoy, los ámbitos
fundamentales de las culturas cubana y
norteamericana en un sólido camino hacia
la comunicación y la comprensión que
tanto enriquece a nuestros pueblos.
Bobby Carcassés es heredero por derecho
propio de aquellos contactos,
intercambios y préstamos recíprocos de
los que se tienen noticias, desde
finales del siglo XIX, acerca de los
músicos cubanos que ya trabajaban en New
Orleáns. Ha bebido de esa fuente del
jazz y del blues a cargo de los músicos
afronorteamericanos que como soldados
norteamericanos estaban en Cuba a
comienzos del siglo XX.
Las partículas del polvo de estrellas
que conformarían al ser humano Bobby
Carcassés, ya flotaban en la obra de
músicos cubanos en el Nueva York de los
años 30 como Alberto Socarrás, Mario
Bouza y Frank Grillo (Machito). Mucho
antes de nacer, Bobby ya conocía del
trabajo del director, trompetista,
saxofonista, compositor y arreglista
Mario Bouza —a quien la música
norteamericana le debe haber descubierto
a la diva del jazz Ella Fitzgerald y que
Chick Webb la incluyera en la nómina de
su orquesta, además de que Bouza incidió
en que un director de orquesta como Cab
Calloway, tomara en cuenta al
trompetista Dizzy Gillespie, todo un
mito en la evolución del jazz con
elementos de los ritmos afrocubanos.
Por si fuera poco, Bouza, quien a la
llegada a Nueva York del percusionista
cubano Luciano Chano Pozo, logró que
Chano y Gillespie recrearan una unión
legendaria para el desarrollo del
género. A la vez, Carcassés recombina
toda esta herencia con el profundo
conocimiento de sus raíces en esta
cubana tierra que lo convierten en un
músico de un amplísimo espectro musical.
Por tales razones, a nadie debe
sorprender el título de su más reciente
entrega discográfica: De La Habana a
Nueva York —también pudiera ser
De Nueva York a La Habana, como
afirma en la canción que da título a
este disco con el que, además, celebró
sus 50 años de vida artística.
Realmente impresiona la autenticidad con
que el Bobby compositor, pianista,
trompetista y cantante, se mueve en los
terrenos de la rumba para caer sin la
mayor dificultad en una atmósfera del
mejor jazz que se pueda escuchar en la
pieza “Blues Guaguancó”. Repite de nuevo
su dominio del género en el tema
“Sometimes I´m Happy”, donde sobresale
su talento en el scat. Quizás es
su versión de “Summertime”, en la que
Bobby aporta una verdadera obra maestra
del scat y que dedica a su tocayo
Bobby McFerrin —aclaración que no hacía
falta en las notas al disco porque es
evidente su sincera admiración por este
músico norteamericano.
No quisiera terminar sin hacer alusión
directa al tema de los precursores del
jazz latino en los EE.UU., que ya
referí. Mucho antes de saber que iba a
tener este encuentro, ya había dado
cuenta de un trabajo del maestro
Leonardo Acosta titulado
“Interinfluencias y confluencias en la
música popular de Cuba y de los EE.UU.”,
que aparece en el libro Culturas
Encontradas: Cuba y los EE.UU.,
lectura que siempre agradeceré por el
volumen de los datos aportados a
nuestros conocimientos acerca de tan
sensible tema.
Pero el caso es que al escuchar las
piezas de este disco, enseguida me
percaté de que la música representa el
sustento sonoro, la esencia inspiradora
de aquellos planteamientos; sensación
que ratifiqué al leer en el disco la
explicación de cada tema. Ahí nos
enteramos que la pieza “Babalú” está
dedicada al impresionante Miguelito
Valdés, a quien Bobby conociera
personalmente mientras que “Blues para
Chano” refleja su respeto por el
imprescindible percusionista, y en De
La Habana a Nueva York manifiesta su
devoción por ese otro grande de Mario
Bouza a quien también tuvo el privilegio
de conocer.
¿Qué artista que se respete, no ha
tenido en la intimidad de sus
reflexiones momentos de duda acerca de
si ha valido la pena el camino
recorrido? Pues sí, maestro Boby
Carcassés, antes que continúes en tu
órbita por el universo de la música y
nos dejemos de ver —aunque espero que no
por mucho tiempo— te felicitamos por
estos brillantes 55 años de carrera que
ahora estas celebrando; por esa
creatividad inagotable que te
caracteriza, con un talento tan singular
que, como afirma Leonardo, eres el
último showman, el último gurú
del jazz. Sin embargo, lo que más nos
alienta es la nobleza de tu
personalidad. Contra viento y marea
demuestras que con pasión, honestidad y
fe en lo que se hace, se puede llegar
como tú lo has hecho. Gracias por
existir, Bobby.
Presentación del disco De La Habana a
Nueva York, de Bobby Carcassés en
las Romerías de Mayo, en Holguín de
2010.
Bibliografía:
Rafael Hernandez y John
H. Coatsworth: Culturas encontradas:
Cuba y los EE.UU, Centro de
Investigación y Desarrollo de la Cultura
Cubana, La Habana, Cuba, 2001.
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