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Después de años de casi excesiva
regularidad con este espacio, me he
permito unas tres o cuatro semanas de
pausa. La razón es noble y podrá
enriquecer futuras entregas. Acompañé al
grupo Argos Teatro de nuestra Cuba en la
parte andaluza de la gira española con
su puesta en escena de mi obra Reino
dividido. De la gira y el público que ha
convocado han hablado otros colegas. A
partir de ahora les ofrezco el otro
viaje, el que tiene que ver con el
género crónica, ese sutil recorrido por
sensaciones, nostalgias y afectos.
En Granada no estuve en el mundialmente
conocido conjunto arquitectónico
Alhambra. Aunque sí disfrutamos —Tania
me acompañó unos días— del espléndido
paisaje, junto con la colega Ana
Carolina. Las informaciones sobre la
espléndida ciudad se mezclaban con
recuerdos habaneros de cuando nuestra
guía era estudiante y mi pelo muy negro.
A punto estuve de ser atropellado en la
calle de Elvira. Andaba recordando los
versos de Doña Rosita que menciona esta
vía. En general en Granada primero y
Fuente Vaqueros después pensé más en
García Lorca que en otros atractivos
turísticos.
Pero lo mejor de Granada fue compartir
el afecto, la hospitalidad, la auténtica
solidaridad de Eva, Marina, Martín;
argentinos y casi cubanos; artistas los
tres, formidables al igual que el resto
de su familia. Cuando hablo de familia y
de afecto, por supuesto que incluyo a la
pequeña Victoria. La niña de Eva y
Martín está en esa preciosa etapa en la
que la comunicación oral está a punto de
estallar en torrente, pero se despide de
las últimas medias palabras y ejerce
esas formas de comunicación basadas en
la ternura, la travesura, la
inteligencia más allá del verbo.
A Martín lo escuché en público y, mejor
aún, en las mañanas tranquilas del
pueblito en las afueras donde nos
acogió, cuando —además de preparar
sabrosos platos— se detiene y ensaya con
absoluto rigor. Si en otros momentos lo
inundaba con mi abundante y precipitada
elocuencia, en esos ratos me quedaba
tranquilo, escuchando entre la
admiración y el pudor. Con Marina y Eva
estuve en un ensayo general, admirable
por su vigor y por la ambición artística
de personas de diversas edades,
profesiones, expectativas.
Una de las preciosas mañanas granadinas
disfruté de un espectáculo en el que
esta familia artística y tan humana
junta imágenes, poemas, certezas de casi
todo nuestro continente.
Les seguiré contando de Andalucía, de La
Habana, de Camagüey donde pronto estaré
en el Festival de Teatro. Y evitaré las
pausas. Esta me dolió su poquito. |