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-Buenos días a todos, hoy les
presentamos un nuevo profesor.
Por favor, anoten sus datos
principales: nombre y apellidos,
grado científico, asignatura,
correo electrónico, blog, tumblr,
perfil en Flickr, Youtube,
Facebook, usuario en Twitter…
Algunos años atrás nos habríamos
quedado aturdidos ante un
currículum tan peculiar, cargado
de datos vinculados a recursos
web y sitios de redes sociales.
Sin embargo, el impacto de las
tecnologías, los ambientes de
redes, la web 2.0 y los
dispositivos móviles, han
generado transformaciones
notables en las prácticas de
aprendizaje al punto de
permitirnos asimilar sin
asombros los datos online
de nuestros profesores.
Las posibilidades de intercambio
constante y multidireccional, la
variedad de recursos
multimediales, el componente
lúdico de la interacción en red,
las nuevas narrativas que
potencia el hipertexto, así como
la disolución del aula como sede
física para los programas de
formación, han determinado la
revisión continuada de las
lógicas de educación
tradicionales y el surgimiento
de nuevas prácticas como el
e-learning (aprendizaje
electrónico), modalidad de
formación basada en Sistemas de
Gestión del Aprendizaje (LMS)
que permiten la coordinación de
cursos online.
Las propuestas de e-learning,
desde sus inicios, se
estructuraron a partir de un
conjunto de módulos temáticos
desde los que se proponen los
materiales de estudio y se
orientan las actividades que se
desarrollarán. Estos sistemas se
centran en el carácter
individual del aprendizaje e
incorporan foros, wikis,
tipologías diversas de
evaluación, chats y otras
herramientas que complementan el
estudio y promueven la
socialización de los saberes.
Desde la década de los 80s los
LMS comerciales fueron
incorporados como plataformas en
universidades e instituciones de
educación; sin embargo, su costo
ininterrumpido impulsó el
desplazamiento hacia propuestas
de código abierto, en lo que
constituye un primer punto de
giro en la evolución del
aprendizaje electrónico.
De esta manera, según afirma
Joaquín Sotelo,
sistemas como Adobe Connect,
Blackboard, Webex,
Articulate o SumTotal
System, de carácter privado,
han encontrado una fuerte
competencia ante el crecimiento
de iniciativas libres como
A-Tutor, Claroline,
Dokeos y
Moodle; esta
última, una de las plataformas
más empleadas y con una amplia
comunidad de usuarios y
desarrolladores en todo el
mundo.
Básicamente, los cambios que
propone el aprendizaje
electrónico respecto a las
prácticas de formación
precedentes, se vinculan a una
postura menos jerárquica del
profesor, que pasa a convertirse
en moderador de los
intercambios; la preponderancia
de la autogestión del
aprendizaje por parte de los
alumnos; y el surgimiento de
nuevos roles en el proceso, como
los líderes espontáneos que
colaboran en la coordinación y
desarrollo de los cursos.
E-learning
1.0, 2.0… ¿Edupunk?
El caudal de aplicaciones y usos
emergidos en el contexto de las
filosofías 2.0, han colocado
nuevamente a la educación en un
momento de replanteamientos no
solo con relación al aprendizaje
tradicional, sino con respecto a
las concepciones y herramientas
de aprendizaje en la web 1.0.
En este sentido, aparecen
las referencias al
aprendizaje electrónico 1.0 y
2.0, asociados a las
clasificaciones web
correspondientes. El e-learning
2.0 hereda las concepciones
dialógicas de la web social y,
como señala Sotelo, incorpora “mensajería
instantánea, videoconferencia,
redes sociales, blogs, wikis,
podcasting de audio y video,
webcasting y mundos
virtuales diseñados en 3D”.
Esta redimensión del aprendizaje
electrónico establece
estrategias de construcción
colectiva para la generación de
los contenidos, e inaugura
sistemas más flexibles que
posibilitan la intercomunicación
entre varias plataformas, en un
contexto que exige
horizontalidad en los procesos
de comunicación entre profesores
y estudiantes, y entre los
propios alumnos; a la vez que
fomenta la creación de
comunidades y otorga especial
protagonismo a los aprendices,
quienes se forman en la misma
medida que edifican y gestionan
los conocimientos.
Es este el escenario del origen
y consolidación del movimiento
Edupunk —acuñado bajo
este término desde el mes de
mayo de 2008 en EE.UU.— que
apuesta por una oposición a los
sistemas de aprendizaje
electrónicos de carácter
comercial e, incluso, por las
plataformas educativas de la web
1.0 en general.
Al igual que el movimiento
punk en el ámbito musical,
los seguidores de esta propuesta
aspiran a la subversión de los
modelos asimétricos de
aprendizaje que priorizan el rol
principal del profesor y la
actitud pasiva de los
estudiantes, a imagen y
semejanza de la formación
académica convencional.
Su premisa central se sustenta
en la actitud do it yourself
(hágalo usted mismo) que
introduce una mayor libertad y
responsabilidad de los miembros
de las comunidades de práctica,
en procesos de aprendizaje
descentralizados y pautados por
las estructuras de interconexión
más compleja que dibujan las
redes sociales.
Según
el análisis de Juan Freire,
la alternativa edupunk es
una respuesta a los LMS y a los
modelos educaciones que los
sustentan: “Todo
lo que hacen los LMS
convencionales se puede hacer ya
con herramientas de la web 2.0
que permiten la creación,
gestión, colaboración y
publicación”. Los seguidores del
edupunk, además,
priorizan una comprensión del
cambio educacional en una
perspectiva cultural, en
detrimento del determinismo
tecnológico: “… son las personas
y sus redes el centro del
proceso de aprendizaje y la base
de la innovación, y no la
tecnología por sí misma”, añade
Freire.
El Proyecto Facebook, promovido
por la Cátedra de Procesamiento
de Datos de la Universidad de
Buenos Aires (UBA) y coordinado
por el profesor e investigador
Alejandro Piscitelli, se inserta
en esta corriente del
aprendizaje electrónico 2.0 y el
edupunk.
Esta iniciativa parte del
reconocimiento del aula
tradicional como “formato
agotado” y, por
tanto, plantea la necesidad de
pasar “de la pedagogía de la
enunciación a la pedagogía de la
participación”. Su propuesta fue
el estudio de la red social
Facebook, empleada, a su vez,
como plataforma para el
desarrollo de la investigación y
la generación del aprendizaje
colectivo.
Los presupuestos de esta
experiencia, expresados en el
libro
El proyecto Facebook y la
posuniversidad,
parten de la asunción del
maestro como sujeto ignorante y
se apoyan en la estrategia
posible de
aprender de lo que se desconoce.
De ahí que los profesores pasan
a ser comunicadores, agentes del
diálogo capaces de conversar y
escuchar, de enseñar y de ser,
al mismo tiempo, enseñados; se
trata de una educación desde,
entre y para todos, sin
distinciones de roles ni
poderes.
Educación “portable” en la
sociedad móvil
La evolución acelerada de los
dispositivos de comunicación
inalámbrica como punto de acceso
a Internet, además de la
creciente penetración de la
tecnología móvil a nivel
mundial, comienzan a vislumbrar
un nuevo entorno de renovación
para los procesos formativos.
En esta línea, se han
consolidado las concepciones a
propósito del denominado m-learning
(aprendizaje móvil), como
tipología de enseñanza que se
apoya en estos medios y que
adquiere los rasgos
fundamentales de la comunicación
a través de estos: portabilidad,
conectividad constante,
convergencia de recursos y
formatos, nuevos lenguajes,
entre otros.
El m-learning afianza la
autogestión del aprendizaje, a
la vez que disuelve aún más las
fronteras espacio-temporales de
la educación, debido a que
garantiza el acceso a los
conocimientos en cualquier lugar
y momento. El aprendizaje móvil
posibilita, a diferencia de las
propuestas anteriores, que la
búsqueda y adquisición de
conocimiento se integren a la
vida cotidiana tanto en los
entornos de redes como en el
universo físico.
Al respecto,
Joaquín Sotelo opina
que “frente a los LMS de
e-Learning, basados en
modelos instruccionales de igual
tipo para todos, el m-Learning
favorecerá más la
implementación de LMS
personalizados y adaptados a las
demandas, prerrequisitos,
preferencias, aptitudes,
capacidades y limitaciones de
cada uno para crear las
denominadas ‘píldoras de
aprendizaje' con objetivos
formativos concretos enfocados a
desarrollar conocimientos y
habilidades específicos”.
El sendero de reconfiguraciones
de los procesos educativos y las
prácticas de enseñanza en los
ambientes de redes, apunta a una
apropiación de las herramientas
y aplicaciones no como meros
instrumentos complementarios a
la formación académica habitual,
sino como escenarios desde los
que se inauguran otras
tipologías de aprendizaje
basadas en el intercambio y la
participación.
En todos estos procesos habita
una mutación esencial que
traspasa el impacto tecnológico
y las lógicas de formación, y
que se relaciona con los nuevos
sentidos de la educación en red.
El objetivo a partir de las
redimensiones actuales no es
solamente aprender
conocimientos, sino
aprender a aprender.
“De una buena vez,
confirma
la periodista y profesora
Anidelys Rodríguez, a
los profesores nos toca
dinamitar el tradicional sistema
de conferencias para repensar
creativamente un conjunto de
actividades que se conviertan en
extensión del salón de clases.
Tendremos que renunciar al afán
paternal de querer llevar ‘todo’
el conocimiento al aula, en
lugar de mostrar el camino a los
estudiantes”.
La modificación esencial se
encuentra nuevamente en los
modos de pensar y hacer la
comunicación educativa, y no en
las tecnologías, lo que implica
un reto mayor para las escuelas
y para los alumnos y maestros en
la actualidad.
La resistencia al cambio apunta
únicamente al estancamiento
forzado de un proceso que se
antoja no solo irreversible,
sino necesario. Por tanto, no
deben asombrarse los docentes si
uno de esos días en el aula, en
medio de un largo turno de
clase, una voz impetuosa los
interrumpe y desafía: “Profe,
con su permiso, ¿cuándo termina
la conferencia y empieza la
conversación?”. |