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Han transcurrido 115
años de la muerte de
José Martí en Dos Ríos,
pero sus apenas 42 de
vida siguen trazando el
rumbo de los cubanos.
Pocos hombres han
existido que puedan
mostrar mayor coherencia
entre su obra y su vida,
tan extensa la primera
que parece imposible que
la haya realizado en tan
corto tiempo. Bastante
difundida, aunque
siempre inagotable, es
la faceta del Martí
patriota, fundador del
Partido Revolucionario
Cubano (PRC), artífice
de la Guerra del 95.
Pero al Martí político
se encuentran
indisolublemente ligados
el creador, el
intelectual.
Ese
cultivador concienzudo
del periodismo, capaz de
instaurar estilos,
adelantar tendencias
literarias y
prever
conceptos y relaciones
con la ciencia y la
naturaleza que solo
serían realidades años
—y siglos— después,
tiene todavía muchos
diálogos posibles con
los cubanos,
latinoamericanos y
hombres de todo el
mundo. Al estudio de
aquel hombre capaz de
amar tiernamente,
llenarse de celos por
unos “ojos encendidos” y
aun sacrificar sus
pasiones por la devoción
mayor a Cuba, ha
dedicado su vida Luis
García Pascual, hombre
de pueblo, autodidacto
—como él mismo se
describe—; autor de
cinco libros que versan
sobre el entorno
cotidiano del Apóstol,
uno, quizá, de los menos
abordados por la mayoría
de los historiadores.
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"Martí" ,
Ernesto Rancaño |
Todo está dicho ya; pero
las cosas, cada vez que
son sinceras, son
nuevas.
Me incliné hacia la
lectura de Martí desde
muy niño. Leí los
epistolarios de Félix
Lizaso que reúne 500
cartas, y en uno de los
momentos del libro dice:
“fechamos estas cartas”
—porque muchas están sin
fechar o tienen una data
incompleta. Luego empecé
a coleccionar cartas y
me inscribí en la Fragua
martiana en un curso
sobre Martí. Le pregunté
a Gonzalo de Quesada por
qué no se completaban
las fechas de las cartas
y me dijo que sería una
tarea inmensa. Entonces
me dediqué a eso. Estuve
más de 20 años reparando
las cartas. Yo soy
autodidacto. Trabajaba
en el Cotorro, en la
electricidad, pero
empleaba el tiempo libre
que me dejaban el turno
de la mañana o la noche
en la investigación. En
esa época la Biblioteca
Nacional cerraba a las
10:00 p.m. y el Archivo
Nacional a las 7:00 p.m.
Acumulé más de mil 300
cartas y llegué a
arreglar más de 500
poniéndoles el mes y el
año porque había fechas
dislocadas
completamente. A unas
200 les pude poner el
mismo día que lo
escribió, pues él en un
mismo día escribía
cincos cartas, pero no
repetía lo mismo porque
tenía mucha facilidad de
palabras, y fechaba unas
y otras no. Se me
ocurrió entonces
relacionar los datos de
las cartas, como dónde
la escribió. Tomo como
ejemplo la carta al
Marqués de Santa Lucía
que dice: “Por El
Herald de hoy verá
que no hay que comprobar
más nada” y tenía puesto
94. Yo sabía que en esa
fecha él estaba en
Camagüey, no en New York
y llegué a la conclusión
de que debía ser durante
la Guerra Chiquita, en
el 80, así que la carta
tenía 14 años de
diferencia; un
historiador
norteamericano lo buscó
en el periódico: la
noticia salió el día 12
y le puse 12 de mayo de
1880.
Hay otra carta del
corresponsal del
Diario de la Marina
que escribe sobre el
periódico que iba a
salir llamado El
Separatista e
incluye a Martí entre
los colaboradores, lo
cual era mentira.
Entonces Martí le dice
que tiene derecho a
publicar cosas de él,
pero solo lo que fuera
verdad. Le habían puesto
año 1893 a la carta. Fui
a la biblioteca y lo
busqué, porque Martí
días antes había ido a
New York y entonces los
viajes se demoraban
cinco días. Busqué en el
periódico del 93, del 92
hasta que en el del 83
encontré el artículo.
En la única carta que
existe a Emilio Bacardí
dice: “desde el
miércoles caí en cama”,
le habían puesto el año
1894 y por su contenido
deduje que había sido en
Kingston, Jamaica; pero
en el año 1894 Martí no
estuvo en Jamaica,
estuvo en 1892 diez días
porque había una
epidemia y no podía
salir, y en 1893 diez
días pero por
enfermedad. Entonces
había sido en junio del
93, pero como fechaba
domingo y él llegó un
sábado, no podía decir
que estaba en cama desde
el miércoles, así que le
puse 18 de junio de
1893. De esa manera me
sucedió con infinidad de
cartas más. Fue una
labor de 20 años en mis
ratos libres.
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Estando en ese trabajo
conocí al director de la
Fragua Martiana, quien
me sugirió que recogiera
las cartas recibidas por
Martí. Le respondí que
en otras ocasiones había
pensado en eso, pero era
un trabajo muy extenso.
Él me dijo que lo
hiciera porque me lo iba
a publicar. Comencé a
recuperar cartas, y
acumulé más de 300. El
epistolario fue
publicado en 1993 por la
Editora Abril y premiado
por el Instituto Cubano
del Libro, la Academia
de Ciencias, y recibí la
Distinción por la
Cultura Nacional.
Después pensé que había
tantos hombres amigos de
Martí, buenos patriotas…
y se me ocurrió hacer un
diccionario, con una
pequeña ficha biográfica
de sus familiares y
amigos más íntimos.
Entonces hice Entorno
martiano, con 400
fichas biográficas,
publicado por la Unión
de Historiadores de
Cuba.
Luego coleccioné
certificados de
nacimiento y
fallecimiento. Llegué a
tener más de 300
partidas bautismales
porque me dieron permiso
en el Arzobispado para
buscar en los archivos
de las iglesias. Escribí
a Guatemala para que me
enviaran el certificado
de la Niña de Guatemala,
a México para el de
Manuel Mercado, a España
para el de otras
personas: amigos y
familias. Con todo ese
material hice otro libro
llamado José Martí:
Documentos familiares.
En estos momentos estoy
trabajando en una
cronología familiar con
más de mil fechas de los
momentos más
importantes. Mi primera
investigación sobre esta
temática fue una
cronología que le di a
Cintio Vitier cuando
estaba la Sala Martí en
la Biblioteca Nacional.
Veía que las cronologías
eran muy escuetas, con
solo 40 ó 50 fechas e
hice una cronología con
600, publicada por Cintio Vitier en el tomo
3 de los Anuarios
Martianos de la
Biblioteca Nacional. La
mayoría de las
cronologías se refieren
a hechos “materiales”,
pero quiero hacer una
con mayor
espiritualidad, contar
cómo, cuando estaba
preso y su padre le daba
dinero, él lo repartía a
manera de limosnas.
Yo no sirvo más que al
deber, y con éste seré
siempre lo bastante
poderoso.
Por mi trabajo he
recibido varios
reconocimientos: La
moneda internacional de
la paz, que se le
entrega a las personas
con más de 30 años
trabajando en temas
relacionados con la
cultura o el saber
—otorgado por la Cátedra
Honorífica Carlos Manuel
de Céspedes en
Pedagogía—, la Réplica
del Machete de Máximo
Gómez, recibí una
certificación del Centro
de Estudios Martianos
como colaborador, de la
Sociedad de Cultural
José Martí recibí el
Premio La utilidad de la
virtud y otro
reconocimiento de la
Casa Natal; además, soy
socio de la Unión de
Historiadores.
La única fuerza y la
única verdad que hay en
esta vida es el amor. El
patriotismo no es más
que amor, la amistad no
es más que amor.
Martí fue un hombre poco
comprendido. La niña de
Guatemala se enamoró de
Martí y él de ella, pero
sacrificó ese amor por
el compromiso que tenía
en México de casarse con
Carmen Zayas Bazán. Otro
equívoco fue cuando
María Mantilla comenzó a
decir que era hija suya,
porque ella se lo creía.
Indudablemente Carmen
Miyares tuvo relaciones
con él; en una carta que
dio a conocer Rolando
Rodríguez ella lo
confiesa: “para usted
todo en la vida de la
que no olvida un solo
momento, C”. Luego, en
una carta que ella le
envió a Gonzalo de
Quesada, cuando él
estaba coleccionando
todo lo de Martí le
dijo: “fíjese bien en lo
que publica, usted sabe
por qué se lo digo”. Él
conocía de religión
—dijo que creía “en Dios
porque lo comprendo”—;
un padre no puede
bautizar a un hijo
porque es un sacrilegio,
y aun así fue el padrino
de María. Era un hombre
religioso pero
liberalmente. Cierta vez
afirmó: “La libertad
será la religión
definitiva del mundo”,
era un fanático de la
libertad. Es cierto que
él tuvo relaciones con
Carmen Miyares, la mujer
que más hizo por él: lo
cuidó, lo apoyó, lo curó
cuando estaba enfermo;
mientras que su esposa
quería apartarlo de la
política, pero eso no
significa que fuera el
padre de María Mantilla.
En la década del 30, se
publicaron muchos textos
sobre el Apóstol: la
biografía de
Mañach, la
de Isidro Méndez; pero
la mayoría están basadas
en lo que dijo Fermín
Valdés Domínguez, y él,
aunque lo quería mucho,
dijo cosas que no son
ciertas. Hay que hacer
una biografía del
verdadero Martí.
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"Martí y
nosotros",
Roberto Fabelo |
Se afirma el pueblo que
honra a sus héroes.
Admiro a Martí como
poeta, como escritor,
como patriota y, sobre
todo, como persona, por
su ética y su moral. Por
eso pienso dedicarle
este libro en el que
trabajo a Gabriela
Mistral, porque dijo que
era “el hombre más puro
de la raza”. Siempre
viví enamorado de su
figura, hasta que un día
decidí dedicarle la vida
a esta labor. Lo hice, y
me siento satisfecho,
por todo lo que he
trabajado por Martí.
Todo el mundo lo admira,
pero muy poca gente lo
conoce, no con la
devoción y el amor que
se le debe tener, porque
fue un hombre que lo
dedicó todo a la patria.
En la carta de despedida
que le escribe a la
madre dice: “y porque ha
nacido de usted un hijo
que ama el sacrificio…
jamás de mi corazón
saldrá obra sin piedad
ni limpieza...” En la
carta a su hijo le dice:
“sé justo”. Para él la
justicia, la libertad,
el amor lo eran todo. Me
duele que no se acerquen
a él con mayor
profundidad, no lo
quiero santificar, solo
que se le valore como un
hombre extraordinario.
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