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En los 70, la enseñanza
artística cubana,
favorecida desde 1959
con el triunfo de la
Revolución, ascendió un
importante peldaño con
la creación del
Instituto Superior de
Arte (ISA). En un país
donde no existían
antecedentes de estudios
académicos de ese nivel
para el terreno
artístico, la
“ocupación” del antiguo
Country Club habanero
por decenas de jóvenes
con ánimo y talento para
la creación, supuso un
empuje extraordinario
para las artes en la
Isla y el encuentro de
una matriz que ha dado
muchos de nuestros
mejores músicos,
bailarines, actores,
directores, fotógrafos,
productores, dramaturgos
y artistas de la
plástica. Graduados del
ISA han obtenido premios
en concursos y eventos
nacionales e
internacionales de la
más alta jerarquía.
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Cuando se cumplen 30
años de la primera
graduación del
Instituto, el centro
—que ha contado
históricamente además,
con un ilustre claustro,
representante de las más
avanzadas tendencias
creativas y líneas de
pensamiento— ofrece
cinco carreras con más
de 39 perfiles. Pero la
“vida” del ISA no se
circunscribe al espacio
académico, los
estudiantes crean dentro
y fuera de las aulas, en
festivales o a través
del desarrollo de
proyectos libres.
Para celebrar las tres
décadas de que egresaran
los primeros alumnos de
la escuela, desde el 15
de mayo hasta el 30 de
junio tiene lugar el
Festival de las Artes,
un espacio para exponer
los resultados de la
formación académica y su
repercusión en la obra
propia o colectiva de
los estudiantes que en
él se reúnen. Todas las
manifestaciones
confluyen en estas
jornadas; la intensidad
con que se trabaja se
verifica en estas
uniones, pero también en
los momentos de
interacción con otras
comunidades lejanas a
los predios de Cubanacán.
El rector del Instituto,
Rolando González
Patricio, comentó con
La Jiribilla algunas
de las peculiaridades de
estas jornadas y del
quehacer de esta
institución, próxima a
cumplir también su
aniversario 35 de
fundado.
¿En qué presupuestos se
fundamenta la idea de
unir los festivales de
las diferentes
facultades en un espacio
común como el Festival
de las Artes? ¿Qué se
espera de un proyecto
como este?
Primero, las fronteras
de las artes cada vez se
hacen más difusas y no
hay necesidad de
reproducir feudos o
aislar una creación de
otra, una formación de
otra. Segundo, tenemos
cinco facultades como
tenemos una Universidad.
Una identidad no omite
la otra, sencillamente
la refuerza. Y tercero,
tal vez más importante,
este esfuerzo de
integración que comienza
posibilita un compromiso
y una contribución mayor
con los públicos a
partir de los ejercicios
académicos más
relevantes del curso,
sin descartar otros
proyectos. El festival
también tributa a la
voluntad de formar
artistas de muy alto
nivel, cuya vocación de
servicio y entrega a
quienes reciben su
creación no quede
rezagada.
¿Cómo describe el
contexto en que el ISA
arriba a su graduación
30? ¿Cuáles apuntaría
como los principales
retos del centro y de la
enseñanza artística
superior en general,
para las graduaciones
futuras?
La Universidad de las
Artes vive hoy una etapa
muy particular,
caracterizada por la
multiplicidad de
transformaciones que
comparten el mismo
período de tiempo. La
idea básica de
perfeccionar
ininterrumpidamente la
institución se expresa
en acciones que recorren
el pregrado, el
posgrado, la
investigación y la
extensión universitaria.
Se concluye la
elaboración de una
cuarta generación de
planes de estudio de
nuestras carreras; se
perfeccionan el sistema
de ingreso, la
organización docente, la
labor de los
departamentos de todas
las materias, se
sistematiza la
categorización del
claustro, etc., a
partir de una
modernización de la
estructura de la
Universidad y de una
proyección a mediano
plazo elaboradas con
amplia participación de
maestros, profesores y
demás trabajadores.
Paralelamente, crece
nuestra oferta en el
posgrado, cada vez más
orientada a las demandas
del sector cultural,
como evidencia un número
mayor de maestrías,
especialidades,
diplomados y otros
cursos. La investigación
ofrece resultados que
cada vez impactan más
fuera de la propia
institución, y la
extensión universitaria
se integra
progresivamente al
proceso de formación de
nuestros estudiantes
artistas.
En el futuro próximo
debemos ser capaces de
estar a tono con las
exigencias y
complejidades de este
tiempo. Es
imprescindible tener la
capacidad de saltar
sobre las limitaciones
materiales y asegurar
una cada vez más sólida
formación a nuestros
egresados. El interés
por las especialidades
del ISA ha crecido
mucho. Son cientos y
cientos los aspirantes,
y debemos ser capaces de
seleccionar a los
mejores de los mejores,
como condición inicial
para garantizar
egresados de excelencia.
Esto solo será posible
con la labor
insustituible de
nuestros formadores,
quienes ofrecen todos
los días abundante
testimonio de su entrega
y sentido de
pertenencia. Es preciso
formar artistas “de” y
“para” Cuba,
profundamente
conocedores de nuestra
cultura y ampliamente
informados de la
actualidad del arte en
todas las latitudes.
En una universidad como
la nuestra, la
institución está siempre
más en esas relaciones
de crecimiento mutuo que
en los edificios. Por
eso, frente a esos y
muchos otros retos, tal
vez no tengamos divisa
mayor que la creatividad
y la coherencia.
Desde su experiencia en
la universidad de las
artes, ¿cuáles advierte
como las principales
fortalezas de la
creación artística joven
en Cuba?
Los jóvenes artistas
disponen de una
formación
técnico-artística que es
heredera de un saber
acumulado durante
décadas, y no entran al
mundo de la creación por
la puerta estrecha del
mercado. Esas conquistas
irrenunciables han
permitido desencadenar
unas capacidades
creativas
extraordinarias que
deben ir siempre atentas
a las esencias. Pero
junto al talento, salta
a la vista una
laboriosidad, un
esfuerzo sostenido,
disciplina y entrega
profesionales, difíciles
de advertir a cierta
distancia. |