Año IX
La Habana
22 al 28
de MAYO
de 2010

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PROYECTOS LIBRES DE LOS ESTUDIANTES DE MÚSICA

Los tempos del ISA

Marianela González • La Habana

Fotos: Maribel Amador (La Jiribilla)

 

Ariel. Así, sin más, se presenta este joven nervioso ante el pequeño auditorio: recién ha comenzado su primer año como estudiante de piano en la Universidad de las Artes y le apasiona la composición. Pero encontrar músicos que interpreten sus obras, no parece tarea fácil para un primerizo: “Tengo aún que abrirme paso, conocer más estudiantes de música que quieran formar un proyecto conmigo”. Tal vez esto explique los uniformes carmelitas que le acompañan en el saxo, la percusión…: para mostrar lo que es capaz de hacer, Ariel solo tuvo que cruzar la calle que separa el ISA de la Escuela Nacional de Arte, institución de enseñanza media. Allí encontró músicos aun más jóvenes que un día cruzarán también la calle hacia el otro lado, ahora dispuestos a interpretar su versión del “Happy Birthday” o el excelente latin jazz que aún Ariel no nombra.
  

Con estos músicos al fondo –mientras se desempeña al piano- y luego al frente –cuando pasa a dirigirlos-, Ariel subió este año al escenario de Musicalia, el festival con que cada año el ISA convoca a los proyectos libres de sus estudiantes. Y si al principio los nervios no le dejaban hablar –“soy un poco gago”, bromea- ahora muestra una seguridad que sorprende incluso a quienes dirigen la Facultad de Música. De la capacidad de este joven para combinar sonoridades y especialmente para lograr que funcione con pocos días de ensayo todo un formato orquestal, supimos todos al mismo tiempo: periodistas, estudiantes que asistieron como auditorio, profesores de otros años, directivos de la institución. 

Y a nadie sorprende, sin embargo, que revelaciones como esta se sucedan constantemente. Es imposible cuando se trata de jóvenes artistas que combinan la inquietud propia de sus edades con las urgencias creativas de su formación. Y mucho menos sorprende cuando uno ha pisado, así sea una vez, los pasillos y salones de la Facultad de Música del ISA: en cada rincón, alguien repasa partituras en solitario; en pleno centro de cualquier espacio transitable, grupos de músicos improvisan combinando sus instrumentos en deliciosa descarga. De ahí salen, precisamente, estos proyectos libres: por solo citar un punto de su historia, en esos pasillos vio la luz Habana Entrance, hoy una de las bandas de jazz más consolidadas del amplio panorama de este género en Cuba. Seguramente Dayramir estuvo un día donde Ariel González.

Los proyectos libres no son una exigencia de la Universidad de las Artes, aun cuando la institución los apoye. Son ideas que nacen espontáneamente de sus estudiantes, a partir de la combinación de roles con que la amplitud de su formación les capacita. El ISA, no obstante, gestiona para ellos espacios de presentación, les acompaña en estos escenarios e, incluso, les concede instrumentos que sus formatos demandan, aunque no formen parte de la docencia. El resto queda por ellos: el perfil que escogen, el nombre con que deciden trascender en tanto grupo, los temas que componen o adaptan. 

Por eso Musicalia no es un festival común: aunque algunos lo lamentemos al principio, no existe un programa definido que ordene las presentaciones. Ni siquiera una relación definitiva de los proyectos que habremos de escuchar. En pleno desarrollo de las presentaciones, llega un grupo de estudiantes con sus instrumentos y sube al escenario: tal vez el auditorio sepa de su existencia, tal vez no. Tal vez se trate del “piquete” de la descarga de la otra noche, que descargaron a la siguiente hasta lograr algo que sí, ¿por qué no?, suena bien.

Además de las composiciones de Ariel, atrapó esta vez al auditorio de Musicalia un formato único en el país, nacido hace dos años de la iniciativa de cinco jóvenes que por entonces recién llegaban al ISA: Brasscuba, un quinteto de trombones y tuba integrado por estudiantes de tercer año.

Su director, Leiser (Tito) tiende también a los nervios —consecuencia, pienso, de la primera vez frente a una grabadora y una cámara que no para de hacerles fotos. Pero como a Ariel, la lengua se le destraba si le preguntan por el proyecto: “le hablamos a la gente del formato y nos dicen: ‘¡Pero cuatro trombones y una tuba!... ¿¡eso suena?!’. Y después vienen a vernos músicos, incluso ya graduados, a decirnos que nos han escuchado y que les reservemos un espacio en el grupo, si alguno de nosotros falla”.   

Pero la singularidad de Brasscuba no se queda en el formato, que ya lo es bastante. “Si es tan poco usual, ¿cómo se las ingenian para conseguir composiciones que puedan interpretar?”, pregunto. “Ese ha sido un problema y también algo que nos ha fortalecido mucho como proyecto. Hemos encontrado algunas composiciones de autores extranjeros; pero casi todo lo que interpretamos son obras que hemos tenido que adaptar e, incluso, que componer nosotros mismos”, dice Adrián Argota, precisamente el compositor del tema “Brasscuba”, que según su opinión sintetiza lo que el grupo ha estado haciendo durante sus dos años. También de la autoría de integrantes del quinteto, es otra de las piezas que interpretaron en el festival: “Pieza #3”, una apropiación de sonoridades de temas antológicos de Van Van. “Si esta orquesta no hubiese existido —dice Adrián— tendríamos otra historia de la música cubana”.  

Y es precisamente ese diálogo con los ritmos cubanos, junto a las influencias foráneas, la tendencia que podría unir estos proyectos: las composiciones de Ariel, Brasscuba y otros, entre ellos la música electrónica de Lechuga fresca y el Laboratorio de Música Electrónica del ISA —a quienes no pudimos ver en Musicalia por el fuerte aguacero que separó la beca del pequeño teatro durante toda la jornada. Se trata de intereses que trascienden las salidas académicas de su formación: no siempre para olvidarlas, también para reencontrarlas en nuevos tempos. En sus tempos.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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