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Tuve el privilegio de
estar cerca de la obra
de Martí desde niño.
Cada cubano tiene un
Martí, su propio Martí,
o debe tenerlo. Es una
figura interminable,
múltiple, y como dijo
también Lezama, es el
misterio que nos
acompaña.
Diría que una de las
claves del futuro de
Cuba está en Martí. No
solo desde el punto de
vista cultural, del ser
espiritual nacional, es
una figura de futuro,
que no está completada y
hay que completarla. El
cubano tiene que llegar
a Martí, a ese ideario,
a esa plenitud que él
avizoró. No ha llegado.
Es una suerte tenerlo,
porque es una brújula
para conseguirlo.
Se debe llegar a él por
el camino de la
justicia, pero también
por el camino de la
bondad, por el camino de
la sensibilidad, por el
camino de la
comprensión, por el
camino de la tolerancia,
y por el camino de la
intolerancia con todo lo
que nos desune.
Él habló muy claro, como
decimos, alto y claro,
hay que saber escuchar.
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