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En 1889, cuando se
publica La Edad de
Oro, la conciencia
antimperialista y
anticolonialista de José
Martí había alcanzado un
alto grado de madurez.
En consonancia con ello
la revista destinada a
enseñar y divertir a los
niños de Nuestra América
constituye un orgánico
proyecto de educación
política, social y
humana
cuyo alcance
trascendió los límites
temporales de la época
en que fue publicada.
Disímiles temas son
abordados en cada uno de
los cuatro números que
vieron la luz de julio a
octubre de 1889. Sin
embargo, entre ellos la
integración
latinoamericana
(expresada con énfasis
en otros textos
martianos) ostenta un
lugar preponderante,
como prisma bajo el cual
se proyectan las otras
temáticas que componen
el modelo de formación e
instrucción martiano
dirigido a la infancia.
Mucho se ha argumentado
acerca del estilo de
Martí, quien supo
explotar al máximo las
potencialidades
expresivas de la lengua
española y renovar los
cánones estéticos de su
época. Su originalidad
de tono, vocabulario y
sintaxis, tal y como lo
explicara Gabriela
Mistral,
hallaron resonancias
propias y auténticas en
cada uno de sus textos
escritos, según fueran
las características y
competencias culturales
del lector.
Por ello resulta de sumo
interés profundizar en
el estilo del Apóstol en
la publicación que
dedicara a los niños de
América. En tal sentido,
este artículo constituye
un análisis estilístico
de los rasgos formales
mediante los cuales el
Maestro expresa su
visión
latinoamericanista en
tres artículos de la
obra: Tres héroes,
Las ruinas indias y El
Padre Las Casas.
La riqueza y diversidad
de los recursos
empleados en los mismos
hace que la
atención recaiga en
cinco rasgos presentes
en estos tres textos de
profundo carácter
anticolonialista. Ellos
son: la estructuración
voluntariosa de los
párrafos, las
reiteraciones semánticas
y sintácticas, las
generalizaciones de
corte filosófico, las
referencias al entorno
socio-histórico concreto
(en este caso América) y
el enfoque de los hechos
cotidianos de los
personajes, con el
propósito de
convertirlos en figuras
más cercanas a la
perspectiva del lector.
Por razones de espacio
solo se aludirá a la
presencia de alguna de
estas constantes en las
tres obras, aunque en
cada una de ellas, por
separado, puedan
apreciarse los cinco
rasgos estilísticos.
Tres héroes: tres padres
Tres héroes
constituye el artículo
que da inicio al primer
número de la revista, y
ello no es casual. Este
texto ensancha la mirada
del niño a un nivel
continental y rescata y
dignifica la memoria de
los próceres que
lucharon por la
independencia de
América.
La visión
latinoamericanista
edifica y sostiene este
texto. En nueve
ocasiones aparece el
vocablo América. Sin
embargo, el amor por la
historia americana y los
próceres que ella ha
dado se acentúa de una
manera más precisa
debido a la analogía
semántica que el autor
logra crear entre
América (lo general) y
cada uno de los países
del continente (lo
particular).
En el enfoque en torno a
los tres próceres la
mirada es vista como
reflejo de la intensidad
y transparencia del
espíritu y la vida de
los buenos hombres. Y es
esta una de las
reiteraciones semánticas
que Martí realiza en la
obra.
Otra de ellas referida a
las acciones heroicas de
Bolívar se estructura a
partir de la enumeración
de los territorios
liberados. Aquí el
componente semántico se
acentúa con el uso
intencional de la
sintaxis que es también
reiterativa y a través
de la cual se subraya la
dimensión americanista
de las hazañas
bolivarianas. Apréciese
cómo el vocablo que más
importancia tiene en la
oración es el verbo, que
ocupa la posición
inicial de cada cláusula
debido a la fuerte carga
semántica otorgada por
el autor: “Libertó a
Venezuela. Libertó a la
Nueva Granada. Libertó
al Ecuador. Libertó al
Perú”.
Este mismo resorte
comunicativo es empleado
en la semblanza de
Hidalgo. Sin embargo,
aquí las reiteraciones
semánticas y sintácticas
no giran alrededor de
los pueblos sino de los
hombres y, desde esta
visión más individual,
también se logra señalar
la trascendencia de esta
figura para la
integración americana:
“él declaró libres a los
negros. Él les devolvió
sus tierras a los
indios. Él publicó un
periódico que llamó
El Despertador Americano”.
Las generalizaciones de
corte filosófico son
empleadas para resumir o
sintetizar determinados
postulados éticos y
estéticos que al
periodista le interesa
acentuar. La noción de
libertad, que el
escritor subraya en dos
fragmentos distintos del
artículo, adquiere
especial relevancia en
su afán por formar una
infancia con un hondo
sentido
latinoamericanista:
“libertad es el derecho
que todo hombre tiene a
ser honrado, y a pensar
y a hablar sin
hipocresía. En América
no se podía ser honrado
ni pensar ni hablar”.
El final de la obra que,
junto con el inicio, es
lo que permanecerá más
en la memoria del
lector, se estructura a
partir de la
contraposición de dos
generalizaciones. La
primera ensalza la
virtud y dignidad de
estos héroes que
defendieron la
independencia de
América, mientras que la
segunda alerta al
lector, sin que el
llamado se haga
explícito, acerca de la
expansión imperialista,
amenaza que tienen en
común los pueblos del
continente: “los que
pelean por la ambición,
por hacer esclavos a
otros pueblos, por tener
más mando, por quitarle
a otro pueblo sus
tierras, no son héroes,
sino criminales”.
Las ruinas indias:
nuestros libros de
piedra
Entre las ideas
martianas sobre
educación para niños,
señaladas por Mirta
Aguirre
está la referida a la
necesidad de querer y
defender la tierra
americana. Y para que
los niños del continente
aprendan a amar a
América, a amarla desde
el conocimiento de su
pasado que tanto dice de
su presente, escribió el
redactor Las ruinas
indias.
De alusiones al entorno
socio-histórico
americano está plagada
la obra que constituye
un profundo estudio
acerca de la
arquitectura, el arte,
la religión, las
costumbres y los hábitos
de la vida cotidiana de
las culturas americanas.
El acercamiento a los
hechos cotidianos de los
personajes, otra de las
constantes estilísticas
de la publicación,
recorre de principio a
fin este artículo que
describe con
minuciosidad las
costumbres y
características de esos
pueblos en el ámbito
artístico, político,
religioso, económico y
social.
Para ilustrar aún más
los rasgos típicos de
estos pobladores, el
escritor se detiene en
algunas de sus
características
fenotípicas: “por
Yucatán estuvo el
imperio de aquellos
príncipes mayas, que
eran de pómulos anchos,
y frente como la del
hombre blanco de ahora”.
Si con esto aún no
quedara demostrado el
propósito martiano de
provocar la mayor
identificación entre la
realidad que construye y
el lector que la recibe,
el siguiente fragmento
lo demostraría con
creces: “Por una esquina
salía un grupo de niños
disparando con la
cerbatana semillas de
frutas, o tocando a
compás en sus pitos de
barro, de camino para la
escuela, donde aprendían
oficios de mano, baile y
canto, con sus lecciones
de lanza y flecha, y sus
horas para la siembra y
el cultivo”.
El Apóstol se enfoca en
la población infantil
azteca que puede,
por sí sola, explicarles
y ejemplificarles mejor
a los lectores de la
revista cómo se vivía en
aquella época.
Y es aquí que la técnica
periodística del más
universal de los cubanos
entrelaza dos recursos
estilísticos diferentes:
el acercamiento a la
vida cotidiana de los
personajes con la
generalización de corte
filosófico que, a partir
de las alusiones a la
vida cotidiana de los
niños aztecas, extrae
una enseñanza ética de
valor universal:
“todo hombre ha de
aprender a trabajar en
el campo, a hacer las
cosas con sus propias
manos, y a defenderse”.
El Padre Las Casas: de
lirio el color
“Cuatro siglos es mucho,
son cuatrocientos años.
Cuatrocientos años hace
que vivió el Padre Las
Casas, y parece que está
vivo todavía, porque fue
bueno.”
Así comienza Martí el
artículo dedicado a
reconocer y difundir la
excelsa labor del
sacerdote español
Bartolomé de Las Casas
en defensa de los indios
de América.
La estructuración
voluntariosa de los
párrafos, típica del
estilo del Apóstol en
los textos
seleccionados, hace que
se entrelacen el inicio
y el fin del texto, a
partir de la
significación que el
autor le otorga a la
dimensión temporal.
Si bien en Tres
héroes y Las
ruinas indias los
párrafos se
estructuraban de tal
manera que, por
momentos, emergían ideas
aparentemente no
vinculadas con el tema
central y que sin
embargo aportaban un
nuevo sentido al eje
semántico esencial de la
obra, en El Padre Las
Casas cada una de
sus partes enfatiza,
desde una arista
diferente, la gran
significación que para
la historia de América
tuvo la vida y obra del
obispo español.
Otro de los mecanismos
que reducen la distancia
entre el Padre de la
túnica blanca y el
lector es el empleo del
estilo indirecto libre,
a partir del cual la voz
narradora adopta la
perspectiva del
personaje, y puede el
receptor sentir más
cercanas sus ideas e
impresiones: "porque la
maldad no se cura sino
con decirla, y hay mucha
maldad que decir, y la
estoy poniendo donde no
me la pueda negar nadie,
en latín y en
castellano”.
Las generalizaciones de
corte filosófico fungen
en el texto como una
explicación causal de la
actitud de determinados
personajes, que
funcionan como modelos
de una enseñanza ética y
moral más integral:
Los que más lo
respetaban, por bravo,
por justo, por astuto,
por elocuente, no lo
querían decir, o lo
decían donde no los
oyeran: porque los
hombres suelen admirar
al virtuoso mientras no
los avergüenza con su
virtud o les estorba las
ganancias (…). El hombre
virtuoso debe ser fuerte
de ánimo, y no tenerle
miedo a la soledad, ni
esperar a que los demás
le ayuden, porque estará
siempre solo: ¡pero con
la alegría de obrar
bien, que se parece al
cielo de la mañana en la
claridad!
Con El Padre Las
Casas el autor de
La Edad de Oro
enaltece, desde sus
actos más cotidianos, la
vida del insigne
sacerdote español como
el auténtico defensor de
la población nativa del
continente, y con él
está también encumbrando
la triste y hermosa
historia de los pueblos
de América.
Consideraciones finales
“A nuestros niños los
hemos de criar para
hombres de su tiempo y
hombres de América”.
Así definió Martí, en
carta dirigida a su
entrañable amigo Manuel
Mercado, el propósito
central de su proyecto
educativo destinado a la
infancia.
El periodista que se
negó a infundir en la
niñez “el temor de Dios”
supo articular y
transmitir en su
revista, de un modo
coherente y sin
atiborramientos, los más
altos valores humanos,
el amor por América y
los peligros de la
desunión de sus pueblos.
Los textos analizados
comparten el empleo
orgánico de cinco
recursos estilísticos
que fungen como soporte
expresivo del profundo
pensamiento anticolonial
del Maestro.
La estructuración
voluntariosa de los
párrafos, las
reiteraciones semánticas
y sintácticas, las
generalizaciones de
corte filosófico, las
referencias al entorno
americano y la
presentación de los
hechos cotidianos de los
personajes son
constantes que le
demuestran al lector una
idea martiana esencial:
la existencia de una
rica y profunda historia
americana, independiente
de la huella forzada del
colonizador.
Las tres obras
estudiadas poseen una
función didáctica y
política en tanto
explican las claves
fundamentales del tema
escogido (Bolívar, el
Padre Las Casas y las
culturas autóctonas del
continente) y, a la vez,
fijan, defienden y
promueven valores
americanos y
universales.
El ideal americanista,
que busca desarrollar un
pensamiento crítico e
independiente en los
jóvenes receptores de la
revista, constituye el
eje semántico que trenza
las tres obras
estudiadas en las cuales
los recursos
estilísticos analizados
“forman al aspa visible
del molino escondido”.
Notas:
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