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En
momentos cruciales para
Cuba, cuando el
recrudecimiento de la
campaña mediática contra el país se vuelve cada
vez más frecuente, La
Jiribilla, que
también naciera en un
contexto de
tergiversaciones y
silenciamientos sobre la
Isla, cumple nueve
años. Es en instantes
como estos que el rol
protagónico de las
publicaciones digitales
se hace más visible,
cuando les brindan su
voz a quienes no tienen
espacios para manifestarse a favor
de la validez de
proyectos propios y
articulan su apoyo a
través de redes de
solidaridad en todo el
mundo.
El
tiempo ha transcurrido
desde que la primera
edición de La
Jiribilla se
colocara, una madrugada
de viernes, en Internet.
Casi ignoto resultaba
entonces el mundo
digital para los
profesionales cubanos;
apenas en el 98 habían
comenzado a aparecer en
la nación las primeras
computadoras conectadas
a Internet. Las
referencias a la Isla y
su cultura que aparecían
en la Red de Redes
provenían de voces fuera
de nuestras fronteras
que falseaban o
manipulaban la realidad.
Se encomendó entonces la nueva revista al Ángel de La Jiribilla —invocado por Lezama en
1959 en la Universidad
de La Habana en una
reunión de poetas y
ensayistas a propósito
de la Operación Cultura
organizada por la
Federación de
Estudiantes
Universitarios—,
heredera también de la
tradición de Orígenes,
de la Revista Casa,
de Lunes de
Revolución, de
Revolución y Cultura
y tantas otras que
habían nucleado en su
momento lo mejor de la
intelectualidad cubana
y, al mismo tiempo,
establecido puentes con
reconocidos creadores de
todo el orbe.
Desde su
irrupción en la red,
La Jiribilla
plantaba bandera.
Erigida en biblioteca
virtual de la cultura
cubana, se ha ido
configurando semana tras
semana un nicho
informativo en el
ciberespacio, con un
espíritu propio en
formas y contenidos
aunados en el espíritu
de promover la realidad
del país, pero también
la postura, desde y por
la izquierda, ante
acontecimientos
mundiales que nos
atañen.
Con los
años trascendió su
propia concepción
inicial de sitio web y
se volcó además en una
versión de papel,
invitando a una lectura
más reposada de algunos
de sus textos, ha
compilado sus ediciones
electrónicas en
sucesivas y diferentes
multimedias, promovido
diversos conciertos,
exposiciones, encuentros
con artistas e
intelectuales…
Publicaciones como
Cubadebate, La
Ventana, Cubahora,
Cubasí y otras
varias han poblado junto
con La Jiribilla
el espectro informativo
en Internet para darle
protagonismo a las
historias de la Isla
frente al concierto
orquestado desde los
grupos de poder
dominantes. En esta
nueva manera de informar
y apostar por un
discurso alternativo y
contrahegemónico son
claves el dinamismo, la
profundidad, la agenda
temática y política
informativa distinta, el
humor y el haber
desbrozado una senda.
Existen
meandros y desaciertos
como en todos los
proyectos humanos, pero
la sumatoria resultante
de casi una década de
quehacer ha fungido como
maza para romper
bloqueos y fronteras y
formar enlaces.
El “Arca
de nuestra resistencia
en el tiempo, cinta de
la luz en el colibrí,
que asciende y
desciende, a la medida
del hombre” extiende su
manto/trinchera. Ojalá
las nuevas contiendas que
seguramente depara el
futuro se sigan librando
bajo el amparo de ese
Ángel del intelecto y la
cultura. |