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Hace
siete días que la ciudad
de Holguín trasnocha. Y
con ella, los más
pintorescos personajes:
jóvenes que llegan de
otras provincias sin un
techo previsto —incluso
desde la capital, a 800
kilómetros de esta
urbe—, veinteañeros de
otras naciones que se
les unen o bien
deambulan pasmados ante
tal multiplicidad de
creadores y creaciones
en un solo espacio.
“Escucha, hermano, la
canción de la alegría…”,
se oye por todas partes:
en tiempos de Romerías,
esta ciudad se convierte
en capital del arte
joven mundial. Una
especie de pasaje
carpenteriano, asombroso
para quienes se estrenan
y una religión para
quienes repiten cada
año, despojando la
primera semana de mayo
de cualquier otro
compromiso.
Desde
cerca de las nueve de la
mañana y hasta bien
entrada la madrugada, la
Ciudad de los parques ha
cedido cada día sus
espacios a teatristas,
músicos, pintores,
realizadores,
bailarines, escritores
de 20 países. Babel, el
espacio reservado cada
año a las artes
plásticas, acogió esta
vez unas 40 exposiciones
y performances. Gran
cantidad de público
visitó las muestras de
Picasso y Oswaldo
Guayasamín. Los jóvenes
prefirieron acercarse
también a las creaciones
de sus coetáneos del
resto del orbe: la
exhibición de esculturas
de artistas hondureños;
la propuesta de Rablaci,
Metáforas del hombre
contemporáneo; Objetivo
Fisahara; las muestras
fotográficas dedicadas
principalmente a la
música y los murales con
que los artistas
renovaron cafés,
parques, calles y viejos
edificios.
La
cámara azul alumbró otra
vez el céntrico café Las
tres Lucías, un pequeño
pero acogedor espacio
que debe su nombre a uno
de los filmes más
inspiradores del cine
cubano, Lucía, de
Humberto Solás. En las
noches, principalmente,
se ofrecieron allí
materiales de reciente
producción y una
multitud de personas de
todas las edades
acudieron en dos
ocasiones a la cita con
dos maestros del cine
cubano contemporáneo: el
director de fotografía
Raúl Pérez Ureta y el
director y guionista
Fernando Pérez. Este
increíble dúo,
responsable de filmes
extraordinarios como
Suite Habana, llegó
hasta esta ciudad a
presentar por primera
vez a sus habitantes su
última obra: José
Martí, el ojo del
canario.
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Los
amantes del cine
pudieron encontrarse
también con materiales
seleccionados por el
Festival Internacional
de Cortometrajes La boca
del lobo, con sede en
España. Estas obras,
junto a otros
documentales, animados,
cortos de ficción
realizados por jóvenes
realizadores cubanos y
extranjeros, fueron
vistos no solo en los
cines y salas de
proyección de la ciudad,
sino además en sus
parques y espacios
abiertos, donde fueron
instaladas grandes
pantallas.
También
estos sitios fueron
tomados por teatristas
de diferentes latitudes:
colectivos de Colombia,
México y Canadá
acompañaron a la
Guerrilla de teatreros,
de Cuba, a grupos de
teatro para niños de
todas las provincias de
la Isla y a compañías
danzarias locales. Y la
literatura, si bien se
reservó a los espacios
pequeños, sedujo a
lectores de todas las
edades por la calidad de
las propuestas. Destaca
el espacio Palabras
compartidas, que cada
año acoge importantes
presentaciones y
lecturas con los
autores.
Devoluciones,
acercamiento a la
poética lezamiana,
es una reciente
publicación de Ediciones
La Luz, de esta ciudad,
presentada en la
biblioteca holguinera
por su compilador, el
Premio Nacional de
Literatura César López.
El volumen incluye
ensayos suyos y de los
escritores Abel Prieto,
Roberto Méndez y Manuel
García Verdecia, sobre
la obra poética del
intelectual origenista
José Lezama Lima. Por su
parte, en el espacio Un
puente, un gran puente,
confluyeron los
escritores participantes
en esta edición de las
Romerías y también
autores consagrados,
como el propio César
López.
Y otros
proyectos sedujeron por
su singularidad. El
cuarto del duende, por
ejemplo, es un grupo de
cerca de 40 jóvenes
escritores venezolanos
que hace varios años
acude a Holguín por esta
fecha. Claro que no
todos pueden hacerlo,
pero los dos integrantes
que llegaron hasta aquí
bastaron para
inspirarnos a todos con
su propuesta:
“transformar el mundo
con la palabra y la
poesía —explicaron a
La Jiribilla—.
Llevar la literatura a
los barrios, a los
autobuses, los parques,
las calles y las
escuelas de cualquier
comunidad. Todos los
hombres somos poetas,
solo falta que
despertemos esa
condición. Es
precisamente la
revolución que necesita
este continente y el
mundo”.
Pero fue
la música, como es
habitual, el espacio
privilegiado por el
público. Agrupaciones de
rock, hip hop, pop,
flamenco, jazz, salsa,
reggae… Y para gustos,
los parques: cada uno de
los más céntricos
dedicado a un género,
cada noche conciertos
múltiples hasta bien
entrada la madrugada.
Todas
estas manifestaciones
nutrieron los encuentros
teóricos y espacios de
intercambio entre los
artistas. Sobre todo, la
tradicional Fiesta de
los abrazos en el centro
mismo de la ciudad y el
Premio Memoria Nuestra,
que cada año reconoce el
pensamiento joven en
torno a cuestiones
artísticas,
socioculturales e
históricas de su entorno
inmediato.
Entre el
2 y el 8 de mayo,
Holguín no se apagó.
Tampoco lo hizo dos
semanas atrás, cuando el
poblado de Gibara acogió
al cine pobre de las
diversas latitudes; o en
abril, cuando la urbe
celebró el aniversario 465 de
la fundación del Hato de
San Isidoro con festejos
populares; o en octubre
pasado, durante la
semana que recibió a la
Cultura Iberoamericana.
Holguín no se apaga. Y
su gente, el mismo
pueblo que un diario
republicano considerara
el “más simpático de
Cuba”, vive, trabaja,
disfruta y comparte con
los visitantes las
bondades de esta tierra.
Las
Romerías, por tanto, son
solo una estación. El
tren cultural holguinero
devuelve luego a los
visitantes a sus lugares
de origen. Y como sucede
siempre, regresa
finalmente a la Isla con
el cupo lleno de pasajes
de regreso. |