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En tiempos de Romerías,
la ciudad de los parques
es una realidad
maravillosa. Sus torres
no alcanzan ni pretenden
llegar al cielo,
siquiera la Loma de la
Cruz, pero pareciera que
desde ella se concibe
por estos días un acto
divino: de todas las
latitudes, hombres y
mujeres, artistas de las
más diversas inquietudes
danzan, esculpen,
cantan, pintan y caminan
por estas calles,
compartiendo con los
lugareños sus virtudes.
Vienen de Asia, de
Norteamérica, del Sur
del Bravo y de las urbes
europeas. Pero el
lenguaje es uno, el arte
comunica con sus propias
voces.
Babel, justamente,
nombra el evento que
recibe cada año el mayor
número de artistas
extranjeros. Las artes
plásticas en Romerías
han devenido un
verdadero huracán de
juventudes artísticas de
todo el mundo, con su
poderoso centro en
Holguín. “Festival”
queda ya corto ante
proposiciones de tanta
fuerza.
“No hay hoy sin ayer”,
es el principio que
durante 17 años ha
regido la llamada Semana
Grande del arte joven
cubano. Y el simbolismo
del ascenso inicial del
hacha hasta la cruz que
custodia la ciudad
—como
antaño en celebraciones
de carácter religioso en
el Hato de San Isidoro—
y el cierre al cabo de
seis noches con un
concierto múltiple a
cargo de jóvenes
músicos, coincide
también con la ruta de
Babel en estas Romerías:
una exposición
contentiva del Pintor de
Iberoamérica, el
ecuatoriano Oswaldo
Guayasamín, y una
exhibición de 29
litografías de Picasso,
reunidas bajo el título
Portraits Imaginaires,
abrieron el camino desde
el primer día a unas 40
exposiciones de jóvenes
artistas.
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Paralelamente, el Centro
de Arte de la ciudad de
Holguín cubrió su salón
principal con
Metáforas del hombre
contemporáneo, del
joven español Rafael
Blasco Ciscar (Rablaci),
de solo 23 años. La
muestra incluye
instalaciones de gran
formato, a partir del
trabajo con elementos
naturales, luego
fotografiadas y
trabajadas sobre
cristal. Metáforas…
ha llegado a esta ciudad
luego de su paso por el
capitalino Centro
Wifredo Lam, en abril de
este año, y tras un
intenso recorrido por
varias naciones del
Continente. “Es la
imagen de lo que está
sucediendo en el mundo:
estos árboles son la
humanidad, el mundo al
revés, irracional,
absurdo”, es la
interpretación que
compartió con los
asistentes Rubén del
Valle, presidente del
Consejo Nacional de las
Artes Plásticas, durante
la inauguración. A esa
misma hora, la compañía
holguinera de danza
contemporánea Codanza
nutrió la propuesta de
Rablaci con un
performance concebido
especialmente en diálogo
con esta exposición.
Otras decenas de
muestras fotográficas,
de diseño, de pintura en
multiplicidades de
tendencias, tiñen por
estos días la ciudad.
Coincidencias: un arte
que confía en el diálogo
entre el lenguaje del
arte y el de la gente.
Así lo entiende y
comparte el colectivo
costarricense Nois Nois:
“¿Cuál arte se aleja
totalmente de la
sociedad? Sería alguien
que haya estado toda su
vida aislado. El arte
social no es lo mismo
que crítica social, es
alimentarse de la
sociedad y lo que uno
vive como individuo
dentro de ella. Pero los
artistas suelen tomar
motivos de los barrios
marginales, por ejemplo,
los llevan al lienzo y
luego los exponen en
grandes y cerradas
galerías. ¿Es eso arte
social?”. Son preguntas
que provienen de un
colectivo de estudiantes
y jóvenes profesores
universitarios de Costa
Rica, cuyas propuestas
para estas Romerías se
basan en el
cuestionamiento de
dichos patrones. Pero
otras muestras nacen
también de similares
preocupaciones.
Desde Honduras, una
nación en plena
efervescencia política y
social, han llegado a
los espacios holguineros
las muestras
Tegucigalpa y otros
demonios, de Ek
Balán; la muestra
fotográfica El porta
recuerdos, de Ariel
Sosa; y la exposición de
esculturas
Politiqueros, de
Darío Rivera. Esta
última, ha sido
considerablemente
privilegiada por el
público y por sus
extraordinarios recursos
comunicativos
—que
articulan claves
culturales, religiosas,
políticas, literarias…—
ha sido convocada a la
gran fiesta de clausura
de estas Romerías, por
lo que las piezas
compartirán, en la
última jornada, un mismo
espacio con propuestas
de otros creadores.
Llega también desde
España, como el pasado
diciembre a La Habana,
Objetivo Fisahara,
una muestra que coincide
con el espíritu de este
festival en su afán de
reivindicar escenarios
locales como gestores y
receptores de todo tipo
de expresiones y
proyectos culturales. El
Sahara se revela ahora
en una céntrica calle
holguinera, tendido a lo
alto y ancho de una
antigua construcción.
Mientras, los parques
acogen performances como
El canto del
escorpión produce perlas,
del proyecto Vórtice, de
Santa Clara, y las
calles murales como
En familia somos uno,
trabajo en conjunto del
proyecto La vanguardia y
el artista hondureño
Denis Berrio.
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Durante la 17 edición de
las Romerías, las artes
plásticas han tomado
espacios que se alejan
de los tradicionales:
seduce a los visitantes
extranjeros, sobre todo,
el trabajo diario en
paredes de viejas
edificaciones, cafés,
plazas públicas y hasta
en los asfaltos de las
calles, donde el
graffiti enorgullece los
baches y los define,
también, como escenarios
posibles de creación.
Y no solo han sido
exposiciones. Babel ha
incluido, como ya es
costumbre,
conversatorios e
intercambios entre los
artistas, talleres de
creación en escuelas e
institutos
especializados de la
ciudad, conferencias y
trabajos en conjunto con
artistas de otras
manifestaciones, sobre
todo con creadores
audiovisuales y
teatristas. Un espacio
de confluencia de las
juventudes artísticas
del mundo en esta gran
ciudad romance, donde a
Picasso y un joven de 23
años les separa solo una
pared. Y aun así, con
una puerta por donde
transitan, de una
muestra a otra, los
mismos espectadores.
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