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Cuando
entré a La Jiribilla trabajaba
como jefe de redacción
de El Caimán Barbudo.
Recuerdo que cuando me
propusieron ir a
trabajar allí no
estaba muy convencido
porque a mí,
que nunca he sido muy lezamiano,
el nombre me sonaba a algo
infantil. Por fin acepté y
vino entonces la
sorpresa. Aquellas
madrugadas de cierre
eran una aventura
inolvidable, me
pasa todavía que
los viernes a las cinco
de la tarde digo: es la
hora de ir para La
Jiribilla. Siento
nostalgia de aquellos
tiempos. Era
interesantísimo a pesar
de que se trabajaba toda
la madrugada del sábado,
con un equipo que
será difícil conseguir
otra vez en una
publicación digital,
un grupito
chiquito pero muy bien
conformado.
Desde
que nació en 2001
La
Jiribilla no se perdió un
acontecimiento cultural
importante, ya fuera una
exposición, un
concierto, recuerdo los Granmys.
Además desempeñó
siempre su rol de
enciclopedia, era una
parte esencial de su
política editorial,
reunir lo mejor de la
cultura cubana alrededor
de distintos temas y por
otro lado incluir la
parte noticiosa de la
actualidad cultural.
Le debo
a La Jiribilla la
introducción en el mundo
digital porque cuando
llegué a ella mi
experiencia se resumía
al periodismo
tradicional.
Fue mi formación como
periodista digital. Hay
elementos que distinguen
a La Jiribilla de
cualquier otro sitio,
por ejemplo, sus
exclusivas son únicas,
todo el mundo va a morir allí, así ha
sido siempre. En la
parte cultural, es una
publicación con la cual
hay que contar, ahí está
lo último, lo que nadie
tiene.
La
Jiribilla
forma parte de la
vanguardia del
periodismo digital
cubano, sobre todo
porque aunque la revista
tiene su versión en
papel nació en versión
digital y como toda la
prensa cubana es
alternativa porque
refleja una realidad que
no es la común en los
grandes medios de
comunicación, La
Jiribilla, en su
condición de pionera
digital, juega un papel
y trata de estar a la
altura de los últimos
requerimientos de la
web.
Fragmentos de
entrevista para
una investigación sobre La
Jiribilla en fase de
realización. |