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Dedicada esta vez a la
integración
latinoamericana y
caribeña, la llamada
Semana Grande del arte
joven cubano ha
convocado al hombre
común de nuestras
tierras a dos de sus
espacios habituales: los
rostros y manos de la
ira y la ternura, más
una reproducción de uno
de sus retratos a Fidel
Castro, conforman la
exposición contentiva
del Pintor de
Iberoamérica, Oswaldo
Guayasamín, en el centro
de la Ciudad de los
Parques. Así abrió sus
puertas Babel, el
proyecto de las artes
plásticas en Romerías,
que por estos días acoge
otras 40 exposiciones de
jóvenes artistas.
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Pablo Guayasamín, hijo
del pintor ecuatoriano y
presidente de la
Fundación que su padre
instituyera, dejó
inaugurada la muestra a
pocas horas de dialogar
con académicos,
estudiantes, artistas e
intelectuales
participantes en la 17
edición del Premio
Memoria Nuestra, el
principal evento teórico
de las Romerías de Mayo.
Convocados esta vez a
debatir sobre “aquello
que nos hace singulares,
que impide que nos anule
el creciente influjo
globalizante y
manipulador”, los
asistentes conocieron la
biografía del pintor
según
el
testimonio de quien
acompañó medio camino de
su existencia:
el hombre que vivió y
creó a un mismo ritmo,
convencido de que su voz
era también la de muchos
otros.
“Yo no sé dar
conferencias”, advirtió
Pablo; pero la suavidad
del diálogo cautivó como
si lo fuera. Incluso en
los minutos finales, ya
fuera de la sala, cuando
aún quedaban
inquietudes.
Se refirió hace unos
instantes a que muchos
jóvenes pintan hoy como
Guayasamín. ¿Será que se
repiten circunstancias o
que la sensibilidad del
pintor seduce más allá
de los contextos?
Ciertamente, creo que
hay jóvenes que empiezan
a crear bajo su
influencia, aunque luego
se liberen y sigan su
camino. Eso es positivo:
el niño tiene que
agarrarse para aprender
a caminar y los jóvenes
artistas siguen el
ejemplo de sus
predecesores. Y pienso
que Guayasamín tiene
mucho que dar todavía.
Se le atribuyen a
Guayasamín cerca de
siete mil obras, muchas
de las cuales permanecen
en manos de aquellos a
quienes retrató. ¿Cómo
concilia la Fundación
tal cantidad y
dispersión, cuando se
plantea sus proyectos?
Sí, hay muchos retratos
que están en manos de
personas retratadas y
hay otros que pertenecen
a la Fundación. Por
ejemplo, hizo cuatro
retratos al Comandante,
hizo dos a García
Márquez, a 20 ó 30
cubanos (Eusebio Leal,
Antonio Núñez Jiménez,
José Ramón Fernández…),
personas con las que él
convivió y a las que
quiso dejarles ese
recuerdo. Esos cuadros
están hoy como parte del
patrimonio cubano o de
las personas retratadas.
Se calcula que hay
muchas más repartidas
por el mundo, tantas que
a veces no podemos
calcular y con las
cuales tampoco podemos
contar, por desgracia.
Pero sí en casos como
este proyecto, en Cuba.
¿Qué obras integran esta
exposición en Holguín?
Tenemos una reproducción
de uno de los retratos a
Fidel, obras de dos
series: “La edad de la
ira” y cuadros de La
ternura. Están las
manos, el sacrificio de
la madre… Es un
recorrido por dos de las
etapas de la obra de
Guayasamín.
Hace relativamente poco
tiempo, los cubanos
pudimos apreciar parte
de esa obra en la
exposición que organizó
la Fundación para
celebrar el 80
cumpleaños de Fidel.
¿Parte de aquella
muestra llega esta vez a
Holguín o se incluyen
nuevas piezas?
Son las mismas. Cuando
la Fundación Guayasamín
hizo el homenaje,
donamos a Cuba 50 obras
que están hoy
depositadas en la Casa
Guayasamín de La Habana.
Estuvieron también en
Bellas Artes y de ellas
hemos seleccionado 20
para que viniesen a
compartir esta
celebración holguinera.
Es un patrimonio cubano
y nos alegra que sea
compartido en todos sus
rincones.
La obra de Guayasamín se
expone por primera vez
en esta ciudad del
oriente cubano y también
usted viene por primera
vez, precisamente en
Romerías. ¿Qué impresión
tiene acerca de lo que
aquí sucede por estos
días?
Por primera vez he
venido a esta ciudad y
estoy realmente
impresionado. He visto
el fervor de la
juventud, el fervor de
un pueblo que se entrega
por entero a todas las
manifestaciones
culturales. He visto a
niños muy pequeños
involucrándose en la
vida de su ciudad, en
las tradiciones de su
ciudad, en un desfile
muy hermoso. Y eso no me
sorprende, Cuba es un
pueblo que sabe
conservar sus
identidades. |