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Mi primer encuentro con
La Jiribilla,
según lo recuerdo, se
dio a partir del impacto
que significaba un
nombre como ese para una
revista; naturalmente
las revistas pueden
llamarse como mejor les
parezca a sus directores
y a su equipo, pero en
realidad llamarse de ese
modo traía toda
una serie de
asociaciones con el
Ángel de La Jiribilla de
Lezama; con la jiribilla
del lenguaje popular,
muchacho inquieto,
hiperquinético; y me
enteré hace poco que jiribilla es también una
planta que, por cierto,
se parece mucho al
marabú, porque dicen que
es inmortal, puedes
cortarla pero las raíces
quedan debajo y siguen
floreciendo. De manera
que La Jiribilla
se me presenta como esa
especie de sorpresa
semántica, cuántas
acepciones y
posibilidades tiene una
publicación con ese
nombre. Creo que el
tiempo fue demostrando
que algunas de estas
acepciones,
especialmente la
inquietud y el hecho de
ser inextinguible ya
están demostrando ser
ciertas; en cuanto al
“Ángel de La Jiribilla
ruega por nosotros” eso
todavía queda pendiente,
que siga rogando por
nosotros.
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Lo que me impacta
especialmente de la
publicación es que ha
logrado proyectarse como
una especie de mosaico
intelectual y artístico,
es decir, que ha sido
capaz de mezclar géneros
periodísticos y
literarios: la
entrevista, la nota
informativa, un poema, un ensayo, una
reflexión determinada
sobre un tema X. Esa
variedad le da una
dinámica especial
subrayada por otra gran
virtud de la
publicación: su
presentación, su rostro público, esa
manera de mezclar el
diseño propiamente dicho
de dibujos, con la
tipografía, con la
fotografía, y todo eso
dentro de una cierta
coherencia, equilibrio.
Esto me ha
resultado siempre muy
sorprendente, no existen
muchas publicaciones que
lo hagan en Cuba, me
parece que va más allá
que otras, se
atreve más. Son virtudes de la
publicación que desde
luego no son su centro
mismo, porque este lo constituyen los
materiales que aparecen
en ella, su
profundidad,
extensión, sus
posibles lectores. Aludo
a sus posibles lectores
porque ese es uno de los
problemas fundamentales
de La Jiribilla
(y cuando hablo de ella
lo hago fundamentalmente
de La Jiribilla de
papel porque la
electrónica un poco que
me está vedada, no solo
porque soy muy torpe
moviéndome en la red,
sino porque me produce
fatiga y leo más cosas
impresas que en
pantalla).
Tengo la impresión en
cuanto a los debates,
que La Jiribilla
tiene un olfato para los
asuntos más serios del
mundo ideológico e
intelectual que nos
rodean, y me refiero no
solo a nuestro país sino
al mundo globalizado en
que vivimos. He notado
que la revista
tiene la virtud de
mezclar tanto la
reflexión de cubanos,
como de extranjeros.
Incluye ensayos de
extranjeros sobre un
determinado tema que
resulta ser muy
candente, por ejemplo,
los problemas de la
globalización, de la
dictadura mediática del
mundo moderno. Estas son
ideas que se mueven
permanentemente en La
Jiribilla y que nos
hacen pensar.
La revista debía
preocuparse también por
hacer más visible cómo
ven nuestros
politólogos, nuestros
sociólogos, nuestros
especialistas el debate
en torno a las ideas, en
contra de la
globalización, del
pensamiento único. Ello
no quiere decir que no
haya visto publicados
trabajos de Retamar, de
Fernando Martínez
Heredia, de distintos
intelectuales que tienen
mucho valor; pero tengo
la impresión de que
deben jugar un papel
realmente importante.
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Nunca será
suficientemente amplio
el debate sobre estos
temas, en medio de la
crisis enorme de valores
e ideas que se planteó
luego del desplome del
campo socialista.
Estamos en el deber de
salvar lo salvable y
cambiar lo que habría
que cambiar, porque
nosotros también somos
parte de la crisis; pero
tendría que estimularse
más un debate
sobre los temas de la
ideología, del choque
con ese monopolio
mediático de las ideas
de la derecha neoliberal
—que ha entrado en
crisis pero no quiere
decir que muera, pues tiene
suficientes recursos como para
mantenerse. Pienso que
la revista desempeña —y
debe desempeñar— un papel
importante y entenderse
más con esa
función.
Participé en un foro
interactivo organizado
por La Jiribilla,
y la experiencia que
tuve en la red fue
magnífica. Estoy
acostumbrado al mundo de
la galaxia Gutemberg y a
recibir noticias de vez
en cuando de que alguien
te leyó; pero en ese
caso no, estás en un
lugar y de todas partes
del mundo llegan
preguntas, comentarios.
Tienes la sensación de
que efectivamente eres
un ciudadano del mundo.
Me gustó participar en
un debate como este
porque efectivamente se
dan polémicas que atañen
a América Latina. Me
gustaría seguir
participando de un
fenómeno como ese,
abierto a todas las
posibilidades de
comunicación horizontal,
es una experiencia
única.
Fragmentos de
entrevista para
una investigación sobre La
Jiribilla en fase de
realización. |