Año IX
La Habana
8 al 14
de MAYO
de 2010

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La Jiribilla es un hecho cultural

Fernando Martínez Heredia • La Habana

 

Conocí el proyecto de La Jiribilla cuando nació. Recuerdo que era chiquitico, como pasa siempre en esos casos, y el local también era pequeño, se encontraba al lado de los fosos en el Palacio del Segundo Cabo. Con un entusiasmo tremendo que aún mantiene, Julio César Guanche —a quien entonces casi no se le entendía lo que hablaba— era el director de un pequeño equipo. Entonces nacía una nueva idea de algo que todavía no era nada viejo, el periodismo digital, y uno lo veía, como les pasa a todas las personas mayores, con cierta preocupación. Pensaba: ¿qué irán a hacer? En el mejor de los casos van a hacer un noticiero. Por esto lo recuerdo así, porque desde el inicio ya no era un noticiero. La idea de La Jiribilla, como un instrumento de trabajo y de lucha cultural, viene desde el principio. Es decir, que fueran sus temáticas y su posición ante los temas lo que la identificara y no la capacidad de cumplir periódicamente con una información. Digo esto porque se trataba de periodistas muy periodistas y a veces hay quien piensa que son dos cosas ajenas entre sí, que el periodista ha de ser una persona que más o menos informa lo que él piensa o le han dicho debe informar, y el de la cultura es quien dice cosas que, o no se le han dicho, o él cree que se deben decir, o es hasta molesto. La Jiribilla, por suerte, es las dos cosas.

Creo sobre todo que debe continuar como está posicionada, es decir, para hacer lo que hace hay que tener varias virtudes, no puede faltar ninguna. La Jiribilla es ubicua, cuando uno ve una muchacha sonriente que le exige que le dé para publicar lo que uno acaba de decir, es de La Jiribilla. Eso me pasa una y otra vez, en todas partes, y es indispensable, se debe estar con lo que está pasando, pero a la vez, y aquí me debo repetir, no es un noticiero. Es necesario formar opinión pública, es necesario incluso desaprender, ayudar a desaprender. Veo cómo se critican cosas valiosísimas porque no es lo que la gente quisiera, o porque la gente supone, los que la desprecian muchísimo, que usan estas cosas para distenderse, para reposar, de manera que se le da muy poco o casi ningún valor al hecho cultural y La Jiribilla es un hecho cultural. Por ser un hecho cultural puede servir para esta guerra que es, a mi juicio, la más importante que enfrenta el capitalismo en el mundo hoy y a la vez muy difícil para sus oponentes, porque tiene muchos medios a su favor, medios materiales sobre todo, pero también medios ideales.

La Jiribilla está obligada a seguir encontrando buenos temas, y continuar desarrollándolos lo mejor posible, pero sobre todo encontrándolos. No debe sentir temor, como no lo ha tenido hasta ahora, a entrarle a lo inconveniente, a lo que incluso puede ser molesto, porque por lo general en estos casos es absolutamente necesario, y aquí lo necesario tiene que ser el punto para medir. Digo esto porque estamos abrumados de información, los sistemas de información y de formación de opinión pública tienen una cantidad tan enorme de informaciones, de artículos, reportajes, textos de todo tipo que uno no puede competir si piensa que se trata de alcanzar una fracción del número que alcanzan los que dominan. Se trata de otra cosa, de la cualidad y esa cualidad está también relacionada con el hecho del olvido, por ejemplo: hay temas que no se tratan y cuando se hace se tratan de tal modo que quede desarmado como algo folclórico, o que quede desarmado como algo que un día dio un éxito y hasta un Oscar y que ya nunca más se va a abordar. Otras cuestiones se repiten, se reiteran, hasta el punto en que ya se trivializan, entonces La Jiribilla, para ser sintético, tiene que tener mucha cualidad, no cuenta con la cantidad. Por otra parte, hay que ser a veces creador y un poquito profeta, porque nosotros no podemos pelear de riposta, no queda más remedio porque para el tipo de guerra que se nos hace es mejor ser guerrillero, es decir: atacar y retirarse hasta que uno tenga más fuerza, pero es imprescindible la ofensiva y en esa ofensiva La Jiribilla tiene que ser creadora también y tiene que entender que el enemigo no es solo rico y fuerte, es capaz, que muchas cosas que fueron rebeldes ya no lo son hoy, que muchas cosas que asombraron tienen hoy solamente un nombre pero son una sombra de lo que fueron, porque han sido incorporadas a los esquemas de dominación.

La agilidad y el dinamismo que tiene son muy notables y, sin embargo, no es superficial, hay veces que se disculpa esto último por lo primero. Cuida de ofrecer posiciones, criterios, incluso de ofrecer más de uno, y me parece que en información lo que hay que pedirle, para ser ambiciosos, es lo que le pedía primero, pero reconociéndole, como es mi caso, que informativamente es muy buena, pero, insisto, formativamente también y es muy importante en nuestro caso la formación de la opinión pública. La Jiribilla es un instrumento para ello, como son en algunos casos instrumentos otros medios.

El aspecto gráfico en la revista es uno de esos temas que a mí me provocan envidia sana, porque hubiera querido ser músico o artista de la plástica, pero me tocó ser editor de revistas cuando era muy joven y tuve la suerte de tener a Roostgard como diseñador, y aprendí qué cosa es una buena edición, qué cosa es un buen emplane. Eran los tiempos de Raúl Martínez y de algunas obras tremendas en el cartel, en la plástica en general en Cuba. No soy crítico de artes plásticas ni de diseño pero a mi juicio y a mi gusto, La Jiribilla es muy bella. Recuerdo una anécdota de Lenin cuando vio la primera exposición de pintores bolcheviques, que dijo: son bolcheviques pero no son pintores. No se trata, como decía Martí, de que uno lo disculpe porque es patriota, tiene, además, que ser bueno artísticamente. En ese sentido La Jiribilla es muy atractiva, y ser atractivo es imprescindible como vehículo, porque además hace falta darles gusto a las personas. No puedo dar criterios de un orden más técnico, pero tengo la impresión de que es de las publicaciones mejor hechas en nuestro país desde el punto de vista formal.

La Jiribilla, además, es creíble y en eso consiste el primer punto de una buena respuesta. Por eso ha podido hacerlo. Me refiero a la credibilidad como el órgano que es, no del país que forma parte, y esto le permite una relación cuando ella es difícil. Digo esto porque a nosotros se nos presentan a lo largo de la historia —ya la nuestra es de medio siglo— una cantidad de situaciones difíciles, a veces por errores nuestros y a veces por coyunturas irremediables, cuando no se tiene ni todo el poder ni se es muy fuerte, a veces tiene que ser uno muy duro, o cuando no se tiene ni toda la virtud ni toda la eficiencia, hay que aparentar también que se es muy duro y en ambos casos se perjudican relaciones con personas que son tan revolucionarias como nosotros y en otras son personas decentes, tan valiosas como nosotros, solo que no piensan igual y a nosotros nos hacen falta ambos. En este caso, La Jiribilla al tener estas virtudes de que hablábamos antes puede ser un interlocutor muy válido, ha sabido serlo, acompaña ahí a la Casa de las Américas, al ICAIC, a una larga historia de otras instituciones cubanas que han sabido serlo también, pero esto a nosotros nos es imprescindible en el cuadro mundial de guerra cultural imperialista que, sigo repitiendo, es la principal forma de guerra que se hace hoy, donde se condena y arrincona a los revolucionarios a nivel mundial, se arrinconan también las ideas que no sean las dominantes. En este sentido La Jiribilla presta una función sumamente valiosa al proceso revolucionario socialista nuestro.

Creo también —y si me permiten me salgo un poco aparentemente del tema— que es creíble porque es una tribu, y esto lo digo no tanto con añoranza sino con cariño. Para mí es algo sumamente cercano al grupo del cual yo formaba parte cuando hacía una revista hace muchos años, y una tribu quiere decir una fuerza inmensa del compañerismo, de la hermandad, del cariño, del amor incluso del grupo, inspira y le crea mucha confianza a los extraños, y no solo porque es atractivo, sino porque es verdad.

Fragmentos de entrevista para una investigación sobre La Jiribilla en fase de realización.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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