|
Conocí el proyecto de
La Jiribilla cuando
nació. Recuerdo que era
chiquitico, como pasa
siempre en esos casos, y
el local
también era pequeño, se
encontraba al lado de
los fosos en el Palacio
del Segundo Cabo. Con un
entusiasmo tremendo que
aún mantiene, Julio
César Guanche —a quien
entonces casi no se le
entendía lo que hablaba—
era el director de un
pequeño equipo. Entonces
nacía una nueva idea de
algo que todavía no era
nada viejo, el
periodismo digital, y
uno lo veía, como les
pasa a todas las
personas mayores, con
cierta preocupación.
Pensaba: ¿qué irán a
hacer? En el mejor de
los casos van a hacer un
noticiero. Por esto lo
recuerdo así, porque
desde el inicio ya no
era un noticiero. La
idea de La Jiribilla,
como un instrumento de
trabajo y de lucha
cultural, viene desde el
principio. Es decir, que
fueran sus temáticas y
su posición ante los
temas lo que la
identificara y no la
capacidad de cumplir
periódicamente con una
información. Digo esto
porque se trataba de
periodistas muy
periodistas y a veces
hay quien piensa que son
dos cosas ajenas entre
sí, que el periodista ha
de ser una persona que
más o menos informa lo
que él piensa o le han
dicho debe informar,
y el de la cultura es
quien dice cosas que, o no
se le han dicho, o él
cree que se deben decir,
o es hasta molesto.
La Jiribilla, por
suerte, es las dos
cosas.
Creo sobre todo que debe
continuar como está
posicionada, es decir,
para hacer lo que hace
hay que tener varias
virtudes, no puede
faltar ninguna. La
Jiribilla es ubicua, cuando
uno ve una muchacha
sonriente que le exige
que le dé para publicar
lo que uno acaba de
decir, es de La
Jiribilla. Eso me
pasa una y otra vez,
en todas partes, y es indispensable,
se debe estar con
lo que está pasando,
pero a la vez, y aquí me
debo repetir, no es
un noticiero. Es
necesario formar opinión
pública, es necesario
incluso desaprender,
ayudar a desaprender.
Veo cómo se critican
cosas
valiosísimas porque no
es lo que la gente
quisiera, o porque la
gente supone, los que la
desprecian muchísimo,
que usan estas cosas
para distenderse, para
reposar, de manera que
se le da muy poco o
casi ningún valor al
hecho cultural y La
Jiribilla es un
hecho cultural. Por ser
un hecho cultural puede
servir para esta guerra
que es, a mi juicio, la
más importante que
enfrenta el capitalismo
en el mundo hoy y a la
vez muy difícil para sus
oponentes, porque tiene
muchos medios a su
favor, medios materiales
sobre todo, pero también
medios ideales.
|
 |
La Jiribilla
está obligada a seguir
encontrando buenos
temas, y continuar
desarrollándolos lo
mejor posible, pero
sobre todo
encontrándolos. No debe
sentir temor, como no lo
ha tenido hasta ahora, a
entrarle a lo
inconveniente, a lo que
incluso puede ser
molesto, porque por
lo general en estos
casos es absolutamente
necesario, y aquí lo
necesario tiene que ser
el punto para medir.
Digo esto porque estamos
abrumados de
información, los
sistemas de información
y de formación de
opinión pública tienen
una cantidad tan enorme
de informaciones, de
artículos, reportajes,
textos de todo tipo que
uno no puede competir si
piensa que se trata de
alcanzar una fracción
del número que alcanzan
los que dominan. Se
trata de otra cosa, de
la cualidad y esa
cualidad está también
relacionada con el hecho
del olvido, por ejemplo:
hay temas que no se
tratan y cuando se hace
se tratan de tal modo
que quede desarmado como
algo folclórico, o que
quede desarmado como
algo que un día dio un
éxito y hasta un Oscar y
que ya nunca más se va a
abordar. Otras
cuestiones se repiten,
se reiteran, hasta el
punto en que ya se trivializan, entonces
La Jiribilla, para
ser sintético, tiene que
tener mucha cualidad, no
cuenta con la cantidad. Por otra
parte, hay que ser a
veces creador y un
poquito profeta, porque
nosotros no podemos
pelear de riposta, no
queda más remedio porque
para el tipo de guerra
que se nos hace es mejor
ser guerrillero, es
decir: atacar y
retirarse hasta que uno
tenga más fuerza, pero
es imprescindible la
ofensiva y en esa
ofensiva La Jiribilla
tiene que ser creadora
también y tiene que
entender que el enemigo
no es solo rico y
fuerte, es capaz, que
muchas cosas que fueron
rebeldes ya no lo son
hoy, que muchas cosas
que asombraron tienen
hoy solamente un nombre
pero son una sombra de
lo que fueron, porque
han sido incorporadas a
los esquemas de
dominación.
La agilidad y el
dinamismo que tiene son
muy notables y, sin
embargo, no es
superficial, hay veces
que se disculpa esto
último por lo primero.
Cuida de ofrecer
posiciones, criterios,
incluso de ofrecer más
de uno, y me
parece que en
información lo que hay
que pedirle, para ser
ambiciosos, es lo que le
pedía primero, pero
reconociéndole, como es
mi caso, que
informativamente es muy
buena, pero, insisto,
formativamente también y
es muy importante en
nuestro caso la
formación de la opinión
pública. La Jiribilla
es un instrumento para
ello, como
son en algunos casos
instrumentos otros
medios.
El aspecto gráfico en la
revista es
uno de esos temas que a
mí me provocan envidia
sana,
porque hubiera querido
ser músico o artista de
la plástica, pero me
tocó ser editor de
revistas cuando era muy
joven y tuve la suerte
de tener a Roostgard
como diseñador, y
aprendí qué cosa es una
buena edición, qué cosa
es un buen emplane.
Eran los tiempos
de Raúl Martínez y de
algunas obras tremendas
en el cartel, en la
plástica en general en
Cuba. No soy crítico de
artes plásticas ni de
diseño pero a mi juicio
y a mi gusto, La
Jiribilla es muy
bella. Recuerdo una
anécdota de Lenin cuando
vio la primera
exposición de pintores
bolcheviques, que dijo:
son bolcheviques pero no
son pintores. No se
trata, como decía Martí,
de que uno lo disculpe
porque es patriota,
tiene, además, que ser
bueno artísticamente. En
ese sentido La
Jiribilla es muy
atractiva, y ser
atractivo es
imprescindible como
vehículo, porque además
hace falta darles gusto
a las personas. No puedo
dar criterios de un
orden más técnico, pero
tengo la impresión de
que es de las
publicaciones
mejor hechas en nuestro
país desde el punto de
vista formal.
|
 |
La Jiribilla,
además, es creíble y en
eso consiste el primer
punto de una buena
respuesta.
Por eso ha podido
hacerlo. Me refiero a la
credibilidad como el
órgano que es, no del
país que forma parte,
y esto le permite una
relación cuando ella es
difícil. Digo esto
porque a nosotros se nos
presentan a lo largo de
la historia —ya la
nuestra es de medio
siglo— una cantidad de
situaciones difíciles, a
veces por errores
nuestros y a veces por
coyunturas
irremediables, cuando no
se tiene ni todo el
poder ni se es muy
fuerte, a veces tiene
que ser uno muy duro, o
cuando no se tiene ni
toda la virtud ni toda
la eficiencia, hay que
aparentar también que se
es muy duro y en ambos
casos se perjudican
relaciones con personas
que son tan
revolucionarias como
nosotros y en otras son
personas decentes, tan
valiosas como nosotros,
solo que no piensan
igual y a nosotros nos
hacen falta ambos. En
este caso, La
Jiribilla al tener
estas virtudes de que
hablábamos antes puede
ser un interlocutor muy
válido, ha sabido serlo,
acompaña ahí a la Casa
de las Américas, al
ICAIC, a una larga
historia de otras
instituciones cubanas
que han sabido serlo
también, pero esto a
nosotros nos es
imprescindible en el
cuadro mundial de guerra
cultural imperialista
que, sigo repitiendo, es
la principal forma de
guerra que se hace hoy,
donde se condena y
arrincona a los
revolucionarios a nivel
mundial, se arrinconan
también las ideas que no
sean las dominantes. En
este sentido La
Jiribilla presta una
función sumamente
valiosa al proceso
revolucionario
socialista nuestro.
Creo también —y si me
permiten me salgo un
poco aparentemente del
tema—
que es creíble porque es
una tribu, y esto lo
digo no tanto con
añoranza sino con
cariño. Para mí es algo
sumamente cercano al
grupo del cual yo
formaba parte cuando
hacía una revista hace
muchos años, y una tribu
quiere decir una fuerza
inmensa del
compañerismo, de la
hermandad, del cariño,
del amor incluso del
grupo, inspira y
le crea mucha confianza
a los extraños, y no
solo porque es
atractivo, sino porque
es verdad.
Fragmentos de
entrevista para
una investigación sobre La
Jiribilla en fase de
realización. |