Año IX
La Habana
8 al 14
de MAYO
de 2010

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Una voz libre en medio de una guerra mediática

Roberto Méndez • La Habana

 

Guardo en la memoria todavía el nacimiento de La Jiribilla, desde lejos porque todavía vivía en Camagüey. Recuerdo las enormes dificultades a través de la red de cultura para poder acceder a la página, cuánto demoraba en bajar pero era un esfuerzo que de todas maneras uno hacía con muchísimo gusto. Era abrirse a un mundo que me resultó un poco extraño al principio, pues no tenía mucha experiencia de revisar periodismo digital, y La Jiribilla ayudó también a abrirme un mundo en esto, de informaciones, de un acercamiento rápido a los procesos culturales sin esa mediación que imponen las revistas especializadas en papel que generalmente reseñan las cosas cuando ha pasado un mes o dos de determinada acción. Eso me resultó atractivo.

Llegué a la revista mucho más cerca, todavía en Camagüey, a través de una llamada de la amiga Paquita Armas, empeñada siempre en alguna campaña cultural. Recuerdo que me pidió responder una entrevista para La Jiribilla con motivo de mi premio de Ensayo Carpentier y que le entregara un fragmento del texto para La Jiribilla de papel. Lo que nunca me pude imaginar es que pocos años después, cuando me estableciera en La Habana, mi regreso al periodismo después de mucho tiempo estando un poco al margen de él, iba a ser inmediatamente a través de la publicación. Precisamente la flexibilidad de la versión digital me facilitó muchas cosas, por una parte me permitió escribir esas cosas que se guardan en rincones de la memoria y uno a veces no piensa que a una revista le puedan interesar —una revista de papel con un número limitado de páginas difícilmente acepte un trabajo que no esté asociado con un aniversario, con un dossier, con un objetivo inmediato de la revista. La Jiribilla digital me abrió las puertas para lo que quisiera, no me voy a olvidar nunca que el primer texto entregado fue sobre Alba Marina, esa figura del canto cubano medio olvidada y la alegría especial, siendo yo un recién llegado a la ciudad, de ver aparecer ese trabajo no se me va a olvidar muy fácil.

Nunca pensé que la propia presión de trabajo de un órgano como este me iba a enseñar asuntos nuevos en materia de periodismo, yo había hecho alguna vez periodismo diario en Camagüey, pero era un recuerdo muy lejano y que me encargaran con un mínimo de anticipación de apenas cuatro o cinco horas el texto en memoria de Alberto Alonso, recién fallecido en EE.UU., o un texto en memoria de Maurice Béjart, sacaron de mí lo más juvenil que podía conservar en materia de periodismo. Ese trabajar con prontitud y calidad a la vez, con diligencia reunir materiales y redactar en la madrugada y entregar al amanecer para mí era ya cosa de un pasado lejano y volvió a ser. Es un acercamiento que no termina nunca, de hecho aunque sea editor de La Jiribilla de papel, sigo siendo un colaborador de la digital; son dos mundos complementarios pero muy bien definidos, y de hecho La Jiribilla digital para mí es imprescindible. Todos los días la descubro, todos los días me sorprendo con alguna cosa de ella. Su agilidad, su diversidad, ese renovarse cada semana son envidiables. Creo que ha logrado el objetivo para el que fue fundada, ser una voz libre en medio de una guerra mediática, y de hecho hasta la fortuna de tener ese nombre la ha ayudado enormemente.

No creo que Lezama hubiera podido pensar en esto, pero el que se tomara nada menos que al Ángel de La Jiribilla como protector de esta empresa ha sido muy afortunado, de hecho el nombre de La Jiribilla está en muchos oídos y muchas bocas en el mundo. Hace un tiempo estuve en Ecuador en un encuentro mundial de solidaridad con Cuba y para mi sorpresa me encontré con que muchísimos de los participantes, que podían venir de un pequeño poblado andino, de una capital latinoamericana, lo mismo intelectuales conocidos que obreros. Para ellos La Jiribilla era un sitio conocido y confiable, al cual se accedía para saber de Cuba porque sabían que determinados sitios de Internet como ciertos periódicos de sus países los desinformaban, y el acceso al sitio web para muchos de ellos era exactamente esa ventana abierta hacia Cuba en la que se sentían muy familiares.

Siempre hay un acto de audacia al colaborar con La Jiribilla, esto puede traer y desatar determinadas iras y venganzas a lo largo del mundo: me ha tocado en algunos sitios conversar con alguien y que la persona comience a comportarse de manera extraña cuando digo que soy periodista de La Jiribilla. El sitio, desde luego, está muy subrayado por los medios de derecha latinoamericanos como sitio peligroso y el personal que trabaja en él como conflictivo. De hecho cuando digo esto, estoy exponiendo el pecho a las saetas en cualquier sitio —en México, en España... Esto puede traer hostilidades, pero uno siente que detrás de estas hostilidades está también el respeto.  

Fragmentos de entrevista para una investigación sobre La Jiribilla en fase de realización.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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