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Como periodista me
siento orgullosa —y lo
pongo en todos mis
currículos— de ser
colaboradora de La
Jiribilla. Recuerdo
mi primer acercamiento a
la revista: fue en un
ómnibus que se dirigía
hacia las provincias
orientales durante una
Feria del Libro. Íbamos
un grupo de escritores y
se estaba buscando en
aquel momento el nombre
de la publicación.
Finalmente
La Jiribilla fue
el que, casi por
consenso, se quedó. Las
razones eran obvias: lo
que significaba el
nombre y su relación con
Lezama, las
características del
proyecto.
Definitivamente ahí
había una simbiosis
interesante.
Después fui a la primera
sede que estaba en un
rinconcito del Instituto
Cubano del Libro. El
equipo era muy pequeño
pero muy trabajador y
eso es algo muy
importante, pues
demuestra que los
grandes proyectos no
necesitan de grandes
aparatajes cuando
realmente tienen una
fundamentación sólida y
un deseo de hacerlos
bien. Allí los visitaba
con determinada
frecuencia y cada vez
que me llamaban con
gusto iba a colaborar.
Con el tiempo empecé a
notar cosas que me
gustaron mucho y lo
siguen haciendo hasta
ahora. Las
informaciones, ya fueran
de carácter
eminentemente
periodístico, u otras
más artísticas, tenían
un tratamiento elegante,
en cuanto a forma y
contenido, por profundo,
por complejo que fuera
el tema que se fuera a
tratar. La
forma, ese espacio
visual, resultaba
interesante, atractiva.
Después fue mejorando,
entraron otros
compañeros, vinieron
nuevas ideas, pero desde
el principio se buscó
esa consonancia: calidad
en cuanto a la temática
junto a una presentación
atractiva, y, sobre todo,
la variedad.
Luego
aparecieron los
números de
La Jiribilla de papel.
El primero que leí fue en
el contexto de una Feria
del Libro y me agradó
mucho, por su emplane novedoso. Me parece
atractiva porque no
está diseñada para leer
rápido —para eso están
Juventud Rebelde,
Granma—, está
concebida para
informarse con un
poquito más de sosiego.
Me gusta que tenga
secciones fijas, casi
todos los periódicos del
mundo las tienen, aunque
quizá algunas podrían
variarse, pues la gente
que visita el sitio por
primera vez no las
comprende del todo bien.
Es el caso de
El Gran Zoo,
que tal vez habría que
presentárselo al lector
nuevo. También
se introdujo después una
actualización que me
sorprendió, pero
comprendí su
importancia, pues de una
edición a otra
transcurría una semana,
pero en ese tiempo,
sucedían acontecimientos
que era necesario
informar de inmediato.
Esta actualización por
correo puede incluir
también un anuncio de lo
que se va a ver y le
ofrece un servicio al
lector.
Se ha hablado a lo largo
de todos estos años de
la revista Orígenes,
de Bohemia, todas
esas grandes
publicaciones que en
determinado momento
fueron vanguardias en
algo, ya fuese en la
cultura o en cualquier
otro sector, pero estoy
totalmente convencida, y
no soy pitonisa, de que
no se podrá hablar en un
futuro del empuje del
periodismo digital en el
ámbito de la cultura y
en sentido general si no
se toma en cuenta dentro
de unos años —y no
muchos— La Jiribilla,
porque es novedosa,
atractiva, informa,
enseña, y además tiene
algo muy importante:
los compañeros que
trabajan en ella se
vinculan de manera
espontánea y agradable
con el colaborador, no
solo con quien tiene una sección
fija, sino con todos.
Hay una complicidad que
hace más atractivo este
juego, un juego en el
sentido de que se
apuesta porque La
Jiribilla salga bien
y cada vez mejor y
esas personas, si se les
ocurre algo, aunque no
sea sobre sus temáticas
preferidas, lo plantean.
Hay una comunicación muy
fuerte, incluso desde
aquel localcito chiquitico que tenían
hasta ahora que tienen
más espacio físico y en
la red.
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Es curioso el hecho de
que sea un órgano de
prensa y una revista
cultural de manera
simultánea. Tiene muchos
elementos noticiosos y
también de carácter
ideológico, no solo
artísticos, pero brinda
también coberturas
inmediatas, por ejemplo,
el golpe de estado en
Honduras, tuvo un
espacio en la revista, porque no
se podía dejar pasar
inadvertido un
acontecimiento de esa
naturaleza; pero también
un premio que gana un
gran artista o
compositor, o las
presentaciones de algún
libro nuevo, todo eso
se encuentra allí. No creo que haya otra
publicación que reúna
todas esas condiciones
tan importantes
para el lector digital
en el extranjero.
Hay varios sitios en
este mundo de la prensa
digital, pero creo que
ninguno puede competir
en cuanto a estos
elementos: forma y
contenido. Me gusta
mucho el modo en que
trabajan, como
aparecen los materiales,
la comunicación que
hay... me agrada como
periodista y autora
aparecer en ella.
Fragmentos de
entrevista para
una investigación sobre La
Jiribilla en fase de
realización. |