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Mi
carrera ha
constituido para mí
tremendo
privilegio.
Comencé en Radio
Progreso, una de las
emisoras nacionales más
significativas para el
pueblo cubano y a través
de mi trabajo pude
acercarme a El Caimán
Barbudo, revista
cultural de la juventud
cubana que en los años
80 fue
fundamental para la
cultura cubana. Allí
tenía una sección, Entre
Cuerdas, que hizo
historia. Gracias a ella
pasé a la televisión y
trabajé en un programa
junto con Jorge Gómez en
los 80, que se llamó
Perspectivas, donde el
público cubano pudo
disfrutar por primera
vez de Led
Zeppelin y Jimi
Hendrix, no por fotos
sino moviéndose,
cantando. En los 90, con
la depresión editorial,
El Caimán… dejó de
salir y comencé a
colaborar con casi todos
los órganos de prensa
plana. Con Juventud
Rebelde estuve un
tiempo largo,
escribiendo sobre música
cubana, porque Entre
Cuerdas se dedicaba sobre todo
a la música internacional,
aunque de vez en cuando
incluía personajes
nuestros para darles
relevancia. Recuerdo que
escribí sobre Chucho, Gonzalito Rubalcaba,
Frank Fernández; también
colaboré con Granma
hasta que,
no recuerdo realmente
cómo, aparecí en La
Jiribilla. Uno puede
tener muchas
posibilidades de hacer
programas de televisión,
de hablar por radio;
pero el testimonio
escrito, el que queda,
es para mí muy
importante.
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Un
intelectual debe tener conciencia de que “toda
la gloria del mundo cabe
en un grano de maíz”;
para mí ser parte de
La Jiribilla es otro
privilegio que tengo, no
solo por poder decir lo
que pienso que es
importante, sino por
quién tienes al lado, en
cuál contexto te mueves:
no hay edición de esta
publicación que
haya leído en la cual
uno no se sienta
privilegiado por ser
parte de ese colectivo
de intelectuales tan
prestigiosos. Pueden ser
jóvenes o
personalidades; pero
todos vamos en una misma
dirección. Como no soy
un corresponsal sino que
escojo de lo que voy a
hablar, lo hago porque
lo siento, con un
enfoque distinto sobre
la música cubana, que no
es necesariamente el de Bladimir Zamora con su
sección o Pedro de la
Hoz con sus artículos,
busco otro ángulo, no el
del hecho en sí, sino de
la significación de ese
hecho para este tiempo.
Hay algo
que debe tener todo
colectivo de trabajo y
específicamente cuando
se trata de la labor
editorial, y es la honestidad,
la sinceridad y
amor por lo que haces,
también se puede llamar
sentido de pertenencia y
mientras menos personas
sean hay menos coqueteo, menos rozar
epidérmicamente los
asuntos y más
responsabilidad. De ese
modo veo a la revista; puede que
sean jóvenes, pero siento
que hay un peso de
responsabilidad, de
placer, de conciencia,
de consagración, de compromiso, y eso me
hace considerarme parte
de este equipo.
Siento
que debo escribir para
la revista cuando hay
algún evento, o me
encuentro con algún
disco o hay una fecha
importante,
porque escribir sobre
música para La
Jiribilla es la
oportunidad de gozar la
esencia de la cubanía;
es la oportunidad que
tienes de estar en el
centro del asunto. No es
una "tarea", es algo que
sale de mi interior y
que hago con mucho
gusto.
Fragmentos de
entrevista para
una investigación sobre La
Jiribilla en fase de
realización. |