Año IX
La Habana
8 al 14
de MAYO
de 2010

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Escribir para La Jiribilla es la oportunidad de gozar
la esencia de la cubanía

Guille Vilar • La Habana

 

Mi carrera ha constituido para mí tremendo privilegio. Comencé en Radio Progreso, una de las emisoras nacionales más significativas para el pueblo cubano y a través de mi trabajo pude acercarme a El Caimán Barbudo, revista cultural de la juventud cubana que en los años 80 fue fundamental para la cultura cubana. Allí tenía una sección, Entre Cuerdas, que hizo historia. Gracias a ella pasé a la televisión y trabajé en un programa junto con Jorge Gómez en los 80, que se llamó Perspectivas, donde el público cubano pudo disfrutar por primera vez de Led Zeppelin y Jimi Hendrix, no por fotos sino moviéndose, cantando. En los 90, con la depresión editorial, El Caimán… dejó de salir y comencé a colaborar con casi todos los órganos de prensa plana. Con Juventud Rebelde estuve un tiempo largo, escribiendo sobre música cubana, porque Entre Cuerdas se dedicaba sobre todo a la música internacional, aunque de vez en cuando incluía personajes nuestros para darles relevancia. Recuerdo que escribí sobre Chucho, Gonzalito Rubalcaba, Frank Fernández; también colaboré con Granma hasta que, no recuerdo realmente cómo, aparecí en La Jiribilla. Uno puede tener muchas posibilidades de hacer programas de televisión, de hablar por radio; pero el testimonio escrito, el que queda, es para mí muy importante.

Un intelectual debe tener conciencia de que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”; para mí ser parte de La Jiribilla es otro privilegio que tengo, no solo por poder decir lo que pienso que es importante, sino por quién tienes al lado, en cuál contexto te mueves: no hay edición de esta publicación que haya leído en la cual uno no se sienta privilegiado por ser parte de ese colectivo de intelectuales tan prestigiosos. Pueden ser jóvenes o personalidades; pero todos vamos en una misma dirección. Como no soy un corresponsal sino que escojo de lo que voy a hablar, lo hago porque lo siento, con un enfoque distinto sobre la música cubana, que no es necesariamente el de Bladimir Zamora con su sección o Pedro de la Hoz con sus artículos, busco otro ángulo, no el del hecho en sí, sino de la significación de ese hecho para este tiempo.

Hay algo que debe tener todo colectivo de trabajo y específicamente cuando se trata de la labor editorial, y es la honestidad, la sinceridad y amor por lo que haces, también se puede llamar sentido de pertenencia y mientras menos personas sean hay menos coqueteo, menos rozar epidérmicamente los asuntos y más responsabilidad. De ese modo veo a la revista; puede que sean jóvenes, pero siento que hay un peso de responsabilidad, de placer, de conciencia, de consagración, de compromiso, y eso me hace considerarme parte de este equipo.

Siento que debo escribir para la revista cuando hay algún evento, o me encuentro con algún disco o hay una fecha importante, porque escribir sobre música para La Jiribilla es la oportunidad de gozar la esencia de la cubanía; es la oportunidad que tienes de estar en el centro del asunto. No es una "tarea", es algo que sale de mi interior y que hago con mucho gusto.

Fragmentos de entrevista para una investigación sobre La Jiribilla en fase de realización.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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