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Licenciada en Derecho en
1995, Mariela López
Galano se inclinó por
los difíciles senderos
de la televisión desde
muy jovencita. Trabajó
al lado de los
reconocidos directores
Eduardo Moya y Xiomara
Blanco bebiendo de su
experiencia y su
quehacer televisivo,
hasta que en 1999 asumió
la dirección de La
sombrilla amarilla
una serie infantil que
conquistó a sus
destinatarios y los
adultos, cómo no, que
siguieron las peripecias
de Marcolina en otras
dos temporadas. La
puesta televisiva tuvo
su DVD en el 2005 y
Mariela también dirigió
esa producción.
La joven realizadora ha
dirigido además
Parchís Tocororo
una multimedia didáctica
para prevenir los
riesgos por desastres
naturales, producida por
Save the
Children y tuvo a su
cargo el guión y la
dirección artística de
La granjita
producida por CITMATEL.
Para el público adulto
ha dirigido, entre otras
piezas, el cuento
“Bésame otra vez
forastero”, “¿Loco?”,
de Guy de Maupassant
y “Tonos de verde”,
una comedia original
de Marié Rojas Tamayo.
Sus obras han ganado
numerosos premios:
Caracol, de la UNEAC; en
Festivales de la
televisión, y también
internacionales como la
Distinción a La
sombrilla amarilla,
de Ral Programa
Latinoamericano,
otorgado en Punta del
Este, Uruguay en marzo
de 2001.
Con La sombrilla
amarilla te
estrenaste como
directora, ¿qué hacías
antes en la televisión?
Fui durante cinco años
asistente de dirección.
A Eduardo Moya y a
Margarita González les
debo la experiencia
maravillosa y sólida de
mi primer trabajo; a
Xiomara Blanco me unió
para siempre El
naranjo del patio y
Tierra brava. A
Moya y a Xiomara les
estaré siempre
agradecida por la
escuela que significó
estar a su lado. Sus
consejos me han ayudado
a salir de momentos
difíciles en los que no
he podido consultar, sin
embargo, he sentido sus
voces.
¿Por qué te inclinaste
por ese importante y a
la vez difícil medio?
La televisión me
fascina, es un medio
poderoso para darle
salud espiritual al
pueblo y para ofrecerles
herramientas para una
mejor calidad de vida.
Sentía que podía servir
a través de ella.
¿Qué te subyugó del
guión de Ivette Vian
para que lucharas por
llevar a imagen y
movimiento La
sombrilla amarilla?
Vi que podía realizar un
espectáculo divertido y
a la vez didáctico, con
personajes muy bien
diseñados, que Ivette no
subestimaba la
inteligencia de los
niños y creaba
situaciones a las que
les podía sacar partido
desde el punto de vista
de la puesta en escena.
Y por otra parte, tenía
muchas ganas de dirigir,
y sentí que era mi
oportunidad.
¿Cuántas temporadas
—como se dice ahora—
hiciste de esa
propuesta?
Tres, producidas en
1999, 2001 y 2003; en
total fueron 96
capítulos de 27 minutos.
En el primer Festival de
la televisión,
prácticamente arrasaste
con tu programa y ahora
en el sexto vuelves a
llevarte los máximos
galardones con Mucho
ruido, ¿lo esperabas
en ambos casos?
En el primer Festival de
la televisión, La
sombrilla amarilla
obtuvo los premios al
mejor programa infantil,
multicámara, banda
sonora y efectos
visuales; pero cuando sí
me sorprendió fue en
1999 en el evento
Caracol de la UNEAC, que
fue el primero en el que
participé gracias a la
insistencia de Rafael
García (Felito), su
director de fotografía.
Allí obtuvimos premios
al mejor seriado
dramatizado, dirección,
banda sonora, dirección
de arte, maquillaje,
escenografía y mención
de edición.
En esta 6ta. edición del
Festival de la
televisión, el Gran
Premio es un
reconocimiento que nos
emocionó y ha validado
oficialmente la obra.
Fue una sorpresa porque
no es habitual que los
programas de corte
infantil y juvenil sean
candidatos a los grandes
premios. Pero me llena
de gran satisfacción que
el primer premio
obtenido por Mucho
ruido fue el de la
popularidad, que convoca
el programa Entre tú
y yo dirigido por
Sonia Castro. El hecho
de que la serie comunicó
no solo con el público
destinatario, sino que
propició el debate entre
los adolescentes y los
jóvenes es mi premio más
querido, y se ha fundido
con este Gran Premio.
¿Cómo llegaste al guión
de esta propuesta?
Cuando conocí que Maiteé
y Ricardo Vila iban a
escribir una serie para
adolescentes me
autopropuse porque me
interesa el tema.
Utilizaste en ambas
series actores
experimentados y a otros
que empiezan, ¿cómo
consigues que fluya la
comunicación entre
ellos?
Incentivo la
retroalimentación de
experiencias, los más
experimentados fueron
sus guías, les dieron
lecciones de
profesionalidad y
humildad, la magia la
hace el talento, el
respeto por la profesión
y por sí mismo; se trata
de personajes en una
obra, todos diferentes
pero con un solo
objetivo y una misma
ética.
Algunos sicólogos
afirman que la
adolescencia es la edad
para crecer física y
emocionalmente. ¿Se
empinaron tus muchachos
en las semanas de
filmación?
Confiaron y se
entregaron, creo en la
inteligencia y
sinceridad de los
adolescentes, ellos son
muy observadores y saben
escuchar, mis jóvenes
actores supieron de los
grandes sacrificios del
oficio, maduraron
durante el proceso, la
serie fue la práctica de
lo que habían estudiado
en la Escuela Nacional
de Arte (ENA), y sobre
todo aprendieron la
importancia de la
solidez del trabajo
individual trabajando
en equipo.
En series has trabajado
con éxito para los
públicos infantil y
juvenil (aunque los
adultos bien que se
engancharon), ¿te
arriesgarías con una
telenovela?
No creo que realizar una
telenovela sea más
arriesgado que trabajar
seriados para niños y
adolescentes, ellos son
un público muy
agradecido pero igual de
sincero, no hay medias
tintas, si no te
comunicas te apagan.
Muchas veces durante
La sombrilla amarilla
me preguntaron cuándo
iba a hacer algo de más
peso, más serio, y yo me
pregunto: ¿Hay algo más
serio que lograr la
aceptación y audiencia
de los niños, de
hacerlos felices? Para
mí la diferencia está en
que la telenovela tiene
más tiempo de
producción, y en eso sí
es más compleja, es una
carrera de resistencia
en la que se corren
muchos riesgos si se
pierde la fuerza.
Pero lo que realmente
quiero realizar es otra
serie con conflictos
juveniles en el ambiente
de la familia cubana, y
sinceramente disfruto
mucho trabajando con
ellos.
¿Cuál es tu sueño
inmediato?
Seguir soñando. |