Año VIII
La Habana
2010

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Fermín Valdés Domínguez
Josefina Ortega • La Habana
Foto: Cortesía de la autora


Siempre me he preguntado si cuando José Martí escribió en uno de sus Versos sencillos “Tiene el señor presidente/ un jardín con una fuente/ Y un tesoro en oro y trigo/ Tengo más tengo un amigo.”, si estaría recordando a Fermín Valdés Domínguez, a quien le correspondió el honor de ser su primer amigo y, con el paso del tiempo, como un hermano.


Fermín Valdez Domínguez y José Martí

Fermín había nacido también en La Habana en el mismo año de 1853, el 7 de julio. Su amistad con Martí comenzó cuando niños en el colegio San Anacleto dirigido por Rafael Sixto Casado. Años después, ya estudiantes los dos de la segunda enseñanza, esta relación se profundizó en la escuela San Pablo del poeta y forjador de patriotas Rafael María de Mendive.

Sentimientos de patria y libertad se alentaban en el hogar de los Valdés Domínguez. Allí la rebeldía del joven José Julián y sus ansias de saber gozaban de comprensión. Y fue precisamente en esa casa, situada en el lugar donde hoy se levanta el edificio de Industria 354 entre San Miguel y San Rafael —“aunque ninguna tarja marca el sitio”, como apunta el estudioso martiano Jorge Juan Lozano Ros—, donde el futuro Apóstol de Cuba escribió “con mano justiciera”, en octubre de 1869, una memorable carta.

Iba dirigida a un condiscípulo que había ingresado en un regimiento del Ejército Español: “¿Has soñado tú alguna vez con la gloria de los apóstatas? ¿Sabes tú cómo en la antigüedad se castigaba la apostasía? Esperamos que un discípulo del Sr. Rafael María de Mendive no ha de dejar sin contestación esta carta”.

Obtenida la misiva por las autoridades coloniales, los dos adolescentes firmantes del documento fueron acusados de infidencia. Fermín es condenado a seis meses de cárcel y Martí a seis años.

En 1871 un terrible acontecimiento conmovería para siempre la existencia del hermano del alma de Martí, quien junto con otros estudiantes de primer año de Medicina de la Universidad de La Habana, fueron acusados, sin prueba alguna, de profanación e infidencia. Ocho de los jóvenes fueron condenados a muerte.

Fermín, aunque logró salvar la vida, fue sentenciado a seis años de prisión. Indultado en 1872, gracias a gestiones de su familia, pudo viajar hacia España, donde se reunió otra vez con Martí, quien había sido deportado a la Península un año antes.

Llegaba Fermín en un momento crítico. Su amigo yacía enfermo y sin medios económicos, viviendo en una buhardilla. Lo ayudó generosamente y juntos continuaron sus estudios en España. “Nuestra primera entrevista fue tristísima —recordó Fermín—. Él me veía enfermo y yo lo creía incurable… Pero había llegado yo, y ya él no se moriría, y él a su vez, pensaba que con sus cuidados, yo me curaría. (…) Ya en habitaciones amplias y hasta elegantes, con buena mesa y buen sastre, y médico acreditado, había elementos para hacerle la guerra a la muerte… y vencerla!”

Y al cumplirse el primer aniversario del 27 de noviembre de 1872, ambos organizan actos en la capital española en homenaje a los ocho mártires. Fermín publica el más formidable alegato de la inocencia de sus desventurados compañeros.

Más adelante, los dos amigos volverán a encontrarse en La Habana, donde la palabra de Martí deslumbra en las reuniones que el médico cirujano Valdés Domínguez organiza en su casa, ubicada ahora en la calle Industria número 122; no pasa mucho tiempo para que las actividades revolucionarias de Martí lo conduzcan al exilio, en tanto Fermín se traslada a la zona de Baracoa en el oriente cubano para ejercer la Medicina y continuar con sus investigaciones científicas.


Fermín Valdez Domínguez,Panchito Gómez Toro y José Martí

En enero de 1894, se uniría en Nueva York al delegado del Partido Revolucionario Cubano, a quien secunda eficazmente en su misión patriótica. Su dolor es inmenso al conocer de la caída en combate de su gran amigo. En julio de 1895 se incorpora a la Guerra de independencia, donde alcanza los grados de coronel. 

Fue jefe de Sanidad en el Primer Cuerpo de Oriente y del Cuarto Cuerpo de Las Villas en el Ejército Libertador. Participó como representante en las Asambleas Constituyentes de Jimaguayú y La Yaya. Fue elegido subsecretario de Relaciones Exteriores del gobierno en armas.

Terminada la contienda, regresó a su quehacer de médico y ejerció el periodismo. Se dedicó a mantener viva la memoria de los estudiantes de Medicina y de su defensor, el honorable Federico Capdevila, y sobre todo a preservar y difundir el legado martiano.

Falleció en La Habana el 13 de junio de 1910.

 
 
 

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La Habana, Cuba. 2010.
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