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Del martes para acá, de lo más que se
habla en España es de la extraordinaria
actuación del delantero Leo Messi en La
Liga de Campeones. Cuatro goles como
cuatro soles, que ponen al Barcelona en
semifinales.
Pero no hablaré de fútbol ahora. Veía al
joven argentino frente a las cámaras,
después de su última proeza, y pensaba
en el concepto de modestia. Si reviso mi
educación sentimental y la de buena
parte de los cubanos de mi edad,
encuentro un término que se prestó a
confusiones y excesos. Por cualquier
cosa te sonaban el apodo de
“autosuficiente”. Se llevó por años
hablar en plural (el yo reservado para
casos especiales) y la modestia como
virtud de primera línea.
A pesar de que siempre estuve entre los
que prefería a un vanidoso moderado (y
realmente capaz) que al falso modesto,
usufructuario militante del plural, ese
que pone cara de infeliz ante cualquier
elogio; con todo y que creo mucho en el
papel del individuo, me queda claro que
la arrogancia o el egocentrismo conducen
a la pedantería, a lo que en cubano
llamamos ser o, peor, caer pesa’o.
Messi parece ser de los humildes, los
modestos reales. Contrasta con
Cristiano Ronaldo —según los
especialistas casi tan grande y virtuoso
como él— pero “postalita”, orgulloso,
prepotente. Muchas veces ponen una vieja
grabación del niño de Rosario al que le
decían La Pulguita y hay en el juego
actual del Messi millonario y célebre
jugador mucho de esa travesura,
ingenuidad, gusto por la pelota del
adolescente que llegó a Barcelona con
problemas de enanismo.
Hay otros que posan de humildad y se les
queda mal, son peores que los
autosuficientes (¡qué palabrita!) tan en
boga en la Cuba de los años sesenta o
setenta. Esperan a que otro los elogie o
pondere y muchas veces no hay tal
casualidad en el piropo ajeno; el falso
modesto teje una telaraña, manipula
situaciones en las que estalle la
cosquilla para su ego y la oportunidad
de restarse (o más bien multiplicarse
fraudulentamente) méritos.
Adoro el talento, el virtuosismo, la
gracia singular que no se da todos los
días. Si viene acompañada de moderación,
buen gusto, simpatía… mejor. |