|
Pablo Menéndez es uno de esos músicos a
los que uno puede aplicarle aquello de
que más sabe el diablo por viejo que por
diablo. No se trata de que él sea un
venerable anciano, pero ya tiene una
experiencia de treintitantos años sobre
el escenario. Vale recordar su tránsito
por agrupaciones tan importantes como el
Grupo de Experimentación Sonora del
ICAIC, Sonido Contemporáneo y Síntesis,
todos verdaderos talleres de creación
artística.
Con lo aprendido en dichos ensambles, a
comienzos de los 80 optó por fundar
Mezcla, un proyecto destinado a dar
rienda suelta a sus propias inquietudes
autorales e interpretativas y que, como
su nombre indica, se creó con la
intención de apostar por la fusión de
géneros y estilos. Penosamente, aunque
la banda no ha dejado de estar activa en
ningún momento de entonces a acá, su
discografía ha sido en extremo reducida
y lo que todavía resulta peor, muy mal
distribuida, en particular dentro de
nuestro país.
Pese al problema antes aludido, en la
memoria de los amantes de la música
popular entre nosotros permanecen
nítidas sus interpretaciones de temas
como “Aquí cualquiera tiene”, “Nacidos
del fuego”, “Homenaje a Raúl Lima” o
“Cuando se vaya la luz”, piezas no solo
compuestas por integrantes del grupo,
sino escogidas entre el repertorio de
distintos cantautores y que son
versionadas acorde con el modo en que
Mezcla asume el hecho sonoro. En ese
sentido, habría que decir que si bien lo
híbrido ha protagonizado las distintas
producciones de la tropa de Pablo
Menéndez, el formato utilizado ha sido
el de las bandas de rock, con un
protagonismo de la guitarra eléctrica
ejecutada por el director de la
agrupación. Curiosamente, en su
producción discográfica titulada Las
puertas están abiertas, hay un
cambio en la concepción tímbrica que
había predominado en las dos décadas
pasadas, pues a la labor frontal de la
guitarra se añade una cuerda de metales.
En la nueva sonoridad que propone el
ensamble, también se denota el abandono
para este CD de las composiciones
enmarcadas en los parámetros de la
música popular de concierto y una mayor
aproximación a lo bailable, claro que
con una selección de piezas en las que
se impone el buen gusto.
El fonograma se inicia con una rumba,
que dicho sea de paso es el género que
señorea a lo largo de toda la grabación.
“Rumbas a puertas abiertas” es una
composición del percusionista y
vocalista Octavio Rodríguez, y su
arreglo me hace evocar al desaparecido
Sonido Contemporáneo. En el tema hay
unos muy llamativos pasajes de la cuerda
de metales y posee además un par de
logrados solos, a cargo de Pablo
Menéndez a la guitarra y del trompetista
Mayquel González, los cuales tienen el
respaldo de una percusión a todo dar.
Sigue a continuación un delicioso
chachachá de Gerardo Alfonso y que
responde al título de “Lo que me amarra
aquí”, de nuevo con protagonismo de la
trompeta de Mayquel. En el tercer corte,
“Guaguancó a todos los barrios / rap de
Belén”, que cuenta con la intervención
como invitado de Coco Freeman, su intro
y estructura morfológica en general
hacen evocar los trabajos del Conjunto
de Chapotín, lo que con un toque de
contemporaneidad aportado en particular
por la intervención de las raperas del
ya desaparecido grupo Instinto, que en
el fragmento que les corresponde
corroboraban sus muchas posibilidades
para el canto.
El espíritu festivo predominante en el
CD no decae tampoco en “Navegando”, una
creación del holguinero Julián
Gutiérrez, pianista de Mezcla en el
momento en que se registró este
material. Vienen después un par de
cortes que, si bien corresponden a una
etapa anterior de la banda, no habían
salido en anteriores discos y están
grabados por una alineación distinta a
la que realiza Las puertas están
abiertas. Trátase de “Yo solo hablo
de amor” (Erick Sánchez), en el que hay
dos notables solos de los hermanos
Yosvany y Yoel Terry, en saxo y flauta
respectivamente, y “Ya ves, como el
primer día”, un viejo tema de José
Antonio Acosta (otrora bajista de la
formación) y que aquí tiene el aporte de
los trombones de los Van Van y las
improvisaciones de Pedrito Calvo en la
voz y de Joel en la flauta.
“Desaliento, odio y frenesí”, original
de Gerardo Alfonso, representa un cambio
de aire hacia una atmósfera más
tranquila y relajada. El solo de Pablo
en una guitarra acústica con cuerdas
metálicas posee una excelente dicción y
un fraseo con mucho sentimiento.
Si descontamos una suerte de bonus track
o segmento interpretado solo con la
percusión y voces procesadas con
efectos, que interpretan un texto en
spanglish, suerte de jocosa broma, el
álbum concluye con la sabrosa rumba “Lenguasá”,
de Lázaro Rizo, en la que el trompeta
Roberto García se lleva las palmas.
Un balance del fonograma apunta a que
como producción es un disco equilibrado,
quizá demasiado breve en su duración,
pero que cumple los objetivos para los
que está concebido. De seguro, alguien
acostumbrado a otras propuestas de la
agrupación eche de menos piezas cercanas
al rock y a la música popular de
concierto. Empero, en el trabajo aquí
reseñado Pablo y Mezcla apostaron por la
"gozadera" y, de veras, no les salió
mal. |