Año VIII
La Habana
2010

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Mezcla
Las puertas están abiertas
Joaquín Borges-Triana • La Habana


Pablo Menéndez es uno de esos músicos a los que uno puede aplicarle aquello de que más sabe el diablo por viejo que por diablo. No se trata de que él sea un venerable anciano, pero ya tiene una experiencia de treintitantos años sobre el escenario. Vale recordar su tránsito por agrupaciones tan importantes como el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, Sonido Contemporáneo y Síntesis, todos verdaderos talleres de creación artística.

Con lo aprendido en dichos ensambles, a comienzos de los 80 optó por fundar Mezcla, un proyecto destinado a dar rienda suelta a sus propias inquietudes autorales e interpretativas y que, como su nombre indica, se creó con la intención de apostar por la fusión de géneros y estilos. Penosamente, aunque la banda no ha dejado de estar activa en ningún momento de entonces a acá, su discografía ha sido en extremo reducida y lo que todavía resulta peor, muy mal distribuida, en particular dentro de nuestro país.

Pese al problema antes aludido, en la memoria de los amantes de la música popular entre nosotros permanecen nítidas sus interpretaciones de temas como “Aquí cualquiera tiene”, “Nacidos del fuego”, “Homenaje a Raúl Lima” o “Cuando se vaya la luz”, piezas no solo compuestas por integrantes del grupo, sino escogidas entre el repertorio de distintos cantautores y que son versionadas acorde con el modo en que Mezcla asume el hecho sonoro. En ese sentido, habría que decir que si bien lo híbrido ha protagonizado las distintas producciones de la tropa de Pablo Menéndez, el formato utilizado ha sido el de las bandas de rock, con un protagonismo de la guitarra eléctrica ejecutada por el director de la agrupación. Curiosamente, en su producción discográfica titulada Las puertas están abiertas, hay un cambio en la concepción tímbrica que había predominado en las dos décadas pasadas, pues a la labor frontal de la guitarra se añade una cuerda de metales.

En la nueva sonoridad que propone el ensamble, también se denota el abandono para este CD de las composiciones enmarcadas en los parámetros de la música popular de concierto y una mayor aproximación a lo bailable, claro que con una selección de piezas en las que se impone el buen gusto.

El fonograma se inicia con una rumba, que dicho sea de paso es el género que señorea a lo largo de toda la grabación. “Rumbas a puertas abiertas” es una composición del percusionista y vocalista Octavio Rodríguez, y su arreglo me hace evocar al desaparecido Sonido Contemporáneo. En el tema hay unos muy llamativos pasajes de la cuerda de metales y posee además un par de logrados solos, a cargo de Pablo Menéndez a la guitarra y del trompetista Mayquel González, los cuales tienen el respaldo de una percusión a todo dar. Sigue a continuación un delicioso chachachá de Gerardo Alfonso y que responde al título de “Lo que me amarra aquí”, de nuevo con protagonismo de la trompeta de Mayquel. En el tercer corte, “Guaguancó a todos los barrios / rap de Belén”, que cuenta con la intervención como invitado de Coco Freeman, su intro y estructura morfológica en general hacen evocar los trabajos del Conjunto de Chapotín, lo que con un toque de contemporaneidad aportado en particular por la intervención de las raperas del ya desaparecido grupo Instinto, que en el fragmento que les corresponde corroboraban sus muchas posibilidades para el canto.

El espíritu festivo predominante en el CD no decae tampoco en “Navegando”, una creación del holguinero Julián Gutiérrez, pianista de Mezcla en el momento en que se registró este material. Vienen después un par de cortes que, si bien corresponden a una etapa anterior de la banda, no habían salido en anteriores discos y están grabados por una alineación distinta a la que realiza Las puertas están abiertas. Trátase de “Yo solo hablo de amor” (Erick Sánchez), en el que hay dos notables solos de los hermanos Yosvany y Yoel Terry, en saxo y flauta respectivamente, y “Ya ves, como el primer día”, un viejo tema de José Antonio Acosta (otrora bajista de la formación) y que aquí tiene el aporte de los trombones de los Van Van y las improvisaciones de Pedrito Calvo en la voz y de Joel en la flauta.

“Desaliento, odio y frenesí”, original de Gerardo Alfonso, representa un cambio de aire hacia una atmósfera más tranquila y relajada. El solo de Pablo en una guitarra acústica con cuerdas metálicas posee una excelente dicción y un fraseo con mucho sentimiento.

Si descontamos una suerte de bonus track o segmento interpretado solo con la percusión y voces procesadas con efectos, que interpretan un texto en spanglish, suerte de jocosa broma, el álbum concluye con la sabrosa rumba “Lenguasá”, de Lázaro Rizo, en la que el trompeta Roberto García se lleva las palmas.

Un balance del fonograma apunta a que como producción es un disco equilibrado, quizá demasiado breve en su duración, pero que cumple los objetivos para los que está concebido. De seguro, alguien acostumbrado a otras propuestas de la agrupación eche de menos piezas cercanas al rock y a la música popular de concierto. Empero, en el trabajo aquí reseñado Pablo y Mezcla apostaron por la "gozadera" y, de veras, no les salió mal.

 
 
 

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La Habana, Cuba. 2010.
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