Año VIII
La Habana
10 al 16
de ABRIL de 2010

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La Habana en Movimiento: algunos pasos del baile

Mabel Machado • La Habana

Fotos: La Jiribilla

 

Sobre las calles adoquinadas del centro de la vieja Habana han vuelto a dejar sus huellas los pasos de la danza. A 15 años de que el grupo Retazos saliera por primera vez a mezclar sus movimientos con el andar cotidiano de los transeúntes, el Festival de Danza en Paisajes Urbanos se ha convertido en uno de los eventos de mayores resonancias en el Centro Histórico.

Este año, compañías cubanas y de 17 países tomaron los parques Simón Bolívar y Rumiñahui; las plazas San Francisco y de Armas; las vías Oficios, Obra Pía, Mercaderes y Amargura; y las casas del Historiador, de África, de la Comedia, Alejandro de Humboldt; Bolívar, de Asia,  Benito Juárez y Guayasamín. De uno a otro sitio, entre el 7 y el 11 de abril, se trazó un perímetro con las líneas del arte inspirado en la historia, el diseño y la arquitectura.

La danza es el centro del que desde 1996 también se conoce como Festival Habana en Movimiento. Danza contemporánea, callejera, del vientre, tango o flamenco, cualquiera de las variantes cabe en este encuentro de cuerpos entregados al sentimiento. El espectro se abre también a otras manifestaciones artísticas como el performance, el videoarte, la música y la plástica. Además del empaste de vestuarios y paisajes en un cuadro colorido, que comenzaba a dibujarse en las tardes, el teatro Las Carolinas exhibía las acuarelas y dibujos de la pintora ecuatoriana Pilar Bustos, las fotografías que inspiraron el cartel del evento y las Habanaescencias y Nubes, de Isabel Bustos Romoleroux, la “bailarina que pinta”, “enamorada de la imagen”, como ella misma se define.

Antes que con alas y zancos, los artistas de Gigantería, animaran el primer pasacalles de la cita, el Festival Internacional de Videodanza había ocupado el Cinematógrafo Lumière y la propia sede de Retazos. Los talleres, exhibiciones de obras y conferencias, abordaron el video como herramienta para la exploración de las potencialidades del cuerpo y analizaron, entre otras, las experiencias catalana y portuguesa en este terreno.

Con el cañonazo de las nueve de la noche evocando los tiempos en que la ciudad esperaba para acostarse a dormir cercada por una muralla la compañía Retazos ocupó la Calle de Madera de la Plaza de Armas el día 7. Bajo la dirección de la coreógrafa Isabel Bustos, bailaron fragmentos de su recién estrenada Quimeras, una obra que pone otra vez al individuo delante de sí, en una reflexión que parte de lo íntimo y lo existencial.

Este grupo de danza-teatro creado en 1987, es el alma de lo que ellos mismos llaman “la fiesta”. Los bailarines se multiplican como danzantes o coreógrafos en su propio jardín de Carolinas, o vestidos de esas letras “DKY” que se parecen al evento que organizan. El tránsito, la evolución, son conceptos que identifican a Retazos, que dibujan ese andar-volar de un lado a otro, de un trozo de vivencia a otro más intenso y diferente.

Es así como aparece uno de sus bailarines como autor de una bella y desgarradora pieza titulada “Del olvido y de ti”, que protagonizan tres integrantes de la compañía Ecos. Y como entra entonces al festival el flamenco en el “Tabla’o” de este último grupo, y en la sucesión de pasos, los escenarios parecen girar en espiral cuando continúan el espectáculo Neotango, Café con Tap, el grupo Aisha, BB Compañía, Danza Contemporánea de Cuba o Danza Voluminosa. Y se completan círculos cuando regresan a Cuba algunos como los Toy Boys noruegos, o cuando se logra enamorar con el hechizo de esta idea a jóvenes como los del Colectivo PDF de Brasil, o a artistas de la genialidad de la española Julia León, intérprete de música sefardí.

Si La Habana está en movimiento lo ha demostrado la XV edición del Festival el teatro es la arquitectura, y cada una de sus partes el “laboratorio” donde se inventa la mejor forma para bailar con y entre la gente. Los actores no se desdoblan ante miradas que llegan desde butacas lejanas; estrechan manos, saltan sobre piedra, danzan animando a los paseantes a seguirlos o a “escuchar” la voz de sus gestos. El público camina y se detiene, y vuelve a pasar e irse, pero recuerda, porque alguien, sin pedirle nada, le ha regalado otra ventana por donde sacar la imaginación.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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