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Sobre las calles
adoquinadas del centro
de la vieja Habana han
vuelto a dejar sus
huellas los pasos de la
danza. A 15 años de que
el grupo Retazos saliera
por primera vez a
mezclar sus movimientos
con el andar cotidiano
de los transeúntes, el
Festival de Danza en
Paisajes Urbanos se ha
convertido en uno de los
eventos de mayores
resonancias en el Centro
Histórico.
Este año, compañías
cubanas y de 17 países
tomaron los parques
Simón Bolívar y
Rumiñahui; las plazas
San Francisco y de
Armas; las vías Oficios,
Obra Pía, Mercaderes y
Amargura; y las casas
del Historiador, de
África, de la Comedia,
Alejandro de Humboldt;
Bolívar, de Asia,
Benito Juárez y
Guayasamín. De uno a
otro sitio, entre el 7 y
el 11 de abril, se trazó
un perímetro con las
líneas del arte
inspirado en la
historia, el diseño y la
arquitectura.
La danza es el centro
del que desde 1996
también se conoce como
Festival Habana en
Movimiento. Danza
contemporánea,
callejera, del vientre,
tango o flamenco,
cualquiera de las
variantes cabe en este
encuentro de cuerpos
entregados al
sentimiento. El espectro
se abre también a otras
manifestaciones
artísticas como el
performance, el
videoarte, la música y
la plástica. Además del
empaste de vestuarios y
paisajes en un cuadro
colorido, que comenzaba
a dibujarse en las
tardes, el teatro Las
Carolinas exhibía las
acuarelas y dibujos de
la pintora ecuatoriana
Pilar Bustos, las
fotografías que
inspiraron el cartel del
evento y las
Habanaescencias y
Nubes, de Isabel
Bustos Romoleroux, la
“bailarina que pinta”,
“enamorada de la
imagen”, como ella misma
se define.
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Antes que con alas y
zancos, los artistas de
Gigantería, animaran el
primer pasacalles de la
cita, el Festival
Internacional de
Videodanza había ocupado
el Cinematógrafo Lumière
y la propia sede de
Retazos. Los talleres,
exhibiciones de obras y
conferencias, abordaron
el video como
herramienta para la
exploración de las
potencialidades del
cuerpo y analizaron,
entre otras, las
experiencias catalana y
portuguesa en este
terreno.
Con el cañonazo de las
nueve de la noche
—evocando
los tiempos en que la
ciudad esperaba para
acostarse a dormir
cercada por una muralla—
la compañía Retazos
ocupó la Calle de Madera
de la Plaza de Armas el
día 7. Bajo la dirección
de la coreógrafa Isabel
Bustos, bailaron
fragmentos de su recién
estrenada Quimeras,
una obra que pone otra
vez al individuo delante
de sí, en una reflexión
que parte de lo íntimo y
lo existencial.
Este grupo de
danza-teatro creado en
1987, es el alma de lo
que ellos mismos llaman
“la fiesta”. Los
bailarines se
multiplican como
danzantes o coreógrafos
en su propio jardín de
Carolinas, o vestidos de
esas letras “DKY” que se
parecen al evento que
organizan. El tránsito,
la evolución, son
conceptos que
identifican a Retazos,
que dibujan ese
andar-volar de un lado a
otro, de un trozo de
vivencia a otro más
intenso y diferente.
Es así como aparece uno
de sus bailarines como
autor de una bella y
desgarradora pieza
titulada “Del olvido y
de ti”, que protagonizan
tres integrantes de la
compañía Ecos. Y como
entra entonces al
festival el flamenco en
el “Tabla’o” de este
último grupo, y en la
sucesión de pasos, los
escenarios parecen girar
en espiral cuando
continúan el espectáculo
Neotango, Café con Tap,
el grupo Aisha, BB
Compañía, Danza
Contemporánea de Cuba o
Danza Voluminosa. Y se
completan círculos
cuando regresan a Cuba
algunos como los Toy
Boys noruegos, o cuando
se logra enamorar con el
hechizo de esta idea a
jóvenes como los del
Colectivo PDF de Brasil,
o a artistas de la
genialidad de la
española Julia León,
intérprete de música
sefardí.
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Si La Habana está en
movimiento
—lo
ha demostrado la XV
edición del Festival—
el teatro es la
arquitectura, y cada una
de sus partes el
“laboratorio” donde se
inventa la mejor forma
para bailar con y entre
la gente. Los actores no
se desdoblan ante
miradas que llegan desde
butacas lejanas;
estrechan manos, saltan
sobre piedra, danzan
animando a los paseantes
a seguirlos o a
“escuchar” la voz de sus
gestos. El público
camina y se detiene, y
vuelve a pasar e irse,
pero recuerda, porque
alguien, sin pedirle
nada, le ha regalado
otra ventana por donde
sacar la imaginación.
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