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Entre las pocas
ocasiones que recuerdo
haber leído una opinión
justa acerca de las
realidades de nuestra
Revolución en una
publicación europea, me
viene a la mente el
artículo aparecido hace
unos años en una edición
del periódico londinense
The Guardian de
quién sabe cuándo, pero
una frase fundamental es
toda la que se me ha
quedado grabada al
resumir un concepto:
“Cuando tienes a alguien
cogido por el cuello y
amenazándolo con un
cuchillo, no puedes
pedirle que se mantenga
sereno”. Desde la
potente explosión del
atentado al barco
francés La Coubre1,
que a decenas de
kilómetros, estremeciera
mis diez ingenuos años
de edad, no ha pasado un
día en que dejemos de
meditar en el costo del
criminal bloqueo para el
pueblo cubano, en las
vidas que hemos pagado
por sus atentados
terroristas y en las que
pudiéramos ofrendar, sin
dudar un instante, en
caso de una invasión
militar a nuestra
patria. En estas
condiciones hemos
vivido más de 50 años,
asumiendo nuestros
logros y nuestros
triunfos al mismo tiempo
que errores y fracasos.
Sin embargo, en esos
momentos en que uno se
sumerge en el análisis
que merece cualquier
situación difícil, no
dejamos de pensar en lo
afortunados que hemos
sido generaciones de
cubanos que no conocemos
de crudas realidades,
que ni por asomo hemos
sufrido, a diferencia de
ciudadanos de otros
pueblos, que no me
dejarán mentir. Nos
referimos a los años de
las dictaduras militares
en América Latina,
promovidas y apoyadas
por el gobierno de los
EE.UU., donde la
desaparición de las
personas no estaba
limitada a individuos
previamente
seleccionados, sino que
podían desaparecer
familias enteras si era
necesario. La
persecución y la tortura
no fueron un delirio
precisamente y sí están
impregnadas en el ADN de
miles de chilenos,
argentinos,
guatemaltecos o
salvadoreños. En tal
sentido, ante tanto
terror acumulado en el
ciudadano común, hablar
sobre el tema fue un
tabú durante mucho
tiempo, como si aquellos
años terribles no
hubieran existido. Ahora
me pregunto, lástima que
por aquella época no
existía la Unión Europea
para que hubiera tomado
una posición común
frente a la sangrienta
dictadura de Pinochet,
que si bien se merecía
una fuerte condena
universal por la
violación de los
derechos humanos, por
supuesto que hasta los
marines yanquis debían
de haber desembarcado en
zafarrancho de combate,
aunque fuera por una vez
más, para defender
verdaderamente a la
democracia acosada por
el fascismo como lo
hicieron sus
compatriotas que
lucharon contra la
Alemania de Hitler en la
Segunda Guerra Mundial.
Pero lo triste es que
semejantes historias no
forman parte de un
pasado tenebroso, sino
que son noticias en
pleno desarrollo, pero
parece que no llaman
mucho la atención de la
gran prensa occidental.
Por ejemplo, hasta el
momento han sido
asesinados cinco
periodistas en Honduras
y no he estado al tanto
de encendidas protestas
de parte de los
indignados gobiernos
europeos ante los
golpistas hondureños y
mucho menos del de los
EE.UU. Los cubanos
sabemos bien que detrás
de estos crímenes está
la mano de la CIA,
agencia de inteligencia
norteamericana, que por
su sangriento historial,
se merece mucho más que
un regaño porque se les
fue la mano en el
tratamiento a los
prisioneros de Abu
Grahib o a los que
permanecen todavía en la
ilegal base de
Guantánamo. Dicha
institución responde al
sistema de represión
establecido por el
imperio que no se
detiene ante nada ni por
nadie. De acuerdo con un
artículo del periodista
y preso político
norteamericano Mumia Abu
Jamal2 acerca
de John Stockwell,
antiguo jefe de la
estación CIA en Angola,
este reconoce como
posible estimado de
cuánta gente no
estuviera muerta, si los
impuestos
norteamericanos no
hubieran sido gastados
por la CIA en sus
actividades subversivas,
la espeluznante cifra,
por lo bajo, de seis
millones de personas.
Así que después de esta
breve, pero necesaria
introducción para los
buenos entendedores,
queremos denunciar la
maliciosa intención de
quienes sueñan con poder
contar un día con Silvio
Rodríguez entre las
filas de los traidores a
la Patria. En primer
lugar porque no se
merecen ni comprenden su
dimensión humana que
como persona y como
artista desde sus
comienzos ha distinguido
a nuestro Trovador
Mayor.
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Tampoco afirmen que lo
admiran por su poesía o
por su renovador aliento
musical porque nadie de
quienes por acá lo
queremos bien, y créanme
que somos muchos, nadie
les va a hacer caso. Es
que no se le puede
elogiar la lírica de
cuando escribe acerca de
la nostalgia por la
pareja cuando se está de
viaje y a la vez
impugnarle que además
quiera cantar a la
patria, alzar la bandera
y sumarse a la Plaza (de
la Revolución)3.
El artista y el
revolucionario en Silvio
es uno solo,
indivisible. Negarlo,
sería una incongruencia,
una contradicción propia
de conocidos lobos
disfrazados de ovejas
que están al acecho.
Por lo tanto, permítanme
recordar que todo aquel
que se considere
periodista, debe tener
como máxima, que ante un
hecho del presente, debe
de acudir al archivo
para obtener
perspectivas diversas de
cómo enfocar el tema en
cuestión para evitar
trabajar por gusto o si
ya se escribió, que
lamentablemente se trate
de un trabajo
desacertado. En tal
sentido, recomiendo que
revisen artículos,
reportajes y entrevistas
a Silvio de hace tan
solo diez o quince años
si no quieren ir tan
atrás, donde como es
habitual, habla desde
posiciones críticas
sobre nuestra sociedad
en su más amplio
espectro.
Hemos escogido tres
ejemplos, suficientes
para demostrar que solo
los malintencionados son
quienes quieren ver
contradicciones de
principios donde
realmente no las hay:
“La fidelidad no niega
mi visión crítica y
jamás la ha negado. Hay
cosas de nuestro
socialismo con las que
no estoy de acuerdo.
Siempre lo he pensado y
lo he dicho donde debo,
y hasta donde no debo.
No dejaré de ser
crítico, pero a mi
manera, de acuerdo con
lo que pienso, en
consecuencia con las
ideas martianas, las de
Bolívar, del Che.(…) No
como le gustaría a Bush,
¡primero muerto! Allá
los que quieran hacerlo
así, ya tendrán que
arreglársela con la
historia.”4
Durante la presentación
del disco Cita con
Ángeles en Casa de
las Américas en 2003,
ante la pregunta de un
corresponsal de la
prensa extranjera
radicada en Cuba sobre
si dicho disco sería un
mentís acerca de
opiniones de Pablo
Milanés sobre las
libertades individuales
en Cuba, Silvio
respondió enfáticamente:
“Para empezar, mi disco
es anterior a dichas
opiniones. Es imposible
que desmientan o
reafirmen absolutamente
nada. Cuando se hizo
aquel acto en la
Asamblea Nacional, en
que se nos pedía la
irrevocabilidad del
socialismo, cuando a mí
me tocó hablar, no sé si
usted recuerda que yo
dije que yo estaba con
este socialismo que era
perfectible. ¿Usted se
recuerda de eso? Cuando
yo dije esa palabra allí
en la Asamblea, delante
de Fidel y delante de
todos mis compañeros, me
refería a muchas cosas
que yo desearía que
superáramos. Eso no es
nuevo en mí. Todo el
mundo sabe que yo pienso
de esa manera. Yo creo
que no a pesar de eso,
yo creo que incluso por
eso, a mí me hicieron
diputado. Así que esas
opiniones, en vez de a
la prensa extranjera,
prefiero dárselas a mis
compañeros”5.
Y quiero terminar este
momento de reseñas
acerca de Silvio en la
prensa, con esta
particularmente
definitoria:
“Defiendo a Fidel porque
así defiendo la dignidad
del pueblo; él es el
hombre que ha
sintetizado de una
manera ejemplar la
historia, las esperanzas
y las luchas de los
cubanos.
Me parece que no
defender a Fidel es como
no defender a la
Revolución, a la Patria
misma.”6
Lógicamente, quien no
comprenda esta
interrelación planteada
por Silvio, no conoce
nada de nada acerca de
nuestra historia. Es
absolutamente imposible
inventar, cantarle con
tanto fundamento a una
épica de profundo
arraigo popular como la
de esta Revolución cuya
mística existiera solo
en la sensibilidad del
compositor.
Sugiero, entonces, que
no se dejen llevar por
la multiplicidad y
diversidad de nuestros
problemas, de nuestras
dificultades, que
precisamente la voluntad
del cubano es la de
realizar los cambios
necesarios, pero desde
el contexto de un pueblo
que está
mayoritariamente junto a
la Revolución y a sus
líderes. No se
equivoquen y subvaloren
la capacidad del cubano
para diferenciar de qué
lado está la insolencia
y la soberbia, la
calumnia y el odio para
someter por hambre a una
nación. En un ayer para
nada lejano y mucho
menos olvidado, cubanos
que se hicieron llamar
mambises, en su batallar
por librar a Cuba del
colonialismo español,
fueron capaces de
alimentarse nada más que
de mangos verdes, caña
de azúcar y hasta del
cogollo de la palma
porque solo pensaban en
la patria ultrajada.
“Poseer una camisa
remendada era lujo; los
pantalones solo merecían
el nombre de taparrabos;
unas malas chancletas de
piel de cordobán
constituían el calzado
del jefe, todos los
demás el pie desnudo”7,
recuerda un insurrecto
de las filas del General
Calixto García.
Dicha anécdota armoniza
con esta otra convertida
en leyenda por el clamor
popular. Se cuenta que a
los pocos días de
firmado el Pacto de
Zanjón, el General
Máximo Gómez tiene un
encuentro con el General
español Martínez Campos
quien pretende sobornar
al glorioso combatiente:
“Martínez Campos ofrece
dinero y destinos de
importancia en la Isla
al general insurrecto, y
le dice: ´Pida por esa
boca porque excepto la
mitra del Arzobispo todo
se lo puedo dar´. Pero
Gómez rechaza cualquier
ofrecimiento. El
Teniente general español
observa lo deteriorado
de su vestimenta y le
dice amistosamente: ´No
es posible que vaya
usted a su país con esa
ropa miserable´, a lo
que Gómez contesta
rehusando: ´General, no cambio yo
por dinero estos
andrajos que constituyen
mi riqueza y son mi
orgullo; soy un caído,
pero sé respetar el
puesto que ocupé en esta
Revolución.´ ”8
Esto ocurrió
prácticamente ayer, pero
estamos preparados para
pasar por las mismas
circunstancias ahora
mismo si fuese preciso.
Y entre los himnos de
ese momento decisivo, se
encontrará la pieza “El
necio” en la voz del
propio Silvio Rodríguez
acompañado por el canto
de todo su pueblo. Así
sea.
El Necio
Para no hacer de mi
icono pedazos,
para salvarme entre
únicos e impares,
para cederme lugar en su
Parnaso,
para darme un rinconcito
en sus altares,
me vienen a convidar a
arrepentirme,
me vienen a convidar a
que no pierda,
me vienen a convidar a
indefinirme,
me vienen a convidar a
tanta mierda.
Yo no sé lo que es el
destino,
caminando fui lo que
fui.
Allá Dios, que será
divino.
Yo me muero como viví.
Yo quiero seguir jugando
a lo perdido,
yo quiero ser a la zurda
más que diestro,
yo quiero hacer un
congreso del unido,
yo quiero rezar a fondo
un hijo nuestro.
Dirán que pasó de moda
la locura,
dirán que la gente es
mala y no merece,
mas yo partiré soñando
travesuras
(acaso multiplicar panes
y peces)
Yo no sé lo que es el
destino,
caminando fui lo que
fui.
Allá Dios, que será
divino.
Yo me muero como viví.
Dicen que me arrastrarán
por sobre rocas
cuando la Revolución se
venga abajo,
que me machacarán mis
manos y mi boca,
que me arrancarán los
ojos y el badajo.
Será que la necedad
parió conmigo,
la necedad de lo que hoy
resulta necio,
la necedad de asumir al
enemigo,
la necedad de vivir sin
tener precio.
Yo no sé lo que es el
destino,
caminando fui lo que
fui.
Allá Dios, que será
divino.
Yo me muero como viví.
Notas:
1
Explosión ocurrida por
un criminal atentado en
el puerto habanero el 4
de marzo de 1961 contra
el mercante francés
La Coubre, cargado
de explosivos y armas
adquiridos por el
Gobierno Revolucionario
para la defensa de la
patria ante las amenazas
del imperialismo yanqui.
2 Los terroristas
olvidados. Artículo del
periodista y preso
norteamericano Mumia Abu
Jamal. Rebelión
Tricontinental. Tomo 1
Pág. 352 Editorial de
Ciencias Sociales 2007.
La Habana. Cuba.
3
Se alude a la canción
“Hoy mi deber”, de
Silvio Rodríguez.
Hoy mi
deber:
Hoy mi
deber era
cantarle
a la patria
alzar la
bandera
sumarme a
la plaza
Hoy era
un momento
más bien
optimista
un
renacimiento
un sol de
conquista
Pero tú
me faltas
hace
tantos días
que
quiero y no puedo tener
alegrías
Pienso en
tu cabello
que
estalla en mi almohada
y estoy
que no puedo
dar otra
batalla
Hoy yo
que tenía
que
cantar a coro
me
escondo del día
susurro
esto solo
Qué hago
tan lejos
dándole
motivos
a esta
jugarreta
cruel de
los sentidos
Tu boca
pequeña
dentro de
mi beso
conquista
se adueña
no toca
receso
Tu cuerpo
y mi cuerpo
cantando
sudores
sonidos
posesos
febriles
temblores
Hoy deber
era
cantarle
a la patria
alzar la
bandera
sumarme a
la plaza
Y creo
que acaso
al fin lo
he logrado
soñando
tu abrazo
volando a
tu lado
(1979)
4
No dejaré de ser
crítico, pero a mi
manera. Silvio
Rodríguez. Entrevista de
Rosa Miriam Elizalde, Magda Resik
y Amado del Pino
publicada en el
periódico Juventud
Rebelde del 10 de
marzo de 1991. Pág. 11.
5
Conferencia de prensa
brindada por Silvio
Rodríguez para la
presentación del CD
Cita con Ángeles
publicada en la revista
Cubadisco del ICM
No. 3, noviembre de
2003. P. 6
6
Defiendo a Fidel porque
así defiendo la dignidad
de mi pueblo. Crónica de
Pedro de la Hoz
publicada en el
periódico Granma
el 31 de marzo de 1990.
7
El
ingenio del mambí.
Tomo II, Ismael
Sarmiento Ramírez. El
vestuario y el calzado
del Ejército Libertador
de Cuba. P. 39.
Editorial Oriente,
Santiago de Cuba 2008.
8
Ibídem, p. 46. |